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dilluns, 11 de juny de 2012

Diferentes



Leroy acaba de regresar a su país: vuelve de la guerra que le ha llevado hasta las islas Filipinas donde ha dejado algún que otro amigo y está esperando licenciarse para regresar con su familia, allá en Tennessee, y mientras tanto pasa en la gran capital unos días de descanso y reincorporación a la vida civil.

Van de copas con los compañeros de armas, todavía usando sus uniformes, buscando el ligue fácil, dando tumbos sin sentido de un lado a otro en la noche urbana, tan distinta del ambiente donde creció. Leroy es un buen tipo, callado, casi avergonzado de su acento sureño porque alguno se mofa de él, tan poca cosa, apenas un soldadito que ansía dejar de serlo.

Una noche, tres de sus compañeros le dejan solo y se largan con un civil que parece disponer de bebidas en su apartamento: Mitchell, Floyd y Monty le dejan plantado, se lo quitan de encima, y luego Floyd, ya en la madrugada, le llama angustiado porque parece que ha habido un problema y Mitchell ha desaparecido y le busca la policía.

Y al cabo de dos días, un temeroso Leroy se encuentra frente al detective Finlay que le dice:

Hace 100 años, en Irlanda, se perdió la cosecha de patatas.

Muchos irlandeses emigraron aquí.
Hablaban de un modo distinto, como usted.

Su religión era diferente. Eran católicos.
Se instalaron en distintos lugares.
Uno de ellos, un granjero, se quedó en Filadelfia.

Trabajó y ahorró para comprar tierra.
Se consideraba un americano más.
Pero un día algo cambió.
Se había desatado el odio contra los católicos irlandeses.
Y se había extendido como una plaga.
Ya no era un americano más.
¡Era un puerco irlandés! ¡Un amigo de los curas! ¡Un espía de Roma!

¡Un extranjero que robaba puestos de trabajo!

No comprendía nada.
No sabía qué hacer.
No hizo gran cosa.
No podía.
Pero un día, un grupo de hombres atacó a su párroco.
Fue a ayudarle. Le escondió en un almacén.

Ese día, al volver del trabajo, quiso tomar una cerveza.
Cuando salió del bar, le siguieron dos hombres armados con botellas.
No pretendían matarle. Sólo iban a vapulearle un poco.
Sólo les guiaba el odio.

20 minutos más tarde, mi abuelo había muerto.

Eso es historia, Leroy.

No la enseñan en el colegio, pero es historia americana.

Thomas Finlay murió en 1848 porque era irlandés y católico.

Ocurrió muchas veces.
Resulta difícil de creer, pero es verdad.

La noche pasada, Samuels murió porque era judío.

¿ Ve alguna diferencia?

El odio siempre es igual, nunca tiene sentido.

Un día mata irlandés, al siguiente protestantes,
otro cuáqueros.

No es fácil detenerlo.

Puede acabar matando a quien lleva corbata,
o a la gente de Tennessee.


Richard Brooks fue un intelectual que por fortuna decidió que el cine era un medio idóneo para expresar sus ideas y así lo hemos comprobado ya en este bloc de notas: antes de que se le permitiera ocuparse de labores específicamente cinematográficas, ya empleaba con cierto éxito su tiempo como escritor y en una de sus novelas se basó John Paxton para escribir en 1947 el guión que le reportó más fama y reconocimiento, al servicio de la RKO que lo mismo rodaba una comedia -como vimos el viernes pasado- que encargaba a Edward Dmytryk la dirección de una película que se tituló Crossfire y recibió en castellano el título de Encrucijada de odios.

Una producción económica -la RKO nunca fue lugar de grandes dispendios- para un metraje de menos de hora y media en blanco y negro con escenarios muy funcionales, minimalistas se podría decir buscando el halago pomposo y falso cuando permanece la sensación que ni a Dmytryk ni al productor Adrian Scott les importaba nada más que la idea que pretendían transmitir bajo la apariencia de una trama policial en la que algunos aspectos resultaban de actualidad como la vuelta de la soldadesca tras la contienda y las dificultades de reincorporación a la vida civil: matar deja huella.

