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dissabte, 30 de juny de 2018

Carol



Titular una novela romántica como El precio de la sal y firmarla con un seudónimo tal que Claire Morgan no sería interesante si no fuese porque vió la luz gracias al valor de la editorial Coward-McCann y habiendo recibido serias críticas en su primera edición en tapa dura, en su segunda edición, en tapas blandas, editada por Bantan Books, llegó a alcanzar ventas cercanas al millón de ejemplares, allá por 1953.

Si añadimos que la obra versa sobre el descubrimiento que del amor hace una jovencita de diecinueve años y que el objeto de sus desvelos amorosos es una mujer que transita su belleza en la treintena y seguimos recordando que todo esto se escribe -y se lee- hace sesenta y cinco años y acabamos por saber que, contra lo que eran usos y costumbres de la época, tal relación no acaba en una tragedia, el interés sin duda aumenta.

Las ganas de leer la novela se incrementan cuando resulta que su autora se llamaba en realidad Patricia Highsmith y que dicha autoría no tuvo reconocimiento público hasta 1984, lo que causó conmoción entre sus lectores, avezados consumidores de sus novelas policíacas, acabando de publicarse el 1990 con el nuevo título de Carol.

Patricia Highsmith nos cuenta en un prólogo y un epílogo las circunstancias de esa novela atípica dentro de su bibliografía: cuando ya había escrito su primera novela, Extraños en un tren, pendiente su publicación, obtuvo un trabajo eventual en la temporada pre navideña de 1948 como vendedora en la juguetería de unos grandes almacenes, tras el mostrador de muñecas: un día quedó impresionada por una joven dama, rubia, luciendo un abrigo de visón y llevando en la mano unos finos guantes de piel; la joven Patricia sintió que le faltaba el aire y así que llegó a su minúsculo apartamento escribió en dos horas prietas lo que sería presentación, nudo y desenlace de una novela que, cuando llevó a su editor, pasado el verano de 1949, recibió un rechazo por apartarse tanto de lo que ya era un éxito adquirido por el famoso Alfred Hitchcock. La joven escritora de veintiocho años no dió su brazo a torcer y rechazando encasillarse como autora de novelas policíacas "estilo Harper & Bros" se buscó otro editor. No en vano la novela la había escrito gracias a un arranque de inspiración y a una varicela inesperada a su edad que la tuvo encerrada y le hizo madurarla hasta que al fin se puso a escribirla.

Carol es pues una novela atípica que rompió moldes y permanece como un ejemplo de obra muy personal fruto de la decisión valiente de una autora que no volvió jamás a adentrarse en temática semejante ni en lo que hace al romanticismo ni tampoco en el acercamiento tan natural de las relaciones lésbicas.

En estos tiempos que corren una lectura precipitada podría tachar de timoratas a ambas protagonistas (anteayer, ayer y hoy se está celebrando el Día del Orgullo LGBT) pero conviene recordar que la situación era muy distinta cuando se publicó la novela: entonces, cuando aparecían esas relaciones "extrañas", siempre acababan mal, usualmente muriendo una parte y la otra arrepintiéndose clamorosamente, para enseñanza del público.

Aparte del valor vindicativo de la novela, que lo tiene y es cabal, el lector se hallará ante una pieza muy bien escrita (y por suerte muy bien traducida) que en algo menos de 300 páginas nos traslada a una época pasada con unos personajes dotados de una psicología que se va desarrollando lentamente en sucesivos capítulos (26 en total) que nos hacen imaginar muy fácilmente dos formas de vida distintas que por azar se han encontrado y ya no pueden seguir la una sin la otra.

