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dijous, 15 de novembre de 2018

Pasión polonesa




Ante todo voy a protestar una vez más contra la inopia, pereza, analfabetismo, vagancia y desinterés por nuestra lengua común que demuestran una vez y otra más los distribuidores de cine acusando firmemente al imbécil que decidió mantener como apropiada la expresión inglesa "cold war" como si fuese una aceptable traducción del original polaco Zimna Wojna cuando en nuestro castellano disponemos de Guerra Fría que precisamente se ha usado en miles de ocasiones para designar un período muy concreto de la reciente historia mundial. Ya está bien de intentar meternos a la fuerza vocablos anglosajones como si no tuviésemos los propios para definir los mismos conceptos. Acémilas son y burros nos quieren.

Vamos a entrar en materia disponiendo cuatro nombres de varones nacidos en Polonia en diferentes años, de más antiguo a más joven: Frédéric Chopin, Arthur Rubinstein, Pawel Pawlikowski y Tomasz Kot.

¿Tienen algo que ver entre todos ellos? Pues no, pero me hubiese gustado que sí, porque todos ellos coinciden en ser polacos, artistas y huídos de su país por una guerra, bien que en el caso de Pawlikowski y de Kot la cuestión ya es algo figurativa, sobre todo en el último, protagonista junto con la estupenda actriz Joanna Kulig de la película Zimna Wojna en la que su director y guionista nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre amores y desamores, presentando - según él mismo asegura - una trama inspirada directamente en la relación que durante toda su vida mantuvieron sus padres.

Wiktor (Tomasz Kot) es un pianista que con Irena (Agata Kulesza) viaja por pueblos y aldeas de la Polonia empobrecida después de padecer la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de rescatar, archivar, documentar y luego revivir el folclore polonés, en una organización bajo los auspicios, dirección y férreo control de los "camaradas" del partido comunista. Entre la selección de pretendientes a formar parte del grupo folclórico Wiktor descubrirá a Zula (Joanna Kulig) y el amor pronto surgirá entre ambos con una fuerza volcánica, una verdadera pasión.

El problema surgirá cuando Wiktor, que no admite las injerencias del aparato político en la cultura musical y desconfiando del funcionario Kaczmarek (enamoriscado perseguidor insistente de Zula), decide cruzar la frontera que separa la Europa Oriental de la Europa Occidental y Zula decide súbitamente no acompañarle, por un temor inexplicado, pues no tiene familia alguna.

Wiktor acabará instalado en Paris como músico de jazz mientras Zula se convierte en la estrella de la compañía folclórica del gobierno polaco, lo que le permitirá viajar y encontrarse con Wiktor. El amor entre ambos subsiste, fuerte, apasionado, intenso, tanto como su diferente forma de entender la vida.

La historia escrita por Pawlikowski es una ola tempestuosa formada de altibajos sin que los detalles que originen esos vaivenes nos sean facilitados con la debida claridad y hay que imaginarlos: probablemente ésa haya sido la intención del guionista y director y da la impresión de que se ha quedado algo corto, bien porque como guionista no acaba de pergeñar una trama dotada de un inicio interesante que luego no se desarrolla causando una merma en el conjunto a partir del último tercio en una película de muy escasos ochenta minutos de metraje que destina gran parte a mostrarnos diferentes encuentros de la pareja protagonista y su consiguiente ruptura por alejamiento físico hasta la unión final.

Pawlikowski, como todos sabemos, obtuvo gran reconocimiento por su anterior película, IDA, y naturalmente atendido que hay una corriente de opinión que pretende situar el llamado "formato clásico" 4:3 en una especie de altar, cuando para mí debería estar en un catafalco, casi que se vió compelido a seguir con el mismo formato, máxime cuando contaba con el mismo camarógrafo, Lukasz Zal que en esta ocasión se olvida del triste gris de IDA para trabajar a fondo los contrastes que un buen blanco y negro debe tener. Todo conseguido de forma digital, claro: maestros del celuloide ya no hay. No todo lo antiguo es mejor. Como tampoco el uso del blanco y negro significa nada en particular más allá de una opción que en ocasiones -como el propio Pawlikowski ha confesado- evita los disgustos por no disponer de una paleta de colores que resulten aceptables para el artista.

Poco más: un guión que no es redondo, un amor apasionado que ya se ha filmado otras veces en melodramas románticos clásicos y un uso de un formalismo que se entiende como clásico porque en la época del llamado cine clásico era el más frecuente en parte por razones económicas, así como el B/N que ahora se consigue a base de dígitos: cualquier día nos aparece una versión en color de la película, como sucedió en el caso de la película de los Coen que en TVE exhibieron en color y en su dvd coexisten ambos formatos.