Eso lo deja muy claro Keeley que viene a ser el militar con más graduación e influencia que cuida de Leroy y sus compadres, especialmente vigilando a Mitchell porque en una actitud celestinesca ha propiciado que la esposa de aquel se traslade en avión de la lejana California hasta la gran ciudad, para que al fin el reencuentro se produzca tras cuatro años de separación forzosa y Mitchell vuelva a ser lo que era antes.

Keeley lo dice sin ambages: he matado; a más de uno. Se lo dice a Finlay cuando éste, en sus pesquisas, empieza a interrogar militares. Soldados que regresan de una guerra iniciada por el régimen nazi.

Dmytryk hace de la necesidad virtud y consigue una concentración espectacular: mide al máximo el ritmo narrativo y mantiene la tensión de la incógnita y cuando ya el espectador ha llegado a la conclusión coincidente con Finlay sobre la identidad del asesino, sigue enganchando hasta el abrupto final la atención del espectador y vertiendo en sus oídos prestos las palabras que sostienen la idea que ser diferentes no debe conducir a la enemistad, y que sólo los ignorantes sienten temor a quien les es diferente, precisamente porque su propia ignorancia les impide asimilarlos.

El discurso de Richard Brooks, John Paxton y Edward Dmytryk se mantiene incólume y necesario en la actualidad pasados sesenta y cinco años: está claro que el racismo no se ha jubilado todavía y sigue presente y por ello es una buena oportunidad volver a esta pequeña joya y mientras comprobamos que no ha envejecido nada, aprovechamos para disfrutar del estupendo trabajo de los tres Robert:

Mitchum aporta su imagen fría y calmada al incorporar a ese militar al que todos acuden: la policía buscándolo como interlocutor válido con la autoridad necesaria, y los soldados -que ya no lo son, pues están licenciados- que han dependido de sus órdenes en el combate, para saber a qué atenerse respecto al problema suscitado.

Young compone con su prestancia habitual un policía atípico por lo tranquilo: un detective que pregunta sin imponerse, dando circunloquios socráticos y reteniendo en la memoria frases y miradas, moviéndose pausadamente sin dejar de acercarse al interrogado, obteniendo la respuesta como quien dice a plazos, uniéndolo todo como un rompezabezas hasta que le encaja el mosaico.

Ryan se muestra camaleónico desde su primera aparición: su estatura física se impone de inmediato y mientras Dmytryk mantiene la cámara fija, inmóvil a una altura, parece el propio personaje el que se sitúa en contra picado recibiendo de inmediato la importancia que tiene en la trama pero es cuando se sienta y la cámara le mira hacia abajo que sus ojos parecen sacar chispas y se adivina una vena rabiosa en su frente pálida mientras se muerde los labios para no soltar las palabras que surgen de su interior y luego se torna de repente afable y deseoso de ayudar en lo que sea.

Esos tres Robert son sin duda la piedra sobre la que Dmytryk descansa los pilares de su joyita, con la inestimable ayuda de secundarios entre los que brilla como siempre la intensa Gloria Grahame como acompañante de pago y no puedo menos que llamar la atención sobre la brillantez de los diálogos que nos ofrece en una breve intervención otro secundario, Paul Kelly que con apenas cuatro frases crea expectación y desequilibrio sin que el ritmo decaiga a pesar de destinar unos preciados minutos a lapidar de forma inmisericorde las relaciones maritales en un número circense de la palabra bien escrita y el concepto rico, como una propina que director y guionista nos ofrecen por haber dedicado escasa hora y media de nuestras vidas a escuchar su propuesta, tan vigente todavía, un recordatorio al parecer eterno y necesario.

Absolutamente imperdible y recomendado verla en v.o.s.e. por supuesto, aunque el mayor placer se obtiene con la lección de interpretación corporal del grandísimo Robert Ryan.


