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dilluns, 7 de maig de 2012

Dos en el balancín



Robert Wise fue un director que supo tocar con acierto muchas teclas y se ganó en vida el apelativo de artesano que injustificadamente y durante mucho tiempo substituyó en muchas ocasiones el más apropiado de artista, subjetivamente situado a un nivel más elevado; vista detenidamente su extensa obra cinematográfica se observa que en ella hay títulos de todo género y algunos destacables, tomando como excepcional West Side Story, con toda seguridad la película que le sitúa inmediatamente en la memoria de cualquier aficionado al cine.

En este bloc de notas apareció en la segunda reseña publicada y a pesar de haber disfrutado de varias de sus obras, compruebo que la primera ocasión sigue siendo, hasta ahora, única, aunque su nombre ha sonado en su actividad de director de montaje con poco sentido de la oportunidad, todo hay que decirlo, así que ya ha llegado la hora de repasar otra de sus estimables piezas.

Precisamente después de la titánica empresa musical mencionada se ocupó Wise de llevar a la pantalla la íntima relación de dos personajes que nacieron de la pluma de William Gibson, una pareja representada en Broadway por Anne Bancroft (en su debut teatral) y Henry Fonda bajo la dirección de Arthur Penn, comedia melodramática titulada Two for the seesaw que tuvo un éxito colosal y que como era lógico, despertó en Hollywood las ganas de aprovechar un buen texto, así que en 1962, y ya que Arthur Penn y Anne Bancroft estaban ocupados filmando otra pieza del mismo autor -que a la postre significó otro éxito- y no estaban disponibles, después de alguna que otra duda el productor Walter Mirisch se hizo con los servicios de Shirley MacLaine y Robert Mitchum para incorporar a Gittel "Mosca" Moscawitz, una bailarina neoyorquina y Jerry Ryan, un recién llegado de Nebraska, Omaha, una pareja cuya relación la define su creador ya en el título de la obra teatral, conservado en la película Two for the seesaw que en España recibió, como de costumbre, la traicionera traducción de Cualquier día en cualquier esquina; no he podido hallar datos referentes al trato que le dio la censura carpetovetónica, pero sí hay rastro de una representación teatral que mantuvo con buen criterio el título de Dos en el balancín, a mediados de los años sesenta.


El guión escrito por Isobel Lennart trata de ocultar el origen teatral e introduce diversos personajes para arropar a la pareja protagonista y lo único que consigue es proclamar a los cuatro vientos que lo realmente interesante es lo que les pasa a esas dos personas que van tomando cuerpo lentamente por sus acciones, sus diálogos, sus propuestas y respuestas, permitiendo que el espectador, como ocurre en la vida real, se vaya haciendo una idea muy próxima de la forma de ser de cada uno: sin prisa pero sin pausa, Wise adopta la plácida situación del mirón silencioso, manteniéndose en una prudente distancia y dejando que sus personajes se muevan con libertad, dándoles el aire preciso y remarcando con cariño los trances sentimentales que van viviendo.

Quizá con la retina todavía marcada por su anterior obra, Wise adopta el magnífico formato de panavisión (2.35:1) ****
Los Vengadores, con tantos tipos disfrazados volando y tantas leches, la ruedan en un triste y paupérrimo (1.85:1)
pero se decide por un espléndido Blanco y Negro que confía a las excelentes manos del camarógrafo Ted D. McCord que se luce a conciencia retratando con firmeza esa pareja que vive en dos destartalados apartamentos recreados por Edward G. Boyle con un aire que en ningún momento intenta sustraernos de la sensación teatral que con toda su fuerza nos impregna al escuchar los estupendos diálogos.

Hay pues una cierta contradicción entre la voluntad tácita de Wise de no rehuir el origen teatral y la confección del guión que ofrece la posibilidad de sacar la cámara de esos dos apartamentos, de alejarla, moverla, hacerla transitar por las callejuelas de la gran orbe, introduciendo personajes como amigos de Mosca y el bufete donde Jerry empieza de nuevo su trabajo, pero Wise ordena recrear en estudio los dos apartamentos uno al lado del otro y mueve la cámara hacia atrás para ofrecernos, como en imagen partida, al modo usual en la época, las llamadas telefónicas que ambos se intercambian.

