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divendres, 22 de juny del 2012

Secundarios de Lujo (27)






Gloria Hallward nació en la soleada California en el seno de un matrimonio formado por un arquitecto descendiente del rey Eduardo III y una profesora de arte dramático cuyos genes desarrolaron en la jovencita aspiraciones artísticas que la llevaron a la más fría y lejana Nueva York, llegando a trabajar en los escenarios de Broadway donde, mira por donde, Louis B. Meyer se fijó en ella y la fichó para que volviera a su estado natal, a California, más concretamente a Hollywood, aunque pronto se la traspasó, dando muestra de craso error, a la RKO.

Allí, la jovencita, con apenas veinte años cumplidos, empezó a participar en alguna película tomando el nombre artístico de Gloria Grahame y con apenas veintitrés añitos ya empezó a llamar la atención poderosamente a la más mínima ocasión que el gran Frank Capra le daba en su archiconocida It's a Wonderful Life (1946) en la que Gloria se apropia limpiamente de sus escenas, anunciando la que iba a ser prodigiosa carrera como actriz de reparto.

Al año siguiente, 1947, intervino en la película Crossfire que recientemente comentamos: de nuevo, su presencia reviste importancia en la trama y su impronta permanece en la retina del espectador, fijando el personaje de forma indeleble: mujer sexy, sola, independiente, quizás no tanto.

A pesar de disponer de una buena voz y siguiendo la costumbre habitual en el star system, su voz fue doblada en diversas ocasiones en escenas en las que canta, como en la película Song of the Thin Man (1947) en la que ya se muestra como deseable por más de un varón, quedando la bella como causa u origen de rencillas por obtener sus sonrisas.

Nuevamente doblada en su voz, queda patente en esta escena que una canción, en manos de la bella Gloria, era un medio para expresar una sensualidad arrebatadora, aunque sea a costa de despertar los celos de una esposa: los coqueteos llevan a una mujer a la cama de un hospital en Woman's Secret. Maureen O'Hara no está para bromas con respecto a Melvyn Douglas en esa película de 1949 de Nicholas Ray (a la sazón esposo de Gloria Grahame)

En 1950, de nuevo bajo la dirección de Nicholas Ray, se encuentra con Humphrey Bogart en In a Lonely Place, en un ambiente enrarecido por el divorcio entre la actriz y el director. Ella interpreta a la vecina de Bogart, sospechoso de un asesinato; entre ellos crece una historia de amor que se complica con la investigación y el carácter de él.

De nuevo podemos verla interpretando una canción, en este caso del gran Cole Porter: la canción Ace in the hole, en la película Naked Alibi su voz la dobla Jo Ann Greer pero su magnética pesencia se come la escena.

En The Great Show on Earth, (1952) de Cecil B. DeMille, su belleza está a punto de desaparecer y se libra gracias a Charlton Heston; es de ver que Gloria se mueve con soltura entre elefantes, muestra de su profesionalidad, en una caracterización muy propia, la de una mujer que acostumbra a sacar de quicio a sus enamorados.

En 1952, con apenas veintinueve años, Gloria Grahame se halló a las órdenes de Vincente Minnelli que, casi sin proponérselo, consiguió con The Bad and the Beautiful una obra maestra que encanta a los cinéfilos, una historia del mundo del cine que resulta apasionante y por cuya intervención en ella Gloria Grahame consiguió el premio Oscar a la mejor actriz secundaria

Al año siguiente regresa al cine negro, su lugar de residencia por excelencia, interviniendo en The Big Heat, Fritz Lang, 1953, con Glenn Ford y Lee Marvin, y nos depara una de esas escenas que han devenido en inolvidables, cuando ella, después de haber estado con el policía, regresa a la guarida del gángster proclive a maltratar a las mujeres y claro, luego ya nada será igual...

Resulta evidente que Gloria Grahame como actriz, aparte de sus muchos problemas personales, tuvo que ser profesional a carta cabal, porque al año siguiente comparece de nuevo a las órdenes de Fritz Lang en Human Desire (1954) la deseada traslación a la pantalla de la densa novela de Emile Zola, un dramático relato de tres voluntades preñadas de romanticismo exacerbado, deseo y violencia, otro hito que no sería lo mismo sin la perturbadora presencia de Gloria Grahame, capaz de enloquecer a sus amantes.

Repasar someramente las trayectorias de artistas como Gloria Grahame tiene una doble vertiente: por un lado, uno se asombra de la cantidad de buenas películas en las que ha intervenido y, por otro, resulta una tentación descubrir que todavía hay alguna pequeña joya a descubrir, por ejemplo, como la cinta dirigida por Stanley Kramer en 1955, Not as a Stranger, en la que las artes seductoras de Gloria Grahame resultan insoportables por el muy duro Robert Mitchum que no tiene más remedio que sucumbir...

El mismo año 1955, demostrando su versatilidad y amplitud de registros, interpreta con bastante sentido del humor a un personaje de la célebre comedia musical Oklahoma, exitosa comedia debida a los celebérrimos Rodgers & Hammerstein, todo un cambio de registro para Gloria Grahame.

Sus demonios personales y la llegada de los temidos cuarenta afectaron sus relaciones con la industria del cine: prosiguió una carrera televisiva y teatral volviendo a los escenarios en algunas estimables ocasiones, y falleció, víctima de un cáncer, con cincuenta y siete años de edad, en 1981. Nos queda, para recordarla, un ramillete de películas impresionantes, en las que su presencia nunca queda desapercibida.



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dilluns, 28 de maig del 2012

Secundarios de Lujo (26)



Nacido a finales del siglo diecinueve en el seno de una familia de clase trabajadora, el padre chófer y la madre pianista(acompañante para el cine silente, toda una premonición), el joven Howard Hoagland Carmichael aprovechó su innata facilidad para la música, herencia genética materna, para costearse a principios del siglo veinte sus estudios que acabaron con él ejerciendo de abogado en 1926.

El trato con gentes de la farándula musical de la calidad de Bix Beiderbecke y el éxito de sus primeras composiciones dieron como resultado que el joven letrado, tomando el nombre Hoagy Carmichael decidiera abandonar las lides forenses para dedicarse en cuerpo y alma a la música, por suerte para todos los aficionados.



Su éxito fue fulgurante y su popularidad enorme, dando como resultado el ofrecimiento a realizar pequeñas intervenciones en películas en las que, en un momento u otro, iba a sonar alguna de sus composiciones, bien ya editadas, bien propiciadas adrede y ex-profeso, como ocurriría en su primera aparición en pantalla, en la película que ya se comentó en este bloc de notas, Topper, protagonizada por Cary Grant y Constance Bennet, en cuya reseña se indicaba la circunstancia y se proponía visualizar este vídeo que dejaba bien claro ya en 1937 que las canciones del amigo Hoagy iban a ser versionadas muchísimas veces con diferentes ritmos y coloridos.

