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dijous, 26 de febrer de 2009

Navegando por el Bloc



Me he quedado un poco preocupado cuando he tenido conocimiento que algunos amables lectores tenían problemas para cargar
estas páginas.

Como no soy un técnico informático, sólo s
e me ha ocurrido iniciar una sesión de XP, sistema mayoritario, y hacer unas pruebas:

Usando Firefox, el resultado de carga es éste (17 segundos):



Usando Google Chrome, el resultado de carga es éste (23 segundos) :



Usando Internet Explorer 7, el resultado de carga (después de esperar y pararlo, pasados más de cinco minutos y medio) es éste:


Ninguno de los navegadores ha sido "tuneado" para nada; de hecho, sí he tratado de configurar el IE dándole la máxima vulnerabilidad, para evitar obstáculos.

Lo lamento muchísimo, pero me da la sensación que, efectuada la prueba en la página en este lugar técnico imparcial, el resultado es poco halagüeño para IE, que no parece saber reconocer los estándares del lenguaje web 3.0 igual que los otros dos.

Lo siento, pero no puedo hacer nada al respecto.

Puede que en otros ordenadores la prueba sea distinta, no lo sé.

Confío se me disculpe la ignorancia.

p.d.: en IE yo tampoco he podido ver ninguna fotografía oculta tras ver/ocultar ni, por supuesto, activar ningún video así "oculto".


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dimecres, 25 de febrer de 2009

El Chico de los Winslow




Dice la sabiduría popular que "algo tendrá el jamón de jabugo cuando a todos gusta"

Llevando el símil a mis terrenos, me atreveré a afirmar rotundamente que algo tendrá el autor teatral londinense Terence Rattigan para obtener, como obtuvo en su andadura por este mundo, semejante éxito popular con sus piezas teatrales, mal que a algunos les pese en el alma y en el bolsillo.

Prueba irrefutable de la conexión de Rattigan con el público son las -hasta ahora- sesenta y nueve representaciones de sus obras teatrales que constan en su ficha de ImDB

Hace ya un tiempo dediqué un comentario a su pieza Mesas Separadas y, habiendo revisado recientemente la última adaptación cinematográfica de una pieza de Rattigan, no puedo resistirme a poner, blanco sobre negro, mis impresiones, por si interesan a algún amable lector.

Se trata de una breve pieza melodramática, apenas setenta y ocho páginas, titulada The Winslow Boy.

Al igual que hice con la novela de Cormac McCarthy No Country for Old Men, después de ver la película titulada en España El Caso Winslow (The Winslow Boy, 1999), decidí leer la pieza teatral. El empeño ha resultado realmente difícil, porque no disponía de la misma y adquirirla ha sido una epopeya, hasta que recordé la magníficamente vetusta Llibrería Millà de Barcelona (especializada en teatro desde 1900) donde pude adquirir el único ejemplar que tenían de una edición de Aguilar, datada en 1959, adquirida por su anterior poseedor en Ancora y Delfín, entonces en Avda. Generalísimo Franco 556, hoy Avda. Diagonal de Barcelona.

Terence Rattigan ya era un autor conocido cuando en el año 1946 presentó en las tablas escénicas londinenses The Winslow Boy, recreación teatral de hechos verídicos sucedidos a partir del siete octubre de 1908, cuando el cadete George Archer-Shee fue expulsado del Osborne Naval College por un supuesto hurto de un giro de cinco chelines, previa falsificación de la firma del destinatario.

Tomando como excusa y punto de partida esos hechos reales, Rattigan nos presenta los avatares de una familia de clase media - alta de Londres, formada por Arthur Winslow, su esposa Grace y sus hijos Catherine (Kate), Richard (Dickie) y Ron (Ronnie), que viven de forma acomodada como corresponde a un funcionario jubilado del Banco de Londres, asistidos por unos sirvientes encabezados por Violet, veinticuatro años ya al servicio de los Winslow.

Los Winslow son católicos y representan una amalgama social amplia: la hija mayor, Kate, es una activa sufragista del voto femenino; el hijo mayor, Dickie, hace como que estudia en Oxford, pero dedica demasiado tiempo al baile y a la música que detona las estancias con su gramófono; el pequeño, Ronnie, más aplicado, ha conseguido entrar en una academia militar, futuro asegurado: es la niña de los ojos de su padre, el riguroso Arthur, que lidia autocráticamente con su esposa Grace y con el resto de la familia.

Rattigan hace un uso brillante de su prosa para mostrarnos en unos diálogos ajustados la forma en que los personajes, componentes de la familia Winslow, se interrelacionan: las frases, ocurrentes y pulidas, dejan entrever sólo unas intenciones y sentimientos que forzosamente están al servicio de unos buenos actores que las sepan complementar, pues muchos de los matices quedan en el aire, apenas apuntados.

Existe ante el hecho de la expulsión de Ronnie una conjunción de voluntades que auna los esfuerzos e intereses de Arthur y Kate: Arthur se empeña en lavar el honor de la familia a cualquier precio y Kate, activista por el reconocimiento del sufragio universal, persigue la justicia que se le niega a su hermano.

Ambos deberán pagar un alto precio por su decisión; ambos se apoyarán el uno en el otro, como bueyes que tiran de una carreta, hasta el fin.

Los hechos reales importan poco a Rattigan, ya que desprecia ofrecernos de forma directa los sucesivos procesos que ocurrieron, tanto como su final, más allá de la trama.

Su interés reside en poner de manifiesto una forma de vida en el seno de esa familia que ve rotas sus esperanzas por un hecho casual, injusto: las consecuencias se desgranarán a lo largo de la trama, recayendo en varios de los personajes: Arthur, sometido a un doble esfuerzo, económico y mental, verá acrecentados sus achaques de artrítico; la joven Kate hallará problemas con su prometido John, militar de profesión; el díscolo Dickie deberá renunciar a permanecer en el amable campus de Oxford, entrando de sopetón en la edad adulta con responsabilidades laborales. Todo se nos cuenta en frases alegatorias, entreviendo lo que sucede a través de los diálogos, conversaciones cotidianas que mantienen los miembros de esa familia con intereses tan dispares pero unidos ante la adversidad; aunque esa unión parece resquebrajarse por momentos, conforme avanza la acción, que discurre a lo largo de tres interminables años de litigio, bajo la dirección del más afamado Abogado de Londres, Sir Robert Morton, al tiempo adalid de la oposición en la Cámara de los Lores.

