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divendres, 16 de setembre de 2016

Phil Spector, motivo para debate.







Cuando los televisores eran aparatos voluminosos provistos de pantalla en blanco y negro y dotados de un único altavoz que más que sonar diríamos que graznaba, la industria cinematográfica se olió la tostada y procedió a filmar grandes historias en rutilante eastmancolor y pantallas cada trimestre más enormes hasta el desvarío del cinerama y el panavision, todo para situarse a un nivel de espectáculo que consiguiera alejar al público de sus salones domiciliarios y moverlos hasta la taquilla de las salas exhibidoras de películas, donde, incluso, además de hartarse de palomitas podían fumar tranquilamente.

Todo por la taquilla.

Pasados cincuenta años, los televisores son planos y delgados como un periódico, sus pantallas son de proporciones exageradas y el sonido es de alta fidelidad envolvente.

Y el contenido está a un nivel semejante del que usualmente hallamos en el cine.

¿Seguro? No: no tan seguro. Alguien con medios debería pasar a estadísticas entendibles los porcentajes de productos destinados a la pantalla que tienen una intención y no la disimulan ni rebajan lastimosamente para alcanzar audiencias millonarias creyendo que el público está formado únicamente por adolescentes.

Da la sensación -que puede ser errónea por ínfimo el campo del experimento- que en las televisiones que no son deudoras de la publicidad para subsistir, es decir, la BBC británica y la estadounidense HBO (creo, por lo leído, que la FOX está sujeta a una cierta ideología) como ejemplos paradigmáticos, hay un respeto de la libertad creadora y un valor intrínseco que reside en la confianza que la empresa tiene en la inteligencia de sus televidentes, sean de pago o no.

Vienen estos párrafos que preceden a cuento porque tirando del hilo de la curiosidad suscitada por el descubrimiento explicado en la entrada anterior, hace poco pude ver la película que para la HBO (o gracias al interés en ella de la HBO) rodó David Mamet sobre un guión propio en torno al primer juicio que examinó hechos acontecidos en casa del famoso Phil Spector que dieron como resultado la muerte de una ex-actriz.

Un asunto peliagudo que provoca la aparición de un subtítulo verdaderamente particular que aparece en pantalla al inicio diciendo así:


This is a work of fiction.
It’s not ‘based on a true story.
It is a drama inspired by actual persons in a trial, but it is neither an attempt to depict the actual person's, nor to comment upon the trial or its outcome.


(Lo traduzco así: "Esta obra es una ficción. No está basada en historia real. Es un drama inspirado en persona sometida a juicio, pero ni trata de representar a esa persona ni referirse al juicio ni a su resultado.")

Apostaría que el departamento jurídico de la HBO tuvo algo que ver con la inserción del letrero de marras. Digamos que se curaron en salud.

La película (denominarla telefilm únicamente por haber sido exhibida en la tele sería una reducción simplista) está realizada con todos los medios necesarios, empezando por los integrantes de la plantilla: David Mamet como guionista, director y también productor ejecutivo, cargo que desempeña asimismo Barry Levinson. Y en el apartado interpretativo tenemos a Al Pacino y a Helen Mirren. No se puede pedir mucho más para conseguir la atención del espectador.

Aparte de inteligencia y tranquilidad.

Desde la lejanía que otorga un océano puede resultar difícil aquilatar la complejidad latente en el discurso que Mamet, dramaturgo antes que nada, presenta sirviéndose de un personaje, Phil Spector, que seguramente resultará desconocido para la gran mayoría. Ello puede significar que el espectador ajeno a la fama y circunstancias vitales del protagonista perciba sin prejuicios el relato y en consecuencia entienda claramente las invectivas que Mamet desgrana contra aspectos de la sociedad estadounidense mediante diálogos puntualmente brillantes y siempre efectivos, diáfanos y muy bien escritos. Se le nota el oficio.