Tráiler




16 comentaris :

  1. Ya sabes que esta película me gusta mucho no, muchísimo -recordarás que la comenté hace poco- El momento final, con un Ryan luminoso huyendo por una calle a oscuras es prodigioso.
    Un abrazo

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    1. Recuerdo tu reseña, Alfredo, por supuesto: de hecho, me entraron ganas de verla de nuevo y claro, después de ver una película como ésta, uno no puede quedarse calladito...

      El final me sigue pareciendo abrupto, casi que impuesto por razones económicas, como diciendo el productor: corta ya, que se han acabado los dineros, aunque claro, Dmytryk no termina de cualquier forma, eso no...

      Un abrazo.

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  2. Tengo un problema con Siodmak y es que me gusta demasiado, esta es una gran película, pero siempre me ha vuelto loco Forajidos. Pero el terceto formado por Forajidos, Crossroad y Encrucijada, debería verlo cualquier aficionado al que le guste esto del cine. Gran entrada Josep.

    Saludos
    Roy

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    1. Estoy contigo, Roy: esta es de esas películas que no puede faltar en el bagaje de cualquier aficionado al cine y me resulta curioso comprobar que raramente aparece en la tele, cuando sigue su mensaje tan actual: igual es por eso...

      Celebro que te haya gustado la entrada; gracias.

      Un abrazo.

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  3. La he visto (pero en versión doblada). Lo que me hace gracia de Robert Ryan es que casi siempre solía intepretar a cabrones-racistas-bichos, y en su vida real era un tipo de los más progresista y abierto,por lo visto.
    PD: El asesinato de los que llevan corbata estaría en cierta forma justificado, ¿no? (ja,ja).
    Venga, en serio. Está bien lo que cuenta el detective interpretado por Robert Young.
    Un saludito.

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    1. Ese parlamento del detective Finlay es en mi opinión, David, la verdadera motivación de la película y todo se contruye para que tenga lugar ese "speach" que tienes que escuchar en inglés de boca de Robert Young que lo paladea intensamente, sabiendo que es su momento glorioso.
      Si no fuera porque el villano de Ryan es memorable por obra y gracia de su excelente composición gestual, Young se llevaría el gato al agua encabezando el reparto.

      Un abrazo.

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  4. Pensaba, por el título, que la había visto, compa Josep, pero no; lamentablemente, no, y a ello habré de ponerme en cuanto haya ocasión. En todo caso, sí me ha llamado la atención que se trate de una peli enmarcable, aun cuando su espectro temático vaya mucho más allá, en eso que se podría calificar de subgénero (dentro del bélico) de ‘pelis de retorno’, amplísimo y de una enorme riqueza en cuanto a derivaciones y meandros (hace un par de días veía, por ejemplo, La historia de los Miniver, una peli también integrable en ese apartado, pero que se mueve en el terreno del dramón desaforado). Y es que hay tanto cine, y tan bueno, esperando a que uno le eche ojo; poquito a poco…

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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    1. Es cierto, Manuel: la reseña se podría también enfocar desde el punto de vista de la dificultad de incorporación de unos hombres que regresan de una contienda, gentes que se han visto enfrentadas a los delirios bélicos, estando abierta una puerta por la que exista un resentimiento hacia los judíos como motivo de la intervención para ser auxiliados, en un reflejo egoísta que naturalmente subyace también en los comportamientos racistas e incluso meramente chauvinistas.
      Todo ello sin merma del interés de la trama y sin perjudicar en absoluto el ritmo del policial con sus pesquisas, como era habitual en esas joys que rememoramos de vez en cuando.
      Habrá que hacer al respecto para que puedas gozarla cuanto antes...

      Un abrazo.

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  5. Pues me has pillado en falta, y grave creo yo. Mira que he leido y he oido hablar de esta película. Y siempre bien o muy bien. Pero no la he visto. Me gusta el diálogo y lo que cuentas confirma la idea que ya tenía. Estos imperdibles tendrían que estar ya vistos hace tiempo. Tomo nota. Un abrazo.

