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dilluns, 24 de setembre de 2012

Un encanto de fantasma.


René Clair fue uno más en la larga lista de directores que forzosamente emigraron al otro lado del Atlántico a causa de la contienda bélica que asoló tierras europeas y llevó consigo a los estudios hollywoodienses la formación en las técnicas cinematográficas con el añadido de una visión forzosamente peculiar por el sedimento cultural del personaje que, además, estaba muy lejos de poder ser considerado poco leído, como lo demuestran los mś de treinta guiones en que participó. 

Como paso previo al viaje transoceánico, René Clair estuvo trabajando en los estudios sitos en Londres y en el ambiente anglosajón, pero sin perder de vista el mercado estadounidense -no en vano la industria americana tenía medio pie en la Gran Bretaña- se ocupó él mismo de guionizar una historieta de Eric Keown que claramente estaba inspirada en un cuento largo del genial Oscar Wilde. 

 La temática gira en torno a la existencia de un fantasma que está condenado a pasearse por un castillo por culpa del poco entusiasmo mostrado en una contienda y las burlas despiadadas de un clan contrario en el momento de la cobardía, basándose la trama en la confrontación entre el fantasma y el mundo moderno.

Si la narración "original" se titulaba Sir Tristram Goes West, la película que el mismo René Clair dirigió en base a su propio guión se tituló The Ghost Goes West (1936) propiamente trasladado el título al castellano como El fantasma va al oeste, producción de Alexander Korda que contó con la inestimable presencia de Robert Donat, Jean Parker y Eugene Pallete como trío protagonista, así como la colaboración de Elsa Lanchester y Hay Petrie como secundarios de refuerzo en una película rodada en blanco y negro y provista del metraje aúreo, milimetrada rigurosamente por René Clair a pesar de ciertas discrepancias con Alexander Korda, como por otra parte era usual en el productor, muy capaz por sí mismo de dirigir también películas la mar de interesantes. 

Nos hallamos ante una película que resulta curiosa por diferentes conceptos sin que a estas alturas del siglo XXI, pasados tantos años, nos asombren sus efectos especiales como en la fecha de su estreno manteniéndose como una sencilla comedia que curiosamente -y en opinión de quien suscribe- resulta más divertida que la versión fílmica de la novela de Oscar Wilde que en 1944, ocho años más tarde, se acometiera con la participación del famosísimo esposo de la Lanchester. 

Murdoch Glourie es el joven heredero del clan de los Glourie, más inclinado a la francachela y al romanticismo fácil que a la contienda y cuando debe acudir a las líneas de combate llega tarde porque se ha entretenido con una damisela: el clan contrario, los Mclaggen se burlan de él y no tiene tiempo de partirles la cara porque fallece al instante quedando su reputación de cobarde, lo que comporta que su padre le maldiga y deba vagar por el castillo familiar hasta que consiga que un Mclaggen se retracte de la burla. 

Pasan los siglos y Donald Glourie es el último vástago de los Glourie y estando en la ruina y en bancarrota, para satisfacer a sus acreedores vende el castillo a un comerciante estadounidense que atiende al capricho de su hija: van a despiezar el castillo y se lo van a llevar a Florida. Fantasma incluído, claro.

El guión de René Clair está bien escrito, es equilibrado y se manifiesta en diálogos provisto de cierta gracia y un puntillo de ironía que carga las tintas sobre los ignorantes hombros de los comerciantes estadounidenses más provistos de dólares que de cultura y sensibilidad artística sin llegar a convertirlos directamente en patanes, probablemente porque en el fondo eran quienes pagaban el presupuesto y René Clair ya debía estar pensando en cruzar él mismo el charco, a bordo de un transatlántico, quizá también provisto de un fantasma que se paseara por pasillos y camarotes asustando al personal con su apariencia y prestándose a confusiones varias, porque el ancestro es idéntico al moderno galán que, naturalmente, enamorará a la damisela.