Podemos estar de acuerdo en que situar a este caballero como secundario de lujo, vistos los antecedentes, es algo discutible, pero si tenemos en cuenta la enorme calidad musical y la naturalidad con que desarrolla las frases que le corresponden, desafío a cualquiera que me indique un músico semejante que componga y cante con esas compañías tan especiales, como el día en que saltaron chispas entre el veterano Humphrey Bogart y la jovencísima Lauren Bacall bajo la atenta mirada de Howard Hawks en To have and have not (1944)

Al año siguiente podemos ver a Hoagy acompañando a George Raft y Claire Trevor en una historia de venganza titulada johnny Angel (1945) y se constata que las apariciones de Hoagy, más allá de cantar alguna de sus piezas, como esta Memphis in June, se extendían personificando caracteres que forman parte de la trama y como tales son reconocidos en los créditos.

Al año siguiente, nuestro músico actor se puso a las órdenes de Jaques Tourneur para formar parte de Canyon Passage (1946),una película que resultaría un gran éxito comercial, acompañado como iba de Dana Andrews, Susan Hayward, Brian Donlevy y Andy Devine entre otros, recibiendo Hoagy una nominación al oscar por una canción, pero ahora veremos otra, I'm getting married in the morning en la que vemos a varios de sus acompañantes.

Quizá para completar el año, en el mismo 1946 Carmichael se unió de nuevo con Dana Andrews en una película protagonizada también por Fredric March y un notable elenco de damas, todos bajo las férreas órdenes del gran William Wyler que se entretuvo a contemplar qué les ocurre a quienes pierden los mejores años de sus vidas (The best years of our lives) nuevamente reconocido como secundario en los créditos.

Cuatro años más tarde, en 1950, Hoagy Carmichael fue llamado por Michael Curtiz para que incorporara un personaje con el que tenía no pocas coincidencias, relator de parte de la vida de un joven trompetista en la película Young man with a horn (El trompetista) protagonizada por un joven e impetuoso Kirk Douglas acompañado por una lozana Doris Day y la siempre interesante belleza de Lauren Bacall, película poco vista pero muy interesante, sobre todo para los amantes del jazz, versando figuradamente sobre Bix Beirdebecke.

Incluso en las películas más previsibles, mezcla de comedia romántica con policial, como la película de 1952 Sucedió en Las vegas (Las Vegas story) dirigida por Robert Stevenson, el bueno de Hoagy encuentra el momento de llamar a su lado a un bellezón como Jane Russell para darle la oportunidad de acabar de rematar la faena con su amado Victor Mature, todo ello declarando tener muy poca resistencia.

Hoagy Carmichael ha tenido pues sus momentos cinéfilos de forma personal, directa e intransferible, pero aún así, su contribución al cine se cifra en más de doscientas películas en las que se usa como parte de la banda sonora alguna de sus composiciones. Porque Hoagy, ante todo, fue un excelente compositor y alguna de sus canciones permanecen en el bagaje sonoro del pasado siglo con tantas versiones que muchos tienen la impresión que se trata de "música popular" cuando lo cierto es que tienen un autor que, de haberlo querido, podría haber vivido de las rentas de dos de sus canciones, compuestas en 1928 y 1930.

Preferiría poder enlazar muchas versiones, pero la prudencia me lo impide, así que me limitaré a enlazar tan sólo dos, una instrumental y otra cantada, de la canción Stardust:

Ben Webster, en mi opinión el más grande saxo tenor que ha conocido el mundo del jazz (y es decir mucho) agarra la melodía y le da unos aires fantásticos en una versión añeja y conocidísima

Y otro genial músico, el gran pianista Nat King Cole, en su faceta de cantante dotado de una voz aterciopelada, juega con las palabras escritas para la ocasión por Mitchell Parish y canta así.

Para quienes no hayan entrado todavía en el adictivo mundo del jazz (ellos se lo pierden) podemos llamar la atención acerca de una canción famosísima que, ¡sorpresa! fue compuesta en el lejano año 1930 por nuestro inefable Hoagy Carmichael, con letra de Stuart Correll, una cancioncilla que nadie dirá que jamás ha oído y que ya pueden escuchar: Georgia on my Mind que popularizaron Ray Charles con aires de blues y Willie Nelson con aires de balada country más tarde.

Bueno, va: otra más: escuchemos a la gran Billie Holiday cantando otra canción de Hoagy: I get along without you very well (Except sometimes)

La lista de intérpretes de primerísima fila del jazz de todos los tiempos que han versionado canciones de Hoagy resulta interminable y por suerte podemos recuperarlas...

Tal como yo lo veo, un verdadero lujo poder contar con Hoagy Carmichael como secundario: no puedo más que imaginar los ratos de espera entre escena y escena y el piano en medio....



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divendres, 18 de febrer del 2011

Secundarios de Lujo (25)




Aunque solo fuera por llevar más de cincuenta años trabajando en esto del cine ya tendría el amigo George Kennedy un lugar en esta mini-sección, sin tener en cuenta que su carrera sobrepasa los ciento setenta títulos entre películas y series televisivas.

Con una presencia física formidable, su más de metro noventa y su grave vozarrón le sirvieron para ser uno de esos actores que aparecieron en muchas películas a lo largo de las décadas de los sesenta y setenta, cuando los malos daban miedo de verdad y los héroes no eran precisamente canijos.

Seguro que todos recordamos al malvado manco de Charada, al guasón militar de Doce del Patíbulo, al opaco agente de Licencia para matar entre sus muchos personajes.

Hoy he querido regalarle esta entrada como secundario que ha sido -y sigue siendo todavía- en muchas cintas de todo tipo, un rostro familiar para el cinéfilo; hoy, precisamente, porque es el cumpleaños de George, que hace tiempo, en 1967, consiguió el reconocimiento de sus compañeros de profesión, el Oscar, por su trabajo en la película Cool Hand Luke (La leyenda del indomable) en la que primero se peleaba y luego escoltaba a Paul Newman.

Hoy George cumple 86 años. ¡Felicidades, George!

Y sigue trabajando....




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divendres, 21 de gener del 2011

Secundarios de Lujo (24)



Si empezáramos diciendo que este intérprete jamás recibió ningún galardón por su trabajo siempre podría salir algún listillo asegurando que claro, habiendo iniciado su carrera pública como deportista en los campos universitarios y careciendo de estudios melodramáticos, como iba a recibir nada.

Tanto como nada tampoco es que sea cierto, porque llegar a trabajar en doscientas setenta y una producciones, la mayoría películas, en un período de treinta y un años, viene a significar que algo bueno le verían en la industria hollywoodiense que de caritativa nadie la ha adjetivado que se sepa.

