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dilluns, 28 de febrer de 2011

G.A. (11)





Nacido en 1924 en Italia, Marcello Mastroianni fue uno de los actores más conocidos de una generación de intérpretes en la que destacar era sumamente difícil porque cuando eclosionaron, a mediados del siglo pasado, era tal la acumulación de talentos tanto masculinos como femeninos que se requeriría un estudio concienzudo para averiguar el origen de dicha feliz circunstancia; feliz para los espectadores, que disfrutaron y siguen disfrutando de dichos talentos, y feliz para los propios intérpretes y para los directores a cuyo servicio estuvieron, con el resultado de películas inolvidables.

Desde muy joven Mastroianni tuvo la vocación de ser actor y por mucho que luego en el cénit de su fama lo negara y le quitara importancia, el trabajo de actor no tan sólo le satisfacía sino que, además, le motivaba de una forma especial, afrontando cada personaje con un estilo muy bien definido aplicando la antiquísima tradición de la Comedia del Arte con una moderación calculada en la gestualidad cuando así lo requería el personaje.

La legendaria y eufemística pereza de Mastroianni, como queriendo restar esfuerzos y méritos a su trabajo, oculta que estuvo casi tres años apreniendo el oficio y que luego, cuando ya había conseguido los primeros papelitos en el cine, después de largas sesiones como figurante o extra, no dudó en ponerse sobre las tablas, eso sí: a las órdenes de Visconti, para intervenir en piezas tales como A vuestro gusto, de Shakespeare, o Un tranvía llamado deseo, de Williams, en la que coincidió con un tal Vittorio Gassman como protagonista. No me puedo ni imaginar cómo serían esas funciones.

Pronto tendría la suerte de cruzarse en el camino de un tal Fellini del que se convirtió en una especie de alter ego y el salto a la fama fue inmediato.

Afortunadamente, el supuestamente vago Mastroianni se tomó muy en serio su trabajo y poco a poco mejorando su arte se convirtió en casi que imprescindible para casi todos los grandes directores italianos del siglo pasado; su seducción natural, nada forzada, conquistó no pocos corazones dentro y fuera de la pantalla y podría decirse que cualquier actriz del siglo pasado se sentía orgullosa y contenta de tener la oportunidad de compartir escena con el bello Marcello, aunque su íntima amiga Sophia Loren es la que en más ocasiones trabajó con Mastroianni y, además, en varias de ellas, a las órdenes de otro genio italiano, Vittorio De Sica, como, por ejemplo, en Matrimonio all'italiana, basada en la célebre pieza teatral Filumena Marturano de Eduardo de Filippo.

Claro que la pareja Loren-Mastroianni, bien mirado, daría para una entrada especial dedicada a ambos y a su espléndida y longeva buena relación


A lo largo de toda su carrera Mastroianni demostró ser capaz de afrontar con enorme capacidad, elegancia, solidez y eficacia cualquier tipo de carácter que se le ofreciera, desde el seductor más caradura al hombre apocado y dominado por sentimientos internos dolorosos, siempre enamorando la cámara, haciendo de su innegable fotogenia no un fin sino un medio para conseguir trascender la pantalla y emocionar al patio de butacas mediante un inmenso repertorio de gestos tan pronto apenas insinuados como de repente explosivos, siempre acertados milimétricamente: uno de los más grandes actores del siglo pasado, capaz de elevar la nota de cualquier película en la que intervino, dotado de una naturalidad desarmante y una sonrisa embrujada.

Mastroianni se convirtió por derecho propio en uno de los actores italianos más cotizados y nunca quiso atender los cantos de sirena que le llamaban desde el otro lado del Atlántico, prefiriendo Europa, donde su colección de premios recibidos es impresionante a lo largo de una extensa carrera de más de cincuenta años y casi ciento cincuenta películas en su haber, no todas excelentes, pero algunas absolutamente imperdibles, una muestra del buen hacer de un actor que supo conseguir tanto en pantalla como detrás de ella la estimación de todos los que coincidieron alguna vez con él en una película, aunque vinieran de muy lejos.









15 comentaris :

  1. Me encanta este hombre, me parece uno de los actores más espléndidos que jamás ha dado el invento este del cine, por más que en un puñado de ocasiones consiga resultarme realmente cargante, más por las películas que por él mismo.
    Para mí iguala, e incluso supera, a buena parte de los actores anglosajones míticos.
    Saludos.