Se trata de una comedia amable que ofrece momentos divertidos sin que el vitriolo llegue a desparramarse, rodada con agilidad por René Clair que sabe darle la ligereza oportuna para mantener un ritmo vivo sin que decaiga, ajustado al afortunado metraje a la perfección, con la inestimable ayuda del terceto protagonista que cumple sobradamente con su cometido: Robert Donat en su doble papel está siempre seductor y elegante, Jean Parker destila romanticismo y Eugene Pallete, como siempre, rezuma eficacia por los cuatro costados de su recia apariencia, los tres dando muestra de algo tan inusual como es saber escuchar las frases graciosas del otro sin inmutarse, como lo más natural.

Una de esas películas que sin resultar imperdibles para el público en general considero indispensables para el cinéfilo activo porque sin duda quedan en el bagaje y ayudan a entender el porqué algunos fantasmas resultan encantadores y otros, cargantes.

Vídeo

18 comentaris :

  1. Vale la pena el cine de Clair, creo yo, por su sofisticación y elegancia, por su ligereza y tono amable y optimista. Quizá sus "comedias sobrenaturales" son las que menos me interesan, pero siempre vale la pena.
    Abrazos

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    1. Además, Alfredo, tiene el valor añadido de la doble figura de guionista-director usual entre los directores hechos en Europa en los inicios del cine, lo que me parece ayuda no poco a la contención y claridad en la exposición de la trama.

      Un abrazo.

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  2. Sí, sí, está bastante bien esta película. Con un Robert Donat, como es habitual en él, magnífico. Ya sabéis el mismo que subió los 39 escalones y encarnó a Mr. Chips.

    No encajó René Clair en Hollywood. Tampoco Jean Renoir. A diferencia del resto de directores europeos adaptados al cine americano, pocos directores franceses encajaron y triunfaron en la cinematografía estadounidense. ¿Por qué será...?

    Salucines

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    1. Me gusta esta película, es divertida, romántica y tiene un pelín de crítica (bastante amable). hace bien poco la revisé en familia con mis hijas y todo eso que hay que fomentar la cinefilia entre las nuevas generaciones.
      El subgénero fantasmal en casi todas sus vertientes (cómica, terrorífica, romántica...) siempre me a atraido especialmente, cuando Fernando publicó su reseña dedicada a la excepcional Jennie redactamos nuestros fantasmas favoritos, en su versión más amable, del cine clásico. Te dejo los míos Josep y me gustaría saber los tuyos:
      -El fantasma y la sra. Muir. (Mankiewicz)
      -El fantasma de Canterville (Dassin)
      -El espíritu burlón (Lean)
      -Jennie (Dieterle)

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    2. Esa pregunta que formulas, Fernando, tiene mucha miga y seguro que debe haber un elemento común, quizás más en el país de origen, en el caso Francia, que en los propios Estados Unidos y también, como no, en la forma de encarar un fenómeno culturala como el cine.

      Un abrazo.

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    3. Muy buena decisión, David, la de optar por esta película para sembrar la semilla de la cinefilia en tus hijas, porque tiene todo lo que se puede desear para pasar un rato agradable sin complicaciones.

      De los fantasmas que citas diría que son también mis preferidos, sobre todo las piezas de Mankiewicz y de Lean...

      Un abrazo.

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  3. Pues gracias por el descubrimiento, no conocía esta obra de Clair, que por otra parte es un director que me gusta bastante. Haremos lo posible por buscarla en el éter, seguro que ahí aparece, hay de todo...

    Saludos
    Roy

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    1. Pues no te será difícil hallarla, Roy, así que déjame insistir en que la veas cualquier tarde de sábado, que es la hora oportuna: hora y media de comedia sencilla y agradable con un fantasma que no da miedo..

      Un abrazo.