Ese amor apasionado lo apreciamos en el contradictorio personaje de Zula gracias al trabajo de Joanna Kulig que como ya sabíamos por IDA canta con vibrante voz baladas de jazz y lo que le pongan así como nos hace sentir su locura romántica, sus insensatas decisiones y su forma de entender el mundo en que ha nacido, sufriendo una dicotomía entre lo que ama y lo que debería amar por sus hechos, un personaje carismático que Pawlikowski no ha pulido como se merece porque en ella reside la tragedia y el autor nos obliga a interpretarla con escasos hilos argumentales. A su lado, el apuesto Tomasz Kot resulta demasiado impávido y únicamente las decisiones que adoptará su personaje producen interés y ayudan a avanzar la trama.

Pawlikowski una vez más muestra su preferencia por la música de jazz clásico y a pesar de comprender que precisamente esa música pertenece a los tres lustros que albergan la historia, con sus saltos temporales elípticos, puntuando de alguna forma cada época en particular mucho más que la apariencia de los protagonistas por los que al parecer no pasa el tiempo, a uno, recién vista la película, le vino a la memoria la famosa composición del polaco Frédéric Chopin titulada Polonesa nº6 Op. 53 "Heroica" que ha sonado muchas veces en la interpretación del también polaco Arthur Rubinstein y me parece que se ajusta muchísimo al apasionamiento polonés que hemos sentido más que entendido.

En definitiva, una película interesante (para mí, mucho mejor que la precedente) sin alcanzar la categoría de "obra maestra" que rápidamente ha surgido en críticas y comentarios, pero desde luego imperdible para cualquier cinéfilo que se precie. Ir rápido, porque está desapareciendo de las pantallas, y está ya casi en sesiones especiales. Lo del B/N asusta al ciudadano y cinéfilos no hay tantos.




p.d.: Vean y oigan la pasión polaca de un músico con 89 años a cuestas:








10 comentaris :

  1. No la he visto. Un par de amigos me dijeron que estaba bien. Si la veo, paso por aquí y te comento.
    Un saludito.

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    1. De acuerdo, David. Aquí me hallarás, supongo...
      Un abrazo.

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  2. ¿Cómo que supongo? Como te deje comentario y no estés, te mando un mail con tirón de orejas!!

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  3. Una pena q tal y como apuntas x aquí ya no esté. Poco duró.
    Me interesa mucho todo lo que comentas. El fondo me atrae pero mucho mucho...la supervivencia en la posguerra.Como está afecta al ámbito cultural . La influencia y el peso de los dogmas del partido. Esos amores volcánicos que apuntas. Todo me atrae.
    Y luego está el interesantísimo debate sobre la forma. El formato y el uso del b/n. Recuerdo la película de los Coen. No sabía q tenia versión en color.
    Me pregunto cual es la idea de base. Ya sucedió tb con el buen alemán de Soderbergh. Cabe preguntarse cuanto hay de ejercicio de estilo puramente cinefilo y cuanto de busqueda documental de los tonos de la epoca.
    De hecho la memoria fotográfica y las imágenes documentales de la segunda guerra mundial que tenemos son en b/n.
    Pero tb el celuloide que pervive,la memoria del aficionado respecto de muchos clásicos es tb en b/n.
    Sin haberla visto no puedo decir si esto es un ejercicio posmoderno de cinefilia o una recreación documental de una época.
    Lo curioso es lo q apuntas. Ese grano y esas imágenes se consiguen por medios digitales.
    A ver si la veo...la pondrán algún dia de madrugada me temo...un abrazo

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    1. La cuestión es, Víctor, que todas esas innegables influencias externas sobre la apasionada relación de los protagonistas el espectador debe imaginarlas porque ni siquiera puede intuirlas debido a que los detalles que apuntan a ellas son nimios, casi inexistentes, y desde luego el espectador que no tenga ni idea de lo que sucedía en la posguerra mundial quedará inevitablemente confundido.

      Creo que Pawlikowski como guionista y aún con la ayuda de otros dos no cumple con las expectativas: los buenos guionistas de antaño ofrecían detalles nimios para completar el retrato psicológico de los personajes y aquí el dibujo resulta plano.

