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divendres, 8 de febrer de 2019

Capicúa




Tal día como hoy 8 de febrero del año 1960 un actor recibía dos estrellas del paseo de la fama, una por sus trabajos en la televisión estadounidense y otra en reconocimiento de su fama como intérprete de películas que cautivaron a un público acostumbrado a que le respetaran y no le dieran gato por liebre cuando acudía al cine: John Payne contaba a la sazón 48 años de edad y había trabajado en películas de toda índole, algunas de corte muy familiar e incluso musicales (tenía una bonita voz de barítono), pero seguramente pasará a la historia por sus composiciones de tipos recios deudores en parte de su robusta constitución: 188 centímetros de músculos entrenados en una juventud en la que repartió -y recibió- tortazos en el boxeo y la lucha libre americana le facilitaron sin duda actuar con naturalidad en películas de acción y también en el ilustre y añorado cine negro de la Serie B.

En 1953 rodó su segunda colaboración con Phil Karlson cineasta con mucho oficio capaz de rodar siete películas en un año, desde westerns a películas bélicas o de capa y espada y también, como no, películas de escaso presupuesto y mucho talento condensado, por ejemplo 99 River Street (Calle River 99) en la que apoyándose de inicio en guión escrito por Robert Smith adaptando una historia de George Zuckerman, ofrece un relato que nos permitirá reflexionar sobre la ira devastadora fruto de la deslealtad y la violencia desatada por los acontecimientos subsiguientes en el curso de una noche en la que la probidad e inocencia del protagonista peligrará.

Todo arranca cuando vemos un combate de boxeo de los pesos pesados: un tal Ernie Driscoll se enfrenta al campeón vigente y ganando a los puntos, la mala suerte de los perdedores hace que un golpe le parta el arco ciliar y le perjudique el ojo, sangrando y afectándole la visión, momento en que el campeón aprovecha para derribarle de un directo: son tres minutos de intensa violencia deportiva relatados por la estentórea voz de un comentarista y el plano se aleja y comprobamos que es un programa de televisión y el propio Ernie Driscoll está viendo su derrota sucedida tres años atrás, en un bucle temporal que no augura nada bueno.

Su mujer, la guapa Pauline, le echa en cara su mala situación económica, tan lejana de la hipotética riqueza del campeón apuntando a su fracaso con frases secas y cortantes: cuando él, que ahora ejerce de taxista la lleva a la floristería donde ella trabaja, le dice: preferiría ir detrás, en el taxi.

Cuando después él, va a buscarla a las nueve de la noche para llevarla a casa y le lleva de regalo la caja más grande de bombones que le ha comprado siguiendo el consejo de su amigo Stan, director de la compañía de taxis, observa cómo ella está coqueteando con el elegante, suave y letal Rawlins, quien le está prometiendo que ambos estarán en Paris en dos semanas disfrutando del dinero conseguido gracias al robo de unos diamantes. Ernie les ve a través de la cristalera besándose y cuando la adúltera pareja sale intentando tomar el taxi, Pauline se percata que es el de su esposo e inmediatamente teme por su integridad, asegurando a Rawlins que Ernie tomará venganza por su carácter violento.

Ernie regresa al bar donde espera hallar a su amigo Stan y halla a Linda, aspirante a actriz en Broadway, que le pide con urgencia un favor: él no sabe negarse ante los argumentos de ella y todo acaba en un enredo perjudicando al pobre diablo que en media hora se encuentra engañado por una esposa infiel y por una amiga ventajista, lo que viene a considerar un principio y un fin semejantes errando el blanco pues no imagina lo que todavía está por suceder: la fatalidad no ha hecho más que apuntarse y todo lo que ocurra conseguirá convertir la noche en la más aciaga de su vida pues en breve acabará perseguido por la policía por dos motivos diferentes mientras trata de eludir a una pandilla de mafiosos armas en mano.

Karlson, con la inestimable ayuda del camarógrafo Franz Planer usa el B/N contrastado casi al punto del expresionismo y sitúa la cámara siempre muy cerca de los personajes -lo más alejado es el plano americano y excepcionalmente tres o cuatro generales- y además juega con la profundidad de campo de cada objetivo, usualmente cortos, obligando a los intérpretes a moverse en el recuadro porque la cámara permanece impasible, quieta, a menudo en ángulos bajos engrandeciendo la perspectiva ominosa de los personajes. La mayoría de las escenas son interiores en habitaciones no muy espaciosas y retuerce el escenario rodando dentro del taxi que el protagonista conduce durante muchos minutos y en todo momento mantiene con férreo pulso el ritmo cinematográfico impeliendo a la acción un avance continuado que hace que los ochenta y tres minutos de metraje pasen en un suspiro, porque nos cuentan muchas cosas en poco tiempo.

