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dissabte, 7 de juliol de 2018

La gata de Williams





Estaba seguro que en los once años de vida de este bloc de notas -que se cumplen hoy- había dedicado más de un espacio a glosar alguna película basada en obra teatral procedente de la magnífica pluma de Tennessee Williams y a pesar de mi reconocida y confesa querencia teatrera compruebo, pasmado, que aparte de recordar la efeméride del cuarto de siglo de su fallecimiento, me he olvidado de él absolutamente.

Olvidado en lo que hace a este sitio, aclaremos; así que me alegro de poder dedicarle cuatro letras sin correr el riesgo de que la amabilísima persona que pueda leerlas me regañe justamente por pelmazo.

El 24 de marzo de 1955 se estrenaba en el Morosco Theatre, Broadway, la nueva pieza escrita por el ya célebre Tennessee Williams, una delicia dramática de tres actos titulada Cat on a Hot Tin Roof dirigida por Elia Kazan en cuyo cartel compartían honores Barbara Bel Geddes (como Maggie), Ben Gazzara (como Brick) y Burl Ives (como Big Daddy) y Pat Hingle (como Gooper)



(Yo no sé ustedes, pero a mí, se me hace la boca agua y los dientes largos, de pura envidia por los que vieron eso en directo)

La pieza tuvo justo reconocimiento de crítica y público y se representó nada menos que 694 ocasiones antes de echar el cierre. Posteriormente se ha representado en Broadway en otras cinco ocasiones, la última hace ya cinco años, con Scarlett Johanson como su protagonista, Maggie "la gata".

La gata de Williams.

Para los que no lo recuerden, apuntar que Tennessee Williams, considerado junto a Eugene O'Neill y a Arthur Miller de lo mejor del teatro estadounidense del pasado siglo, era homosexual confeso y nada oculto en una época que nada tiene que ver con la actualidad en la que exhibir pluma es casi un deporte protegido. Williams nunca se escondió y tampoco fue muy dado a la autocensura, lo que le procuró no pocos encontronazos y disgustos incluso con aquellos que apreciaban en su justa medida su arte dramático.

Conocedor por nacimiento y cultura de los ambientes sureños, Tennessee vuelca a mediados del siglo pasado en una pieza corta, menos de sesenta páginas condensadas en tres prietos actos que se constriñen entre cuatro paredes y menos de un día albergando una constelación de personajes riquísimos psicológicamente, colosos habitantes del Parnaso dramático desde el mismo momento de su aparición, desafiantes exámenes para intérpretes que se creen profesionales hasta que intentan poseerlos.

Williams nos presenta una familia acomodada sureña, dueños de una plantación de algodón, una extensión de once mil hectáreas que ha levantado el patriarca de la familia quien justamente cumple sesenta y cinco años el día que vuelve a casa después de una estancia en un hospital donde le han hecho diversas pruebas, pues se sentía enfermo.

En la mansión le aguarda su esposa, Ida, su hijo mayor, Gooper Pollitt, con sus cinco hijos y la madre de éstos, Mae, que está embarazada de un sexto. Y su hijo menor, Brick, con su esposa, Maggie, a la que desprecia al punto que prefiere dormir en el sofá antes que con ella al lado.

Los personajes creados por Williams revisten una complejidad trazada con maestría en muy pocas líneas en un avance imparable que provoca que la atención del lector/espectador quede presa de un texto inmaculado, diáfano, limpio y potente que propicia un ritmo interno de la pieza absolutamente maravilloso de principio a fin sin tiempos muertos ni descanso para el ánimo que se deja conducir sin resistencia en medio de una vorágine de sentimientos, querencias, ambiciones y desengaños que sólo la sinceridad, expresada a media voz, logrará apaciguar. Una batalla de egos en la que puede haber alguna víctima, o quizás no.