Porque a Wise, hombre de cine con experiencia en diversas lides, le importa bien poco que a los quince minutos el espectador perciba el origen teatral de la historia: está tan bien escrita, sus réplicas tan bien orquestadas, que aquello huele a teatro del bueno a leguas. ****
De hecho, la obra de teatro sigue representándose y se ha convertido en un clásico en Estados Unidos y Canadá


Así que esforzarse por ocultarlo es baladí, pues el espectador lo va a notar igual: mejor dedicarse a contar la historia, a cuidar a esa formidable pareja de intérpretes que, más allá de la palabra, saben expresar sentimientos con la mirada y el gesto, y ahí está Wise dirigiendo y recogiendo los frutos.

Gittel Mosca es una joven bailarina con un corazón enorme capaz de ayudar a un desconocido solitario recién llegado de Omaha, Nebraska, a medio camino se llegue de donde se llegue y el recién llegado, Jerry Ryan, es un hombre que pide ayuda. Son dos almas solitarias pero hay una sensación de obstáculo, una atadura que impide la libertad, una duda que frena, una voz en la lejanía, un eco emocional perturbador que no cesa. Hay una duda que empaña la relación y la cámara quieta de Wise escruta impávida el rostro de Jerry que mantiene su mutismo mientras Gittel se revuelve y exige saber porqué su entrega sin concesiones halla tan tibia respuesta. Como en la vida misma, el lance amoroso reviste complejidad y cada uno de los amantes observa al otro y se observa a sí mismo de una forma diferente, propia, y Wise nos lo cuenta con su cámara sin que perdamos detalle, sin ahorrarnos nada, ni bueno, ni malo: conocemos más que ellos mismos lo que les pasa, sus zozobras personales, el desengaño, el miedo al fracaso, el valor y la indecisión ante un futuro incierto y el recuerdo de un pasado que clama un retorno, la construcción de un proyecto en común que se basa en ilusiones más que en realidades, la constatación de una realidad personal que habrá que encajar tarde o temprano...

La trama romántica pertenece por derecho propio al género grande por el tratamiento otorgado a cada uno de los dos personajes y en la película de Wise hay además de la excelente caligrafía cinematográfica marca de la casa que sabe mantener el ritmo apropiado y expresar y remarcar cuando conviene, dos puntos a resaltar: la estupenda banda sonora compuesta para la ocasión por André Previn dotada de aires jazzísticos que puntúan las situaciones sin molestar en absoluto y la excelente labor interpretativa de la pareja formada por Shirley MacLaine y Robert Mitchum, ambos inmejorables representantes de los caracteres asignados, adecuadísimos y compenetrados, un verdadero placer para los sentidos del aficionado que se dará cuenta del enorme valor de un trabajo interpretativo realizado sin apoyarse en caracteres extraordinarios, gentes normales y cotidianas que transitan por una historia de amores y desamores, de recuerdos y olvidos, sin grandes gestas ni grandes gestos, un día a día tan normal que parece, ya lo dije, como la vida misma. Enormes, ambos.

Una película, pues, que ningún cinéfilo con buena nariz para las buenas historias pequeñas, íntimas, grandes en su representación, debería dejar a un lado; absolutamente imperdible su visionado en v.o.s.e. aunque, justo es decirlo, el doblaje al castellano es de los buenos.

Intro



22 comentaris :

  1. Pues apuntada queda, D. Josep, que yo de Wise he visto cosas muy majas, pero esta en honor a la verdad, no sabía ni de su existencia. Gracias por descubrirla.

    Saludos
    Roy

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    1. Esta no es muy frecuente en la tele, Roy, así que no me extraña que no la hayas visto: por mi parte, la descubrí también hace muy poco, casi de casualidad, a pesar que Wise me gusta bastante...

      Un abrazo.