Si además el buen hombre llegó a trabajar en un año en más de treinta películas, está claro que le reclamaban sin cesar.

Nacido a primeros del siglo pasado, en 1903 en un pueblo de Nebraska, Wardell Edwin Bond se crió de jovencito en Denver y luego se trasladó a la universidad en California donde formó parte del equipo de fútbol americano coincidiendo con un tal Marion Morrison con el que mantuvo a lo largo de toda su vida una fuerte amistad.

Ambos conocieron el cine como extras y el tal Marion empezó a aficionarse a esto de trabajar en el cine y, como quien no quiere la cosa, el joven Ward Bond se estrenaría con su amigo en 1929 en papelitos de relleno y ya no pararían de trabajar en el cine hasta su defunción: Ward Bond casi siempre en papeles de secundario, componiendo perfectamente tipos duros, con carácter, ocasionalmente también dotados de rasgos humorísticos, por lo que se cuenta, casi como era él personalmente.

La evidencia de su valía persiste en la memoria cinéfila y vamos, si les parece, a dar un pequeño vistazo a algún que otro momento de su carrera.

Advierto que hay un peligro: puede uno quedarse con las ganas de ver otra vez cualquiera de estas películas que han sido elegidas prácticamente al azar, pendiente de su existencia en la red; podría haber escogido otras tantas, y seguiríamos con ganas de volver a verlas.

Fíjense, si les place, en los compañeros de rodaje de Ward Bond:

En The maltese falcon (1941) hace una pregunta que obtendrá de Humphrey Bogart una respuesta ya mítica.

Al año siguiente, su composición de un célebre boxeador le enfrenta en Gentleman Jim (1942) a un Errol Flynn que estaba en su apogeo: a Ward le tenían que haber premiado por su trabajo.

Casi seguro que pocos se acuerdan de su trabajo a las órdenes de Capra en la célebre It's a wonderful life (1946) donde acaba de encontrar al perdido James Stewart.

Valiendo lo mismo para un barrido que para un fregao, aquí podemos verle marcándose unos pasos de baile en Fort Apache (1948) y compartiendo escenas con Henry Fonda y John Wayne (su amigo Marion)


Tan amigo de John Ford como de Wayne, el gran director demostró gran confianza en Ward Bond y justo es afirmar que nunca le defraudó; la de Ward es la voz en off que nos guía en la obra maestra The Quiet Man (lo siento: los vídeos de youtube están bloqueados) y en otra obra maestra The Searchers (1956) Ford se vale de Ward Bond para explicar, focalizando su rostro, toda una historia.

¿A que sí que apetece ponerse a ver cualquiera de esas grandes películas? Estaban advertidos...

Pues ése es el premio que se llevó Ward Bond, un actor secundario sólido, un tipo con agallas, de esos que daban seguridad a cualquier escena en la que aparecían.





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divendres, 18 de juny del 2010

Secundarios de Lujo (23)




I have this theory about words. There's a thousand ways to say `Pass the salt.'It could mean, you know, `Can I have some salt?'; or it could mean, `I love you.'; It could mean `I'm very annoyed with you'; really, the list could go on and on.; Words are little bombs, and they have a lot of energy inside them.


La que precede no es ni mucho menos una mala teoría para lo que venimos en llamar en castellano antiguo un "cómico de la lengua": quizá si muchos de los intérpretes actuales respetaran en la misma forma el enorme potencial de la palabra bien dicha, otro gallo les cantara y a nosotros, sufridos cinéfilos, de rebote, también; claro que esta actitud denota una inteligencia que se supone pero no está presente siempre.

Evidentemente no es el caso del amigo Walken, nacido hace ya sesenta y siete años en el barrio de Queens, Nueva York, hijo de un panadero que le puso el nombre de Ronald: parece que no le halló fuerza artística y ya que su vocación desde muy joven
le llevaba a las tablas, lo cambió por el de Christopher Walken aunque luego, para los amigos, decidió recortarlo y dejarlo en Chris.




























Walken pisó muchos escenarios de teatro representando todo tipo de obras tanto dramáticas como musicales antes de aparecer en una pantalla de cine y aun tardó un poquito en llamar la atención de todos, crítica y público, por su breve actuación en una película de Woody Allen: seguramente pocos recordarán de memoria la magnética presencia de Walken en Annie Hall (1977), donde podemos ver a Walken, ya con treinta y cuatro años, en su primer atraco a mano armada de una escena, aunque
su oponente sea el mismísimo director de la película, al que infunde pánico.

Al año siguiente obtuvo el Oscar por su magnífica actuación como secundario en The Deer Hunter y a partir del descubrimiento más que reconocimiento del talento de Walken, no ha parado de trabajar, aprovechando una característica muy suya que le permite interpretar con mucha solvencia cualquier personaje que se le encargue: tiene una asombrosa facilidad para cambiar su aspecto con apenas un tinte de pelo y unas lentillas siempre, naturalmente, ayudado por su inmenso talento que le permite ofrecer una gestualidad apropiada, un leve matiz distinguible solo en los grandes intérpretes.

Claro que Walken tiene un vicio reconocido, una pasión muy confesa: le hubiera encantado ser bailarín profesional, ser reconocido como un gran bailarín, y es por ello que, a la más mínima. se pone a bailar: la primera muestra de su facilidad la dió en Pennies from heaven 1981

A la vista de su carrera, tan abundante, cualquiera diría que Walken es un caso de actor estajanovista que aprovecha todas las ofertas que se le hacen para ganar un buen dinero, sin importarle la bondad del proyecto en el que se dispone a intervenir: ello, que en algunos es cada vez más evidente, tiene en Christopher Walken una excepción, porque para Walken, lo mismo que para cualquier Secundario de Lujo de los que en esta sección aparecen, no hay papeles pequeños: todos merecen su atención al máximo, y el resultado se nota en pantalla inmediatamente.

Veamos unos ejemplos de mediados los noventa, época en la que Walken trabajó muy intensamente, pero primero leamos una frase suya que demuestra claramente su profesionalidad:

I put aside an hour every day to go over that monologue (On Pulp Fiction, 1994) again and again for months, and every time I got to the end of it, I would crack up.

En True Romance 1993 es un mafioso siciliano compartiendo escena con el recién fallecido Dennis Hooper

En Nick of Time 1995 es un policía corrupto, robándole la escena a Johnny Deep

En Things to do in Denver when you're dead 1995 aprovecha para darle un repasito al entonces ascendente Andy García.

En The Funeral 1996, de nuevo a las órdenes de Abel Ferrara, se muestra de nuevo como mafioso, demostrando que sigue siendo uno de esos tipos que, frente a la cámara, sigue dando miedo, porque nunca sabe cuando te va a pegar un tiro...

En Romance and Cigarettes 2005 demuestra estar muy en forma pasados los sesenta.