Williams, una vez más, presenta un personaje masculino en el que la homosexualidad es un componente importante: en este caso, según algunas fuentes, hubo una autocensura que dejó al ausente Skipper todo el peso de la carga de la homosexualidad latente en su relación con Brick, pero parece ser que hay alguna versión teatral en la que Brick, por lo menos, adopta una conducta bisexual para disimular ante la sociedad que le rodea. No en vano insiste una y otra vez en su deseo de largarse del entorno, de cambiar de aires, buscando lejanía y anonimato.

Maggie no nació, como Brick, en el seno de una familia sureña acomodada, con sirvientes negros a su disposición: ella nació pobre; ella vistió en su casorio un traje prestado por una prima rica a la que odiaba; Maggie salió de la pobreza gracias al matrimonio y está decidida a no desperdiciar su oportunidad; no es ambiciosa para sí misma, pero (no olvidemos que la pieza está fechada a medio siglo pasado) sí para su marido, Brick: la indolencia de éste ella no la comprende: ella quiere para su marido lo que entiende le corresponde, porque la salud del Abuelo Pollitt es precaria y su sucesión próxima y Gooper está con su esposa Mae como si fuesen dos buitres, atentos a los restos del muerto. A Maggie le otorga Williams todo su cariño y le ofrece las mejores líneas, los mejores párrafos de unos diálogos sobresalientes: esa joven luchadora, sabedora de su potencia sexual, tiene todas las bendiciones de un autor homosexual que sabe tiene que autocensurarse y no pudiendo volcar toda la tensión erótica en el marido lo hace en la esposa convirtiéndola en un grito, un alarido casi, de seducción como arma de presentación propia, de reafirmación personal, dotada de una astucia que moldeará lo evidente para todos y especialmente para el moribundo Pollit.

Un muerto que está muy vivo o eso cree él, porque le han engañado: al Abuelo le han asegurado que cumplirá muchos más de los sesenta y cinco y que su cáncer ha quedado en nada: el viejo Pollitt pretende recuperar el tiempo perdido, dedicados que han sido todos sus años al esfuerzo de levantar la plantación: de todos los Pollit, él es el único que se considera trabajador, porque todo lo que tiene, que es mucho, lo consiguió partiendo de la pobreza: quizás por eso aprecia a su nuera Maggie en lo que vale, porque entiende su ambición para no volver a ser pobre.

Williams juega muy bien los equilibrios de sus personajes entre sí mientras podríamos decir que surcan su camino en un pantano de mendacidad: nadie dice la verdad, todos disimulan, pero están en un brete: por una parte, Brick está sumido en una espiral asfixiante de la que intenta salir a base de bourbon y de otra, el Abuelo siente que le queda tiempo para disfrutar de la vida y de repente le anuncian que su muerte está cercana y su hijo mayor, su nuera y sus insoportables nietos le persiguen y adulan hasta la náusea, todo por la fortuna que no podrá siquiera disfrutar ni tampoco malbaratar, dudando entre dejarla a un hijo mendaraz o a uno alcoholizado, su plantación, el trabajo de toda su vida.

La riqueza psicológica de los personajes de Tennessee trasciende más allá de la presentación de humanidades en conflicto para promover debate filosófico sobre el propio sentir de la vida, las ilusiones, el materialismo, el respeto y la libertad de elección. Podría extenderme en consideraciones relativas a la generosidad de Williams al momento de crear sus personajes, pero entonces rompería en exceso el comedimiento y brevedad que busco y ciertamente no consigo como desearía.

La pieza se lee de un tirón porque está escrita con elegancia y precisión y una gran economía de recursos (y muy bien traducida la versión que en 1959 protagonizó Aurora Bautista en Madrid) al punto que cuando uno la ha acabado vuelve a leer un párrafo y luego otro, porque engancha y uno va viendo a cada lectura aspectos nuevos que siguen siendo actuales.

Con estos antecedentes a nadie puede extrañar que hollywood se aprestara a llevar al cine, una vez más, una buena pieza de Tennessee Williams, máxime cuando su éxito popular era incontestable: eso sí, como de costumbre y en observancia del maldito Código Hays, con alguna pequeña modificación.