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  4. Esta no la he visto. Es más, ni sabía de su existencia, con eso lo digo todo. La de Laughton si. Y curiosamente me parece una de sus interpretaciones menos afortunadas, dando rienda suelta y sin freno a todo su repertorio de tics, esos que tan bién supo controlar en otras ocasiones de forma modélica.
    A ver si algún día se dignan a pasarla por algún canal,aunque sea a hora intempestiva, quelo dudo....Un abrazo.

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    1. En algún canal lo veo difícil, Víctor, al ser una película en blanco y negro, a menos que sea uno de esos dedicados a clásicos: ya que has visto la del Canterville, insisto en que veas ésta que, siendo anterior como película, sin duda su trama bebe de la misma fuente de Wilde. Robert Donat ofrece una actuación de la casa, modélica y contenida, nada que ver con los excesos histriónicos de Laughton..

      Un abrazo.

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  5. Tampoco la he visto pero el tema es muy conocido. La de Laughton sí creo recordar.. y una de Disney Mi amigo el fantasma, mucho más infantil con Peter Ustinov que aunque no se trata de un castillo el argumento radica en ese personaje, el fantasma que tiene que vagar para espiar sus culpas hasta que un alma buena le ayude a salir de ese limbo donde vaga.
    Suele ser un cuento delicioso que efectivamente no da nada de miedo.
    Tomo nota de tu recomendación.

    Besos de éste mundo :-D

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    1. Recuerdo también la que mentas de Ustinov, Milady; esta es de corte más clásico y dotada con un poco de ironía y es más elegante y quizá menos zafia aunque probablemente el adjetivo no sea el más afortunado para la película de Disney.

      De miedo nada, así que puedes echártela al coleto cinematográfico así que puedas: inter nos, ya me sorprende que seáis mayoría los que no la habéis visto...

      Besos.

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  6. Efectivamente, el término zafio no puede aplicarse a una película de Disney, infantil sí, o en otros casos 'ñoñita' pero nunca záfia. La de Laughton la recuerdo divertida, claro que hace tanto y yo era una cria..
    La que comentas es que se remonta tanto en el tiempo que es dificil recordar si uno la ha visto ni siquiera en la tele. Pero no dudo que será más elegante ( conociendo tus gustos):-)

    ¡.. al exámen !...uff :-P

    Besos

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    1. Está programado y viene completito, esta vez..... ;-)

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  7. Vaya. Te había dicho que no había visto esta peli por mail (porque no me sonaba el título)...pero ahora me doy cuenta de que sí la vi de crío (es una de esas que no se olvidan)...
    Clair siempre me ha caído bien desde el asunto Tiempos Modernos y cómo se comportó (es tan raro ver a alguien hacer eso; reconocer y admirar a los maestros)...Hace no mucho volví a revisitar Me casé con una bruja (otra que te deja un gran recuerdo en la niñez)... y también descubrí la que habías recomendado de los diez negritos en su día (si no recuerdo mal). Me gustaron las dos.
    Un saludito.

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    1. La de Me casé con una bruja no la he visto, David: la tengo en la lista de búsquedas, de momento: las únicas brujas que me gustan son precisamente las que habitan en la comedia...

      Un abrazo.

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  8. Cuando ví lo del fantasma en el título de la reseña, me extrañó, compa Josep: pensé que te había dado una ventolera rara, y que ibas a hacer una crítica de un telediario… Pero no, ya veo que no, que te centras en una peli sencilla y simpática, que no he visto, pero que, con tales referentes, y según la adornas, debe ser interesante de ver. Nos pondremos a ello en cuanto sea posible…

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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    Respostes
    1. Los que salen en los telediarios, Manuel, no suelen ser encantadores, como no sea de serpientes...

      Esta película es ideal para verla en compañía de la familia, porque el protagonista le encantará a tu mandamás y tu vástago percibirá que los efectos especiales están al servicio de la película y no al revés, toda una novedad, vaya, procedente de un pasado remoto...

      Un abrazo.

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