En cualquier escena, Walken se aplica a fondo y aunque la película al final no sea nada del otro mundo, seguro que, al salir del cine, el cinéfilo recordará aquel momento especial en el que Christopher Walken ha sabido fagocitar la atención de la sala y mantenerla en suspenso: por ese motivo es tan respetado en la profesión y por eso no podía faltar en esta sección.


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divendres, 21 de maig del 2010

Secundarios de Lujo (22)







Nacido en Johannesburg, Sudáfrica, en el año 1892, el joven Philip St. John Basil Rathbone alcanzó con el tiempo un físico impresionante para su época, pues su altura (casi metro noventa) y su corpulencia acompañaban un rostro afilado y varonil, con esa clase de miradas que a uno le dejan helado y (supongo) a más de una derretida sobre todo cuando con su profunda, melodiosa y bien cuidada voz se disponía a recitar cualquier texto clásico.

Porque nuestro protagonista de hoy, que alcanzó fama y merecido reconocimiento con su nombre artístico de Basil Rathbone, sin duda alguna fue un gran actor al que la suerte -tan injusta en ocasiones- primero le redujo a secundario de lujo, contrafigura malvada de grandes héroes y luego, cuando alcanzó justo protagonismo, le encasilló como quizá a ningún otro intérprete le haya podido suceder, dando por buena la conocida frase de "morir a causa del éxito".

Morir no fue el caso, pero sí una gran limitación de oportunidades.

Por la época que le tocó vivir, Rathbone llegó a participar en la Primera Guerra Mundial, licenciándose con reconocimiento a su valor; su vocación artística centrada en el teatro le permitió trabajar en las tablas escénicas londinenses donde interpretó a Shakespeare en Londres y sus éxitos le llevaron de gira ocasional a los ambientes de Broadway, de donde pasó a trabajar en el cine silente en el que su porte no podía pasar desapercibido de ninguna forma.

El advenimiento del cine sonoro le dió nuevas oportunidades porque su físico iba acompañado de una espléndida voz y una dicción propia de los actores teatrales de la escuela inglesa, toda una garantía.

Su facilidad como esgrimista le permitió alternar con grandes estrellas en la primera de una serie de grandes películas de aventuras, Captain Blood (1935) en la que se enfrentaba por primera vez, como el gran villano Levasseur al héroe incorporado por el afamado Errol Flynn, con quien compartiría cartel, tres años más tarde, en la no menos afamada versión de Las Aventuras de Robin Hood, donde Rathbone daba cuerpo a Sir Guy de Gisbourne.

En 1939 se enfrentó a otro grandísimo ladrón de escenas, Vincent Price, en un extraño duelo en Tower of London y aun tuvo tiempo de inaugurar una larga serie de interpretaciones de Sherlock Holmes en El Sabueso de los Baskerville y, en el mismo año, demostrar su versatilidad incorporando de nuevo a Holmes en Las Aventuras de Sherlock Holmes, cantando y bailando cuando Sherlock decide disfrazarse y hacerse pasar por otro, tal como ya vimos el miércoles pasado


Al año siguiente, 1940, vuelve a interpretar a un malvado espadachín, el capitán Esteban, en El Signo del Zorro, donde se ofrece como contrafigura malvada del héroe incorporado por Tyrone Power, de nuevo en una película clásica y mítica donde las haya.

Pero el éxito obtenido por su interpretación de Sherlock Holmes (para este comentarista, el mejor de la historia del cine habido y por haber) le encasilló de mala manera y limitó las oportunidades de representar otros caracteres, ya que el público espectador no podía olvidar tan fácilmente su enorme identificación con el héroe que vive en Baker Street.

Aun así, la carrera de Rathbone es más variada de lo que podemos recordar en un instante, pues alcanza la friolera de ciento veinte interpretaciones desde 1921 hasta 1968. Rathbone dedicó buena parte de su tiempo al teatro, donde obtuvo grandes reconocimientos en Broadway, y le sobró tiempo para intervenir en toda clase de proyectos.

Por ejemplo, en una versión de un relato de Charles Dickens, rodada en 1958, que puede verse entera siguiendo estos tres enlaces:

Scrooge de Charles Dickens

1 de 3

2 de 3

3 de 3


Tres años antes, en 1955, contando pues con sesenta y tres años, todavía fue capaz de reirse de sí mismo mientras ofrecía su última clase de esgrima en The Court Jester (1955), cuya escena todavía causa admiración a los entendidos en el arte del florete por su destreza.

Puede que alguien pretenda reducirle al gran esgrimista que fue (a pesar de no haber ganado nunca una lucha en pantalla) pero a buen seguro que, escuchar su magnífica voz como rapsoda despejará no pocas dudas acerca de su enorme talento como actor: a buen seguro, los grandes héroes que triunfaron venciéndole jamás hubieran sido tan grandes sin la presencia, como oponente, del magnífico secundario que fue Basil Rathbone.






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dimecres, 3 de març del 2010

Secundarios de Lujo (21)




En esta sección no han aparecido muchos ilustres secundarios que aun estén ofreciendo su arte, porque la figura del gran secundario, ese intérprete que eleva con su trabajo y presencia cualquier escena, está un poco de capa caída; lejanos son los tiempos en que los grandes secundarios poblaban las películas que nos tienen a los cinéfilos enamorados, debido a que sus guiones daban juego a todos, permitiendo que un secundario, en una brevísima escena, se luciera con toda la intensidad.

Ello nunca ha sido un obstáculo para que la siempre joven de ánimo Judi Dench, hace años distinguida Dama de la escena británica, se luciera con cualquier clase de carácter que le confiaran.

La menuda Judith Olivia Dench, nacida un 9 de diciembre de hace ya unos cuantos años en Inglaterra, mundialmente reconocida por cinéfilos de cualquier nacionalidad, tiene un historial de premios y reconocimientos debidos a su excelente trabajo que, contemplados detenidamente, asombran a cualquiera.

Forjada -como la mayoría de sus compatriotas- en la rigurosa escena londinense que tiene la sana costumbre de ofrecer muy a menudo versiones de las magistrales piezas de Shakespeare, la Dench es una actriz enorme que ha llegado a conseguir dos galardones Laurence Olivier por dos personajes distintos en diferentes piezas teatrales de una misma temporada. ¡Ahí es nada!

Por suerte para los cinéfilos que no podemos asistir a la temporada londinense de teatro, de vez en cuando se asoma a la gran pantalla en muchas ocasiones como secundaria de verdadero lujo, ya que también interpreta, ocasionalmente, papeles protagónicos.