Richard Brooks acababa de rodar una versión de la muy prolija novela de Dostoyevsky Los hermanos Karamazov gracias a un guión propio confeccionado junto con los gemelos Julius y Philip Epstein (sí: los que hicieron el de Arsenic and Old Lace) y seguro que, como guionista, halló placer en adaptar a la pantalla la pieza dramática de Tennessee Williams con la ayuda de James Poe, que acababa de ganar un oscar por su adaptación de la famosa novela de Julio Verne "La vuelta al mundo en ochenta días".

Estos antecedentes no eran evidentemente los más recomendables para afrontar la pieza de Williams, pero Brooks ya había tomado referencias potentes cuando adaptó con John Huston el breve cuento de Hemingway que se convertiría en el clásico Forajidos y la experiencia debió dejarle buenas sensaciones y el gusto a piezas literarias con verdadera enjundia: sus tres siguientes trabajos, de los cuales uno, basado en buena pieza de Sinclair Lewis, ya lo tratamos aquí hace siete años (cómo pasa el tiempo), acuden a la buena literatura, de la cual el propio Brooks no era ningún extraño, no en vano fue autor de reconocido prestigio de guiones e incluso alguna novela.

Desde luego en 1958 era absolutamente imposible ofrecer en el cine estadounidense ni siquiera la más leve sospecha de homosexualidad que rozara ni siquiera levemente un personaje principal: si acaso un secundario maligno y con muerte dotada de enorme sufrimiento y repugnancia así que Tennessee Williams se pudo dar a todos los diablos y maldecir a gusto en presencia de los amigos de confianza pero Richard Brooks y James Poe iban a cambiar un poco la historia, por mucho que ya difería de la primera escritura que nunca fue editada.

Además, Paul Newman era un valor en alza y la Metro Goldwyn Mayer no iba a jugársela así que, decidida a relanzar el "estrellato" de Elizabeth Taylor (que odiaba la llamaran estrella de cine) hizo un paquete inédito con el apoyo de Burl Ives, ya conocedor del texto de Williams. Alargaron las frases de Brick (Newman), recortaron las de Maggie (Taylor) y lo prepararon todo para que Ives se pudiese lucir, en un año muy especial para él, porque también nos alucinó con su trabajo a las órdenes de Wyler en The Big Country.


El recorte que Brooks hace de las frases de Maggie "la gata" deja la película Cat on a Hot Tin Roof (La gata sobre el tejado de zinc) [lo de "caliente" no pasó la censura española] un poco más equilibrada porque ciertamente en la pieza teatral la autocensura enrabietada de Tennessee acaba por otorgar a Maggie una preeminencia que no molesta en absoluto pero que ¡ay! chocaba entonces (y choca ahora, afirmarán ustedes) con la idea hollywoodiense que los protagonistas son los hombres y las mujeres deben ocupar un lugar "distinto".

Ello no es óbice para que una esplendorosa Elizabeth Taylor se apodere de la película desde el primer segundo y no la abandone hasta que acaba el metraje: hay que verla en pantalla lo más grande posible y en versión original (muy fácil: hay un dvd de la añeja colección de El País) porque el doblaje, siendo bueno, no le hace justicia.

Brooks se percató enseguida que tenía ante sí una oportunidad única: una enorme actriz dispuesta a todo con tal de hacer suyo para siempre un personaje icónico escrito por un maestro: Maggie se nos aparece bajo los rasgos y el cuerpo de una joven Elizabeth Taylor (26 años de nada) que con su mirada igual ardiente que gélida y dura y su voz casi siempre controlada y dulce pero firme y determinada realiza una interpretación absorbente: todos quedamos absolutamente enamorados de ella, todos incapaces de comprender cómo es posible que Brick, su marido, la rechace, salvo que.....

