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dilluns, 2 de juliol de 2012

Niebla mágica y romántica



En la década de los cuarenta, Alan Jay Lerner y Frederick Loewe triunfaron clamorosamente en los escenarios neoyorquinos con una comedia musical que trasladaba la acción a otra época gracias a la fantasía temporal: una transgresión mágica llevaba a dos neoyorquinos de cacería por las altas tierras de Escocia a los lindes de un pueblo que tan sólo podía verse una vez cada siglo, apareciendo de repente de entre una mágica niebla.

Las coreografías de Agnes de Mille, inspiradas en el folclore escocés, no fueron ajenas al enorme éxito de la comedia en los escenarios y naturalmente, la idea de trasladar semejante pieza al cine no tardó en producirse y tras varios sucesos acabó en manos de la MGM que pagó gusto y ganas y el gran Arthur Freed se encargó de la producción de la película que iba a titularse como la comedia musical: Brigadoon (1954).





La dirección se encomendó a Vincente Minnelli y como protagonistas se eligieron a Gene Kelly y Van Johnson para representar a los cazadores neoyorquinos y a Cyd Charisse para interpretar a la escocesa que enamorará a través del tiempo.

Minnelli se tomó con buen humor las dificultades de rodar en exteriores naturales: Arthur Freed y Gene Kelly estuvieron unos días en parajes escoceses para buscar lugares de rodaje y regresaron a California ahítos de lluvia, jurando que cerca de Monterrey había unas colinas que darían el pego: Minnelli aseguró que los paisajes reproducidos en estudio eran suficientes y aunque el elenco ansiaba viajar, se procedió a iniciar el rodaje planificándolo enteramente en estudio, con la excusa de no depender de la meteorología y usando las nueves lentes anamórficas del cinemascope.

Vista la película, uno piensa que en realidad Minnelli prefirió rodar en estudio porque de ese modo podía usar la cámara a su antojo gracias a las grúas mecánicas que le permiten moverse con libertad aérea ahorrándose mesas de montaje porque, evidentemente, el maestro tenía perfectamente planificados los movimientos y los encuadres con los que iba a inmortalizar los bailes coreografiados por Gene Kelly.

Precisamente la presencia de Kelly y Charisse como estrellas tienen una doble vertiente que quizás perjudica el conjunto: la brillantez en la ejecución de los bailes de la pareja emociona por la expresividad que saben extraer de los movimientos corporales con una plástica a un tiempo clásica y moderna: los solos de Kelly mantienen la acostumbrada vis atlética, pero por otro lado se echa en falta la casi que obligada reinterpretación de un pueblo escocés que sigue viviendo en el siglo XVIII y los bailes de conjunto popular se ven traducidos con poca imaginación y una fuerza expresiva reducida, como guardando fuerzas para el momento de la dos estrellas.

Tampoco el guión es ninguna maravilla quedando bastante deslavazado sin tener en cuenta que en pantalla el efecto espectacular no es el mismo que en las tablas ya que la ausencia del directo produce un irremediable efecto de lejanía que hay que tratar con cuidado.

Hay ciertas carencias lógicas en el guión incluso partiendo de la premisa mágica que sustenta el romántico encuentro de ambos protagonistas por encima del tiempo, con unos detalles apresurados que restan credibilidad a la trama, en el fondo una buena idea que se podría desarrollar con bastante profundidad y que Minnelli, con buen criterio, visto el guión que le presentan -no olvidemos que estamos a principios de los cincuenta, en la MGM y con Freed dando órdenes- procede a otorgar carta de cuento de hadas a la trama mediante un tratamiento eminentemente plástico que prima la apariencia -es decir, el continente- muy por encima de la trama -el contenido- que permanece como mera excusa para la exhibición artística, netamente visual, dirigida a los sentidos más que al intelecto.

Minnelli parece ocuparse de la película como de un encargo pero aprovechando la ocasión para dejar huella clara de sus innegables aptitudes para filmar las escenas de baile de la mejor forma posible: la facilidad de trabajar en estudio le permite orquestar una serie de elementos que hacen que esta película resulte interesante para unos ojos novicios como los mios, que la descubrieron hace muy poco, observando varios conceptos de relevante interés: en primer lugar, la obligada existencia de un guión técnico muy elaborado en el que los movimientos de la cámara han sido estudiados al mínimo detalle ofreciendo una continuidad rítmica apropiadísima a los números musicales; en segundo lugar, el uso perfecto de unos magníficos decorados creados por F. Keogh Gleason y Edwin B. Willis que por momentos logran la ilusión de la naturaleza gracias a unos sets enormes que permiten grandes profundidades de campo; y en tercer lugar y contando evidentemente con la estupenda colaboración de Irene Sharaff usando el colorido de los vestuarios para expresar estados de ánimo y remarcar notablemente los personajes; me llamó la atención el atrevimiento de la Sharaff al diseñar el colorido del vestuario de Kelly hasta que en uno de los bailes con Charisse comprendí el motivo y la intención que podían tener piezas de un color tan peculiar para una camiseta interior y unos calcetines...

