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divendres, 26 de juliol de 2019

El mensajero del miedo





Esta es una de esas ocasiones en que el visionado de una nueva versión impele inmediatamente a buscar en las alacenas recónditas aquella cinta de vhs que todavía puede dar satisfacción: hace unas semanas en algún canal televisivo ofrecieron la película de Jonathan Demme que se estrenó en 2004 con el título de El mensajero del miedo siendo su original el de The Manchurian Candidate que se identifica instantáneamente con la novela de Richard Condon homónima publicada en el lejano 1959, una época en la que los USA (y el resto del mundo occidental también) se hallaba digiriendo una posguerra mundial a base de sucesivas contiendas y confrontaciones en lo que dió en llamar dos grandes bloques, del otro lado la imponente URSS y todos sus aliados orientales.

La novela de Richard Condon la leí hace muchísimo tiempo y en mi recuerdo permanece la sensación que la trama y todas sus vicisitudes se imponen a un estilo literario minucioso en el detalle pero impersonal y frío, más pendiente de organizar una trama muy complicada repleta de personajes que entran y salen del foco de la acción con unos usos y costumbres que con toda probabilidad debieron escandalizar a unos y provocar la censura en algún que otro lugar (y pienso en que seguramente su venta en España se demoraría por alguna licencia sexual que en la época aquí era pecado y de los gordos) mientras alimentaba el nervio conspiranoico tan propio de su tiempo a la vez que ofrecía diferentes líneas de interpretación de unos hechos no por inventados menos temidos, aprovechando la imaginación desbordada del ciudadano medio ante cuestiones tan enigmáticas como la hipnosis y el lavado de cerebro unidos al servicio de intereses tan ocultos como pérfidos, buscando todos los males para la patria, aquejada como estaba de una figurada influencia del comunismo, identificado como la fuente de todas las desgracias.

Digo que la película de Jonathan Demme es una nueva versión por no ponerme tiquismiquis y adjetivarla como refrito pues como luego veremos hay un antecedente previo en el cine representando esa novela de Condon.

Demme tuvo a sus órdenes un buen grupo de intérpretes encabezados por Denzel Washington, Liev Schreiber y Meryl Streep y una vez más, la segunda versión no tan sólo no aventaja a la primera sino que resulta un amasijo de lugares comunes, errores de guión y una dirección cinematográfica exenta de imaginación y fuerza, desestimando las enormes posibilidades de una historia que ya en la novela original huele a cine por todos lados. Y lo que es más lamentable: comprobar cómo la tan alabada Meryl Streep pierde en la comparación con una actriz menos afortunada en los premios recibidos.

El guión se basa además de en la novela en el guión que antaño escribiera George Axelrod y seguramente Daniel Pyne y Dean Georgaris intentaron remozarlo cambiando el temor al comunismo por la irritación hacia las grandes corporaciones mercantiles del capitalismo exacerbado, pero todo el entorno conspiranoico y la intriga que debería producir se ve lastrado en exceso por una dirección que carece de fuerza e interés, como si únicamente se tratase de un encargo a realizar y punto.

Por cierto: puede que el encargo partiera de Tina (Nancy) Sinatra, que consta como productora, y puede que ella sea la poseedora, por herencia, de los derechos cinematográficos de la novela de Richard Condon. Esa es una hipótesis a confirmar, una sospecha únicamente: una intuición cinéfila.

Esta versión de 2004 podría ser aceptable como telefilm de sobremesa de sábado tarde (perspectivas de una siesta placentera) sino fuese por la inevitable existencia de un precedente de lustre que con el paso del tiempo y la inevitable comparación (odiosa sólo para Demme & Cía) va ganando puntos en cada visionado:

En 1962, tres años después de la exitosa publicación de la novela de Condon, se estrenaba en salas por la United Artists una película titulada The Manchurian Candidate (El mensajero del miedo) cuyo guión se encargó a George Axelrod, guionista en plena racha de éxitos, y la dirección se confió a John Frankenheimer quien al parecer también colaboró en la confección del guión, aunque no constara, lo que sin duda beneficia a la película en su conjunto: se ve y escucha un guión literario muy competente, pletórico de buenas ideas y resolutivo, ágil sin concesiones, acaso autocensurado en los acusados aspectos eróticos de que se sirve Condon, y se adivina un guión técnico brillante, espléndido, concienzudo, férreo, alejado de la improvisación, medido perfectamente para vestir una trama que en algún aspecto ha envejecido (la parte pseudo científica) mal, pero en otros se sostiene con un vigor notabilísimo.