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  2. Me gustó bastante, aunque la MacLaine nunca ha sido de mis favoritas. Es de esas "comedias románticas" que pertenecen a una época en la que no era un género estúpido.
    Un abrazo

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    1. Además, Alfredo, queda como excepcional por la tristeza que desprende su relato que prefiere un realismo dramático a un final optimista que, sin duda, sería impuesto ahora, en la "nueva onda" comercial imperante...

      Un abrazo.

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  3. Esta película —Two for See Saw, por favor...— es una de mis favoritas de Robert Wise. Un film al que tengo muchísimo aprecio, porque es de esa clase de historias que emocionan. En especial, cuando es dirigida con mano sabia... E interpretada con tanta convicción como lo hacen Shirley MacLaine y Robert Mitchum.

    Por cierto, pocas veces se ha rodado Manhattan tanta belleza, gracias a la fantástica fotografía en blanco y negro. ¡Y tratándose de un film basado en una pieza teatral!

    Salucines

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    1. Esto de los títulos reconvertidos, Fernando, es para mí casi una obsesión, porque me resulta difícil comprender el motivo: cuando además comprobé que en teatro se hizo correctamente, mayor asombro.

      La película demuestra que Wise dispuso a su antojo y con mucha libertad y complicidad, diría, con Mirisch -el productor- porque rodar una trma de dos personajes en Panavisión es una apuesta arriesgada: podría sobrar espacio por todas partes, pero luego resulta que todo ajusta perfectamente...

      Un abrazo.

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  4. Creo que no la he visto. El título no me dice nada aunque su contenido me resulta familiar.

    ya sabes que yo no soy cinéfila y lo de la nariz no sé cómo tomarlo... Me la apunto a ver si puedo verla. Me gusta la trama que explicas. Leo a tu comentarista anterior y me atrae ver Manhattan, claro.

    Un abrazo!!

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    1. Que haya podido comprobar, Laura, se hizo uh pase televisivo en febrero del noventa y luego nada: así que no es fácil haberla visto, salvo recomendación: lo de la nariz tómatelo a bien, por favor, salvo que prefieras ver películas mal interpretadas, cosa que dudo: la trama y su tratamiento, apostaría que te va a encantar....

      Besos.

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  5. La película es excelente, ciertamente. Quizá la primera vez que la vi no ubiqué de forma correcta a Mitchum en el papel, decantándome de forma instantánea por la soberbia interpretación de Shirley, pero en las posteriores ocasiones en las que he tenido oportunidad de volverla a ver, lo he redimido de todo pecado.

    pd.- Pronto nos vemos en Barna, Josep.

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    1. Lo que te ocurrió, Raúl, colega, es que te chocó el personaje desarrollado por Mitchum o eso supongo, pues a mí me sucedió en los primeros minutos: una buenísima muestra de la capacidad del tipo para enfrentar diversos caracteres, negando la inexpresividad que algunos le imputan: en el Hollywood clásico, también existió el encasillamiento en los "tipos duros"....

      Un abrazo.

      p.d.: estás en mi agenda desde la semana pasada, por supuesto que sí.

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  6. Muy buena la peli, Josep. Me gustó mucho porque a mí de Mitchum me gustan hasta los andares. Inconfundible él. Y de Shirley poco que decir. Excelente, además me leí varios libros de ella.

    Un abrazo!

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    1. Siendo admiradora de Mitchum, Blanca, nada puedo añadir, salvo que supongo que verle tan romanticón -pero un pelín canallesco- es una buena escusa para disfrutar a tope de esta buena pieza romántica, máxime cuando enfrente tiene a Sshirley, con la que, como sabrás, mantuvo hasta su muerte una muy buena relación...

      Besos.

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  7. No la he visto (la apunto; aunque ya tengo demasiadas)...Me ha hecho gracia tu puñalada escondida a lo de Los Vengadores con lo del formato (mira que eres malo).
    Un abrazo!

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    1. Esa es de las que tienes que ver sí o sí, David, un sábado después de cenar, en quietud, para digerirla lentamente...