Carezco totalmente de experiencia en el género romántico literario y lo cierto es que en esta primera ocasión la suerte me ha sonreído: tampoco había leído nada de Patricia Highsmith (salvo un par de cuentos) y la curiosidad me vino, fácil es imaginarlo, después de haber visto hace tres años la película homónima, Carol, lo que afortunadamente tan sólo ha influido en la lectura al poner imagen a los rostros de las mujeres que viven intensamente su amor desde el súbito flechazo que Patricia Highsmith nos detalla con una pulcritud y una delicadeza perfecta, manteniendo la tensión desde las primeras líneas:

Therese Belivet es una joven preparada para desarrollar sus aptitudes como escenógrafa y mientras no encuentra trabajo de su interés subsiste con eventuales, ocupándose del mostrador de muñecas de la juguetería de unos grandes almacenes: en vísperas de la Navidad, Carol Aird, una joven madre bien estante, adquirirá un regalo para su hijita Rindy procediendo Therese a tomar sus datos domiciliarios para enviarle el paquete a casa: luego, Therese, prendada ya para siempre de Carol, le enviará una postal deseándole unas felices pascuas como si fuera una costumbre comercial; pero al día siguiente, Carol la llama por teléfono para agradecerle el detalle y así se inicia una relación que Patricia Highsmith desarrolla con mimo y vigor absoluto dotando a sus personajes de una idiosincrasia que las hará reconocibles para siempre.

A priori, ambas mujeres no tienen nada en común: una está casada (mal casada, de hecho: está tramitando su divorcio) y tiene una hija y la otra ha acabado sus estudios de escenógrafa, tiene un amigo que pretende ser su novio, y está decidida a labrarse su futuro en su profesión. La una ya tuvo un romance con una amiga y la otra ha tenido sexo heterosexual pero sin emocionarse. La condición social de una y otra no puede ser más dispar. A pesar de ello, la flecha de Cupido hiere a ambas del mismo tiro y todas las aventuras y desventuras que sufrirán llevan un camino cierto, que el lector siente por gracia y obra del arte de la Highsmith.

Resulta extraño que la única novela romántica de Highsmith haya tardado tantos años en aparecer en las pantallas de cine porque aunque su temática choque frontalmente con la moralina propia del matriarcado y en su lectura hallemos también una ácida crítica a la forma de vivir de la sociedad estadounidense del siglo pasado, precisamente la autora, autoexiliada a Europa desde primeros de los sesenta, podía presumir de ser usualmente trasladada al cine después de su triunfal aparición de la mano de Hitchcock con la inestimable ayuda de Raymond Chandler y Ben Hetch, todo hay que decirlo.

Es sabido que Highsmith no quedó muy contenta con casi ninguna de sus adaptaciones al cine y en todo caso cada cinéfilo tendrá su opinión habiendo leído la novela y visto la película correspondiente: no estoy muy seguro que, a pesar de las movidas interesadas de los charlatanes de la mercadotecnia que nos ofrecen supuestos ganchos como esta entrevista a la guionista Phyllis Nagy la propia Patricia, por mucho que diga ahora Nagy, se mostrara muy conforme con la adaptación perpetrada sobre la novela para trasladarla a guión cinematográfico.