Aprovechemos la circunstancia que en youtube se hallan algunos fragmentos de la película de 1962 y veamos la maravillosa forma de dirigir de John Frankenheimer: esas son las imágenes de la pesadilla que el comandante Ben Marco (Frank Sinatra, eficaz como siempre) sufre de forma recurrente: ni se preocupen por el sonido: seguro que sin él lo entienden todo:



Frankenheimer en menos de siete minutos ofrece una lección de cine que completará con la continuación del suceso recordada por el cabo Melvin, para la película reconvertido en afroamericano, con lo cual todas esas señoras serán de raza negra, sirviéndose de forma tan fácil como auténtica el avispado director para que no tengamos ya ninguna duda de la profundidad psicológica del artificio que nos presentan.

Únicamente el comandante Marco y el cabo Melvin serán quienes padezcan esas pesadillas, aunque no sabemos, de momento, si hay alguien más....

En la trama hay varios recovecos pero también una presencia ominosa derivada de esa pesadilla: sabemos que el sargento Raymond Shaw (Laurence Harvey, magnífico en un atormentado personaje) ha sido hipnotizado, su cerebro manipulado de tal forma que sin pestañear mata a quien le digan: y lo sabemos a ciencia cierta, mientras que Marco lo atribuye a una pesadilla que no entiende, pero poco a poco, sospechará...

El sargento Shaw tiene un padrastro que se dedica a la política y una madre que es quien ordena y manda, atenta a cualquier detalle, omnipresente y casi omnipotente, una mujer harto compleja tanto física como intelectualmente, pletórica de ambición y deseo de poder (un personaje que borda maravillosamente Ángela Lansbury, a la sazón tres años mayor que su "hijo" Laurence Harvey) y un amor desmedido y posesivo hacia su hijo (pero no tanto como en la novela, más procaz) que se debate entre odiarla y obedecerla pasivamente.

Todo ello nos lo cuenta magníficamente con la cámara John Frankenheimer, emplazándola usando grandes angulares que le otorgan una profundidad de campo necesaria para presentar en un mismo plano, por ejemplo, un salón donde hay un acto político interrumpido por un advenedizo mientras la impulsora del follón lo observa todo callada y quietamente en un monitor de la televisión que está ofreciendo el acto, en una unidad presencial que a un tiempo muestra una acción y su contraria estratégicamente oculta pero presente. Con la ayuda inestimable de Lionel Lindon en esta ocasión creando ambientes en blanco y negro con paletas suaves o contrastadas según el momento, Frankenheimer mueve la cámara con suavidad y pasa de un contrapicado a un primerísimo primer plano para acentuar la relación entre madre e hijo aprovechando un disfraz abandonado como quien no quiere la cosa en medio del itinerario otorgando a los objetos significados que el espectador, atento, enganchado a la narración, entiende inmediatamente y paladea con satisfacción.

Una trama muy bien tratada gracias a un guión espléndido, un director inteligente que nos trata con respeto y unas actuaciones memorables, sobresaliendo Ángela Lansbury que roba todas las escenas en las que aparece: sólo por verla a ella, ya merece la pena esta película, una muy buena pieza que alternó en la ceremonia de los Oscar con unos compañeros inolvidables y Frankenheimer, precisamente, dirigiendo dos películas notables el mismo año, lo que da fe que en esta ocasión no sonó la flauta por casualidad sino, más bien al contrario, por un trabajo concienzudo y muy bien realizado. (Claro que nosotros ya lo sabíamos, no en vano hemos comentado Siete días de mayo y El repartidor de hielo )

No busquen en esta película aspectos de denuncia política reseñables aunque sin duda los hay, de forma sutil, poco vigorosa, porque lo que permanece en la memoria es la tensión dramática del suspense que sostiene la trama y su desarrollo, de principio a fin manteniendo en vilo al espectador.