      Esa puñalada, como tú dices, viene al pelo porque lo lógico hubiera sido lo inverso, y Wise sale victorioso en su apuesta y el otro queda como encajonado...

      Un abrazo.

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  8. Tampoco lahe visto. Pero solo por ver ese duelo de actor y actriz me la anoto. Si el texto es bueno y encima la gran manzana sale tan bonita como en la de Allen,pues hay que verla.
    Observo una robusta defensa del director.Motivos no faltan. Wise tocó todos los géneros y sin embargo,si,se le reconoce pero como a medias, por eso su reivindicación viene muy bien. Un saludo.

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    1. Sólo por ver -y escuchar- a esos dos, Víctor, ya vale la pena sentarse a darle un repaso tranquilo.

      Wise tiene en su carrera altibajos, pero por lo menos media docena de títulos que muestran claramente una visión muy propia de la mejor forma de encarar un rodaje. Hubo un tiempo en que se le ninguneó, quizás buscando absurdamente la aprobación de Welles (porque seguro que le perdonó) y todavía hay restos de aquella campaña de desprestigio, inusual y estrambótica visto lo que fue capaz de rodar hace tanto tiempo...

      Un abrazo.

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  9. Tu reseña y esa intro me ha "seducido" totalmente. No la he visto y lo lamento pero he de verla..las notas que acompañan a esa fotografia de bellisimo blanco y negro..el perfil de los rascacielos y el interior de los apartamentos me recuerdan a esas peliculas que tanto me gustan y me da que ésta tiene todas las papeletas para ello..sin final feliz al uso, puede ser de esas que apuntas para siempre.
    ¡Encantadora Shirley, inolvidable stra. Kubelick! Mitchum y su aparente inexpresividad ¡cuanto puede dar de sí y qué bien llevaba el sombrero ese hombre !.
    He tomado buena nota de todo.:-)

    Besos. Milady

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    1. Aseguraría e incluso apostaría, Milady, que esta película pertenece al grupo de las que te encantan y ya me extraña que te haya pasado desapercibida, con el buen ojo que gastas: claro que no es habitual su pase televisivo y absurdamente Wise no figura entre los favoritos de los grandes críticos: apenas se acuerdan de él por West Side Story como si no hubiera dirigido nada más.

      La pareja protagonista, de relumbrón: sabrás que a punto estuvo de ser protagonizada por tu Paul junto con Liz, y la pareja se rompió al estar ella currando de Cleopatra, pero me temo que no hubiera sido lo mismo, porque la fragilidad de Shirley y el canallesco Mitchum no son comparables. Eso sí: me encantaría poder ver a Henry y Anne en escena: habrás visto, supongo, el dibujo..... que David ha pasado por alto.... ;-)

      Besos.

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  10. Estupenda película,amigo Josep.Robert Wise fue un director todo terreno y no hay que olvidar que fue el montador de Ciudadano Kane.Una película que me gusta mucho de él a la cual la considero una obra maestra es The Set-Up (1949).
    Y como dice Raúl,nos vemos en Barcelona.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Si es que sólo como montador ya debería pasar a la historia, amigo Francisco, incluso por la faena con Welles en los Magnificent Ambersons, pero luego se mostró efectivo al mando en esa versión de Romeo y Julieta, en esta estupenda comedia melodramática con solo dos personajes -el resto son meros comparsas, casi cameos- y siguió con aventuras épicas y siempre conquistando al espectador.

      Esa que mencionas la tengo pendiente, por suerte, porque uno ya empieza a inclinarse por preferir los clásicos digeribles antes que moderneces indigestas...

      Un abrazo.

      p.d.: por supuesto, contaba con tu presencia en Gràcia...

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  11. Voy a seguir las recomendaciones que tenemos pendientes. La película y otras.

    Vaya suerte verse en Barcelona para saborear la presentación del nuevo libro de Raúl.

    Besos a los dos!

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    1. Entonces no me queda más que esperar, Blanca, que remitas noticia de tus sensaciones, como acostumbras, máxime porque auguro buenas vibraciones...

      Besos.

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