Van Johnson soporta el papelón que le cae en gracia con bastante fortuna y el resto del reparto resulta justito, justito, reforzando la sensación de descuido de todo lo que no sea la pareja protagonista, permaneciendo la sensación de una película que no debe hacer mucha justicia a la comedia musical de su origen -visto el éxito- pero perfectamente recomendable para el cinéfilo amante del cine musical que sea consciente de lo que va a encontrar, porque así como en cualquier otro género, tampoco en el musical todo son obras maestras.


Vídeo





18 comentaris :

  1. No soy mucho de musicales, Josep, ya lo sabes. Pero soy mucho de la Charisse. ¿Que cómo se come eso? Fácil. No hay más que verla.
    Un abrazo

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    1. En este caso, Alfredo, no te falta razón, porque Cyd constituye uno de los más fuertes activos de la película, sin dudarlo un instante: sólo por ella, ya vale la pena...

      Un abrazo.

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  2. Me sonaba que al principio también Minnelli quería rodar en exteriores (y que Gene era el más entusiasta respecto a esa posibilidad), pero que por cuestión de presupuesto, se optó por estudio.
    Qué pena que no tuvieras enlazado como sueles hacer el guión técnico.
    La primera vez que vi esta peli, que fue en una noche de esas de cineclub hace ya casi veinte años, debo confesar que me encantó. Me pareció una historia tan bonita...y esa escena final con la vida urbana con tanto ajetreo y agobio y la decisión de Gene...
    En posteriores visionados, pues reconozco que ha "perdido"... y más si las comparo con otros musicales de Vincente, de Gene, o de los dos ("El pirata" siendo, una "flojita" de ambos, es más divertida, tiene más ritmo y es más interesante que esta)...
    Como bien dices, no todo son obras maestras...pero la peli está bien.
    Un saludito.

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    1. Realmente, David, compararla con otras es hacerle flaco favor y mala costumbe que tenemos, porque no la aplicamos tan a rajatabla en otros géneros. Y ello, en el caso, a pesar de desconocer el original escénico, que según cuentan fue una maravilla: hay una versión televisiva en youtube -enterita- que, dicen, es muy buena.

      La verdad es que, descubrirla hce poco, fue un gusto...

      Un abrazo.

      p.d.: lo que he enlazado han sido guiones literarios, no técnicos: de esos, no he visto ninguno en la red...

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    2. No había visto esa versión televisiva del 66... A ver si saco tiempo (pero hay otro musical colgado en youtube que quiero ver antes; y con el regalo-obligación que me han hecho de filmin por tres meses... no doy abasto)... Y sí, ya sé que sueles enlazar los literarios (y alguno que otro me lo he guardado), pero como aquí apuntabas "la obligada existencia de un guión técnico muy elaborado", pensaba que igual lo habías encontrado y lo ibas a enlazar.
      Otro abrazo.

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    3. Ya me gustaría poder dar un vistazo a un guión técnico de cualquier musical de Minnelli porque los movimientos de grúas en ésta y en Un americano en Paris, por ejemplo, resultan interesantísimos. Pero si todavía existen, nadie se ha preocupado de escanearlos, a lo que parece, lo cual me sorprende, por son clases magistrales de cine...

      Un abrazo.

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  3. Yo si que soy mucho de musicales (lo digo por el bueno de Alfredo, con el que sabes que acabo de estar un par de días en Zgz) y también soy bastante de Charisse y de sus piernas.
    Brigadoon es mi cuento por excelencia. No sabes la de veces que me he imaginado saliendo (o entrando) en aquella bruma para después aparecer en un pueblo con tanto colorido.
    La película está llena de carencias, bien dices, pero es una peli de lo más recomendable.

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    1. Esa bruma, Raúl, ya la quisiera encontrar yo un día: a lo mejor no volvía a cruzarla, ya ves: seguro, además, si me encontraba a Cyd moviéndose de esa forma... ;-)

      Un abrazo.

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  4. Por cierto, el vídeo que has elegido es de un número precioso en el que (sobre todo ella) están ambos geniales.