Absolutamente recomendable, imperdible para el cinéfilo que la disfrutará en v.o.s.e. para no perderse la magnífica actuación de Ángela Lansbury y también del resto del elenco, todos muy eficaces y solventes, no existiendo bajones que perjudiquen el placer de su visionado.











17 comentaris :

  1. ¿Sabes? No sé por qué el ver el trailer me recordó a Alien, el octavo pasajero. Sobre todo a uno de los tripulantes que es el proptector de la bestia. Por cierto, no sabía que Nancy Sinatra estaba de productora...¿herencia?...¡Bueno! Y en otro orden. Gracias por los datos que aportaste a la entrada acerca de Jambalaya. Me hizo añadir el nombre de roy Orbison en la lista ¡Muchas gracias hermano!

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    1. ¿Alien? Curiosa invocación la que haces, Alí.
      Lo de la Sinatra, intentando sacar tajada tantos años después, huele a que papi había adquirido los derechos para hacer negocio y para conseguirse el protagónico de la del 62 y a ella le tocó, como digo, por herencia....
      Un abrazo.

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  2. Excelente texto. Magnífica película y gran novela de Richard Condon. De la adaptación de Jonathan Demme con Denzel Washington apenas la recuerdo y me parece buena señal. Por cierto, quiero puntualizar que la productora de la película no es Nancy sino Tina, la hija menor de Sinatra que era productora, además de cantante.

    Esta película la he visto, por lo menos, diez veces. Aquí Angela Lansbury está magistral. Si no recuerdo mal en el momento de su estreno, no se la tomó demasiado en serio. La popularidad de Frank Sinatra atrajo a un considerable número de espectadores, a pesar de su complejo estilo y desacostumbrada narrativa. Quiero hacer un inciso, amigo Josep. En la escena donde vemos a Sinatra enfrentándose a un tipo, Frank se rompió un dedo y siguió actuando sin decir nada hasta concluir la escena. Eran otros tiempos y los artistas estaban hechos de otra pasta. Hablando de “pasta”, la película se rodó con gran economía de tiempo, en sólo 39 días. No está nada mal.

    Volviendo a Angela, que es clavadita físicamente al Paul MacCartney actual. Este filme ofrece también uno de los más despiadados retratos de la madre americana de toda la Historia del Cine. Como la madre de Shaw, la Lansbury es literalmente la “Reina Roja”, la agente que controla a su propio hijo como a una marioneta mediante la carta de la Reina de Diamantes. Si figura, verdaderamente monstruosa, se ve contrarrestada por la Rosie, interpretada por Janet Leigh, una mujer dotada de gran fuerza de voluntad, pero buena y considerada. Su relación con Frank Sinatra parece extraída de una película de Howard Hawks; es ella quien ayuda y consuela al hombre perseguido y desconcertado, quien le saca de la cárcel como si le hubiese conocido durante años y años. En el libro de Condón se describía al personaje de Rosie como de rasgos árabes y en la película Sinatra le pregunta: “¿Eres árabe?”, lo que, dado el aspecto claramente anglosajón de la actriz, contribuye a aumentar el absurdo casi surrealista de “El mensajero del miedo”.

    Ay, son tantas las cosas que podría decirte respecto a esta película, amigo mío, pero no es cuestión de ponerse pedante ni pesado. Solo una cosilla más. Tras el asesinato del presidente Kennedy, la película se vio momentáneamente retirada de la circulación, lanzándose la disparatada conjetura de que podía haber servido de fuente de inspiración para el asesino o asesinos. Posteriormente, Frankenheimer, que era amigo íntimo de Robert Kennedy, le llevó en su coche al hotel la misma noche en que fue asesinado.

    Ni Ferris Webster (banda sonora), recibió la codiciada estatuilla.

    Un fuerte abrazo, amigo Josep.

