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diumenge, 26 de novembre de 2017

Una novela, tres películas: ( I ) 1934 The Postman Always Rings Twice




Para los amantes del cine negro y también para los lectores acérrimos de la novela negra mencionar el nombre de James M. Cain sin duda despierta buenos recuerdos. Según se dice trató de ganarse la vida como guionista de cine pero la industria de Hollywood de su época no supo intuir lo que podía llegar a escribir aquel joven apasionado de las letras que sin darse por vencido abandonó California y se largó a Baltimore a buscarse la vida y allí, alcanzada la madurez, publicó, a sus cuarenta y dos años, la que sería su primera novela: El cartero siempre llama dos veces que ya en 1934, su año de publicación, alcanzó un éxito crítico y comercial fuera de dudas.

Quizás fruto de su experiencia como guionista, Cain muestra en su novela un estilo alejado de florituras literarias sirviéndose de un lenguaje llano en el que no caben las ironías ni la retórica ni tampoco las densas y cuantiosas descripciones de lugares y personajes, haciendo gala de una precisión que para algunos puede resultar en parquedad pero que viene como anillo al dedo en una novela corta que, por su temática, significó una ruptura y una novedad en el género y así ha sido reconocida posteriormente.

En la novela negra, pariente y heredera de la detectivesca o policial con raíces en el siglo XIX, el contenido social usualmente giraba en torno a las aventuras de un detective, usualmente masculino, con carácter más o menos turbio, quizás alegal, complejo, que se afana en dilucidar alguna intriga o misterio. Autores como Dashiell Hammett o Raymond Chandler triunfaron en la novela negra mientras James M. Cain estaba en California y seguramente inspiraron a Cain para dar un paso adelante: en su ópera prima, Cain propone una trama en torno al crimen pasional en la que la intervención de la policía es casi anecdótica, una historia en la que los protagonistas no son, por así decirlo, profesionales del crimen.

En su novela Cain introduce con una fuerza inusitada la figura de la mujer en su función de impulsora decisiva de los acontecimientos que van a ocurrir, incluyendo los más letales, conduciendo al hombre a la senda de una fatalidad que no puede rehuir, preso de un enamoramiento lascivo que desde el primer encuentro cala en el protagonista hasta lo más profundo de su ser. Y digo protagonista porque la narración la cuenta la voz de Frank Chambers, un vagabundo de convicción, un tipo que gusta de la libertad del viaje sin ataduras, un saltimbanqui sentimental que acabará absolutamente abducido por las sensaciones que le causa la sensual Cora Smith, en mala hora casada con el griego Nick Papadakis, un buen hombre que gusta de cantar, beber y comer, amigo de sus amigos, amable con todos. Los personajes creados por Cain, todos ellos, principales y secundarios, se moverán bajo la influencia de la casualidad que de forma imperceptible pero constante acabará erigiéndose en luctuosa fatalidad.

Nadie diría que El cartero siempre llama dos veces es la primera novela de su autor; la novela corta no es desde luego un género menor, ni fácil tampoco, pues requiere precisión en el lenguaje y dominio del ritmo, so pena de dejarse en el tintero aspectos necesarios para su comprensión y el cuidado del lenguaje es obligatorio para poder transmitir la esencia de los personajes sin necesidad de explayarse en detalles: Cain demuestra en los diálogos una técnica depurada y será mediante las palabras de los protagonistas que conoceremos su forma de ser y de pensar y gracias a la habilidad del autor, sus actos y pensamientos nos conducirán en un camino de sucesos en buena parte imprevistos e imprevisibles incluso para aquellos personajes que los inician, pues así como la incerteza reviste el destino con fatalidad, bien es cierto que todo obedece a algún designio humano y únicamente el resultado proviene de factores inesperados pero no por ello imposibles ni faltos de lógica, con lo que la narrativa no se resiente en absoluto, logrando, al contrario, apresar la atención del lector.

En la trama, imagino que sobradamente conocida, Cain juega con los deseos carnales, las ansias de libertad, la codicia, el anhelo de un futuro mejor, todo ello aderezado de una fatalidad ominosa que parece predeterminar los actos que son tomados libremente por todos los implicados, del primero al último. Ese destino último que una vez conocido provoca el interrogante condicional, relativo a qué hubiese ocurrido si...., con un cierre que posiblemente el autor consideró beneficioso para apuntar una enseñanza moral que, en realidad, es ajena a todo el relato, inexcusablemente novedoso en su momento, rompedor y renovador, llevando la novela negra a unos postulados que ya no abandonaría.

Escrita en los años treinta -y quizás pergeñada lentamente a finales de los veinte- la novela de Cain apareció como un trueno en una sociedad estadounidense que poco a poco dejaba las alegrías de la carne para adoptar un puritanismo coartador de libertades, lo que propició que el contenido claramente sensual de algunos pasajes resultara obstáculo para su difusión en algunos estados y con toda seguridad a su adaptación a las pantallas de cine, que tardó bastante, siendo incluso adelantada una novela publicada dos años más tarde. De hecho, no fue en Hollywood donde el cine descubrió a James M. Cain. Lo veremos pronto.

De momento, recomiendo encarecidamente leer El cartero siempre llama dos veces. Un modelo de novela negra: un clásico imperdible.





10 comentaris :

  1. De cuando a los cronistas judiciales su talento les daba algo más que para cultivar el morbo.
    Un abrazo

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    1. La verdad que sí: fisgonear en algunos lugares proporciona sin duda ideas que, habiendo talento, se reconvierten en muy buenas novelas.
      Otros, antes, se limitaban a publicar en El Caso y ahora a ganarse las perricas como tertulianos de la tele.
      Un abrazo.