Hubo una especie de cruzada fanática (el adjetivo es más que apropiado si tenemos en cuenta que el movimiento lo sostuvieron "fans" de Lana Clarkson) en contra de esta pieza así que surgieron las primeras noticias: grupos de fanáticos empezaron a manifestarse públicamente y también en los medios de comunicación denigrando la intención de la HBO de admitir a Mamet rodar esa película; eran admiradores de la fallecida mezclados con activistas feministas, claramente promovidos por una especie de afán de venganza dirigidos por el antiguo representante artístico y también por algún pariente y parece ser que forzaron el temor a la mala publicidad de Bette Midler que renunció alegando dolores de espalda para no hacerse cargo de representar a la Abogada Linda Kenney Baden. Incluso cuando Al Pacino y Helen Mirren acudían a los estudios a trabajar se encontraban con pancartas y gritos.

Estos hechos, constatables, otorgan al empeño de Mamet una dimensión específica y una pátina de veracidad.

Esos fanáticos -y otros que no lo aparentan tanto- despotricaron contra Mamet acusándole de tergiversar la realidad tratando de mostrar a Phil Spector como inocente cuando todos sabían que era un criminal.

En todas las entrevistas Mamet y su esposa Rebecca Pidgeon se refieren a lo que ellos denominan "duda razonable" como eje en torno al cual el dramaturgo construye su dialéctica y añaden que la evidente excentricidad de Spector provoca enormes prejuicios que en nada le favorecen y que obviamente influyen en la correcta percepción de aquella "duda razonable". En estos lares disponemos del principio de la presunción de inocencia, que como el invocado por Mamet descansa en la antigua norma "in dubio pro reo" (aquí un artículo abundando en el tema).

En la ignorancia de cuanto hay de real y cuanto de inventado en el relato que de los hechos ofrece Mamet y sabiendo que las conversaciones entre Spector y su Abogada Kenney han sido inventadas al negarse la Letrada a ofrecer información al respecto, podemos suponer que los datos forenses, por públicos, sí son ciertos. Si lo son, la película resulta ser un dedo acusador de firmeza indestructible contra el sistema judicial estadounidense basado en el jurado popular.

Mamet aprovecha el caso de Spector al comprender que la excesiva, caótica y extravagante personalidad del productor musical ofrece a sus detractores interesados múltiples aspectos circunstanciales en los que basar profundamente todo el peso de sus prejuicios. No se oculta que Spector podía llegar al paroxismo en las grabaciones de sus discos, repitiendo horas y horas el sonido de una pandereta, consumiendo bourbon sin parar y blandiendo un revólver que en alguna ocasión disparó, atemorizando a músicos y personal de estudio e incluso colocándolo en el cuello de Leonard Cohen antes de darle un beso en la mejilla y asegurarle que le quería mucho, pero tenía que conseguir el sonido buscado. Un orate de la música que siempre vistió más que disimuló su alopecia con vistosas pelucas de todo tamaño, color y apariencia en todo lugar incluyendo las vistas judiciales, como se ilustra más arriba.

Un personaje que la gran mayoría silenciosa del pueblo estadounidense no vacilaría en prejuzgar. Más cuando todavía estaba coleando el asunto de O.J.Simpson y su errática conducta. En la construcción que hace Mamet del guión ofrece algún que otro parlamento a Spector para que se despache a gusto protestando por el acoso popular al tiempo que menciona diversos antecedentes históricos con un punto de megalomanía no exenta totalmente de razón.

Mal asunto cuando doce personas componentes de un jurado popular dejan que sus prejuicios de cualquier clase: sociales, artísticos, morales, raciales, sexuales, políticos, etcétera, influyan en su voto. En el momento de su estreno en televisión se alzaron muchas voces, incluyendo críticos profesionales, señalando la mala decisión de Mamet de presentar esta trama en la que se relata la absolución de Spector en 2007 por nulidad del juicio al no pronunciarse el jurado de forma unánime. 10 a 2.

Parece que esos críticos, ese pueblo soliviantado, nunca pudo disfrutar de la excelente obra de Reginald Rose estrenada también en televisión en 1954. Claro que en ella no había nombres reales a los que tener manía o envidia. Además, Mamet estrena su obra en 2013, justo cuatro años después que otro jurado, sobre los mismos hechos, declarara la culpabilidad de Spector.

(Nosotros, los españoles, también vamos bien servidos con el jurado, sus prejuicios y sus lastimosos errores: al que lo dude, que busque en google por Dolores Vázquez Mosquera y comprobará cómo la dejación de un juez ante un ladino fiscal y los prejuicios de nueve ciudadanos ejemplares consiguieron que una lesbiana fuera condenada falsamente por asesina, sin prueba alguna. ¿Donde está el Mamet español?)