Conjugando perfectamente la acción, Rattigan entremezcla las vicisitudes familiares de los Winslow con los movimientos legales iniciados por Sir Robert en la prosecución de un objetivo nada usual: la concesión política del derecho a litigar contra la Corona, representada por el Almirantazgo, que persistentemente ha negado y niega al pequeño Ronnie un juicio en igualdad de condiciones.

En tan breve espacio, una pieza melodramática de cuatro actos muy cortos, Rattigan sabe ofrecer al público cuestiones tan distintas como las vivencias de la familia y la lucha por unos derechos públicos y políticos: esa mezcla se verá personificada en Kate, muy distante ideológicamente de su padre, adversaria política de Sir Robert -que no cree en el voto femenino- a quien además considera un punto arribista al aprovechar unos emolumentos que casi llevan a la ruina a los Winslow mientras los usa para derribar al partido en el poder, dice Kate, llevado de su afán de gloria política, opinión que acabará cediendo a la verdad del personaje.

Esta fue la primera pieza teatral de Rattigan en ser llevada a la gran pantalla, pues, apenas dos años más tarde de su estreno en Londres, se presentó una película dirigida por Anthony Asquith, conocida en España como El Caso Winslow (The Winslow Boy, 1948) que, lamentándolo mucho, no he podido ver por mucho que la he buscado.

En ella intervino el propio Terence Rattigan como guionista, adaptando su propia obra teatral: curiosamente, por lo que he podido leer, esa película abandona en parte la idea primigenia de Rattigan, ya que el escritor pergeñó un guión ofreciendo las sesiones del juicio que defiende los intereses del pequeño Ronnie; supongo que la moda de las "películas de juicios" de la época motivó que esa primera versión difiriera, incidiendo más en la cuestión de la justicia, optando por el realismo de los hechos acontecidos.

Posteriormente, la pieza fue representada en dos ocasiones en televisión, primero en 1958 y luego en 1990, en sendas producciones británicas, trufadas de primeras espadas de la interpretación, al igual que la primera versión cinematográfica.

Tuvo que ser el excelente dramaturgo, guionista y Director independiente David Mamet quien, después de haberse hecho con los emolumentos de un guión que firmó de forma casi anónima, usando el seudónimo de Richard Weisz, cogió los bártulos y viajando a Londres con su esposa y su cuñado, se plantó en Inglaterra con la firme decisión de realizar una versión fidedigna a la pieza teatral escrita por Terence Rattigan cincuenta y tres años antes.

La película, presentada en 1999, se estrenó en España como ya he dicho bajo el título de El Caso Winslow (The Winslow Boy, 1999); cabe reseñar que esa traducción española del título da fe una vez más de la idiocia de los distribuidores españoles o en cualquier caso, de su vagancia: si hubieran visto la película y leído la pieza antes, simplemente hubieran usado el título de la pieza en castellano: El Chico de los Winslow.

Porque el eminente dramaturgo Mamet, en su acepción de cineasta singular, retoma la historia original de Rattigan y se aleja de la típica "película de juicios", respetando no tan sólo la trama sino también su estructura y texto, casi punto por punto, con alguna licencia que, a ojos de este comentarista, consigue mejorar el original.

Mamet consigue apartarse también de la clásica "película de época" ya que pese a que la ambientación, decorado y vestuarios son perfectos, no se contempla en ellos en ningún momento, abandonando una estética preciosista que hubiera mermado la profundidad del mensaje. Los personajes deambulan en la casa de los Winslow en casi todas las escenas, sin apenas exteriores, pero ello, gracias a los sutiles movimientos de cámara y la fotografía sencilla pero eficaz, fruto del trabajo excelente de Benoît Delhomme, así como el elegante montaje de Barbara Tulliver, nunca llega a pesarnos ni a encarcelarnos en las tres paredes de un escenario teatral.

Mamet sabe exprimir como nadie las virtudes de sus intérpretes y lo demuestra porque sin grandes estrellas, logra que Nigel Hawthorne sea un más que convincente Arthur, mientras Rebecca Pidgeon (esposa de Mamet) se desenvuelve dando prestancia a Kate, y Jeremy Northam, quizás el más famoso, logra dotar de una calculada ambigüedad al heroico Sir Robert Morton.

Las pequeñas alteraciones realizadas por Mamet en el guión a buen seguro hubieran sido del gusto del ya fallecido Rattigan: la condición de católicos de los Winslow, en medio de una conservadora y anglicana sociedad londinense, se ve dotada de una especial relevancia en el inicio, alterando la secuencia original, aprovechando la llegada a casa para ir presentando a los personajes, de un modo muy teatral y eficaz, sobrio y económico cinematográficamente. La entrada en escena del pequeño Ronnie, cuya desgracia causará la trama, está muy bien realizada, focalizando la atención de inmediato en la carta sellada con lacre que indiscretamente el niño abrirá para conocer su contenido, que se nos hurta hasta que es leído en voz alta: una pequeña variación de estilo en el texto, introducida por Mamet, al fin buen escritor, hará recaer sobre los hombros de Arthur el peso de su tragedia: el honor mancillado.

Mamet, siguiendo pues la idea original, se apresta a ofrecernos la idiosincrasia de esa familia conservadora, acomodada, que, de repente, se halla en la temporada de las "vacas flacas" anunciada en el sermón al que han asistido esa aciaga mañana de domingo.

Los apuntes a la religión siguen de la mano de Mamet cuando una frase decisiva es pronunciada por Sir Robert en sede parlamentaria:

FIRST LORD
Very well. Make your old speech.

SIR ROBERT
Thank you. I have a point of order, Mr. Speaker. I should like to read into the record two items. Two items. First item: popular song of the day. How Still We See Thee Lie or The Naughty Cadet. How dare you sully Nelson's name who for this land did die, oh naughty cadet. For shame, for shame; how still we see thee lie. They suggest, they suggest our concern for the boy may perhaps tarnish the reputation of Lord Nelson.

FIRST LORD
You said two items.

SIR ROBERT
The other one is this. It's from a slightly older source. It is this: you shall not side with the great against the powerless.

MEMBER OF PARLIAMENT
Mr. Speaker, point of order.

SIR ROBERT
I am on my feet.

MEMBER OF PARLIAMENT
Will you yield?

SIR ROBERT
I will not yield, Mr. Speaker. You shall not side with the great against the powerless.

MEMBER OF PARLIAMENT
Yeah.

SIR ROBERT
Have you heard those words, gentlemen? Do you recognize their source? From that same source I add this injunction. It is this: what you do to the least of them you do to me. Now, now gentlemen....