Su último trabajo, eficiente como siempre, no ha merecido nominación a la próxima ceremonia de los Oscar: me refiero a su participación en la película Nine, en la que demuestra hallarse todavía en plena forma, cantando el número Folies Bergère (lo siento: repaso a última hora y ha desaparecido el vídeo previsto: cosas de la estúpida mercadotecnia)

Puede que para muchos haya sido una sorpresa ver a Judi Dench cantando: no así para sus incondicionales, entre los que se cuenta este comentarista, que ya sabemos que la Dench no es, precisamente, una novata en esto del cantar. Podemos asegurarlo porque sus "fans" ya tenemos oída en más de una ocasión su excelente versión de todo un clásico de la canción, la célebre balada de Stephen Sondheim Send in The Clowns

Claro que ya en 1968 Judi interpretó en las tablas londinenses a Sally Bowles, protagonista del musical Cabaret
( la grabación es antigua y no muy buena, pero bien vale la pena el descubrimiento)

De la abundante cinematografía de Judi Dench podríamos recalar en múltiples trabajos, cuya memoria se pierde habitualmente, pero resulta difícil hallar vídeos con los que ilustrar esta entradilla.

Valga recordar que aparecía en la célebre A room with a view, todo un hito de mediados los ochenta del siglo pasado y que comparece también, en compañía de su amigo Kenneth Branagh en la versión de Henry V, como luego lo hizo en el fantástico Hamlet; su interpretación que dió más que hablar fue la que le proporcionó un Oscar, en la fantasiosa Shakespeare in Love, apenas diez minutos en escena y el premio merecidamente en el bolsillo.

Si tendrá personalidad Judi Dench que ha sido capaz de provocar un cambio de sexo inesperado para un cliché del cine de acción, el del personaje de "M" que Judi incorpora con su solidez habitual.

Espero y confío en verla todavía durante mucho tiempo elevando la categoría de cualquier escena con su presencia y admirable trabajo interpretativo.


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dilluns, 18 de gener del 2010

Secundarios de Lujo (20)





El joven Redmond O'Brien, nacido en la ciudad de Nueva York en septiembre de 1915, quería a toda costa convertirse en un émulo de Houdini y ser mago en un escenario.

No alcanzó la fama como mago, pero, desde luego, sí que consiguió con su magia encandilarnos a todos los cinéfilos cuando decidió que lo suyo era actuar y, quitando una sola letra, tomó el nombre artístico de Edmond O'Brien.

Sus primeros pasos fueron en el teatro y especialmente el clásico: iniciarse en las tablas representando a Shakespeare y a las órdenes de grandes intérpretes y directores británicos, como puede verse aquí ya da pistas al espectador acerca de lo que se puede esperar de un actor.

Como es habitual, el salto de las tablas neoyorquinas a los platós de Hollywood no se hizo esperar. El joven Edmond, como quien dice, entró en la meca del cine por la puerta grande.

Iniciar una carrera cinematográfica a las órdenes de William Dieterle, acompañando a grandes intérpretes es un bautizo al alcance de muy pocos:The Hunchback of Notre Dame (el Jorobado de Nôtre Dame, 1939)

Con un currículo grandioso, se me hace difícil detenerme en algunas pocas intervenciones de un intérprete que al fallecer en 1985, con sesenta y nueve años, dejó tras de sí más de un centenar largo de trabajos, todos encomiables. Sin ninguna característica que le hiciera especial, salvo su innegable talento, Edmond O'Brien pertenece por derecho propio a ese puñado de fantásticos actores que sostienen no pocas películas junto a estrellas de renombre.

Le habremos visto en muchos de sus trabajos y su naturalidad, tan fácil y tan difícil a un tiempo, habrá hecho que olvidemos su presencia: es lo que ocurre con los grandes característicos del cine clásico: parece que no actúen y no se les da mérito.

Veámoslo en algunas de las piezas que conforman una filmografía envidiable por los directores, por los compañeros de trabajo y por su resultado final:

Interpretando al detective de una aseguradora, hilo conductor de la estupenda primera versión del relato de Hemingway, del que ya me ocupé aquí, The Killers (Forajidos, 1946)

Ocasionalmente, tuvo la oportunidad de protagonizar alguna cinta estimable: Frank, envenenado, con una semana de vida por delante, busca a su asesino, para averiguar el porqué y hallar un antídoto (sí, ya supongo que les suena la historia) en la película de Rudolph Maté D.O.A. (Con las horas contadas, 1950)

La actriz y directora Ida lupino le confió también un papel protagónico en The Bigamist (El Bígamo, 1953)

Podemos verle en compañía de Michael Redgrave en la primera versión cinematográfica de la famosa novela de Orwell, 1984 (1956)

A las órdenes de John Ford, en su obra maestra The Man Who Shot Liberty Valance (El Hombre que Mató a Liberty Valance, 1962), representando, con su personaje, a la naciente prensa independiente, libre y valiente, aunque un poco aficionado a los licores: Mr. Peabody en acción.

Consiguió un Oscar al mejor secundario en La Condesa Descalza y luego, años más tarde, una justa nominación en un drama de corte político, a las órdenes de John Frakenheimer, Seven Days in May ( 1964)

Lo cierto es que dar un repaso a la carrera de Edmond O'Brien anima no poco a revisar bastantes películas; una de ellas, la ya mítica pieza de Peckinpah The Wild Bunch (Grupo Salvaje, 1969)

En muchas ocasiones nos viene a la mente la coletilla "ya no se hacen películas así", pero de lo que no hay duda es que ya no hay intérpretes secundarios así, como el gran Edmond O'Brien.





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divendres, 4 de desembre del 2009

Secundarios de Lujo (19)





Hoy me siento especialmente honrado de traer a esta sección a una Dama; no por el tratamiento aristocrático que le fue conferido si no, precisamente, por la virtud que originó tal nombramiento.

Margaret Natalie Smith, Maggie Smith para los amigos, es probablemente una de las mejores actrices británicas del siglo XX y por suerte para nosotros, cinéfilos, sigue en activo, a una edad que me reservaré el derecho de no mencionar, tratándose de una Dama de tanta alcurnia, un verdadero lujo para cualquier reparto.

Se puede asegurar que cualquier director admitiría a Maggie Smith en su elenco sin la más mínima duda, porque esta fabulosa actriz a lo largo de una extensa carrera cinematográfica y teatral ha sabido demostrar una versatilidad y una eficacia interpretativa sin parangón.

Su técnica, sublime, suele pasar desapercibida, precisamente, por la gloriosa naturalidad y autenticidad que imprime a todos sus personajes, sean de la ralea que sean. Ello, que para los amantes de las buenas interpretaciones es distintivo de enorme talento, para quien no suele reparar en dicho aspecto produce la sensación de una labor poco apreciable.

Una grandísima actriz que nunca ha desdeñado aparecer en papeles netamente secundarios, haciendo bueno aquello de que no hay papeles pequeños si no intérpretes incapaces de desarrollarlos.