El valor de Mamet al denunciar la injustificable influencia de los prejuicios al punto de olvidar un principio general de derecho comúnmente reconocido desde la antigüedad como es el in dubio pro reo pone directamente en la picota la figura del jurado popular en una sociedad en la que resulta muy difícil escapar de las influencias ajenas incluyendo campañas mediáticas bien orquestadas. Me temo que la temática por sí misma la aleja de las salas de cine donde la palomita reina desde hace años: las que antaño se definían como de Arte y Ensayo hace lustros desaparecieron y parece que sólo queda la televisión -y de pago- para recibir propuestas semejantes y atreverse a producirlas y exhibirlas en la tranquilidad del salón familiar. Justo lo contrario que hace cincuenta años...

Mamet, aparte de dramaturgo, es un excelente director de intérpretes: baste decir que Al Pacino ayudado por una caracterización espléndida ofrece un recital perfecto representando a Phil Spector: los habituales excesos del actor van que ni pintados al personaje raro donde los haya y hay que reconocer que en la dicción y en el ritmo Pacino se muestra contenido pero no maniatado y ello lo imputo directamente a Mamet, que de actores y demás sabe un rato largo; otro tanto ocurre con Helen Mirren, caracterizada como la Abogada Linda Kenney Baden con una peluca rubia inabarcable que no le impide ofrecer un contrapunto serio y formal, contenido y firme, a un compañero exigente. El resto del reparto cumple con su cometido y la ambientación se distingue especialmente en la mansión donde Spector vive.

Después del desconcertante subtítulo, veremos a Kenney acudiendo a casa de Spector y Mamet nos introduce en la mansión como si se tratara de la Casa de los Horrores, de habitación en habitación, a cual más extraña: el uso casi fantasmagórico de la mansión de Spector ayuda a entender la personalidad de su dueño y el itinerario pausado de Kenney atravesando estancias a cual más barroca y bizarra es una imagen perfecta del conocimiento psicológico que se formará de su defendido hasta que sus iniciales objeciones y dudas se esclarezcan y se centre en la tarea de evidenciar la realidad de los acontecimientos ocurridos con la frialdad aséptica necesaria para tal labor.

Por otra parte, Spector se muestra convencido de ser la víctima de una conspiración contra él precisamente por su singularidad pero no admite la derrota y demostrará su orgullo exhibiendo las más espectaculares pelucas cada vez que tiene público, tratando de imponer sus extravagancias, seguro como está de ser inocente del crimen que se le imputa.

No hace falta señalar que la banda sonora es totémica para algunos y absolutamente desconocida para la mayoría; el metraje es ajustado, hora y media canónica; lástima que poco a poco Mamet va perdiendo la fuerza expresiva y la cámara acaba por resultar adocenada y previsible, como si la atención dispensada al magnífico texto fuese suficiente para contentar al espectador exigente: no es así.

El guión de Mamet merece un director más atento a lo que se está contando y sobre todo a la forma cómo se cuenta. Hay un cierto desequilibrio en el conjunto: las ideas expresadas a través de los diálogos no alcanzan a ser revolucionarias en una contención que se advierte no impuesta y refulgen como faros en la mar bravía de la mediocridad complaciente con el sistema establecido: las dudas relativas a la intromisión de los prejuicios de toda clase en una sociedad supuestamente libre es una llamada que el Mamet intelectual formula pero que el Mamet director de cine no acaba de remarcar con la debida fuerza.

Como sea, esta es una película dotada de un guión inteligente y muy bien escrito y unos intérpretes brillantes nos lo sirven con entereza y fuerza y aunque su exhibición se haya reducido a las televisiones, no por ello deja de ser una pieza imperdible para cualquier cinéfilo.





Plus: Para que Ben E. King tuviera claro lo que se le pedía, Phil Spector hizo esta demo. Phil sabía lo que exigía.