Mamet introduce escenas de la Cámara de los Lores con buen tino, ya que las mismas son relatadas someramente en el original, de forma aceptable en las tablas pero inaceptable en el cine: pero nos ahorrará las sesiones subsiguientes del juicio, que serán resumidas muy oportuna y brevemente.

Se centra en la relación de los personajes entre sí y en los efectos que la larga persecución de la justicia ( "que se haga lo justo"), causará en todos los partícipes de la historia. Y a fe que lo consigue: gracias a Mamet, no tan sólo veremos las consecuencias físicas y económicas de la familia Winslow: también apreciamos, en sugestivos detalles, los sentimientos, la vida interior de esos personajes tan bien hablados que, con un gesto leve, se nos mostrarán -muy educadamente, eso sí- como realmente son.

David Mamet pues no realizó lo que venimos en llamar "remake" de una película de más de cincuenta años antes: nos presenta una versión mejorada de la pieza de Terence Rattigan, excelente, incluyendo una guinda final que cierra de forma más que brillante, única, con dos frases definitorias de un futuro incierto.

Indispensable para cualquier cinéfilo de pro y, naturalmente, de visión obligada para los amantes del teatro. En v.o.s.e., por supuesto, más que nunca.

Addenda: referencias interesantes y algún que otro "spoiler"

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[leer más]

Mamet, dramaturgo y director, sabe extraer de sus intérpretes lo mejor de ellos, siguiendo sus propias teorías al respecto:

Mamet y los actores: True an False: Heresy and Common Sense of the Actor

Neil North interpretó al joven Ronnie en la primera versión cinematográfica de 1948: en la presente, por casualidad, interpreta al First Lord de la Cámara de los Lores. Mamet se enteró en el set de rodaje.

La verdadera historia de Ronnie : George Archer Shee

Mamet hubiera podido inclinarse por ofrecer una trama de contenido más claramente vindicativo: el caso real sentó un precedente legal en el sistema judicial anglosajón con claras repercusiones en el ámbito político, al cambiar la forma que tenía la Corona y sus representantes (la Administración, de todo tipo) de afrontar sus relaciones con el pueblo llano. Hubiera sido otra película, sin lugar a dudas. Ni siquiera incide, como tampoco lo hizo Rattigan, en los efectos posteriores, ya que los Winslow consiguieron resarcirse de las costas judiciales a cargo del Almirantazgo, así como percibir una indemnización por daños y perjuicios, en elevadas cantidades para la época.


Terence Rattigan en la Wikipedia.

The Winslow Boy en la Wikipedia.

Algunas páginas de la pieza en Libro en Google.

The Winslow Boy (película de 1948) en Wiki.

The Winslow Boy (película de 1999) en Wiki.

Guión de la película de Mamet.



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Bellísima escena final de la película, en la que Kate, conocedora del sacrificio soportado por Sir Robert, le solicita su comprensión por sus anteriores dudas, y la excelente respuesta de su interlocutor, al tiempo que define el sentido de la justicia.

Las dos últimas frases, añadidas por Mamet.


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[leer más]

CATHERINE
One thing puzzles me, why are you always at such pains to prevent people knowing the truth about you, Sir Robert?

SIR ROBERT
Am I, indeed?

CATHERINE
You know that you are. Why?

SIR ROBERT
Which of us knows the truth about himself?

CATHERINE
That is no answer.

SIR ROBERT
My dear Miss Winslow, are you cross-examining me?

CATHERINE
On this point. Why are you ashamed of your emotions?

SIR ROBERT
To fight a case on emotional grounds is the surest way to lose it.

CATHERINE
Is it?

SIR ROBERT
Emotions cloud the issue. Cold, clear logic wins the day.

CATHERINE
Was it cold, clear logic that made you weep today at the verdict?

SIR ROBERT
I wept today because right had been done.

CATHERINE
Not justice.

SIR ROBERT
No, not justice. Right. Easy to do justice, very hard to do right. Well, now I must leave the witness box. Miss Winslow, I hope I shall see you again. One day perhaps in the House of Commons, up in the Gallery?

CATHERINE
Yes, Sir Robert. In the House of Commons one day, but not up in the Gallery. Across the floor, one day.

SIR ROBERT
You still pursue your feminist activities?

CATHERINE
Oh yes.

SIR ROBERT
Pity. It's a lost cause.

CATHERINE
Oh, do you really think so, Sir Robert? How little you know about women. Goodbye. I doubt that we shall meet again.

SIR ROBERT
Oh, do you really think so, Miss Winslow? How little you know about men.


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Confío en la indulgencia del amable lector por la extensión, fruto de mi inveterada falta de contención ocasional....

Añadido posterior: el amigo Fernando R. Genovés reflexiona sobre la película que yo todavía no he visto (a fecha de hoy, 18 de mayo de 2015) y he creído oportuno que, aparte de comprobar que no fue Mamet quien añadió las dos frases finales, a quien haya llegado hasta aquí le gustará completar su información y le encantará, como a mí, leer esta estupenda reseña




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dilluns, 23 de febrer de 2009

Examen de Cinefilia (parte XIV)






Estamos ya en la última semana de febrero y siento deciros, queridos lectores, que no me he olvidado de preparar, una vez más, un pequeño entretenimiento que demostrará dos cosas:

Mi decidido ensañamiento y vuestra amable voluntad de someteros a un nuevo test de conocimientos cinéfilos.

Dado que ya me vienen faltando ideas con las que torturaros, repetiré el "modus operandi" al que acudí el estío pasado y, abusando de vuestra paciencia, me serviré de la imagen para averiguar que tal está esa memoria cinéfila.

Se trata de averiguar algo tan sencillo como el título de una película.

Iba a anticipar alguna críptica pista, pero no lo hago, porque estoy seguro que ya se os ocurrirá a todos.

¿Preparados?

Vamos allá, pues.

Pista para Matrícula de Honor:

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Pistas para sobresaliente:

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Pista para un sobresaliente justito:

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Pistas para un Notable:

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Otra:

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Bueno, va, otra más:

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Pistas para un aprobado justito :

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¿Os habéis dado cuenta de las "especialidades" de las fotos? :
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(Los títulos de las fotos, visibles [solo semi ocultos] son los nombres de los personajes) (de nada, de nada) :

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¡Última oportunidad para aprobar! :
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Pistas de consolación (O sea, de suspenso puro y duro) :

Pista A:

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Pista B:

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Pista C:

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Pista D (¿Os fijais? "D", de "Director") :

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La solución, si nada falla, el miércoles...