Claro que también ha sido capaz de desarrollar caracteres de protagonista, por suerte para nosotros, cinéfilos, sobre todo, cuando era bastante más joven que hoy en día.

Así, queda en el recuerdo su interpretación de Desdémona dando réplica al amigo Larry en la que, dicen, sigue siendo la mejor versión de Othello


Eso fue en 1965, ayer, como quien dice, para Maggie, que, al cabo de cuatro años, en 1969, conseguía que los académicos hollywoodienses se rindieran a sus pies por su fantástica labor como protagonista en la película The prime Of Miss Jean Brodie


Poco después, en 1972, Maggie, con una belleza sustentada en las bellas proporciones de su osamenta facial, se avejentaba por momentos, sin miedo, para encontrarse con un viejo conocido nuestro, al servicio ambos de George Cukor, en Travels with My Aunt


Como es natural, semejante categoría de actriz ha podido con el paso del tiempo y Maggie, como otras grandes actrices, no ha conocido el típico parón que se suele producir entre las más bellas -e ineficaces- a partir de la temida cuarentena.

Así, en 1978 se convierte en una secretaria - compañera de una gruñona Bette Davis en Death on the Nile


El mismo año realiza de nuevo una espectacular como secundaria en la película "coral" basada en una pieza de Neil Simon, acompañada de Michael Caine : California Suite


En 1981 se une a una nueva versión de una pieza detectivesca de Agatha Christie, que todavía no he visto, completando un elenco de esos de lujo que se prodigaron hace tiempo; la vemos como dueña del hotel en Evil Under The Sun


Veinte años después, en 2001, el gran Altman la reclamó para que interviniera brevemente en Gosford Park


Si además consideramos que ha trabajado en teatro y televisión, podemos decir sin temor que esta Dama de la escena ha sido pródiga con nosotros, porque, desde luego, ocasiones para disfrutar de su inigualable arte no nos faltan.

Y que sea por muchos años más.

Claro que después de tantos premios y galardones, igual se decide a descansar un poco.




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dilluns, 2 de novembre del 2009

Secundarios de Lujo (18)




Quiso la casualidad que George Henry Sanders naciera en la Rusia imperial en 1906, hijo de un comerciante británico que, cuando empezó a olerse la revolución bolqueviche, tomó las de villadiego y volvió a su isla natal, donde el joven George cursó estudios normales y acabados que fueron éstos se puso a trabajar en una agencia de publicidad.

El chico tenía una planta extraordinaria: más de metro noventa de altura en aquella época no era nada usual y, además, era bastante guapo y estaba dotado de una voz extraordinaria; una de las secretarias de la compañía, que tenía aspiraciones de convertirse en actriz, una tal Eileen Evelyn Greer Garson que ya despuntaba en el teatro de aficionados, le convenció a que se introdujera en el mundo de la farándula.

De ese modo el chico, que tomó el nombre artístico de George Sanders, se inició como miembro del coro en diferentes revistas musicales, hasta que en 1934 debutó -sin mención en los créditos- en una película británica, Love, Life and Laughter.

Los cazatalentos estadounidenses no tardaron en reparar en aquel hombre joven de buena presencia y mejor voz y su salto al otro lado del Atlántico no se hizo esperar, debutando en 1936 a las órdenes de Henry King en
Lloyd's of London donde su acento británico le permitió incorporar a un personaje que ya apuntaba su especialización de caballero un tanto cínico y sinvergüenza.

Apenas cuatro años más tarde, se puso a las órdenes de otro británico, Alfred Hitchcock, para destacar luciéndose en :

Rebecca (1940)

Su buena planta le ayudó a protagonizar alguna que otra película de Serie B, incorporando a dos personajes de corte detectivesco, como Simón Templar "El Santo" y al detective Falcon, en dos películas de cierto éxito:

The Gay Falcon (1941)

Recreó como pocos lo hicieron un personaje que él hizo prototípico: un villano de mentalidad ambigua, con una maldad poco evidente, dulce en ocasiones pero peligroso como enemigo, dotado para cualquier astucia o argucia en su favor.

Podemos verle con Tyrone Power, con quien coincidió en varias ocasiones, en:

Son of Fury 1942

A las órdenes de Douglas Sirk, en una película extraña para ese director, representó perfectamente a un sospechoso de asesinar varias mujeres, en :

Lured (1947)

Consiguió ganar la estatuilla destinada al Oscar al mejor secundario incorporando a un cínico crítico teatral en la famosísima:

All about Eve (1950)

No se privó de comparecer también en cualquier género, no en vano tipos canallescos intervienen en todos, y aquí podemos verlo, enamorado de una bellísima Elizabeth Taylor, en:

Ivanhoe (1952)

Ya he referido que en sus inicios George Sanders participó como "boy" en algún espectáculo vodevilesco; por si quedara alguna duda de sus capacidades, podemos verlo interpretando la canción de Irving Berlin Marrying for Love en la película:

Call Me Madam (1953)

Nuevamente haciendo gala de saber dotar de ominosa ambigüedad a un personaje, de quien la protagonista, Barbara Stanwyck, sospecha ha cometido un asesinato, en:

Witness to Murder (1954)

George Sanders fue un actor prolífico, alcanzando ciento treinta y cinco participaciones en diferentes películas y alguna serie de televisión, acabando por incorporarse a alguna producción europea más o menos fallida, como, por ejemplo, en :

Best House in London (1969)


Ya había visto a George Sanders en muchas de sus más famosas películas en la televisión y estaba familiarizado con su rostro y sus perfectas interpretaciones de esos tipos tan peculiares, cuando una mañana de 1972 supe por el diario que, a pocos kilómetros de donde yo vivo, el bueno de George había decidido largarse con viento fresco de este mundo.

Así lo leí en el diario La Vanguardia

Parece que dejó dos notas:

"Querido mundo: Por si a alguien le interesa saberlo, ya he vivido bastante. Seguir viviendo sería un asco. Te dejo con tus conflictos, tu basura y tus cloacas sin fin. Con los mejores deseos. Sinceramente tuyo, George Sanders." (Original en inglés)

y

"Avisar a mi hermana. Hay suficiente dinero para pagar todo esto." (En castellano)





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dilluns, 28 de setembre del 2009

Secundarios de Lujo (17)





Nacido en Boston en 1935 en el seno de una familia italo-americana, John Cazale sintió desde muy joven la vocación de ser intérprete, por lo que asistió a clases en la academia Oberlin y en la Universidad de Boston. Tan pronto como acabó sus estudios, se trasladó a Nueva York, donde entabló una estrecha amistad con Al Pacino, que, como él, trabajaba como chico de los recados en la Standard Oil, a la espera de una oportunidad para demostrar sus talentos como actores.

Ambos intervinieron en la pieza teatral The Indians Wants the Bronx y posteriormente John actuó también con Robert de Niro y la que se convertiría en su prometida, Meryl Streep.