16 comentaris :

  1. No he visto la peli, como te dije. La demo de Phil es una pasada.
    De todas formas, aquí hay mucho para debatir.
    PD: Aparte de este crimen, habría que saber si es "culpable" de Let ib be o inocente ;-) Aclaro que para mí, se salva, y ni es el peor disco de los chicos de Liverpool, y sí, vale, "traiciona" y emplea cosas que ellos no hacían, pero lo prefiero al Let it be Naked, aunque se acercara más a lo que pretendían. Por cierto, tengo un Let it pirata (que incluye el concierto de la azotea), sin producción de SPector... ni de George Martin (que se largó harto de todo aquello; volvió par el siguiente, mi disco favorito), y suena bastante flojo, aunque a mí me encante... pero se lo dejé a un tipo que tocaba en un grupo y me dijo que ese disco le había encantado porque se notaba el proceso de producción por lo "crudo" que sonaba y que le había venido muy bien para futuras grabaciones. Yo de esas cosas no entiendo, pero bueno...

    Phil siempre quiso currar con los Beatles, y es curioso porque aparte de Let it be, lo hizo con dos de ellos una vez estos se separaron. John y George pensaron que había "arreglado" Let it be (que en opinión de John era una mierda) y luego trabajó en discos de ellos en solitario. All thing must pass es un disco maravilloso (jam session aparte) y George dijo que aunque lo produjo Phil, él estuvo muy encima porque el otro andaba con muchos problemas de drogas y demás. El Plastic Ono Band es mi disco favorito de John en solitario, y para tener producción de Spector es una pasada porque se reduce a piano, bajo, guitarra, batería y nada más. Ni muro de sonido, ni demás historias características de Phil. Y la batería de Ringo ¡suena!! a base de bien en algunos cortes.

    PD2: Antes que hablar de todo el tema de juicios, la opción del punto de vista de Mamet (sin haber visto la peli!) y demás, pues he preferido comentar sobre algo que sí conozco. Pero volveré con otro comentario (me "obligas" a ver la peli). Peeeeeeeeero... déjate de pelis de Mamet, personalidades complejas o excentricidades de Phil..: Te basta con saber que a Ronnie Spector la maltrató a base de bien...palizas, amenazas, etc. Y de esa se "libró", que ni juicio, ni condena por sus abusos. Y Be my baby no sería lo mismo sin ella, por mucha producción de Phil que haya.

    PD3: El caso Wanninkhof y la acusación de Dolores Vázquez fue tremendo. Esa fijación de la madre en plan "ha sido ella. Lo sé" es tela marinera. Siempre me he preguntado cómo se quedaría después al saberlo.

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    Respostes
    1. Vayamos por partes, David:

      1.- Estoy ahora mismo escuchando de fondo el Let it Be editado en 1971 por Emi Odeon y puedo demostrar fácilmente que no aparece por ninguna parte el nombre de Phil Spector.
      Vamos, que me he enterado de su participación documentándome para esta entrada, ya ves.
      Para mí nunca ha sido el mejor Lp de Beatles. Tu amigo tenía razón en referencia al sonido del de la terraza; yo no lo tengo, pero sí un buen amigo y recuerdo esa sensación, pese a que tampoco me parece el mejor de la escasa docena de Lp's originales.

      2.- Lo que Spector hiciese o no con otras personas permitiría adjetivarlo como ser despreciable pero nunca recibir una condena por asesino. Ése y no otro es el quid de Mamet que no se preocupa en dulcificar el personaje.

      3.- El caso merecería una buena película española, pero me temo que no hay narices. Vergüenza ajena siento.

      Un abrazo.

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    2. 1.- En eso no puedo decir nada. En casa de mi padre había cintas en los que títulos y créditos eran "particulares". Supongo que no sería así en los "originales".
      En mi cd de no sé qué año (pero viejo, no es el remasterizado) sí aparece. Arriba de las fotos viene:
      "(...);as reproduced for disc by Phil Spector.".. De todas formas, a poco que veas cualquier documental sobre la historia de los Beatles, si sale Let it be, te contarán el asunto Spector.
      Para mí, tampoco ha sido el mejor LP de los Beatles... Es más, hay mucha gente que lo ve casi como el "peor" (tampoco es mi caso). Mi favorito es Abbey Road, después Revolver y el tercero sería el Blanco (o Rubber Soul, depende el día).

      2. Sí, es verdad. Peeeeeeero da "indicios"... A ver, no he visto la peli y no conozco el caso, pero pongamos otro ejemplo. Hay un tío que maltrata a su mujer, paliza va, paliza viene, y denuncia por aquí y por allá...y al final aparece muerte. Puede que no haya sido, él pero vamos, es lógico que el marido sea el principal sospechoso, ¿no?
      3.- Según la wikipedia ya hay un telefilm o algo así. No lo he visto.