Es bien cierto que buscar similitudes, conciertos, derivadas fieles, de un guión relativas a la novela en que se basa es en la mayoría de los casos bien perder el tiempo bien buscarle los tres pies al gato, porque el lenguaje cinematográfico se rige -o debería regirse- por leyes distintas a las meramente literarias: sin embargo, comprobar cuando uno lee la novela después de haber visto la película y revisada que es ésta como colofón, que la novela queda como muy superior en unas vindicaciones que son en definitiva parte importantísima del todo, comprobando como la supuesta adaptación se reduce simplemente a quitar escenas necesarias para introducir otras fútiles y cambiar de forma harto perceptible el iter interno de la historia pero manteniendo por copia directa los diálogos más potentes, más brillantes, aquellos que dotan de excelsa naturalidad una relación amorosa que no se sujeta a lo que se mal denomina normalidad cuando lo que se quiere decir es "la mayor parte de" logrando con tal planteamiento una posición inédita por su fortaleza en la búsqueda de una cotidianeidad, es, digo, percibir que en este caso quizás lo mejor hubiera sido que en vez de estar quince años rumiando qué hacer hubiese dedicado su tiempo a recortar lo mínimamente prescindible y trasladar a imágenes algunas páginas, que para eso el cine es lo que es, arte en imágenes vivas.
Tengo para mí que al margen de las declaraciones rimbombantes de la Nagy la intervención de la espléndida Cate Blanchet como productora ejecutiva algo tiene a ver en ciertos cambios que otorgan al personaje de Carol otro tinte, más activo románticamente pero por desgracia menos potente en defensa de su libertad personal, quizás con más lucimiento pero con menos poder, tanto como el personaje de Therese, bien soportado por Rooney Mara, queda un tanto disminuido en comparación con la novela, lo que no acaba produciendo desequilibrio en el conjunto pero sí en la fuerza que ambas mujeres gozan en la novela.

Sea como sea, lo cierto es que ambas están magníficas aunque no puedo dejar de proclamar mi preferencia por Carol: el porte de la Blanchet, su elegancia innata, su forma de declamar, apoyada en un vestuario fantástico diseñado por Sandy Powell, le dejan a uno enamorado en la primera secuencia y ya no le pierdes ojo hasta que acaba la película. Una maravilla.

No creo que fuese una idea de Nagy brindar un homenaje tan claro a la película romántica por antonomasia, Breve Encuentro: quiero pensar que fue una buena idea de Todd Haynes empezar y terminar con un encuentro en torno a una breve mesa y una intromisión, con la salvedad que el final no es parecido en absoluto porque hubiese significado traicionar el espíritu central de la novela: Haynes filma de forma decente la historia sin llamar la atención; ante un tema que en ciertos ambientes todavía puede resultar polémico, ofrece un relato sin acentos, quizás convencido que la normalidad buscada por Highsmith se debe servir de forma casi adocenada, siendo así que también quedan un poco en el limbo todas aquellas posiciones obstaculizantes, cerriles, repletas de falsa moralina, en un buen tuntún que perjudica lo que hubiese podido ser una película por lo menos tan vindicativa como lo fue la propia novela en el momento en que se publicó, quedando el conjunto como una especie de memorial bien vestido, bien ambientado y no muy bien fotografiado (hay escenas con un grano inmisericorde totalmente fuera de lugar) que cuando no has leído la novela te deja un poco indiferente y cuando la has leído te deja un poco defraudado, salvada la sensación, eso sí, por la excelente composición que de sus personajes hacen todos los intérpretes, del primero al último.

Si no has visto la película ni leído la novela, te recomiendo ambas y diría que dejases la novela para luego; puestos a elegir, me quedo con la novela. Aunque bien mirado, perderse el trabajo de la Blanchet es una lástima. O sea, a por ambas.









16 comentaris :

  1. Que libro tan transgresor, por lo que contás. La película puede ser interesante.

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    1. Pues sí, Demiurgo: su transgresión además procede de la naturalidad que sustenta la trama; el tratamiento literario es muy bueno, con una escritura breve y potente a la vez que elegante. Se dice que en su época rompió moldes al ser la primera -o una de las primeras- que ofrecía un final feliz a lo que entonces se consideraba un amor marginal. Vale la pena darle un vistazo: engancha, advierto.