Sean buenos recuerdos o palabras cariñosas para un ausente, el caso es que Cazale, que falleció en 1978, dejó una ristra de buenos amigos que siempre hablan de él resaltando una bonhomía excepcional.

Pacino le convenció para que se presentara al casting que se realizaba para El Padrino, en la que sería su primera intervención en un largometraje, ya que, anteriormente, en 1962, había protagonizado un corto titulado The American Way (1962)

En su carrera en los escenarios había recibido muy buenas críticas, pero fue gracias a su interpretación del más débil de los Corleone, el hijo mayor, Fredo, por lo que recibió mundial consideración y popularidad:

The Godfather (1972)

Coppola quedó entusiasmado con el trabajo de Cazale, hasta el punto de incorporarlo a su troupe de actores amigos; le reclamó para una pieza muy personal, que ya comentamos aquí en su momento, creada en el tiempo de desintoxicación mafiosa, la muy especial The Conversation


Al parecer, fue el mismo Coppola el que, al pergeñar el guión de El Padrino II, decidió ampliar el carácter de Fredo, en la seguridad que Cazale sabría sacarle todo el jugo a su complejo personaje:

The Godfather II (1974)

Al Pacino de nuevo le convenció para que actuara en una película en la que entre ambos mostrarían su amistad y complicidad interpretativa; se dice que Sidney Lumet quería un actor mucho más joven, pero que Cazale, que aceptó someterse a una audición, bordó el papel de un aficionado atracador de bancos en:

Dog Day Afternoon (1975)

Su última incursión cinematográfica representó una vuelta a sus orígenes, ya que en el reparto hacía apoyo a su amigo Robert de Niro y a su prometida Meryl Streep. La cinta, dirigida por Cimino, vió alterarse su logística debido a que, apenas empezado el rodaje, se supo que Cazale padecía un terrible cáncer de huesos, sin solución posible. La productora quiso despedir a John, pero Meryl, que ya era una estrella, aseguró que ella se iba con él. Cimino lo dispuso todo para filmar las escenas de John Cazale primero que todo. John Cazale falleció antes del estreno de :

The Deer Hunter (1978)

Sin embargo, su película póstuma fue El Padrino III ya que Coppola quiso rendirle homenaje y sacó del archivo algunos fragmentos, para que también en la tercera parte de la trilogía Cazale apareciera.

No deja de ser curioso que un actor como Cazale, que intervino sólo en cinco largometrajes, sea recordado por la cinefilia como uno de los más grandes secundarios del cine; evidentemente no falta razón en esa consideración, ya que no por nada todas y cada una de esas películas concitaron en su momento muy buenas críticas y obtuvieron diversos galardones.

La contribución de Cazale, hábil y serio actor capaz de presentar personajes perdedores con gran eficacia, consiguiendo ser recordado pasados ya más de treinta años de su fallecimiento como uno de los grandes, a buen seguro tuvo su importancia.

Maldito cáncer, que nos dejó sin un actor que nos hubiera asombrado una y otra vez.



p.d.: Espero que los vídeos aguanten por lo menos una semanita, porque esta entrada me ha vuelto loco a causa de las desapariciones en youtube.



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divendres, 17 de juliol del 2009

Secundarios de Lujo (16)




Hay un dicho, un refrán, una frase hecha, que viene a decir que no hay, en el mundo de los actores, papeles pequeños para los buenos actores.

Esta premisa se cumple con todos los que aparecen en esta sección, pero hay que remarcar que, en el caso de Karl Malden, cabe añadir la enorme versatilidad y diferencia de caracteres que, a lo largo de su vida representó para goce de nosotros, cinéfilos, de nuevo en luto a causa de la insaciable parca que decidió llevárselo hace pocos días, recién inaugurado este mes de julio.

Nacido en 1912 en el seno de una familia de inmigrantes asentados en los suburbios obreros de Chicago, Mladen George Sekulovich, de padre serbio y madre checa, no empezó a hablar inglés hasta que llegó a la guardería; de joven trabajó en las acererías que proveían la industria del automóvil hasta que, siguiendo su vocación por el teatro, acabó debutando en Broadway en 1937, donde atrajo la atención de Elia Kazan, iniciando una colaboración muy fructífera par ambos, representando piezas de los grandes autores de la época, Arthur Miller y Tennesse Williams.

De ahí a la gran pantalla el paso fue simple pero laborioso, adoptando pronto el nombre artístico de Karl Malden con el que ha pasado a la historia cinéfila.

Once años tardó Malden en ver su profesionalidad recompensada con el Oscar al mejor actor secundario por su representación de Mitch en

A Streetcar Named Desire (1951):



No deja de ser curioso que un actor tan sólido como Karl Malden, usualmente ocupado en papeles secundarios, tan sólo recibiera en toda su carrera una sola nominación más, de nuevo a las órdenes de Kazan, en

On the Waterfront (1954)



Malden demostró ser capaz de afrontar cualquier clase de tipo, alejándose del leve encasillamiento que observamos en otros grandes secundarios: gente de fiar, locos imprevisibles, pillos.

Baby Doll (1956)




Probablemente, la escasa fotogenia de su rostro, con esa nariz tan prominente y mal formada, le alejó de los protagonistas al uso, pero está clarísimo que el gran Karl Malden no desaprovechaba ni una sola de las líneas que le permitían lucirse, incluso en una película "infantil" fruto de la factoría Disney:

Pollyanna (1960)



Prueba irrefutable de su versatilidad, podemos verlo cantando y bailando en una de sus escasísimas incursiones en las facetas musicales de un personaje; sin destacar, pero sin hacer el ridículo, con Rosalind Russell y Natalie Wood en

Gypsy (1962)



A las órdenes de un antiguo actor, Paul Henreid, acompañando a la grandísima Bette Davis en una de sus últimas incursiones cinematográficas, en

Dead Ringer (1964)



No fueron muchos los westerns en los que participó, pero también dejó huella en el género, acompañando a Steve McQueen a las órdenes de Henry Hathaway, en

Nevada Smith (1966)



La carrera de Karl Malden, con casi sesenta largometrajes en su haber, muchas películas alimenticias y otras muy interesantes, era recordada con orgullo por el protagonista de hoy al ser entrevistado por Larry King en su espacio televisivo de gran audiencia. Karl Malden, como no podía ser menos, se muestra verdaderamente orgulloso tanto de su condición de actor secundario en el cine como del éxito que obtuvo en diversos trabajos para la televisión:



Sin duda, motivos sobrados tenía en su orgullo. Uno de los grandes.





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divendres, 12 de juny del 2009

Secundarios de Lujo (15)






Hasta ahora, en esta mini sección dedicada a recordar grandes intérpretes secundarios, todos los que han aparecido están ya en el descanso eterno, salvo el gran Eli Wallach.