Espero que haya resultado entretenido... ¿sí? ¿o no?
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divendres, 20 de febrer de 2009

Secundarios de Lujo (11)




Nacida en el año 1920 en Saint Louis, Missouri, en el seno de una familia judía, Shirley Schrift, que a los tres años emigró con sus padres a New York, estableciéndose en el populoso barrio de Broklyn, eligió pronto emular a su madre, cantante, inclinándose por tomar clases de interpretación: acudió al Hollywood Studio Club, compartiendo habitación con otra jovencita, una tal Marilyn Monroe.

La joven Schrift mutó su nombre para el arte, adoptando el apellido de soltera de su madre y tomando como nombre el de su poeta favorito y desde entonces hasta su fallecimiento, en 2006, fue mundialmente conocida como Shelley Winters.




Con más de ciento cincuenta interpretaciones en cine y televisión a sus espaldas, sin contar sus celebradas actuaciones en la escena, la carrera de Shelley no pudo empezar de mejor forma que atendiendo clases de un maestro excepcional, cual fue Charles Laughton, que le enseño a recitar a Shakespeare en el Actor's Studio.

Sus facultades congénitas, heredadas de su madre, le permitieron afrontar de inicio papeles en los que cantaba y bailaba con decoro en piezas de teatro de corte vodevilesco.

Como no podía ser menos, el éxito obtenido en las tablas la condujo a la gran pantalla, donde se inició en 1943. Sus papeles secundarios iniciales le permitieron trabajar con grandes directores e intérpretes, alcanzando pronto una buena reputación por su solvencia y desarrollando en la década de los 50 del siglo pasado algunos caracteres principales como protagonista o coprotagonista.

Así, en Playgirl (1954), aprovecha su experiencia en el teatro musical:

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Ese mismo año participa en una producción de Carlo Ponti, un pastiche denominado Mambo, dando cuerpo a un personaje de mujer con una sexualidad insólita en la época, enamorada de otra mujer:

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En su azarosa vida sentimental, correspondiente a un carácter libre y fuerte en exceso, había aparecido Vittorio Gassman, el grandísimo actor italiano, y después de trabajar juntos en mambo acabaron en sonado divorcio: parece que los dos caracteres inmensos chocaron como cometas en el firmamento.

Poco después su antiguo mentor reclamó su presencia en una obra maestra:

Night of the Hunter (1955)

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Consiguió su primer Oscar como actriz secundaria en 1959, en The Diary of Anne Frank :

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Su fuerza escénica se conjuga a la perfección con otro gran actor, James Mason, ambos al servicio de Stanley Kubrick en Lolita (1962) :

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Al año siguiente, 1963, participa en una extraña producción basada en una pieza teatral de Jean Genet, que por motivos económicos nunca llegó a estrenarse en el cine, quedándose casi todo el elenco sin cobrar un céntimo; de nuevo, Shelley no tiene reparo alguno en representar a una lesbiana en The Balcony :

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Dos años más tarde consigue su segunda -y última- estatuilla del Oscar por su trabajo como actriz secundaria en el drama romántico social A Patch of Blue :

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Su vida personal fue azarosa, con tormentosas relaciones con muchos de sus compañeros de trabajo; su carácter independiente afrentó las normas de los estudios de cine, pero los productores y directores nunca dudaron de su enorme talento y capacidad para componer cualquier personaje que se le confiara.

La dulce viuda Lauren Bacall le robó a su tercer marido, Tony Franciosa, y Shelley contrajo su cuarto y último matrimonio la noche antes de fallecer, con su compañero de senectud. Su entierro fue una memorable concentración de celebridades, pues pese a todo, fue una de esas actrices que todos querían a su lado, bien en las tablas teatrales, bien en el set de rodaje.

Una mujer con carácter, sin duda:



Inolvidable Shelley Winters.




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dimecres, 18 de febrer de 2009

Don Alfredo el Grande

Hoy me faltan ideas: no se me ocurre nada que escribir, así que tiraré del fondo de archivo.

Si hacer películas fuera tan sencillo como parece en ocasiones, tan simple como lo cuenta Alfred Hitchcock cuando explica de forma clara y diáfana en que consiste el montaje de una película, los cinéfilos seríamos afortunados, porque siempre hallaríamos en la oscura sala motivo de placer.

Pero algo falla, porque esas elementales nociones de la escritura cinematográfica parecen olvidadas, ausentes, en el sustrato de conocimientos de muchos profesionales.

Uno en su ignorancia, queda maravillado por las didácticas enseñanzas de Alfred Hitchcock, que podría parecer un bocazas arrogante pero que demuestra con hechos sus asertos:






No debe ser tan fácil seguir esos ejemplos: algo habrá que no se nos cuenta.

Algo que convierte a Hitchcock en Don Alfredo el Grande....





¿Será un especial talento?

¿Será la convicción que el espectador no es tonto?

¿Qué será?
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dilluns, 16 de febrer de 2009

No puedo (ni quiero) remediarlo

Supongo que nos pasa a todos.

A todos los cinéfilos, quiero decir.


Hay películas que se te quedan grabadas por algún motivo especial, obras decididamente menores que, cada vez que las revisas, siguen divirtiéndote.


Es lo que podríamos llamar "el lado oscuro" de la cinefilia. Lo que nos hace humanos, en definitiva: una muestra de la debilidad propia, que nos acerca al común de los mortales, bajando de ese pedestal ficticio en el que nos subimos cuando hablamos (pontificamos, en ocasiones) de cine.

Un punto flaco. Yo también tengo flaquezas. Porque aún siendo consciente de los errores de una película, no me resisto a disfrutarla.

Algo extraño, porque pudiendo criticarla, me encanta.


Me pasa con una obrilla menor del gran director Blake Edwards , capaz de asombrarme por un virtuoso eclecticismo que le hace brillar en el drama y la comedia.

En 1987, casi anteayer para mí, disfruté con un juguete cómico que, revisado hace pocos días, sigue arrancándome carcajadas.
Se trata de una comedia alocada, estilo casi de slapstick, titulada en España como Cita a Ciegas (Blind Date, 1987), que significó la presentación en la pantalla del entonces muy famoso televisivo Bruce Willis en papel protagonista, acompañado de Kim Basinger , con el indispensable apoyo del eterno secundario John Larroquette, tan efectivo que acabó por pedir que no le dieran más premios por su papel en la serie Juzgado de Guardia tras batir el récord de cuatro victorias consecutivas.