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  2. A mí la película me gustó (bastante, creo recordar; no sin más o pasable).
    La novela no la he leído, y no entro en si es mejor o peor porque no pueden "compararse"... como bien señalas, son medios distintos. Y..bueno, si me gusta una peli y después de leer la novela creo que podría haber estado mejor todavía....pues es lo que tiene adaptar o trabajar sobre material ajeno.
    Preguntarse por qué han tardado tanto en adaptar esa novela. Bueno, Josep...como bien señalas, si se hubiera hecho por aquella época, la relación se hubiera sugerido...y habría tenido que acabar con un suicidio como en esa peli de Wyler con dos grandes actrices de la que ya has hablado por aquí y aún no he visto (y sí, sé que en esa el amor de una no era correspondido).
    El enlace a The Guardian me da pereza leerlo ahora, pero igual le echo un ojo.
    Si te gustó esta de Carol, te recomiendo la de "Lejos del cielo". A mí esa creo que me gustó más todavía en su día...
    Un saludito.
    PD: el origen de la novela, la portada y seudónimo. Me ha gustado la historia que cuentas.

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    1. Evidentemente, David, una relación amorosa normal entre dos mujeres jamás se hubiese filmado en Hollywood hace sesenta y cinco años; pero tener que esperar a 2015 me parece un exceso inimaginable máxime cuando desde 1984 todo el mundo ya sabía que había sido escrita por Highsmith y su nombre era atractivo para el espectador.
      Que la guionista asegure que desde el año 2000 estuvo trabajando en el guión, leída la novela, es increíble.
      Claro que son medios distintos, pero ¡caramba! en una cuestión como ésa, realizar una adaptación perdiendo fuelle, me parece imperdonable, máxime cuando insertan un par de escenas "carnales" que en la novela simplemente se sugieren porque la autora huye del erotismo para centrarse en la relación amorosa, intensa, magnífica.
      De hecho, cuando ví la película me parecio que no iba a escribir una línea sobre ella, pero la curiosidad me llevó a la novela y entonces, pues sí...

      Un abrazo.

      p.d. 1: y un par de capones bien dados en toda la coronilla:¿que todavía no has visto ninguna de las dos (porque son dos y no una) reseñadas del maestro Wyler? ¡A la cama y sin cenar!

      p.d.2: lo del origen, tomado directamente de la propia autora en su prólogo y epílogo, muy interesantes.

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  3. Con ese antecedente vale la pena abordar la película en tanto y cuanto es más rápido.
    Precisamente, hablando de literatura. Necesito un favor personal: Acabo de publicar mi única novela corta en un portal que tiene un premio. El problema es que, a diferencia de los concursos tradicionales, en este se obtiene por el número de descargas (las descargas son gratuitas). Por eso te agradecería que descargaras lanovela y por supuesto, que la leyeras. Te garantizo que es tan corta que se puede leer en una sola sentada. Se llama LA PROPIEDAD y es el texto más corto de la convocatoria. Entras a www.freeditorial.com buscas los libros que están concursando y te vas a la página (doce) allí al final está la novela. La bajas y la guardas en tu equipo para leerla con sosiego. Luego me cuentas qué te pareció ¿vale?

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  4. Tú mismo, Alí; desde luego la película es más rápida para conocer la historia, pero en la novela, aparte del placer de leerla, hallarás conceptos que en el film pasa casi desapercibidos.
    En cuanto a la tuya, bajada está y en lista de espera. Ya te diré.
    Un abrazo.

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  5. Vista la pelicula (que me gustó), no he leído la novela pero conocía su existencia.
    Bien diferente la que señala David The Children's Hour, al menos la versión del 61 que es la que conozco y que me parece estupenda. These Three ( Esos tres) del 36 tambien dirigida por Wyler la tengo pendiente.
    He visto "Lejos del cielo" drama al estilo de Douglas Sirk y concuerdo en que es una buena historia, con ese color y estética de los melodramas de los 50's.
    Tampoco sé la razón de por qué no se han rodado más historias de mujeres con esa temática aunque en muchos filmes se insinúa ese tipo de relaciones o amores no correspodidos (la Sra Danvers de Rebeca, en El Seductor "The Beguiled" de Siegel ). Hay muchos más sobre la homosexualidad masculina. En las series se han atrevido más con ese tema.