Lo que ya es excepcional es que después de tantos años, el pasado 19 de abril, la protagonista de hoy recibiera uno de los premios Tony del teatro por su labor la temporada pasada.

Veamos, si les parece, el momento:





Nacida en Londres el 16 de octubre de 1925, es decir, hace más ochenta y tres años, Angela Brigid Lansbury, hija de una actriz irlandesa y de un político, tuvo el apoyo de su madre para dejar los estudios normales a una edad muy temprana e ingresar en la escuela de teatro del Old Vic londinense.

El advenimiento de la guerra y problemas familiares con su padrastro (habiendo fallecido su padre poco antes) llevaron a madre e hija hasta el continente americano, donde su madre reemprendió su carrera de actriz representando piezas de Noel Coward.

La joven Angela Lansbury rodó su primera película en 1944, con apenas diecinueve años, representando un caracter secundario a las órdenes de George Cukor en Luz da Gas, consiguiendo la primera de sus tres nominaciones al Oscar como actriz secundaria.

La carrera cinematográfica de Angela Lansbury alcanza hasta ahora 101 películas, porque ha extendido su arte en el teatro donde, como hemos visto, ha batido récords. Y claro, no ha tenido tiempo para más. Porque también ha trabajado para la televisión, donde la mayoría de los jóvenes lectores la habrán visto como detective aficionada.

La lista de premios que ha obtenido en su fecundísima labor como intérprete es casi tan asombrosa como el hecho que este mismo año, con 83 años cumplidos, haya recogido su quinto Tony por su trabajo en la comedia un Espíritu Burlón, en cuya película Margaret Rutherford representó al mismo personaje hace ya muchos años. Tan sólo otra gran actriz ha cosechado cinco premios Tony.

El hecho que los académicos de Hollywood la hayan ninguneado durante tantos años es buena muestra de una ceguera e imbecilidad cada día más alarmantes, porque, evidentemente, Angela Lansbury sería perfecta para recibir un premio por su extraordinaria carrera como actriz, casi siempre como secundaria de lujo, derrochando talento y una inimaginable versatilidad en cualquier estrella de tres al cuarto que aparece en el papel cuché semana sí semana también.

En esta ocasión, la labor de búsqueda de vídeos con los que apoyar lo expresado, ha sido fácil, porque al parecer no soy el único en pensar que Angela merece un reconocimiento, y alguien se ha preocupado de realizar unos videos que me parecen prueba definitiva y exhaustiva de la que con toda seguridad es una de las más grandes secundarias que ha dado el cine:





Resum part 1:



Resum part 2:



Resum part 3:



Resum part 4:




¿Qué? ¿Merece o no merece un Oscar honorario Angela Lansbury?


Propinilla que seguro que Helena y Tim vieron más de una vez:




Plus: Quien tuvo, retuvo, dicen:





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divendres, 15 de maig del 2009

Secundarios de Lujo (14)





Edward Everett Horton, nacido el 18 de marzo de 1886 en el seno de una de esas familias estadounidenses que se remontan a los albores de su independencia, incluyendo un abuelo, Edward Everett Hale, popular escritor en su época, siglo XIX, desde muy jovencito manifestó su querencia por el espectáculo; con apenas veinte años ya se estrenó en el teatro como actor en Broadway, interviniendo en toda clase de comedias ligeras y vodeviles.

En los inicios del cine, dejó su Nueva York natal para trasladarse a Los Angeles, donde residió hsata su fallecimiento en 1970, contando ochenta y cuatro años y dejando tras de sí nada menos que ciento setenta y seis intervenciones en el cine y en la televisión, sin contar sus actuaciones en las tablas escénicas y en episodios televisivos de toda clase.

Dotado de un físico importante (medir 1,83 m. en su generación no era nada usual) y con una elegancia en los movimientos muy cuidada, su voz delicada y su pronunciación excelente, sobresalió al integrar con una aparente facilidad lo que acabó siendo una marca propia, el cambio súbito de registro, pasando de una atención educada a un pánico risible, subterfugio heredado de sus contribuciones al cine silente que supo incorporar como nadie en sus muchísimos caracteres secundarios, demostrando un oficio que no pasó desapercibido a los mejores productores y directores de Hollywood.

Nunca le concedieron un premio cinematográfico por su labor, quizás porque su registro no era muy amplio, pero si nos detenemos a comprobar en qué películas apareció durante varias décadas, seguramente se nos abrirá el apetito de revisar enteras obras pertenecientes a las mejores cosechas del Hollywood del siglo pasado.

Para este comentarista (como dice el refrán: póngase el burro delante), escuchar el nombre de Edward Everett Horton conlleva el recuerdo instantáneo de sus colaboraciones en películas musicales antológicas, contrafigura cómica del gran Fred Astaire, por ejemplo, en Top Hat (1935):

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Esta reducción no hace justicia al personaje, porque tan sólo coincidió con Astaire en tres películas, y, como se ha referido, hizo muchísimas más.

Baste señalar que, en 1935, rodó nada más y nada menos que ¡quince películas!, es decir, más de una al mes: eso sí es trabajar.

Veamos una -forzosamente limitada- muestra de algunos de sus trabajos:

En la primera (e injustamente olvidada) versión de un clásico: The Front Page (1931)

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Representado al mítico Sombrerero Loco en Alice in Wonderland (1933)

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También en 1933 (año en que rodó cinco películas) podemos verlo trabajando a las órdenes de Lubitsch en Design for Living:

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(Por si alguien lo duda, la jovencita es Miriam Hopkins, la que anteayer veíamos ya en edad madura)

Siempre rodeado de buenos actores, verdaderas estrellas, lo vemos, a las órdenes de George Cukor, como íntimo amigo del personaje interpretado por Cay Grant en Holyday (que ya comenté, aquí ):

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De nuevo a las órdenes de Lubitsch, como pícaro noble arruinado en Bluebeard's Eighth Wife (1938) :

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De nuevo actuando con Cary Grant, bajo las órdenes de Capra, an Arsenic and Old Lace (1944) :

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Edward Everett Horton trabajó toda su vida, negando siquiera dedicar un segundo a pensar en su jubilación. Podemos verle en otra irónica comedia, interpretando al dueño de una revista lo más amarilla posible, en Sex and the Single Girl (1964):

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Y ya, padeciendo el cáncer que se lo llevaría a la tumba, en su actuación póstuma, otra comedia cáustica que hace ya casi cuarenta años metía el dedo en la llaga de la industria del tabaco, en Cold Turkey (1971):

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Como hemos podido constatar, Edward Everett Horton, ese actor tan elegante y picarón, ese buen hombre de la pantalla, merecía, sin duda, aparecer en esta sección de los grandes secundarios del cine de siempre.

¿No les parece?


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