Sin esos tres actores en estado de gracia, el resultado no sería el mismo.

Incluso diría que la palma se la llevan la Basinger y Larroquette, que dan un recital de comediantes.


La trama es muy simple: Walter Davis (Bruce Willis) es un "matao" del trabajo, un verdadero adicto al trabajo que necesita compañía para asistir a una importante cena de negocios. Su hermano le proporciona una cita a ciegas con una prima de su esposa, una tal Nadia Gates (Kim Basinger) [sí: algunos tienen suerte con las citas a ciegas] que tiene un digamos problemilla con el alcohol: se pone "cachonda" y pierde los papeles.

Walter se equivoca en su apreciación del problema de Nadia y, además, aparece el recalcitrante ex-novio de la belleza, un persistente y maquiavélico David Bedford (John Larroquette) que acabará por complicarlo todo, obstaculizando el amor que nace, contra las adversidades, entre Walter y Nadia.


Edwards deja la impronta de su categoría en una serie de escenas memorables, alocadas, chispeantes, con diálogos humorísticos de primera, fruto del guión de Dale Launer , rozando continuamente el más puro slapstick, consiguiendo arrancar la carcajada. Lo descabellado de las situaciones se acepta por la aplastante lógica, muy bien construída, con algún que otro bajón en la narración, que enfría el ánimo del espectador.

Pero cuando se pone en marcha, la aceleración constante de locuras se apropia del ánimo del espectador predispuesto -como este comentarista- a pasar un rato agradable y la risa está asegurada.

Edwards hilvana una situación con otra: un chiste precede al que le sigue, más brillante, llevándonos en volandas mientras ofrece una visión irónica de las apariencias, chantaje emocional de por medio, con frases ocurrentes, mordaces, pronunciadas a una velocidad de metralleta por unos intérpretes muy eficaces en su contumaz vertiente de comedia.

Con una corporeidad envidiable, los elementos sonoros tienen juego puntuando escenas inolvidables, desarrollando una trama no por previsible menos eficaz.
Que sobre todas las desgracias triunfe el amor no deja de ser reconfortante con un punto anárquico, imprevisible, contra natura. Pero es una comedia al estilo clásico y la lógica está al servicio de la historia, porque lo que cuenta es el divertimento, no la veracidad.

Es muy posible que algún amable lector no la haya visto, por su antigüedad: la recomiendo para cualquier momento de abatimiento, pues -casi- seguro que levantará el ánimo por sus locuras. El ritmo marcado por Edwards, salvo algún bajón esporádico, consigue entretener como poco y, en la mayoría, atrapar el interés, no por saber cómo será el final, que se advierte feliz, si no por conocer con qué medios y de qué forma acabará la cosa bien.

A los que se decidan, recomendar, como siempre, la versión en v.o.s.e., ni que sea para disfrutar de la excelente voz y dicción de John Larroquette.

Trailer [ver/ocultar]



p.d.: se admiten, sin ambages, críticas contrarias y feroces: es lo que hay: para mí, una debilidad: me hace reir...


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divendres, 13 de febrer de 2009

MM 21 Nine 1/2 Weeks

En ocasiones de una mala película sólo se recuerda la música.

Eso lo aprendió muy bien el excelente compositor Randy Newman, que ha sido galardonado en muchísimas ocasiones cuando, en 1986, participó en la banda sonora de la pesadilla Nueve Semanas y Media.

Resulta curioso que una de las canciones más reconocidas de Randy Newman sea una composición olvidada en el momento de otorgarle galardón alguno, cantada al formidable estilo de Joe Cocker, renacido a la popularidad gracias al cine de la década de los ochenta del siglo pasado.

La canción You Can Live Your Hat On, de buena factura, se benefició, en su momento, del erotismo que desprendía Kim Basinger en la siguiente escena, según youtube, sólo apta para mayores....:

[Sí, soy mayor de edad y quiero verla: +/-]



Que nadie se moleste en buscar la película después de ver esta escena, porque es lo único que vale la pena....




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dimecres, 11 de febrer de 2009

ESD 9 PSYCHO


1960:

Con poco dinero y muchísimo talento un ya encumbrado Hitchcock consigue, tras una semana entera de duro trabajo, rodar una brillantísima escena sin palabras con el fin de impactar, estremecer y maravillar al espectador, creando de la nada una antológica clase magistral de Cine con mayúsculas:







Esos ganchos que se desprenden como la vida...

Esa sangre, fluído vital, que va al desagüe...

Ese uso de los sonidos y la música....

Inigualable: ¿no es cierto?


p.d.: para lectores habituales: he incrementado (después de mucho sudar) tres puntos el interlineado, de 1.2 a 1.5: ¿resulta más fácil la lectura de los textos como este, más largos?


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dilluns, 9 de febrer de 2009

Feliz cumpleaños, Carole King



Oh! Carol (Neil Sedaka,1961)


Esta famosísima canción de Neil Sedaka está dedicada a la entonces jovencita Carole King, nacida tal día como hoy, 9 de febrero, hace ya sesenta y siete años, en el seno de una familia judía de Brooklyn, la familia Klein, que poco podía imaginar que su niña alcanzara el lugar que le pertenece por derecho propio en la música del Siglo XX, habiendo conseguido cuatro premios Grammy, sentada su fama en el Salón de la Fama del Rock y en el Salón de la Fama de los Compositores.

Ya antes de cumplir los veinte años Carole King, junto con el entonces su marido Gerry Gofin, compuso dos canciones que alcanzaron el nº1 de ventas en U.S.A. y unas cuantas más en los primeros puestos, cantadas por diferentes artistas.

No fue hasta 1970 que Carole King -animada por su amigo James Taylor decidió publicar como cantante solista su primer vinilo (que fue un fiasco), pero fue al año siguiente, 1971, cuando su enorme talento como compositora inundó las emisoras de todo el mundo, obteniendo con el vinilo Tapestry el primer lugar en ventas en U.S.A. durante quince semanas, así como copando con varios de los temas que conforman el álbum las listas de discos sencillos. En total, más de diez millones de copias vendidas hasta la fecha.