No hay planos sobrantes ni efectos encaminados a deslumbrar al espectador: todo lo que vemos en pantalla está encaminado -y muy bien, por cierto- a contarnos una historia que avanza como un giróscopo con un avance incesante, sin descansos ni tiempos muertos: a un plano corto sucede un primer plano y luego un plano detalle seguido de un primerísimo primer plano y todo sin experimentos raros con los ejes ni los contraplanos, de la forma más inteligible para que el espectador, respetable y respetado, se entere de todo lo que está pasando justo al mismo momento en que lo advierte el protagonista, con lo cual la empatía con el pobre diablo está asegurada y el ánimo sobrecogido porque llegamos a sentir la violencia antes que ésta se produzca.

La economía cinematográfica no va en demérito del lenguaje cinematográfico ni de la caligrafía que Karlson exhibe en la que quizás sea su mejor pieza para examinar (en una época especial: hace 66 años algunos aspectos de las películas eran revisados especialmente) vigorosamente la realidad de una violencia nada soterrada, a flor de piel más bien, de un protagonista que no ha sabido asimilar una derrota sufrida años atrás y mantiene en su interior una ira contra el mundo en general en apariencia y en realidad contra sí mismo, sentimiento que estalla en una violencia que por momentos tiene una causa exógena y cuya fisicidad expresada de forma salvaje, ruda, brutal e hiriente tras un calvario personal finalizará permitiendo que el individuo alcance la paz en un renacer personal que deviene en buena parte gracias al afecto y lealtad persistente de aquellos personajes que realmente aprecian y quieren a Ernie.

El final feliz impuesto por los usos contemporáneos no nos hace olvidar que hasta el último minuto Karlson ha expresado con la cámara un retrato de una sociedad compleja en la que hay lealtades donde uno menos lo espera y traiciones como desarrollo natural de una conducta, así como errores que pueden enmendarse y que la fatalidad puede alterarlo todo momentáneamente llevando consigo y de rebote una violencia inusitada, desproporcionada y que únicamente con frialdad puede soportarse y quizás superarse.

En definitiva, una pieza imperdible para el cinéfilo que quizá la viera hace tiempo para disfrutarla de nuevo y para quien la desconozca, una oportunidad más de constatar que la conocida como Serie B de la época clásica del cine sigue siendo una fuente de placeres cinematográficos, en realidad un lugar poco frecuentado, de cuyo desconocimiento general sacan partido aprovechados que ven obras maestras donde hay mediocridades. Dicho de otra forma: si recién le está apeteciendo ver películas en B/N, no debería perderse ésta bajo ningún concepto. Y si es amante del cine negro y no la conocía ¿a qué espera?

Vídeo (v.o.s.e.):















13 comentaris :

  1. Excelente película, en efecto. Un de esas pequeñas joyas en las que todo funciona. Ay, qué tiempos aquellos en los que los directores pensaban, en primer lugar, que lo más importante era hacer como si la cámara no estuviera. Como si ellos no estuvieran. Qué diferencia con los Lanthimos y compañía de hoy...

    Un abrazo

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    1. Para mí fue un reciente redescubrimiento, Alfredo, porque recordaba haberla visto hace años en la tele.
      Revisarla ahora ha sido un placer insólito en comparación con lo último que nos ofreció 2018.
      Tienes razón al apuntar la gran diferencia entre los directores de antaño y los de hogaño.
      Un abrazo.

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  2. Si uno se pone ahora a hacer un repaso de las mejores películas de serie B de los años cuarenta y cincuenta, y además, si las comparamos con las “supuestamente” mejores películas actuales, nos damos cuenta que aquellos filmes nos parece hoy un vendaval de inteligencia y clasicismo exquisito. Fíjate tú, mi querido Josep, por ejemplo, las grandes películas de boxeo - deporte que detesto, pero que en el cine lo adoro – y creo que no existe otro deporte que haya quedado tan bien en el celuloide, aparte de esos juegos prohibidos de trasera que duran días, como el póquer o el billar. Desde “El boxeador” de Buster Keaton, pasando por “El ídolo de barro”, “Cuerpo y alma”, “Más dura será la caída”, “The Set-Up”, “Marcado por el odio”, “Fat City” o “El luchador”, entre otras; todas ellas realizadas con cuatro duros nos siguen fascinando. Ahora hay en cartel otra de Rocky donde salen esos negrazos brillantes con movimientos de videojuego. Un asco. Y ya ni te hablo de Stallone. Se le ha quedado una cara muy rara, con una extraña sonrisa que no se le va ni a tiros; como si le estuvieran tirando las carnes de la cara para atrás todo el rato.