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  5. No la había visto hasta que hace como un año o así la pusieron en tv. Desde luego,si uno repasa la obra de Minnelli, esta no saldría mi top five. Y casi ni en el top ten.
    Pero me gustó. Resulta muy agradable. Desconozco todo lo referente a su filmación pero creo que a su genuino caracter de ensoñación musical le viene mejor estar filmada en estudio, donde no importa que algunas cosas parezcan falsos atrezzos.Al contrario, le favorece. Escenarios de verdad nos llevarían a una versión más realista y muy distinta.
    Muy de acuerdo en la perfección de los números musicales, las coreografías y el colorido. Todo muy profesional como era costumbre y ha dejado de serlo. Hasta tal punto que no siendo yo fan fatal de las coreografías musicales no recuerdo números flojos. Sin duda tu la tienes más fresca.Un abrazo.

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    1. Muy cierto, Víctor: a la magia de la trama le convenía también esos decorados a todas luces artificiales, esos colores imposibles, otorgando un carácter ficiticio al conjunto que, sin embargo, no se resiente por ello. Un guión más atrevido le hubiera dado más carácter y no estaría, como bien dices, fuera del topten de Minnelli..

      Un abrazo.

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  6. Adoro los musicales. En teatro y en el cine. Y fíjate, Josep, nunca he tenido a "Brigadoon" como uno de mis títulos favoritos. Ni siquiera como un título memorable. Tanto es así que hace muchísimos años que no le he vuelto a echar el ojo.

    Leyendo ahora tu post sobre la película, me apetece, sin embargo, volver a ella, pero casi más por la partitura de Lerner y Loewe. Aunque, en fin, un Minnelli siempre merece una "nueva oportunidad".

    Salucines

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    1. Si tienes ocasión de darle un nuevo vistazo, Fernando, no dejes de observar la clarísima intencionalidad cromática que componen tanto los decorados como los vestuarios, una verdadera muestra de profesionalidad y de ganas de hacer las cosas bien cuidando el detalle.

      Un abrazo.

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  7. Cuando Alfredo habla de ‘comerse eso’, ¿’eso’ es la Charisse…? Supongo que no, pero, visto su apasionamiento -compartido con el bueno de Raúl...-, no me queda nada claro… En fin, tras solemne chorrada, ya te podrás barruntar, compa Josep, que se trata de desviar la atención sobre el delito principal, que, por otro lado, es ése en el que soy multipolimegahiper-reincidente: no he visto la peli… De todos modos, tratándose de un musical en su versión más chungui (o sea, ésa pergeñada ‘a la mayor gloria de…’), ya quedo avisado por tu parte, y me temo que me aplicaré las pertinentes precauciones (o sea, que, siendo muy optimista, tardaré bastante en verla…).

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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    1. Mucho me temo, Manuel, que si esos dos tuvieran la ocasión -que no la van a tener- de disfrutar de la compañía de la estupenda Cyd que aparece en esa película, no iban a perder mucho el tiempo... ;-)

      Habida cuenta de tu lista de pendientes, admito que ésta tardarás en verla, pero eso te pasa porque vas al cine muy a menudo y claro, no hay tiempo para todo y ésta, la verdad, no está entre las realmente imperdibles, aunque tiene elementos de mucho interés para los amantes de los musicales, eso sí...

      Un abrazo.

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  8. Ya sabes que yo sí soy de musicales y en mi top ten están los mejorcitos del género pero precisamente Brigadoon no..es decir que no la recuerdo o no la he visto o hace tanto que no tengo la menor idea de la trama.
    Desde luego la pareja es de lo mejorcito, la flor y nata..Kelly para mí junto Astaire son los dioses de la danza y de ella ¿ que decir..? Nació para el baile está claro. Las piernas mas hermosas y largas de Hollywood, con permiso de Rita y alguna otra que en el musical tenemos grandes bailarinas, pero es que éstos dos..¡ son magníficos!
    Y ¡ mira ! me apetece mucho quitarme de encima la "murria" el cansancio y otras peplas con una tanda de musicales. ¡ Claro que no puedo empezar por pasar un dia en New York, con las bandas callejeras o en Paris cantando bajo la lluvia..porque me temo que ésta no va a estar a la altura.

    Me la apunto de todos modos y tengo muy en cuenta tus "reservas".

    Besos..¡ que se me van los pies...!:-)

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    1. Si vas a darte una sesión de musicales, Milady, mejor empieza directamente con ésta, porque así no la encontrarás tan floja que si la ves después de una tanda que puede ser soberbia: en mi caso, hacía tiempo que no veía un musical y, con las reservas expresadas, me parece un producto, cmo dicen algunos profesionales, "interesante por determinados conceptos" .... ;-)

      Besos.

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  9. Por mucho dinero que hoy pongan en los musicales no hay el mismo glamour...ni desde luego tan grandes bailarines como Gene o Charisse.

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