La calidad de Tapestry es tal, que aunque no hubiera hecho nada más, sería suficiente para recordar a Carole King en lugar preferente de la música pop-rock. Son doce temas magníficos, espectaculares:

(Atención: recomiendo ocultar una vez visto cada vídeo, para no cargar mucho)

Este es el orden que consta en mi vinilo:

Cara Uno:

I Feel The Earth Move [ver/ocultar :]


So Far Away [ver/ocultar :]


It's Too Late [ver/ocultar :]



Home Again [ver/ocultar :]


Beautiful [ver/ocultar :]


Way Over Yonder [ver/ocultar :]


Cara Dos:

You've Got a Friend [ver/ocultar :]


Esta es la famosísima letra de la canción : [leer/ocultar :]
You've Got a Friend

When youre down and troubled
And you need a helping hand
And nothing, whoa nothing is going right.
Close your eyes and think of me
And soon I will be there
To brighten up even your darkest nights.

You just call out my name,
And you know whereever I am
Ill come running, oh yeah baby
To see you again.
Winter, spring, summer, or fall,
All you have to do is call
And Ill be there, yeah, yeah, yeah.
You've got a friend.

If the sky above you
Should turn dark and full of clouds
And that old north wind should begin to blow
Keep your head together and call my name out loud
And soon I will be knocking upon your door.
You just call out my name and you know where ever I am
Ill come running to see you again.
Winter, spring, summer or fall
All you got to do is call
And Ill be there, yeah, yeah, yeah.

Hey, aint it good to know that youve got a friend?
People can be so cold.
Theyll hurt you and desert you.
Well theyll take your soul if you let them.
Oh yeah, but dont you let them.

You just call out my name and you know wherever I am
Ill come running to see you again.
Oh babe, dont you know that,
Winter spring summer or fall,
Hey now, all youve got to do is call.
Lord, Ill be there, yes I will.
You've got a friend.
You've got a friend.
Aint it good to know youve got a friend.

Aint it good to know youve got a friend.
You've got a friend>




Where You Lead [ver/ocultar :]


Will You Love Me Tomorrow? [ver/ocultar :]



Smackwater Jack [ver/ocultar :]


Tapestry [ver/ocultar :]


(You Make Me Feel Like) A Natural Woman [ver/ocultar :]



Como habrá podido comprobar el amable lector, las versiones de esas excelentes canciones han sido grabadas en diferentes momentos de la vida de Carole King, desde 1971 hasta hace bien poco. Porque Carole King nunca ha dejado de trabajar, aunque parece que el año pasado, 2008, decidió tomarse la vida con más tranquilidad y se dedicó a comparecer para apoyar al partido demócrata en las pasadas elecciones, y a participar en algún concierto benéfico.

Su enorme popularidad permanece pasados más de cuarenta años desde su primer éxito como compositora, como lo prueba que en su última gira mundial, denominada My Living Room World Tour, iniciada en julio de 2004 y extendida hasta 2006 en lugar tan remoto como Nueva Zelanda, vendiera con mucha antipación todas las entradas, consiguiendo un éxito sin precedentes, de público y crítica: [ver/ocultar :]


Esta brevísima semblanza de la extraordinaria compositora y cantante no estaría completa sin presentar algunas de las canciones suyas cantadas por otros artistas de fama y renombre, que supieron sin duda aprovechar las melodías inventadas por Carole King.

Algunas pueden incluso resultar sorprendentes:

James Taylor alcanzó en 1971 el nº1 de superventas con la canción You've Got a Friend, que siempre canta en sus conciertos: Rock en Rio (1985) [ver/ocultar :]


Aretha Franklin cantó antes que la propia Carole King el famoso tema (You Make Me Feel Like) A Natural Woman: [ver/ocultar :]


Otra cantante de soul, hoy casi olvidada, Maxine Brown, consiguió aupar la canción Oh No Not My Baby : [ver/ocultar :]


El grupo The Chiffons obtuvo hace ya casi cincuenta años gran popularidad en su versión de One fine day : [ver/ocultar :]


The Drifters fueron los primeros en interpretar Up On The Roof : [ver/ocultar :]


Muchos años más tarde, el cantante Billy Joel consigue otro superventas interpretando un conocido tema de Carole King, Hey Girl: [ver/ocultar :]



Seguro que los más jóvenes lectores quedarán sorprendidos al darse cuenta que Carole King es también la autora del éxito de la sexy Kylie Minogue, el tema The Loco-Motion : [ver/ocultar :]


Y por último, dejo que cada quien elucubre a placer la consideración de autora musical de Carole King al escuchar los siguientes temas:

The Beatles - Chains : [ver/ocultar :]


Blood Sweat & Tears - Hi De Ho : [ver/ocultar :]




Te deseo un feliz cumpleaños, querida y admirada Carole King.





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divendres, 6 de febrer de 2009

Desafortunados Badulaques




Han mareado la perdiz. La han mareado a conciencia, durante casi dos años, con anuncios "pre", "durante" y "después". Han jugado con el tiempo y la paciencia de muchos, postergando fechas una vez tras otra.

Han conseguido levantar la expectación, concitando las esperanzas de los cinéfilos del mundo mundial, que esperaban una nueva maravilla como ésta: [ver:]



Nos han inundado con noticias de todo tipo, y, a la postre, nos hemos encontrado en el plato nada más y nada menos que esto: [ver:]


Ni perdiz, ni liebre: gato. Gato en el saco, de momento.

Hace ahora ya más de catorce años que los señores Christopher McQuarrie y Bryan Singer dieron de bruces con la piedra filosofal cinematográfica en forma de la excelente película The Usuals Suspects, una pequeña joya de la década de los noventa del siglo pasado.

Catorce años son muchos años incluso para un veterano cinéfilo que desde entonces perdió la pista del Sr. McQuarrie y comprobó cómo el Sr. Singer cambiaba ostentosamente de tercio y se dedicaba a los mutantes, a la tele y a Supermán.

Así que, como todos, al saber que ambos tipos se reunían de nuevo, albergué una cierta esperanza, empañada por la presencia del multimediático Tom Cruise , por quien, lo confieso, no siento demasiado aprecio en ninguna de sus variadas facetas.

La propaganda insistió, antes, durante y después, en señalar a Mr. McQuarrie como origen de la idea de llevar a la pantalla -una vez más- la desventurada y archiconocida historia de la denominada Operación Valquiria, en la que un grupo de militares alemanes urdió un atentado contra Adolf Hitler, siendo la participación del Coronel Claus von Stauffenberg providencial en el resultado.

Dicen que McQuarrie presentó la idea a Bryan Singer, lógicamente confiando en una reedición del éxito obtenido al alimón, y que luego el señor Cruise, tan espabilado él, se apuntó.