Paul Newman, ese mismo año, había dado una de cal y otra de arena: por un lado, a las órdenes de Arthur Penn había sobreactuado de la forma más ridícula en El zurdo (lo contamos aquí) y también había trabajado con el genial Orson Welles en El largo y cálido verano (lo contamos aquí) y probablemente entre Brooks ojo avizor y el excelso trabajo de la Taylor le ayudaron a ponerse las pilas, ofreciendo una interpretación muy contenida que favorece mucho la ambigüedad sexual que se desprende de su personaje.

Contar con Burl Ives y la gran Judith Anderson como los abuelos Pollit debió de ser para Brooks como que le tocara la lotería y desde luego el bueno de Jack Carson y Madeleine Sherwood afrontan con valentía los personajes de Gooper y su esposa Mae, ésta absolutamente repugnante, mucho más que su marido: sendas composiciones merecieron muy buenas críticas en su momento.

La adaptación del texto de Tennessee que realizan Brooks y Poe, salvo el recorte de Maggie, es brillante, consiguiendo con sus diálogos añadidos no desentonar con los de origen: los cambios ayudan un poco a disimular el origen teatral, con alguna escena de exteriores y ampliando a diversas estancias de la mansión familiar de los Pollit el desarrollo de la acción: no obstante, para el que suscribe lo mejor del guión cinematográfico es el buen uso de los recursos propios del nuevo medio: el sonido de la tormenta puntuando situaciones; el agua torrencial causando impedimentos y el viento impertinente que provoca un mayor aislamiento son elementos usados con mucho acierto por Brooks, lo mismo que las escaleras que comunican el piso del jardín, del centro de la casa, de la planta baja al sótano repleto de paquetes comprados hace años sin siquiera estar desenvueltos sus envoltorios originales, los más llenos de polvo, restos de un acopio material que acentúa una soledad vital.

Brooks además de escribir estupendos guiones también sabía dirigir, contar con la cámara: ayudado por William Daniels a la cámara, la emplaza con seguridad variando ángulos hasta rozar el contrapicado en ocasiones para reforzar la preeminencia momentánea, el primer plano fijo sobre una exasperación y el suave travelling para acompañar algún personaje en su tránsito por una escena dominada por otros que deberán soportar interrupciones e intromisiones que harán crecer la tensión interpersonal de toda la familia Pollit.

Los recursos diseñados por Tennessee para apoyar los simbolismos de la pieza, verbigracia el pie enyesado de Brick y la muleta que usa, las botellas de bourbon que vacía una tras otra, sus repuestos y los vasos, los impresentables niños, etcétera, son explotados apropiadamente por Brooks para enfatizar más si cabe la personalidad rica y compleja de los habitantes de esa mansión familiar que soportará un mal momento igual que soporta una tormenta torrencial, un pequeño trastorno veraniego tras el cual el aire es más puro.

La leve puerta entreabierta que deja Tennessee en su pieza quedará incólume, personificada, para siempre, por la mirada ansiosa y dulce, más amorosa que lasciva, de Maggie mientras sube al encuentro de Brick, a su reclamo.

Una muestra de cine que sublima una buena obra de teatro: lejos de preocuparse Brooks por el mal llamado lastre teatral, se dedica a ofrecernos su versión aprovechando que tiene a su servicio unos elementos que ya jamás volverían a encontrarse en la misma situación; evidentemente las películas que beben del teatro se distinguen por su riqueza de diálogos tanto en calidad como en cantidad y ello jamás me ha parecido vaya en detrimento de nada, quizás porque cuando como en este caso uno se enfrenta a un buen texto, unos buenos intérpretes y un buen director, todo va como una seda. Puede que no haya acción física; pero hay acción, vaya que sí: de la que deja huella.

Absolutamente imperdible para cualquier cinéfilo amante de las buenas interpretaciones y los textos proclives a proporcionar una conversación interesante a posteriori. Algo deberá tener esa gata para que actrices dispares como Kathleen Turner, Ashley Judd y Scarlett Johanson se hayan calzado sus sexys zapatos.

p.d.: Agradecer, un año más, vuestra paciencia al leer y vuestra colaboración al comentar.