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  2. Yo de este señor no tengo nada que decir. Ante él, genuflexionarme, únicamente.

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  3. Marcelo es un monstruo y lo digo porque yo descubrí el cine a través de él.Tuve la suerte de ver La dolce vita,una de mis películas favoritas.Es enorme.Lo vi en Ocho y medio,en Ginger y Fred,sinceramente memorable.Lo vi en Los girasoles.En la ciudad de las mujeres,etc.De todas maneras me quedo con el Marcelo de La dolce vita.Me sigo emocionando cuando trata de comunicarse con su padre,en ese plano cenital diciendo que quiere hablar con él,que nunca han hablado,y el padre ya ha desaparecido y él allí,en medio de la calle desolada.Marcelo es mucho Marcelo.Marcelo es uno de los grandes de la historia del ciene.
    Un abrazo.

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  4. ¡Oh Marcelloooooo ! ¡ Cuánto tiempo..! Y qué ganas me dán de recuperar alguna de sus peliculas. ¡ Qué pareja con Sofia Loren ! Hay muchisimas que no he tenido el gusto de ver y confieso que es una asignatura pendiente.
    ¡Qué regalo verle junto a mi querido Jack Lemmon !
    ¡ No recuerdo haber visto tampoco ésta pero oir a Jack en italiano no tiene precio..!
    ¡ Qué buen gusto y cuánto bueno encontramos por aqui ! ¿ De qué me extraño ?..:-))

    Un baccio, Homes. Irene A.

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  5. Los italianos, en general, han sido espléndidos todos. En Marcello se encontraba también su simpatía, se comía la cámara, nada más observar su gran éxito con las mujeres de todo el mundo. Un gran seductor por el que suspiraban y caían como Raúl, genioflexinusequé..:)

    Besos, Josep

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  6. Siempre me ha parecido, Alfredo, que Mastroianni, con esa forma de actuar, está un poco minusvalorado injustamente, porque en comparación con los británicos, sus caracteres no son tan rimbombantes, mucho más naturales, y siempre parece que no se lo trabaja.

    Además, se emperró, como también lo hizo nuestro gran Fernán Gómez, en quitar importancia a su categoría de actor.

    Saludos.

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  7. Ya veo, Raúl, que ante ese monstruo de la Comedia dell'Arte genuina y moderna prefieres contemplar y callar. Bien hecho.

    Saludos.

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  8. Además, Francisco, es curioso porque la revisión afortunada de esos clásicos fellinianos, casi en sus inicios como actor, demuestran a las claras que ya entonces era un magnífico actor, como bien apuntas en esa escena como ejemplo vivo en la memoria.

    Y a partir de ahí, cada película más grande: increíble pero afortunadamente cierto.

    Un abrazo.

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  9. Entrar en la filmografía del bello Marcello, Milady, querida, es un acierto del que no se puede arrepentir nadie; y si hay todavía alguna por descubrir, miel sobre hojuelas, porque hay verdaderas joyas, películas que apenas se han visto en la tele y que además resulta difícil también pillar en dvd.

    Tendrás que usar tu sagacidad, Irene A., para poder disfrutar de alguna de ellas...

    Me alegra que el recuerdo del gran actor te haya complacido.

    Bacci.

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  10. Es que los coetáneos de Mastroianni, Blanca, tanto ellas como ellos, conforman un grupo que ya se halla dentro de la historia del cine mundial, pero Marcello destaca, por ese nosequé...

    Besos.

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  11. Exácto, por un noséqué pasan algunas cosas raras, debe ser una vendeta :)

    Gracias con besos!

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  12. Es una pena que se pierda el talento y el saber estar delante de una cámara...Ahora muchos de los actores solo saben estar delante de una cámara cuando es para un foto que van a venderle a una exclusiva.

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  13. Bienvenida, Lara: En ocasiones uno piensa que los actores actuales están más pendientes de ser populares y famosos que de merecerlo por su trabajo...

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  14. Naturalidad si. Naturalidad en el sentido, no de no actuar, si no de parecer que no se actua, y eso, a fe que cuesta.

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  15. Exacto, Alma. Y lo curioso, para mí, es el empeño de Marcello en negar el trabajo ímprobo que conlleva esa naturalidad, como si se tratara de un don innato.

    Besos.

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