La película que entre los tres han hecho se ha denominado en España Valkiria ( Valkyrie, 2008 ), en un alarde de imaginación tituladora consistente en insertar una letra "K" donde debería ir una "Q". La misma imaginación preside la producción en la que el Sr. Cruise aparece como "ejecutivo".

Dejando de lado las notas de prensa que nos han inundado desde que hace dos años empezó todo y ya que como se puede comprobar se hace hincapié en la pre-existencia de la maravilla del 1994 como favorable antecedente, uno se siente en la libertad de opinar que, visto lo visto, nos hallamos ante un lamentable montaje de la industria cinematográfica, casi que personalizado en los ardides del Sr. Cruise para lograr relanzar una "carrera cinematográfica" que se halla en franco declive, llegando a cotas mínimas ya que, por supuesto, nunca ha estado a nivel siquiera notable.

Lo que me sorprende es que tanto McQuarrie como Singer actúen como perfectos badulaques desafortunados, ellos que, por una vez, atesoraron una inteligencia cinematográfica sobresaliente. Será por dinero, seguramente.

Porque el guión perpetrado por McQuarrie podría optar perfectamente a un premio Razzie al resultar un compendio de lugares comunes, frases grandilocuentes de escaso contenido al servicio de la estrellita pagana (de pagar) y una tergiversación de la historia repleta de fallos lógicos que parece más apropiado para una mala parodia. Una parodia que ni siquiera pretende hacernos reír, que es lo peor: se toma muy en serio a sí misma.

La reconversión del grupo de dirigentes alemanes que, viendo que van a perder irremisiblemente la guerra al haber confiado la dirección de la misma a un personaje totalmente inepto para las lides bélicas, resuelven quitarse de encima a su Führer por el método más expeditivo, en unos supuestos héroes que afrentan el riesgo de la muerte en beneficio de toda Europa, es una trampa para tontos que no cuela. ¿Me han oído? ¡No cuela!

Ese grupo de alemanes de la clase alta que se unieron al Führer y le juraron lealtad se convierten en traidores cuando la cosa pinta mal. cuando ya están viendo las orejas del oso ruso aparecer en la lontananza, se aprestaron a quitar de en medio a "su" líder para negociar una rendición que les salvara el pellejo. Eso no es de héroes: eso es de cobardes. A cada cosa su nombre.

Partiendo McQuarrie de esa premisa falsa, el resto es consecuencia de la necesidad de dulcificar la figura del supuesto héroe del grupo, ese Coronel von Stauffenberg de condición noble por matrimonio, acomodado, bienestante, ario católico y conservador, militar hasta la médula, orgulloso, que parece ser tuvo algún que otro encontronazo con las temidas SS, como tantos cientos de militares profesionales frente a la pandilla de desharrapados criminales que componían la guardia pretoriana del Führer, inútiles ignorantes del arte de la guerra, maestros sólo en el matar.

Que en la Alemania posterior a la contienda se haya buscado afanosamente individuos a los que rescatar para glorificarlos como representantes de la conciencia alemana contraria a todo lo que hicieron, es cuestión que no toca debatir aquí.

Pero que Mr. McQuarrie, que sabe escribir un guión perfecto se avenga a vomitar, negro sobre blanco una historieta como la que sustenta este subproducto de lujo, perfecto ejemplo de la adulteración yanqui de la historia, es lamentable.

¿De veras alguien se puede imaginar que un simple coronel se ponga a dar órdenes a gritos a un General? ¿Y en medio de una guerra? ¿Y en Alemania? Ni en sueños. Esas peroratas falsamente patrióticas y paneuropeas, esas soflamas que el Sr. Cruise verbaliza a gritos son una gilipollez suprema, increíble. Como increíble es la escena del fusilamiento, cuando su ayudante se interpone en la línea de fuego, cayendo muerto, debiendo repetirse la descarga para ajusticiar al Coronel. ¿De veras nadie se ha cuestionado que, a menos de veinte metros una bala de fusil es capaz de atravesar limpiamente más de dos cuerpos produciendo la muerte?

Hay una falta de rigor total y absoluta que redunda en falta de credibilidad. En todo: ¿quieren creer que, reunidos los confabuladores, al discutir al recién llegado "héroe" Stauffenberg su actuación el líder político (que ya piensa en ser Canciller) ve como, de repente, tras rato de hallarse reunidos, todos le avisan que la Gestapo va tras sus pasos y debe darse a la fuga? ¿Qué esperaban para avisarle?¿Que llevara la contraria a alguno? De risa, oigan.

No discuto que Mr. Singer se luce en la dirección de las escenas de acción -faltaría más, con el entreno que lleva en los últimos años- pero, aparte del cuidado que tiene en realizar las tomas del señor Cruise desde un ángulo bajo para disimular su escasa estatura (muy inferior a la del verdadero personaje), la formulación de una historia cuyo final es archiconocido (el Fúhrer falleció por su mano, como ya habrán leído por aquí), requería mayor vigor psicológico, más fuerza en la descripción de los personajes, al modo en que, por ejemplo, el maestro Hitchcock nos hace simpatizar con sus héroes perseguidos por el infortunio.

Porque, sabiendo de antemano que el complot va a fallar de forma estrepitosa, solo queda el interés de empatizar con los conspiradores hasta su fatal desenlace.

Pero ni el guión profundiza en los caracteres ni el director sabe retratarlos con la debida intensidad, ni los actores, la mayoría desperdiciados en escenas de secundarios muy por debajo de sus posibilidades, logran emocionarnos.

Quizás porque todo el circo está montado al servicio de la estrella principal, un Tom Cruise que aparece en casi todas las secuencias demostrando su inutilidad para expresar nada en absoluto, hierático hasta decir basta, acaparando la pista principal de un circo que se ha anunciado con muchas luces pero que, acabada la función, queda en la memoria como una pobre atracción de feria, ditirámbica en su promoción, hueca de contenido, propia de tirititeros ambulantes en busca de un momento de gloria lejana en el tiempo.


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dimecres, 4 de febrer de 2009

La Tienda de la Esquina



Esta es la historia de Matuschek y Compañía, del Sr. Matuschek y de quienes trabajan para él.
La tienda está casi en la esquina de Andrassy y Balta, en Budapest, Hungría.



Los cinéfilos recalcitrantes con un punto de intolerancia a las malas digestiones somos gente afortunada: tras un mal rato en una sala oscura siempre nos queda el remedio balsámico de acudir al rincón preferido de nuestra estantería para reponer el ánimo, aquietar el pronto colérico y prepararnos para un sueño reparador, felices.