21 comentaris :

  1. ¡Qué buena pieza has escogido para celebrar el cumplebloc !
    Felicidades pues y larga vida, amigo Josep ! :D

    No hace mucho le dí un repaso a la peli porque cayó así y desde luego aparte de la inmensa belleza de sus protagonistas, de nuevo caí rendida ante Mrs. Taylor, ella y solo ella deslumbra en cada plano ¡ y que lo diga yo...con Paul enfrente...! Sin desmerecer al Big Daddy ( Burl Ives )y al resto del elenco, tienes muchisima razón, es una pieza estupenda. Y eso que tuvieron sus màs y sus menos porque Paul era de los que necesitaba ensayar mucho y Liz no.
    Según su biografía Newman estaba un poco mosca ante de empezar y se quejaba de que ella no hacia "nada". Luego tuvo que reconocer que se equivocaba con ella. ;P
    La ambigüedad del personaje de Brick por las razones ya conocidas y que cuentas está de sobra marcada por esa frialdad en la mirada azul de Paul y la indolencia que arrastra, pero ella...es puro nervio y sensualidad y teniendo en cuenta los "incidentes trágicos" durante el rodaje...la muerte de su marido en aquellos momentos, Mike Todd, que debieron ser desquiciantes, ella volvió y dejó a todo el mundo con la boca abierta, el más impresionado el mismisimo Paul que aseguró que "era extraordinaria, con una determinación increíble".
    No imagino otros en la piel de esos dos personajes pero supongo que habría que ver la pieza en el teatro.
    Lo de Tennessee Williams era para nota...no hay más que repasar su obra. Dramas todos desgarradores que el cine solía cerrar con finales mucho más happies

    De nuevo mis mejores deseos para éste espacio y su dueño y gestor.

    Besos. Milady

    P.D. Un título caliente para un verano algo más templado, al menos por estos lares. Me quito el sombrero, sire.

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  2. Ha sido una eleccion afortunada, Milady, propiciada por la casualidad de hallar el libreto teatral y disponer, desde luego, del dvd, así que pocas dudas.
    Me acordaba de tí cuando veía a Paul dando réplica a Liz: el trabajo de él es encomiable porque transmitir esa frialdad no tan sólo con la mirada sino con la voz, ya es difícil ante una gatita que se los merienda relamiéndose.
    Creo que el elenco de esta película puso el listón a un nivel verdaderamente inalcanzable: he visto otros intentos y no llegan; seguramente en un teatro, por la intensidad del directo y con buena actriz al frente, ha de gustar.
    Fíjate que la Scarlett en su intento al parecer y según algunos críticos tuvo la mala suerte de contar con un director equivocado en su concepción del drama y un Brick con el que careció de química.
    Esta pieza de Williams, me parece, no está al alcance de cualquiera, porque a poco que pienses en todo lo que van largando los personajes se te ponen los pelos como escarpias...
    Y muchas gracias por tus buenos deseos, querida: vuestra presencia continuada es buena parte del motivo que siga en el empeño...

    Besos.

    p.d.: la humedad mediterránea parece haber aumentado este año y tan sólo estamos a primeros de julio....

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  3. Eya lo quiere mucho,quiere un bebe,el no le escucho, mis felicitaciones, señor Josep

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    1. El ya la escuchará: dale tiempo. Muchas gracias, Tracey.

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    2. L'autor ha eliminat aquest comentari.

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    4. Eya,le dará el tiempo necesario.