      Otro abrazo

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    3. (...) y al final aparece muerta(...) y puede que no haya sido él, pero vamos..
      El texto de arriba no es que esté muy bien redactado. Las prisas.

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    4. Es verdad, David: no me acordaba -por no haberla visto- de esa serie de TVE que acabo de bajarme de su web y que habrá que darle un vistazo.... por lo menos.
      Recuerda que sospechoso no es -ni debe ser- igual a culpable....
      Un abrazo.

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  2. La imagen que encabeza este estupendo e interesante texto me ha hecho pensar, de inmediato, que este hombre le ha robado la peluca a la duquesa de Alba, antes de ser enterrada, y él se la ha puesto tan tranquilo. Luego comentas la guerra perdida de antemano entre el cine y la televisión. Ahora veo a mucha gente en los trenes y autobuses mirando series televisivas a través de sus móviles. Del cinemascope a la pequeña pantalla de un smartphone y con los auriculares puestos. La televisión de plasma (cada vez las hacen más grandes, además de unos precios de vértigo), cuando los pisos en donde estamos condenados a malvivir son cada vez más reducidos. Creo, mi buen amigo Josep, que seremos engullidos por esas pantallas. Son tan planas, allí pegadas en las paredes, que podrían ser puertas que condujesen al verdadero infierno. Sí, seremos engullidos, pero no por motivos demoníacos al estilo Poltergeist, sino por la misma falta de espacio vital del ser humano dentro de esos receptáculos. He visto pisos donde la familia toca, casi con la nariz, el enorme pantallón. Y para más inri, el macho de la familia alude, con gran vanidad, el número de megapixeles que tiene (la tele, no él, claro).

    Es cierto que las televisiones primitivas de nuestra infancia eran cajones pesados de madera donde se veía reflejado en la pantalla hasta el agujero del váter, y en los momentos álgidos de una película o la mala decisión de los concursantes del Un, dos, tres (cuando nosotros creíamos que sabíamos más que ellos), se iba la imagen para entrar una estática eléctrica que parecía surgida de cualquier capítulo de “La dimensión desconocida” para dejarnos suspensos y cabreados. Luego se levantaba de la silla nuestro padre con aire de autosuficiencia y empezaba a darle mamporros en un lugar del aparato que solo él decía conocer. A veces funcionaba y a veces no, pero al final, volvían las imágenes y nuestro padre se convertía en un verdadero héroe. Allí, los hijos de una generación, aprendimos a amar el teatro a través del maravilloso programa “Estudio 1”. Aprendimos a ver cine a través de aquellos grandes ciclos: Wilder, Fellini, Buñuel, Ford, Hitchcock, Jacques Tati, los hermanos Marx, Bob Hope, Buster Keaton, Charlot, etc. Luego aprendimos a amar la literatura gracias al insuperable e insuperado programa “A fondo” con el gran Joaquín Soler Serrano (¡que cultura, qué refinamiento, qué tacto!) allí todos fumaban y bebían whisky: Josep Pla, Cortázar, Rulfo, Terenci Moix, Montalbán, Ocativo Paz, Borges, Onetti, etc. Sí, amigo mío, los rayos catódicos desprendían mucha cultura en un país completamente anegado de ella. Ahora dice Bruce Springsteen en una canción: “Miles de canales sin dada dentro”.

    Vaya por dios, quería comentar lo que has expuesto aquí pero me temo que ya no tengo más espacio. Lo mejor lo dices tú y yo lo corroboro.

    Un fuerte abrazo, amigo Josep.

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    1. Ja,ja,ja: lo de los megapíxeles, amigo Paco, es el truco del almendruco para vender con facilidad a neófilos cualquier aparatejo, como las teles en 3D que algunos todavía tienen ahí sin saber qué hacer con tal tecnología: nada nuevo bajo el sol, porque tú te acordarás de los famosos equipos cuadrafónicos, bien semejante cuestión.