    En fin, has escogido muy bien el ejemplo aprovechando la semana del Orgullo. Muy recomendable. ;)

    Besos. Milady

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    1. Si te gustó la película, Milady, te va a encantar la novela, seguro. Así que ya sabes: menos de 300 páginas que se leen muy rápidamente, pues la escritura es muy ágil y agradable, con pocos circunloquios.
      La verdad es que la oportunidad casi que vino sola, de casualidad, porque tenía varias opciones y al percatarme... no la dejé pasar...

      Besos.

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  6. En mi caso vi la película cuando salió y este año he leído el libro: la verdad es que no sé qué me gustó más. El libro es genial y la película está muy bien adaptada con las actrices perfectas para el papel. Como tú, yo tenía la imagen de ambas mientras leía el libro, cosa que no sé si es una ventaja o no.

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    1. Por lo que cuentas, hemos seguido el mismo camino: yo prefiero el libro, porque en la película se nos hurtan los caracteres tan decididos, tan resolutivos, de esas dos mujeres.

      Para mí, leer el libro teniendo en mente a las actrices, fue un añadido, porque el trabajo de ambas me encantó.

      Más extraño me sentí, por ejemplo, leyendo El Padrino e imaginando al entonces ya muy anciano y enfermo Edward G. Robinson como Don Corleone y darme cuenta, al final, en la contraportada, que se anunciaba la intervención de Marlon Brando, al que entonces no apreciaba demasiado...

      Besos.

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  7. Oiga usté vamos a ver. Que es eso de que Haynes filma de forma decente. Ya me gustaría q el nivel medio de dirección tuviese la mitad de la mirada y tacto que demuestra este señor. Aunque coincido contigo en que se entrega a la historia y no desea ser el protagonista de la función.
    Mucho tacto repito que se encuentra a faltar hoy en día. Eligi fe la delicadeza de cada gesto. No puedo opinar de la novela...pero como siempre tu excelente texto me lleva a ello. Gran película. Un abrazo

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    1. Tengo de Tod Haynes la anterior, Víctor, en un devedé que todavía está precintado y ya no recuerdo si venía con algún otro o qué. Así que me faltan antecedentes, que trataré de subsanar en cuanto pueda: lo cierto es que le tengo ganas.
      Pero en esta, quizás porque entreveo una cierta "dejadez" cuando observo un grano feo en algunas escenas (que ya lo vi en el cine y lo veo ahora y también incluso en fotografías de la película en alguna web, o sea, que no soy caso único) dejadez que se abandona un poco, ante una historia con bastante potencia, quedando en muy correcta, pero floja, para lo que hubiera podido ser.
      La novela te la lees en plis plas y te encantará, fijo.
      Un abrazo.

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  8. Desde comienzos de los cincuenta, el éxito de las pulp fictions sobre lesbianas fue tan abrumador que se convirtió, de la noche a la mañana, en uno de los géneros más lucrativos de la industria de la edición barata, de venta en todos los kioscos americanos. Este es el contexto en que aparece El precio de la sal, título original de esta novela publicada por Patricia Highsmith bajo el seudónimo encubridor de Claire Morgan. Sus grandes ventas se produjeron al año siguiente de su primera edición en pasta dura, más prestigiosa, cuando se publica la edición en bolsillo, comprada por casi un millón de lectoras (y un puñado de lectores morbosos y gays simpatizantes) con el sentimiento de que, por fin, se hacía justicia al amor entre mujeres sin castigarlo en exceso con la moral victoriana predominante.