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    5. Porque el es el rey,y eya la reina

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    6. La, reina,es guapa, i rei guapo

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  4. ¿Qué agradecer ni qué ocho cuartos? Gracias a ti por la entrada.
    Hace mucho que no la he vuelto a ver.
    Mmmm... Estos cambios de la censura y la época con el tema de la homosexualidad. Aquí creo que no tienen sentido. Vamos, que el personaje de ese actor que a veces menciona Abril en su blog, en realidad lamenta la pérdida de su amigo amado y su mujer (da igual que sea Elizabeth Taylor) no le interesa por razones obvias. Si quitas eso, la pieza pierde, creo yo.
    No es como en la de Té y simpatía donde la censura hace que el personaje (que en realidad es gay) acaba casado y con hijos en la versión cinematográfica. Ahí no afecta al contenido...porque esa historia habla sobre el rechazo que tenemos a los que son diferentes, no sobre aceptar o no nuestros verdaderos deseos sexuales.
    De todas formas, creo que otra adaptación de Brooks sobre Tennesse Williams con Pablito otra vez de protagonista también se permitió cambios con el original literario en el que al final castraban a su personaje. Francamente, prefiero el final de la peli de Brooks.
    Qué jovencito estaba Ben Gazzara en la obra de teatro.
    Un saludito.

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    1. El agradecimiento es mutuo en todo caso, David, ya lo sabes.
      La condición sexual de Brick es tan sólo uno de los elementos de la pieza dramática, que afecta o puede afectar al desarrollo de la familia de los Pollit, que ya llevan años con una problemática potente, expresada muy claramente en el desprecio que más que manifestar proclama a gritos el patriarca. La presunta homosexualidad (o bisexualidad) de Brick al parecer sí está más especificada en algunas versiones posteriores, en reediciones del propio Williams que no he tenido el gusto de leer.
      Pero insisto: importa ése aspecto en la relación entre él y la gata, sin ser determinante para la relación entre Brick y el resto de la familia, pendiente de un nuevo nieto.
      La siguiente ocasión de Brooks y Newman, la trataremos otro día, pues está enlistada, si te parece.
      Pues fíjate que Gazzara tenía cinco años menos que Newman: qué pena que no filmaran toda la representación...
      Un abrazo.

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  5. Me paso sobre todo porque me interesa saber lo que opina el resto sobre ésta pieza y la reseña que nos has dejado, que si bien deslumbra por sus protagonistas, es más una crítica social de esa America sureña y sus terratenientes que aún tenian esclavos (creo recordar que al final uno de ellos le llama a Big Daddy cuando quiere salir a recorrer la hacienda: "sí mi amo", la America profunda pagada de sí misma, de sus posesiones, de su riqueza y de su despotismo porque ¡hay que ver cómo trata a todos el Abuelo ! Declara abiertamente que no quiere ni quiso nunca a su mujer, hace descaradas distinciones entre sus hijos, no me extraña que se tengan envidia y casi diríamos que le tira los tejos a sus nuera, la Gata. Una buena pieza el señor. No se corta un pelo, Acusa a todos de mentirosos interesados y él, con su altaneria y parcialidad,sólo ha sembrado tempestades...como bien le recuerda Brick "nunca nos diste cariño solo cosas" en esa conversación que mantienen en el sótano.
    Total, que no es únicamente una historia de homosexual frustrado con esposa "caliente" y despampanante, es una historia sobre cierta clase de familia ambiciosa que finge un afecto que no sienten por un padre que desprecia a todos los que no son como él...cuesta imaginar que puedan querer a un hombre así. Es la certeza de saber que va a morir lo que le ablanda.

    Atentos estaremos a esa reseña sobre "Dulce pájaro de juventud" (en mi casa ya sabes que tambien hemos hablado de esa adaptación) y el final, tiene razón David, en el libro todo es mucho más espantoso (hay que ser bestias..), el cierre de la pelicula aunque violento,lo hace mucho más digerible.