      Por otro lado, tengo la sensación que hay una cierta hambruna cinéfila que se manifiesta en el aplauso inmediato y poco discriminatoriio en cuanto aparece algo que formalmente nos recuerda al cine clásico. Sin embargo, ese fervor apunta claramente a quien lo sostiene ha visto poco de ese cine clásico, porque, como muy bien sabes, hay un montón de películas en formato 4:3 y B/N que son excelentes ejemplos de la mediocridad, y los que han perdurado en nuestra memoria exceden en mucho a películas como la presente que, insisto, adolece de un guión poco trabajado. Siendo como soy acérrimo defensor de la hora y media de metraje, esos ochenta minutos, si tuviesen diez más con apuntes interesantes sobre los personajes, mejorarían muchísimo.

      El director, según sus propias declaraciones que leí en alguna entrevista, en principio quería ofrecer una paleta de colores que apuntara a la época, pero no supo encontrar el tono que le satisfaciera y por ello acabó presentándola en B/N. El digital favorece muchísimo el trabajo, pero por otro lado la casi infinita posibilidad de matizar acaba por ser un lastre. La película de los Coen, en TV2 -y en su dvd- tiene un tono verduzco apagado que no le va mal, pero desde luego el excelente trabajo para dejarla en B/N es idóneo. Lo mismo ocurre en este caso, imagino. Sin ser deslumbrante, la fotografía me gusta mucho más que en IDA, aunque en aquélla posiblemente el gris dominante sea más adecuado; pero es cansino.

      Lo que está claro es que la fotografía, el encuadre y su composición, tiene algún momento bien resuelto, pero no esperes enfrentarte a una maravilla; otra cosa es que resulte excelente en comparación con la mediocridad imperante, pero eso, ya es otro tema.

      Un abrazo.

      p.d.: seguro que escucharemos y leeremos acerca de ella dentro de poco cuando empiece la campaña anual de premios....

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  4. Upss..¿cómo se me ha pasado ésta entrada?..Debo andar algo despistada. De todas formas no he visto la película, por razones que no vienen al caso voy poco a las salas y el cine que veo es en el salón de mi casa. no por eso dejo de enterarme de lo que se estrena.
    Y las plataformas digitales me permiten encontrar series y peliculas en vos que satisfacen en cierta manera mi "voracidad" cinéfila.

    Todo esto para excusarme...ya ves.

    Besos.Milady

    P.D. Sí ví Ida, me gustó aunque me dejó un poco fria, si mal no recuerdo.
    No tengo nada contra el B/N, se use ahora por una u otra razón. Sólo quiero que "ayude" a contar la historia. Y por favor si la pelicula va a durar más de 2 horas que sean de las que te atrapan.

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    1. No pides nada, Milady: más de dos horas y que mantenga tu atención últimamente va siendo ejemplo de oxímoron, tanto por la impericia de los directores como por la increíble baja calidad de los guiones (acabo de pasar por tu casa recordando a Goldman).
      No es el caso de ésta: hora y veinte en un B/N no tan rutilante ni expresivo como el que nos ofrecía la tríada "W" (pon tú misma los apellidos) pero en época de infantilismos coloreados por lo menos te deja buen cuerpo.

      Besos.

      p.d.: seguro que pronto podrás verla en la pantalla pequeña...

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  5. Interesante la trama y todo lo que nos contás de Polonia. Que acá si bien es país que nos queda lejos, tuvimos una gran cantidad de refugiados inmigrantes luego de esa época, por lo que trajeron mucho de su cultura, cine y música.
    No se cómo es el tema del título de las películas en España, pero en Latinoamérica muchas veces traducen otro título por derechos de autor, porque en la traducción literal no se comprende o significa algo extraño en algún país, o porque creen que vende más el título original, o por simple capricho.

    Abrazo!

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    1. Esta película, Frodo, no deja de tener su importancia como referente de una situación que por suerte ya desapareció aunque tampoco tantos años atrás; en este caso en Polonia, pero aplicable a cualquier otro país del llamado bloque oriental sometido por décadas a influencias ajenas, como se ha visto luego con claridad.
      El tema de los títulos en España es una verdadera locura y una vergüenza. Comprendo que en ocasiones el título carezca de posible traducción por indicar una toponimia, un nombre, pero en este caso es indigno que nos cuelen la traducción al inglés cuando perfectamente se puede traducir a nuestra lengua: Guerra Fría. Y punto. Por lo que me da la sensación que se mantiene el inglés como un elemento diferenciador, "de clase", como ocurre también en "Searching" que en Argentina con excelente criterio se ha estrenado como "Buscando" y aquí se ha dejado en el original inglés, como si su traducción la rebajara. Que lo comprendería si la ofreciesen en v.o.s.e., pero no es el caso, salvo que te busques la vida para no tener que soportar el doblaje.
      Un abrazo.

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