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divendres, 15 de maig de 2009

Secundarios de Lujo (14)





Edward Everett Horton, nacido el 18 de marzo de 1886 en el seno de una de esas familias estadounidenses que se remontan a los albores de su independencia, incluyendo un abuelo, Edward Everett Hale, popular escritor en su época, siglo XIX, desde muy jovencito manifestó su querencia por el espectáculo; con apenas veinte años ya se estrenó en el teatro como actor en Broadway, interviniendo en toda clase de comedias ligeras y vodeviles.

En los inicios del cine, dejó su Nueva York natal para trasladarse a Los Angeles, donde residió hsata su fallecimiento en 1970, contando ochenta y cuatro años y dejando tras de sí nada menos que ciento setenta y seis intervenciones en el cine y en la televisión, sin contar sus actuaciones en las tablas escénicas y en episodios televisivos de toda clase.

Dotado de un físico importante (medir 1,83 m. en su generación no era nada usual) y con una elegancia en los movimientos muy cuidada, su voz delicada y su pronunciación excelente, sobresalió al integrar con una aparente facilidad lo que acabó siendo una marca propia, el cambio súbito de registro, pasando de una atención educada a un pánico risible, subterfugio heredado de sus contribuciones al cine silente que supo incorporar como nadie en sus muchísimos caracteres secundarios, demostrando un oficio que no pasó desapercibido a los mejores productores y directores de Hollywood.

Nunca le concedieron un premio cinematográfico por su labor, quizás porque su registro no era muy amplio, pero si nos detenemos a comprobar en qué películas apareció durante varias décadas, seguramente se nos abrirá el apetito de revisar enteras obras pertenecientes a las mejores cosechas del Hollywood del siglo pasado.

Para este comentarista (como dice el refrán: póngase el burro delante), escuchar el nombre de Edward Everett Horton conlleva el recuerdo instantáneo de sus colaboraciones en películas musicales antológicas, contrafigura cómica del gran Fred Astaire, por ejemplo, en Top Hat (1935):

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Esta reducción no hace justicia al personaje, porque tan sólo coincidió con Astaire en tres películas, y, como se ha referido, hizo muchísimas más.

Baste señalar que, en 1935, rodó nada más y nada menos que ¡quince películas!, es decir, más de una al mes: eso sí es trabajar.

Veamos una -forzosamente limitada- muestra de algunos de sus trabajos:

En la primera (e injustamente olvidada) versión de un clásico: The Front Page (1931)

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Representado al mítico Sombrerero Loco en Alice in Wonderland (1933)

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También en 1933 (año en que rodó cinco películas) podemos verlo trabajando a las órdenes de Lubitsch en Design for Living:

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(Por si alguien lo duda, la jovencita es Miriam Hopkins, la que anteayer veíamos ya en edad madura)

Siempre rodeado de buenos actores, verdaderas estrellas, lo vemos, a las órdenes de George Cukor, como íntimo amigo del personaje interpretado por Cay Grant en Holyday (que ya comenté, aquí ):

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De nuevo a las órdenes de Lubitsch, como pícaro noble arruinado en Bluebeard's Eighth Wife (1938) :

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De nuevo actuando con Cary Grant, bajo las órdenes de Capra, an Arsenic and Old Lace (1944) :

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Edward Everett Horton trabajó toda su vida, negando siquiera dedicar un segundo a pensar en su jubilación. Podemos verle en otra irónica comedia, interpretando al dueño de una revista lo más amarilla posible, en Sex and the Single Girl (1964):

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Y ya, padeciendo el cáncer que se lo llevaría a la tumba, en su actuación póstuma, otra comedia cáustica que hace ya casi cuarenta años metía el dedo en la llaga de la industria del tabaco, en Cold Turkey (1971):

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Como hemos podido constatar, Edward Everett Horton, ese actor tan elegante y picarón, ese buen hombre de la pantalla, merecía, sin duda, aparecer en esta sección de los grandes secundarios del cine de siempre.

¿No les parece?


10 comentaris :

  1. Pues faltaría más, compa, faltaría... Casi doscientas pelis, y hasta quince en un año; esto sí es estajanovismo, y no lo que algunos llamamos así de vez en cuando (más por lo sonoro del palabro que por lo fundamentado de su uso, me temo...).

    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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  2. Uno de esos caretos siempre presentes, siempre eficientes, casi siempre anónimos. Gran labor la de recuperar estos rostros sin los cuales el cine no sería lo que es. También eso ha cambiado en los últimos tiempos, me temo.
    Saludos.

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  3. Una de esas personas de las que sin conocer su nombre (yo no lo hubiera acertado entre los de ninguna lista) es de lo más familiar.
    Impresionante el dato de las pelis en ls que trabajo durante sólo un año. Increible, joder.
    Buen fin de semana, Josep.

    Pd.- Esta vez no he podido ver los videos, al contrario de lo que me ha ocurrido en la anterior entrada.

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  4. Cierto, Manuel, cierto: estajanovista es un adjetivo que le cae fenómeno; un tipo profesional hasta la médula, trabajando hasta el último suspiro, por suerte para nosotros.

    Un abrazo.

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  5. Lo curioso, 39escalones, es que esos secundarios los integramos de tal forma que apenas les recordamos, siendo así que, como en el caso de Everett Horton, han ayudado no poco a grandísimas películas; es un placer recordarles y me encanta que conciten, siempre, las adhesiones de los cinéfilos que por aquí concurrís.

    En estos tiempos, algunos secundarios incluso son "virtuales", como el esperpéntico kar-kar-lo-que-sea de Star-no-sé-qué... ;-)

    Saludos.

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  6. Seguro, Raúl, que te pongo el nombre y te suena; pero seguro, también, que, de entrada, lo asocias con Fred Astaire, y ya ves (o verás con firefox [lo siento de veras: he probado desde el trabajo con IE y se niega] ) que su contribución al cine es amplísima y no he nombrado algunas por no excederme, pero aparece en no pocas de Lubitsch: por algo sería...

    Saludos.

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  7. Si señor. Uno de esos secundarios habituales de maestros de la comedia como Lubistch o Capra, que sabían perfectamente lo importante que era la elección de ese tipo de actores.

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  8. Cierto, Alicia, cierto: olvidé, en la reseña, remarcar que el bueno de Everett disponía de ese reloj interno de todos los buenos comediantes, que le permitía ajustar el "tempo cómico" a cada situación, como quien no hace nada y sin exagerar, virtud más bien escasa, pero que esos directores olían en el primer ensayo.

    Saludos.

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  9. Me parece.
    Uno de esos secundarios del que no recuerdas el nombre, pero es verle en pantalla y lo situas en películas de las que guardas excelente recuerdo.

    Salutacions

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  10. Es curioso, Alma, porque a mi me cuesta bastante recordar los nombres, pero el de este actor me ha quedado grabado.

    Será porque, como dices, lo he visto en tantas películas que me han gustado mucho y siempre lo veo acompañando a Fred o a Ginger, con su planta tan aristocrática...

    Salutacions

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