    Lo que más recuerdo de “99 River Street” es su ambientación. Para mí la ambientación es algo que valoro mucho en las películas porque si está bien conseguida los personajes no tienen que hablar mucho, es decir, describir ellos en los diálogos una ambientación que no hay. Esto pasa mucho en el cine actual; lo tienen que decir todo con palabras; incluso que va a matar a quien tiene delante. No sé, por ejemplo, Lee Marvin hablaba poco y lo decía todo. Jack Palance no hacía falta que dijera: “Te voy a matar”; miraba y emitía una sonrisa de escalofrío. ¿Por dónde iba? Ah, sí, la ambientación de este film noir con todos sus tics clásicos llenos de hombres duros que no se despeinan; mujeres fatales tan frías como el acero y codiciosas que salen por la ventana - como las gatas - cuando la miseria se instauran en sus vidas. Negocios de mierda que sirven de tapadera. Bares deprimentes donde no hay casi nunca nadie y es el camarero quien bebe. La ciudad, la noche, en fin, el buen cine de siempre.

    Mira, al mencionar a Stallone me voy a investigar por qué se le ha quedado esa cara. No puede ser que ese hombre se le haya quedado esa cara así porque sí.

    Un fuerte abrazo, amigo mío.

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    1. Esa investigación, amigo Paco, creo que te va a llevar a una conclusión: a Silvestre se le ha quedado la cara así, de sorprendido, al comprobar qué malas son las películas que hace últimamente y cómo a pesar de ello siguen siendo rentables y él, que como sabes casi se estrenó de matón silencioso en una serie B de los setenta con Mitchum de por en medio, seguro que sabe muy bien que películas como la de esta entradilla, pasados tantos años, siguen siendo modélicas.

      Esos primeros minutos de boxeo que nos da Karlson aprovechando la experiencia pugilística de Payne siguen siendo magistrales, con una apariencia de realidad sobresaliente, lo mismo que ocurre en todas las escenas de acción en las que los puños del protagonista se mueven con fuerza y precisión: tres jabs y un gancho primero que nada y luego, con el contrincante desarbolado, directo a la cara: un realismo inmediato, enérgico, una violencia brutal y verídica.

      Como apuntas, veías a Marvin, a Palance, y sabías o intuías lo que iba a pasar: con Payne aquí ocurre semejante: hueles el puñetazo que va a largar y hay una total y absoluta economía cinematográfica porque no se requiere más que una cámara quieta, una iluminación sombría y un rostro avezado para explicar una situación.

      Creo que nunca agradeceremos bastante la buena idea de inventar lo necesario para preservar eternamente esas pequeñas joyas del cine negro. Aunque seamos cuatro los que lo aprovechemos.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Bien hecha, muy entretenida. No es solo que está bien dirigida e interpretdada... El guión es una historia sencilla, pero bien hilada. La pelea final con el flashback sonoro de cuando perdió el título tiene su punto. Gracias por la recomendación.
    Un saludito.

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    1. Celebro que te haya gustado, David.

      Y muchas gracias por venir a contarlo.

      Un abrazo.

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  4. No la vi, me la anoto Josep.
    Luego te cuento

    Abrazo!

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    1. El vídeo enlazado, Frodo, es la película entera en youtube, en v.o.s.e. Según donde la quieras ver, su resolución puede ser aceptable.
      Un abrazo.

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  5. Vi hace mucho tiempo esa película (por cierto, vaya cartel más espantoso) tengo más reciente el recuerdo de otra película de Phil Karlson con John Payne también del género negro: "Hell´s Island". Creo que no se estrenó en España, la vi en la TV argentina con el título "Furia en los Mares del Sur". Muy buena, aquí Payne es un detective contratado para ir a buscar una joya en una isla caribeña y descubre que su ex novia está implicada. Te la recomiendo si no la viste.
    Saludos, Josep!
    Borgo.

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    1. Tienes razón, Borgo: el cartel es feo de verdad. Y es el que más me gustó de todos los que ví, fíjate.
      Payne rodó tres películas a las órdenes de Karlson y tengo intención de ver las otras dos algún día. La primera fue en 1952 y la que apuntas, en 1955, y todas tienen el carácter de cine negro, curioso para un actor bastante polifacético, igual que el director.
      Un abrazo.

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  6. Coincido con los dos en lo del cartel.

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  7. Hola.
    Siento pasar tan tarde por aquí. Ya veo que además de la reseña incluyes el video de la pelicula...crei qué era un tráiler y..¡ oh sorpresa, la peli entera! Muchas gracias...mira lo que se encuentra uno..;)

    De Payne sólo he visto Miracle on 34 Street "De ilusión también se vive" de modo que tengo pocos elementos de juicio.
    Tienes buenos y generosos tertulianos por aquí...no hay más que leer los comentarios..;)

    De todos modos, si mi aportación importa, cuando revise la pelicula, por cortesía de Josep Cinema, te cuento. ;)

    Besos. Milady

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  8. Coincido en lo del cartel, es feo de narices. :P

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