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    1. Porque veo que estás arrepentido, Víctor, no te impondré como penitencia nada más que la veas pronto en versión original y que luego nos cuentes tu experiencia, eso sí; y de ese modo te librarás de las célebres maldiciones del loro cabreado, porque una falta capital como ésta hay que solventarla cuanto antes, máxime si ya has recibido previas admoniciones respecto a su bondadosa esencia cinematográfica.

      Un abrazo.

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  6. Pues yo tampoco he hecho los deberes ;-( pero al igual que Mr. V he sabido de ésta pelicula y de su director que me resulta de los más interesantes ( sobre todo cuando me dediqué a leer sobre las listas negras famosas. Al parecer despues de la pelicula le despidieron, a él y al productor..aquellos "maravillosos años" 40 cuando decir ciertas cosas o pensar de modo diferente era un "pecado".( el hecho de que estuviera en la cárcel, Dimytryk y que luego se desplomara es parte de aquellos años TRISTEMENTE oscuros, de ahí el cine negro,creo yo )
    Ya veo que ese es el título de ésta entrada y que la letra de la canción o el poema/discurso es muy aclaratoria.
    No sé si denunciaba los males de una sociedad racista, xenófoba o clasista pero la peli parece muy muy interesante y me la apunto.

    Besos, buenas noches y buena suerte

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    1. Dmytryk lo pasó realmente mal con toda esa persecución de comunistas, lo que ocurrió pocos años después de haber rodado esta película en la que el contenido ideológico político es perfectamente asumible por cualquier persona bien nacida pero que en aquel país y en aquella época no dejaba de tener un puntillo revolucionario, que duda cabe, sobre todo para cuando llegó a exhibirse más allá del este atlántico y de la soleada California.

      Además, es una película que engancha y atrapa la atención durante todo el metraje, sin tiempos muertos, y mira que el personaje de Paul Kelly parece fuera de lugar, pero.... tienes que verla, querida.

      Besos.

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  7. La película de los tres Robert. Un peliculón como la copa de un pino. Sí.

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    1. A punto estuve, Raúl, de titular la entradita como Los tres Robert

      Si esos tres, no sería igual, seguro.

      Un abrazo.

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  8. Grande muy grande Richard Brooks como director y como escritor.Jolines,y después se cabrean conmigo cuando digo que la mayoría de los directores de ahora tiran más de videoclub que de bibliotecas o librerías.
    Encrucijada de odios es para mí la mejor película de Edward Dmytryk,pero también me gustan mucho Historia de un detective,Venganza,El motín del Caine y Espejismo.Joder,casi todas.Encrucijada...no solo significó el lanzamiento del director,sino de la fama del gran Robert Mitchum (uno de mis actores favoritos)en un tipo duro que le haría célebre,así como uno de los más logrados papeles de Gloria Grahame,como mujer fatal.Asimismo destaca el carácter de Robert Ryan,en su personaje de sádico racista.
    La película está,pues,concebida dentro del espíritu combativo,humanismo polémico y estilo documentalista de su discutido autor-canadiense,de origen ucraniano-,por lo que refleja con creces el periodo en el que la discriminación racial ya estaba tomando cuerpo en Estados Unidos.

    Perdona la disertación,pero como podrás ver,soy un entusiasta de esta película y de todo lo que la rodea.Ay,ya lo comentábamos el otro día;el cine de ahora es tan pobre.

    Un fuerte abrazo,amigo.

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    Respostes
    1. Jamás se me ocurriría, amigo Machuca, quejarme por la extensión de un comentario y menos si lleva la enjundia del tuyo: de Dmytryck ya relatamos la del Motin del Caine hace tiempo y ésta me parece una pequeña joya indispensable que demuestra, claro, que gentes leídas son capaces de pronunciar discursos muy serios mientras logran captar la atención del espectador ofreciéndole un producto a la vez entretenido e inteligente, logrando que el mensaje que lleva se acepte sin dificultad.

      Un abrazo.

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