    Saludos y besos

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    1. Efectivamente, Milady: el texto de la pieza original e incluso el más liviano guión escrito por Brooks y Poe contienen durísimas alegaciones contra un modo de vida que no tan sólo persiste sino que se ha incrementado, por lo que, desde luego, siguen vigentes todos esos extremos que tú apuntas y que teóricamente deberían ser del máximo interés para cualquier espectador. El personaje del abuelo es tremendo: no hay más que caer en la cuenta que cuando piensa haber superado el cáncer se dispone a levantar una fábrica para tejer el algodón que sus trabajadores recolectan y al saber de su gravedad piensa en gastar su dinero en vivir a lo grande gastando en una mujer más joven, guapa, dispuesta, a la que cubrir con abrigos de visón.
      Esos detalles son, efectivamente, los que hacen grande obra y película.
      Me alegra que los hayas sacado a relucir, porque los dejé en el tintero al comprobar que una vez más me salía una entrada generosa en párrafos: horas, podría estar hablando de esta película....

      Besos.

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  6. Lo primero de todo: felicidades por el cumpleaños de tu blog. Estás hecho un chaval. Lo segundo: sé de tu pasión por las lecturas de textos teatrales. Has elegido para la ocasión a uno de los grandes. Me apasiona el viejo Tennessee por muchos motivos, mi querido Josep. Te recomiendo su libro de memorias, es un lujo para el intelecto, además si te va el viejo sur profundo, el calor, las camisetas sucias, el sexo incierto, las carreteras interminables y el estar más perdido que Carracuca. Dijo: Siempre hay un tiempo para marchar, aunque no haya sitio a donde ir.” ¿No te parece que Tennessee sabía elegir muy bien los títulos para sus grandes obras? Un tranvía llamado deseo, La gata sobre el tejado de zinc, La noche de la iguana, Dulce pájaro de juventud, La rosa tatuada, El zoo de cristal, De repente el último verano… títulos que uno ya evoca como nuestro propio pasado autobiográfico, pero que nunca pasó. Dijo el dramaturgo del sur: “En la memoria todo parece acontecer con música.” Y Rilke: “La música nos inventa un pasado que no reconocíamos.” En fin, Tennessee para la eternidad.
    Tennessee Williams escribió numerosas obras teatrales llenas de morbo y erotismo, la mayoría de las cuales fueron llevadas a la gran pantalla. Sus trabajos exigían una interpretación explosiva, tan vívida, terrenal, lírica y neurótica como sus propios textos. Sí, exigían un tipo especial de interpretación, más exacerbada y neurótica de lo habitual. Concretamente, una obra como Un tranvía llamado deseo, constituye una verdadera prueba para cualquier actor o actriz. La mayoría de las obras del genial Tennessee giran alrededor de alguna marcada contradicción sexual, muchas veces en un mismo personaje, como el de Brick (Paul Newman) de La gata sobre el tejado de zinc (1958), desgarrado entre el deber marital y la fidelidad hacia su amigo muerto, Skipper, o como la Alma (Gerardine Page) de Verano y humo (1961), la hija de un ministro de la Iglesia que llega a convertirse en prostituta, pero conserva todavía su complejo de virgen. Otro de los temas que reaparecen en las obras de Williams es el de la lucha sexual entre dos caracteres profundamente opuestos, como la que sostienen Stanley Kowalski y Blanche Dubois en Un tranvía llamado deseo, o la que libran la terrenal Maxine (Ava Gardner) y la espiritual Hannah (Deborah Kerr) en La noche de la iguana (1964).

    Las adaptaciones de los tórridos dramas de Williams ambientados en el Sur y llenos de sensualidad y decadencia, introdujeron personajes hasta entonces prohibidos en el cine, a pesar o quizá debido precisamente a los intentos de las películas por sanear las fuertes corrientes homosexuales que caracterizan toda la obra de este autor. La versión cinematográfica de La gata sobre el tejado de zinc intenta incluso correr un tupido velo sobre la atracción homosexual existente entre Brick y Skipper, pero, aun así, posee una franqueza sexual insólita en el cine americano de la época. De repente el último verano (1959) en la que un joven homosexual es asesinado y devorado por una banda de jóvenes, apenas incide sobre su vida sexual y sus relaciones con muchachos, pero la película posee una atmósfera enfermiza y morbosa que constituye su mayor atractivo.