      Me siento identificado con lo que relatas, claro: de hecho, esta película de Mamet por momentos me recordaba alguno de esos programas netamente culturales que mencionas en los que, con la excusa de una pieza de teatro, una película o un libro se informaba claramente de lo que estaba pasando fuera de nuestras fronteras y lo que nos estábamos perdiendo, alimentando las ganas de un cambio. Ahora, me temo, los media se dedican a dar la tabarra y adormecer conciencias. El otro día leía que en este siglo que vivimos el fútbol ocupa casi el 30% de la programación, porque no sólo son las retransmisiones.

      Ya ves como está el patio. El Boss lleva razón. De vez en cuando, en youtube veo todavía algún programa del imperdible "A fondo".

      Un abrazo.

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  3. He visto la pelicula, me interesó en su momento, pero tendría que verla de nuevo porque la tengo algo olvidada a no ser por la peluca y esos ojos desorbitados de Pacino, sinceramente me cuesta añadir nada más al texto que nos has dejado, del que no falta ni una coma.

    Todo en ese drama es excesivo, en la historia no en tu reseña.

    No sé cuánto de verdad habría pero el personaje me supera. Resulta antipático, raruno, excéntrico, claro que si le juzgan por un crimen que no cometió es justo que se defienda con uñas y dientes. No era una perla tampoco.
    Ser un genio en lo tuyo no te exime de rendir cuentas de tus actos. Ni te justifica ante los demás. Pero ante la duda..

    Lo del jurado es un tema controvertido. Y el momento, los prejuicios y conflictos por mucho que se intente, pesan demasiado, sobre todo cuando se hace del juicio un espectáculo.

    Pero lo de "in dubio pro reo" es lo que ha librado a más de uno y de dos y es el argumento del personaje de Henry Fonda, creo recordar, en 12 Hombres sin piedad.

    El caso O.J.Simpson es un claro ejemplo, bueno ahí había mucho más que una duda..había toda una defensa basada en "los prejuicios raciales" cuando para Simpson sus "hermanos negros" le importaban un bledo en realidad, era un hombre rico y famoso que se pasó de listo. Pero funcionó con el jurado y en el primer juicio se libró por ser negro (perdón, afroamericano).

    Besos. Milady

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    1. Tal como yo la entiendo, Milady, la obra de Mamet carga frontalmente contra el jurado que, evidentemente, no puede presumir de acertar siempre. Y en cuestiones como la libertad de las personas, me inclino a pensar, como Blackstone porque el peligro de dejar suelto a un delincuente no tiene parangón con el error de encerrar a un inocente.

      Precisamente, el caso O.J. Simpson, como otros que menciona Spector en sus parlamentos, en nada le favorecieron.

      Desde luego Spector era raro y seguramente de trato difícil. Pero que no lo sancionaran por otras cuestiones en modo alguno justifica lo que parece un error garrafal. No es Al Capone a quien metieron en la cárcel por evadir impuestos al no poder probar sus otros crímenes. No es lo mismo.

      Besos.

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  4. P.D. Pero hay que reconocer que como músico, compositor y productor era un monstruo.
    El tema Spanish Harlem es una delicia.

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    1. Un crack que sabía muy bien lo que quería y no cejaba hasta conseguirlo.

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  5. Un dato curioso: en la muy de culto "Easy Rider" Spector hacía un breve papel de traficante, es el que prueba la droga que traen de México Peter Fonda y Dennis Hooper.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Cierto, Borgo: me enteré hace poco, buscando cosas de Spector. Supongo que al trasladarse a California entró en contacto con aquella troupe un poco pasada de vueltas y de ahí el cameo. Buen dato.
      Un abrazo.

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  6. Si tu me dices que Pacino está contenido...no hay más que hablar...aparecerá en la lista funcybears un día de estos, ya que algo se debió tomar para aplacar su creciente histrionismo.
    Del tema musical poco voy a decir ya que no he escuchado todas las versiones. Y de la peli, que no he visto, recuerdo que Abril algo comentó...pero el reparto es bueno, y el director cuando tiene el pulso tb. Un abrazo

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    Respostes
    1. Esos que mentas, Víctor, ya son buenos reclamos para darle un vistazo: Pacino no es que esté muy lejos de sus histrionismos, pero desde luego los que le permite Mamet van que ni pintador al personaje, así que todo cuadra.
      Un abrazo.

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  7. Por cierto, la peluca de Helen tb tiene tela.....pero esta está guapa, se ponga lo que seponga

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