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    1. Muchas gracias, amigo Paco, por la puntualización, que ya he arreglado: eso me pasa por confiar en mi memoria, mala para los nombres...
      No sabía lo que introduces respecto a malas semejanzas buscadas tras el asesinato de Kennedy, aunque no me sorprende nada pues la época era mucho más conspiranoica que la actual y ciertamente, motivos tenían. Supongo que en algunos lugares el estreno casi coincidiría con el magnicidio.
      El papel de esa madre lo representa la Lansbury de forma pluscuamperfecta y cada vez que reveo la película me sigue sorrprendiendo el cúmulo de matices en su trabajo.
      No sabía tampoco lo de la rotura del dedo de Sinatra, en una pelea tan alejada de lo que luego ha sido objeto de estudiadas coreografías que desde luego aparenta ser muy real y además fija la época, con esos golpes de mal kárate aplicados contundentemente y con mala praxis, lo que, efectivamente, puede producir lesiones en los dedos.
      He dejado en el tintero entre otras cuestiones el personaje de Rosie y te agradezco que lo hayas sacado a colación: de hecho, en la película, todos los caracteres están muy bien trabajados ya en el guión y tienen su sustancia.
      Los premios de la academia no les tuvieron en cuenta, pero hay que aceptar que la competencia, ese año, era feroz: cuando lo miré, me quedé pasmado: ésta era una serie B típica, de esas que te / nos hace añorar un cine extinto.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Pues de todo lo que me vengo a enterar, y recién en 2019. Como bien me has comentado en algún momento, querido Josep, el mundo es inabarcable.
    Se aprende mucho de tus reseñas, y por lo que veo también de los implacables comentarios de Melmoth, que me recuerdan al prólogo que hizo Sartre de 600 páginas sobre un libro de Genet.

    Abrazo!

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    1. Me animan mucho tus palabras, apreciado Frodo, al tiempo que dan sentido al empeño de seguir comentando películas que han salido del circuito con absoluta injusticia para sus muchos méritos: poder señalarlas animando a disfrutarlas, es un gozo compartido.

      El amigo Melmoth es un pozo de sabiduría que por fortuna para este bloc de notas amplía y mejora los datos ofrecidos y siempre aporta su humor propio.

      Un abrazo.

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  4. ¡Qué carteles tan buenos tiene la versión de Frankenheimer! Sin duda Harvey y Lansbury junto al gran secundario Henry Silva son de lo mejor de la película. ¿Así que Lansbury sólo tenía tres años más que su hijo en la ficción? Precisamente me preguntaba hace poco si Lansbury tendría unos 150 años.
    Hay otra película interesante sobre el tema del lavado de cerebro, una de las pocas decentes protagonizadas por Charles Bronson: "Teléfono" (1977) de Don Siegel y con Lee Remick y Donald Pleasence. Los soviéticos tienen un grupo de ciudadanos aparentemente normales repartidos por Estados Unidos que al escuchar una llamada telefónica se convierten en saboteadores suicidas.
    Excelente como siempre la aportación de Melmoth.
    Saludos, Josep!
    Borgo.

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    1. La Lansbury, por sus facciones, siempre interpretó a personajes con más edad que la suya, hasta la serie que la hizo famosa y popular en todo el mundo: tres años casi justos, pues ella nació en octubre de 1925 y Harvey en octubre de 1928: ella con 37 años, maquillada y con luz dura, apenas da el pego para él, que con 34 es un ex-soldado un poco gastadito, pero en pantalla ni se nota, virtudes de un buen director de fotografía y una seccion de maquillaje competente. Así que Angela va a por los 94, no 150, jajaja...
      Me suena un poco esa de Siegel que mentas y seguro que la ví de estreno, porque en el 77 Bronson era una presencia casi constante en la cartelera: siendo de Siegel, habrá que refrescarla...

      El amigo Melmoth es un lujo de comentarista, siempre.

      Un abrazo.

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  5. Sigo sin haber visto la de El repartidor de hielo (a ver si cae).
    El remake de Demme no lo he visto. La original, sí. Y me gustó. Pero prefiero la de Siete días de mayo. La verdad es que Frankenheimer estuvo en racha esos años. El hombre de Alcatraz, El tren, Plan diabólico, esta que reseñas y la de Siete días de mayo...
    Un saludito.