El genial Ernst Lubitsch nos traslada a una ficticia Budapest para ofrecernos su afilada visión de un grupo de gente normal y corriente, personas que trabajan codo con codo en un bazar propiedad del ya veterano Sr. Matuschek.

La historia, basada en un libro de Miklós László , fue adaptada como guión cinematográfico por Samson Raphaelson con la ayuda de Ben Hecht , aunque éste no figure en los títulos de crédito. Actuando Lubitsch como productor, dispuso de libertad para dirigir a su excepcional modo y manera una película hoy casi olvidada, titulada entre nosotros como El Bazar de las Sorpresas (The Shop Around The Corner, 1940 )

Nada más iniciarse la película entramos en situación gracias a unos diálogos inteligentes, bien dichos, con un ritmo endiablado: réplicas y contrarréplicas, marca de la casa, se sucederán desde el primer momento y sin descanso durante poco más de hora y media del metraje. Los trabajadores al servicio del Sr.. Matuschek van llegando a la puerta del bazar a la espera de la llegada del amo, que es quien cada día abre la puerta del negocio. En unos minutos los diferentes caracteres de esos trabajadores han sido perfilados y nos cuenta Lubitsch un poco de cada cual, así como la condición del amo, de entrada edad, casado con una mujer que pretende aparentar tan sólo cuarenta años...

Hay una soterrada crítica laboral en el modo de comportarse del dueño del bazar, Mr. Matuschek (estupendo Frank Morgan) que actúa con cierto paternalismo alternado con una innegable dureza con sus empleados, que le aprecian y temen a un tiempo, en una época en que el empleo no es seguro para nadie.

Pero estamos en los años 40 del pasado siglo y Lubitsch no busca problemas con la censura capitalista de los U.S.A., aunque la toree un poco. O un mucho, según se mire.

Interesan más a Lubitsch las relaciones entre todos esos personajes: las confidencias que el joven y apuesto empleado de más categoría (acaba de confesar que anoche estuvo cenando con el patrón ¡en su casa! ), Alfred Kralik (un ya sobresaliente James Stewart) mantiene con el más veterano Pirovitch (el muy eficiente secundario Felix Bressart ), pronto nos indicarán dos cuestiones: la perentoria necesidad del amable Pirovitch de mantener su empleo en pro de su esposa y dos hijos, y la penuria de ambos, ya que Kralik, en su pretensión de incrementar su educación, pensaba comprar una enciclopedia pero, hallándose ésta fuera de su alcance por el precio, determinó cartearse con una joven con intereses culturales semejantes, hallada a través de un anuncio en un periódico. La corresponsalía entre "Querida amiga" y él le ha conmovido románticamente y se confía en el veterano amigo Pirovitch que no alcanza a entender a esos jóvenes que se aman y ni siquiera se conocen personalmente.

Alternando de forma magnífica las escenas privadas con las tareas propias del bazar, Lubitsch, sin descanso, hace crecer ante nuestra vista las peculiaridades de cada personaje: sus anhelos sentimentales, sus miedos (Pirovitch desaparece cada vez que Matuschek pide una opinión "sincera" ), sus ambiciones, sus necesidades.

Se acerca la navidad y una hermosa joven, Klara Novak (Margaret Sullavan ) aprovecha una pequeña discusión entre el Sr. Matuschek y Kralik para hacerse con un empleo de refuerzo temporal como vendedora, colocando una caja de música-cigarrera que acabará en saldos.... pero la joven permanecerá en la empresa.

Y permanecerá llevando la contraria de forma constante a Kralik, que de inicio ya le tiene ojeriza al sentirse engañado por la joven. Ambos reflejan una lucha de sexos semejante a los polos de dos imanes, que tan pronto se atraen como se repelen, gracias a unos diálogos de antología, mostrando ambos intérpretes lo que más tarde se vendría en denominar "química especial", bajo la atenta tutela y batuta del Director, sabio artífice que, contra lo usual en la época, mantiene impertérrito el plano, alargando la secuencia, desafiando las normas y permitiendo que sus actores declamen incluso de espaldas a cámara.

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El taimado Lubitsch sabe sacar partido excelente de un guión perfecto, dosificando los efectos: mientras nos ha mantenido pendientes de las vicisitudes laborales de los personajes, tratadas con humor e ironía, ha ido apuntando a otra cuestión, principal sobre todo para Kralik, cual es el forzoso encuentro que debe mantener con su querida corresponsal. El chico teme el encuentro ante la incertidumbre de su resultado y solicita la compañía de su amigo Pirovitch para tal lance:

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Mediado pues el metraje, nosotros, espectadores absortos, mirones impenitentes, creemos saberlo ya todo, pero no: Lubitcsh se guarda un as bajo la manga y retorcerá todavía más la venturosa existencia de Kralik, con nuevas dificultades.

Obstáculo que se solventará de forma brillante, nuevamente usando las puertas (señal identitaria de la filmografía de Lubitsch) como medio narrativo ejemplar, dando lugar a frases sentidas y bien dichas, confesiones de padecimientos injustos y celos arrebatados, cegadores de la razón, para volver al punto de la cuestión.

Ha vuelto la navidad, lo que significa que ha transcurrido un año, y los enamorados desconocidos siguen igual. Otros problemas que se han presentado han sido solventados, pero... ¿Cómo acabará el enredo postal?

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Lubitsch no quiere soltarnos: nos lleva de un lado a otro, pensando en un final feliz, pero nos asalta la duda: ¿Terminará bien, o será una tragedia? ¿Porqué no se arregla ¡ya! esa rencilla? ¿No alcanzarán la paz y la felicidad "nuestros" protagonistas?

Naturalmente, se impondrá un buen final, de aquellos que le hacen llorar a uno de alegría, de felicidad.

El espectador se siente feliz: contento porque todo acabará bien, como debe ser; pero más feliz porque ha asistido a una representación espléndida, plena de talento: un Director que sabe perfectamente lo que tiene entre manos: un guión sin mácula, con el ritmo justo, atendiendo a todos los personajes principales; unos intérpretes que demuestran saber estar, saber mirar, saber escuchar, saber decir sus frases con naturalidad; la historia ha transcurrido de forma tan elegante, plácida, ligera, ágil, que apenas tendrá el mirón conciencia del tiempo pasado. Una maravilla. Un ejemplo a seguir.

Recomendable, como siempre en estos casos, su visionado en v.o.s.e.

p.d.: Después de comprobar una vez más en 1998 la inutilidad de un "remake" , solo queda una lapidaria frase: "Ya no se hacen películas así"


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