    Resulta significativo que adaptaciones de las obras de Tennessee Williams como Un tranvía llamado deseo y La gata sobre el tejado de zinc, que respetan escrupulosamente la estructura original de las mismas, hayan tenido mucho más éxito que otras, como Dulce pájaro de juventud (1962), que intentan airear el texto principal y hacerlo más cinematográfico. Sin embargo, la mayoría de las películas basadas en textos de Williams son modelos de adaptación de una obra teatral al cine, pues respetan el espíritu del original, contienen vigorosas interpretaciones y retratan a la perfección la cálida y decadente imagen del profundo Sur.

    Amo a Tennessee, amigo Josep. Y una última cita de este tipo para despedirme: “Todos estamos sentenciados de por vida a la soledad en la que nos encierra nuestra piel.”

    Un fuerte abrazo, amigo mío.

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    1. Muchas gracias, amigo Paco: en ello estamos, ya que estamos...

      Efectivamente, siento verdadera pasión por el buen teatro como fuente inagotable de satisfacción a leerlo, viendo como crecen los personajes, como se desarrollan, ríen, sufren y en ocasiones hasta mueren: quizás porque -como ya sabes- desde muy jovencito caí sin remedio en el teatro leído en el que entre otros figuran (no he perdido casi nunca un libro) lo que ahora ya son clásicos estadounidenses como Miller y Williams y ahora que vuelvo a disponer de más tiempo para leer disfruto como imaginarás releyendo las conocidas y explorando las ignotas, aunque, efectivamente, casi todas las buenas, como apuntas, las hemos disfrutado en el cine.

      Leer a Tennessee y después ver la película es un ejercicio muy estimulante porque a la complejidad de los tipos y situaciones que presenta hay que añadir las variaciones casi siempre forzadas que se producen para el cine, no en vano, como sabes, la censura en éste era mucho más cuidadosa que para las tablas.

      Veo con alegría que coincidimos en percibir una cierta especialización necesaria para poder llevar esas piezas dramáticas con éxito a la pantalla: quizás por la propia dificultad del texto debida a su habitual profundidad de conceptos y por la construcción de los personajes, ya míticos casi todos ellos, todo lo que huela a Tennessee viene a ser una prueba de fuego que no todos se atreven a afrontar y que desde luego muy pocos superan con éxito.

      Algunos clásicos del teatro del siglo pasado deberían ser de visión obligatoria en las escuelas porque ofrecen la oportunidad de iniciar debates interesantísimos y siempre constructivos: a pesar de algunos detalles que pueden -o no, habría que estudiarlo bien- haber perdido actualidad, la mayoría de los asertos siguen vigentes, diría, por desgracia.

      Por eso me gusta releer a Tennessee y porque, además, técnicamente, su lectura es apasionante y afortunadamente lsa películas, al respetarle tanto, gozan de privilegios semejantes: nadie que haya visto a Liz haciendo de Maggie podrá olvidarla jamás, como nadie olvida a Kate haciendo de Violet Venable. Y fíjate que Liz hizo esta en el 58 y al año siguiente de sobrina de la tremenda Violet.

      Increíble, si no fuese porque lo hemos visto, Paco, amigo mío.

      Un abrazo.

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  7. Muchas felicidades, Josep! El personaje de Guy (John Cassavetes) actor que practica con sus muletas es un guiño al Paul Newman de esta película. Polanski dijo que "La gata..." fue la primera película americana que vio al salir de Polonia.
    Gran Burl Ives, un roba-escenas. Quizá la mejor adaptación a la pantalla de Tennessee Williams fue "Un tranvia llamado deseo" aunque "De repente el último verano" también me gusta mucho.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Hola, Borgo: muchas gracias; apuntas una cuestión que sería objeto de debates bizantinos, me temo: no sabría con cual adaptación quedarme, porque lo cierto es que hay varias y ninguna es floja.

      O mejor dicho, todas tienen "esa versión" que te deja pasmado, meditabundo y feliz. Habría que ir viéndolas poco a poco...

      Un abrazo.

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