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    1. El refrito, que apareció en alguna tele hace poco, no vale la pena para gente que administra su escaso tiempo, David, así que déjala: mejor lees la novela original y repasas de nuevo ésta. Si acaso, te acuerdas de la recomendación de la pieza de teatro y la lees también, porque te encantará, y luego si eso, ves también la película.
      Un abrazo.

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  6. Buenas.
    He visto ambas dos. Una de ellas hace mucho tiempo. Y sí, me resultó muy interesante. El refrito..pasable. Concuerdo con David en lo que a pelis de Frankerheimer se refiere.

    Pero ahora estoy " in the mood soft"...
    relajado, no dramas, please.

    Besos. Milady

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    1. Buenas, Milady: ciertamente, Frankenheimer pertenece por méritos propios a un grupo más amplio de lo que a primera vista pensamos de cineastas a recuperar, porque empiezas a repasar la lista de títulos y te quedas pensando...

      Asi te diría que, para alejar de los dramas, te apuntaras a los tíos de pijamas voladores, pero sería peor el remedio que la enfermedad: sugiero una repesca de Jerry Lewis: El profesor chiflado es una joyita que aguanta... mucho mejor que su infame refrito...

      Besos.

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    2. A ver que no me tengo que remontarme tanto..aunque El profesor Chiflado es una buena sugerencia, o cualquier comedia de Wilder o su maestro Lubitsch.
      Cary Grant también me seduce mucho y tiene unas cuantas que se pueden revisitar.

      De Lewis hace tiempo que no he visto nada, y hablando de Lewis pero esta vez Sinclair, no he leído El mensajero pero estoy con otro título suyo : "Eso no puede pasar aquí". Muy al día si se echa un vistazo al panorama actual...la manipulación siempre ha estado entre nosotros, para nuestra desdicha.

      Besos. Milady

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    3. Te he recomendado a Jerry porque es ése tipo al que todos hemos visto, todos conocemos, pero casi nadie ha revisado y siempre se pueden hallar novedades en esas revisiones: no en vano tras su desaparición de pantallas acabó dando clases de cine en no sé qué universidad del este.
      Por otra parte, la novela de El mensajero... es de Bill Condon: lo de Sinclair Lewis que recomendé fue Dodsworth, aunque si no estás para drama mejor la pospongas. La que tienes entre manos, omo la de Babbit, son dos en la lista de pendientes, querida...

      Besos.

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  7. Upss...el calor está haciendo estragos en mí.
    Voy a por un tinto de verano...;)

    Pero tomo nota,de todo, sire.

    Besos

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  8. A ver...podemos analizarlas en frío y con bisturí o en su contexto. No voy a glosar de nuevo las virtudes de la de Frankenheimer. Lo haces tú de forma fenomenal. Excelente película.
    Ahora bien, no coincido respecto de la de Demme que me parece una película notable. Bien narrada, con pulso dramático y bien interpretada. Ya me gustaría que la media del cine actual tuviera este nivel. Por eso decía lo del contexto.
    Que Ángela Lansbury está soberbia cierto. Pero eso no me impide valorar muy positivamente la labor de Meryl, sobre todo si la comparo con espantos como lo que hizo con Tatcher o mammas mias varias. Un saludo

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    1. Jugar con el contexto, Víctor, y usando como punto de referencia lo que se nos muestra en pantallas comerciales en este año, es elevar la categoría a películas que no pasan de medianías.
      La de Demme, no obstante, por su condición de remake o refrito tiene su propio contexto particular: la comparación con la original, que no la busco yo sino que la provoca quien se decide a perpetrarlo: sabe a qué está jugando y no valen excusas: para no hacerlo mejor contando con más medios técnicos, mejor quedarse en casa. Lo del hotel que se reconvierte en laboratorio, Víctor, da vergüenza, no me lo negarás.
      Que la Meryl trabaja aquí mejor que en Mamma Mía, pues claro, sólo faltaría: la Meryl, para la comedia, no sirve: no tiene ni vis cómica ni dominio del tempo, eso tan fácil de escribir y tan difícil de contener.
      Cuando se trata de remakes, el listón siempre está alto... y algunas veces se supera, pero pocas.

      Un abrazo.

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