    Sin apenas pensarlo, Highsmith colaboró con sus hermanas sexuales (entre las que sobresale Ann Bannon, autora de dos novelitas curiosas: Soy una mujer y Soy un bicho raro) en enriquecer un subgénero melodramático y sensacionalista que daba cuerpo expresivo, como anunciaban sus escandalosas portadas, a los deseos inconfesables de muchas estudiantes, trabajadoras y amas de casa (contraviniendo los principios morales de la novela rosa, con la que, por otra parte, se emparentaba en modos narrativos y estilo). Para la viciosa Highsmith, la escritura febril de esta novela fue la ocasión de vaciar su corazón o sus entrañas como quien vacía un cenicero lleno de colillas en el cubo de la basura para poder reutilizarlo lo antes posible. De hecho, gran parte de los elementos más atractivos del libro tienen un correlato autobiográfico en la intensa historia de amor que vivió a mediados de los cuarenta, siendo aún una jovencita inquieta como Carol, con la seductora dama filadelfiana Virginia Kent Catherwood.

    Para completar el círculo de vida y literatura, Highsmith acabaría teniendo, a finales de esa misma década, un lío de una noche en un bar de ambiente y, más tarde, una relación apasionada y tortuosa con una de las autoras más reconocidas del género: Marijane Meaker (conocida también por uno de sus múltiples seudónimos, el más butch: “Vin Packer”), groupie juvenil de Highsmith y autora de Spring Fire, novela seminal de la ficción lésbica. Muchos años después, a comienzos del nuevo siglo, Meaker publicaría unas sorprendentes memorias tardías (Highsmith: A Romance of the 1950´s), donde desveló muchas de las claves de su relación íntima con la perversa creadora de Ripley en aquella edad dorada del Greenwich Village neoyorquino. El lesbian pulp es, en este sentido, uno de los fenómenos más llamativos de la cultura de masas de los cincuenta en América y no en vano la mayor colección de primeras ediciones de estas novelas peculiares se atesora en la Universidad de Duke (Carolina del Norte).

    Ha habido que esperar mucho tiempo, sin embargo, para que un director idóneo (Todd Haynes, tan diestro en la estética de los géneros cinematográficos como sensible a la problemática sexual del género) se decida a adaptar al cine una novela de la idiosincrasia de esta. Carol se estrenó con éxito de crítica en el Festival de Cannes, y, cuando se estrenó en el resto del mundo libre (es un decir), no fue considerada como una de las grandes películas del año, en la estela provocativa, por ejemplo, de La vida de Adèle…

    Y para bajar mi lamentable humo seudointelectualoide, mi querido Josep, te puedo decir que siempre he soñado con meterme en la cama con un par de lesbianas.

    Abrazos, amigo mío.

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    1. Lo que me resulta curioso, amigo Paco, es que después de semejante éxito (cuenta la autora que se agobiaba con la cantidad de cartas que recibía de sus lectores, agradeciéndole la normalidad que imprime a la relación lésbica) la Highsmith jamás volviera a tratar el tema, no digo en la misma forma, pero por lo menos abundar en la temática: evidentemente sus propias vivencias ya las dejó bien expuestas y tras ello decidió dedicarse a otra cosa, mariposa, que le satisfaciera más. Nada que objetar, por supuesto. Pero raro, raro es.
      La película podría haber sido mejor, hablando en comparación con la novela, pero esto es algo muy común: la de la famosa Adéle no la he visto y no me emociona mucho, porque me huelo la tostada después de ver tanta propaganda: ésta me pilló de sorpresa al punto que me provocó la curiosidad por leer la novela, aunque ciertamente si no estuviese Higsmith por en medio probablemente no me hubiese esforzado tanto...
      Ese sueño tuyo, querido Paco, bien mirado, es una pesadilla, ¿no crees?
      Un abrazo.

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  9. No, hombre, no. Tú te aferras a la realidad más cruda y de esa manera no se puede ir uno a la cama con nadie. Yo me refería a una de esas secciones de pelis porno, donde todo se deja llevar por la imaginación y todo el mundo está de acuerdo con todo. Ja ja ja.

    Y ahora vamos al tejado de zinc, para conocer a esa gata, y también al bueno y borrachuzo de Williams.

    Abrazos

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    1. Siendo así, Paco, no te falta razón... jajajaja...

      Un abrazo.

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