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  2. Una de las grandes novelas del género, amigo Josep, sin ninguna duda. No obstante, Cain no fue una estrella, se olvidaron del aprecio que tuvo entre los franceses. André Gide fue un gran admirador suyo, y Sartre. Y Albert Camus que tomó El cartero… como modelo para El extranjero. A mi juicio, Cain escribió la novela pura que nos lleva a experiencias cuya especial cualidad no se encuentra en el trabajo de ningún otro escritor. El arte de Cain, más que cualquier otra cosa, lleva al lector serio a una casi completa adhesión emocional con las traumáticas experiencias que nos ofrece. El gran novelista fue un rebelde en la elección de sus temas lo que le llevó a muchos enfrentamientos con la Oficina Hays: asesinato, adulterio, prostitución, homosexualidad, incesto, sacrilegio, negocios sucios, corrupción policial, bulimia, cleptomanía, violación, traición, etc. Eso sí, los temas elegidos podían ser sucios pero su tratamiento jamás.
    En cuanto a su estilo en primera persona, excepto en tres novelas, se debía a que no quería ser dios ni James M. Cain, sino el personaje narrador y sólo así conseguía crear personajes memorables, principalmente femeninos.
    La mayoría de sus novelas han sido llevadas al cine y no todas con acierto, desde mi opinión personal. Por ejemplo, no me gusta mucho la versión de El cartero… de Tay Garnet de 1946, aunque Lana Turner está espléndida. Tampoco me gustó la versión de 1981 de Bob Rafelson con Jack Nicholson y Jessica Lange, porque estaba muy mal narrada y su mejor escena y la más famosa es el primer polvo, que traiciona totalmente las creencias de Cain sobre el sexo. Sexo, por qué no, pero tiene que estar justificado, diseñar una situación que inevitablemente lleva a él, que desarrolle la emoción, que tenga un color lívido y una vez hecho esto no entrar en detalles. El lector tiene la impresión de que está leyendo sobre sexo y, sin embargo, hay poco material explícito. Hay otras dos versiones anteriores de El cartero..., la francesa: Le dernier tournant (1939), de Pierre Chenal. Y Obsesión (1942), de Visconti, a quien Cain llamó ladrón porque no le pagó derechos de autor.
    Cain fue un hombre hogareño, maestro ante su máquina de escribir, era capaz de introducirnos en un mundo de personajes despiadados que estafaban y asesinaban, como si su máquina de escribir fuese una caja mágica. Fue pobre y había vivido tiempos duros, conocido mujeres de vida fácil y a criminales, y que era eso, el mundo de los horrores que había vivido, lo que sentía urgencia por transmitirnos.
    La obra de James M. Cain nos alcanza cada día.

    Mis perdones por esta disertación, amigo mío.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Al contrario, Paco, aunque la intención es dedicar a cada pieza un espacio, más que nada para no presentar un texto demasiado largo y que asuste a algún lector.

      De modo que, centrándome en la novela por ahora, me hallo afortunadamente en el descubrimiento del autor, tardío pero no baldío, y ya me entran ganas de proseguir con el empeño, no en vano, además, se da en Cain una curiosa circunstancia, la de dar origen a películas muy interesantes y la del rechazo que ab initio recibió por parte de la industria de Hollywood, aunque eso, quizás, habría que achacarlo a una posible bisoñez que desconozco.
      Un abrazo.

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  3. Dicho y hecho...mejor dicho, estoy en ello.

    La novela la tengo y pensé leerla este verano y luego lo fuí posponiendo por... ¡vete tu a saber!
    Me encanta la novela negra, policiaca, y los clásicos, Chandler, Hammett, ya puestos... leer a los maestros, los mejores...creo que ya lo he dicho en otra ocasión. Tipos con o sin gabardina que caen bajo el influjo de la femme fatale, ay ay... tal cual...atmósfera, humo, bajos fondos,engaños, pasiones.. crimen y corazones rotos.¡Menudo cóctel !
    Obras maestras como Perdición y Mildred Pierce salieron de su pluma. A ver ¿cómo no quitarse el sombrero?

    Como estás muy trabajador y veo que hay otras dos entradas dedicadas a las adaptaciones de cine, lo dejo aquí.

    Besos. Milady

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    1. La novela la empezarás, Milady, y la acabarás de un tirón, porque engancha y porque es corta, y luego te entrará el gusanillo de ver esas adaptaciones cinematográficas, porque en ellas hallarás material de sobra para tus célebres retratos.
      Besos.

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  4. posdata

    ¡Me encanta el título en inglés..! rima y todo " The Postman Always Rings Twice

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    1. La verdad es que sí. Suena de maravilla...

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  5. Me parece interesantísimo el ejercicio que propones...partir del texto y luego ver las tres adaptaciones.Ya te adelanto que por lo que a mi respecta he leido la novela pero no he visto la de Visconti, y bien que lo siento. Voy a esperar a que realices la entrada que te queda para ver a que conclusiones llegas.
    Ahí, entraré al trapo sin complejos pero con el deficit citado...a la espera quedo de la entrega que falta. Un abrazo

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    1. Habiendo leído la novela, descubrir esta ópera prima de Visconti es un placer, Víctor, te lo aseguro.
      Fíjate que de inicio pensé en la novela y las otras dos y al documentarme me encuentro con Visconti, al que no todo el mundo relaciona con James M. Cain, ya ves, y fue una suerte hallarla.
      Un abrazo.

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