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dilluns, 24 de gener de 2011

Charlatanes







En el diccionario en línea de la RAE hay cuatro definiciones del término charlatán (y su femenino charlatana) que se pueden aplicar como vestido hecho a medida a la pareja de protagonistas de una película que ya ha cumplido los cincuenta años y que, basada en una novela del estadounidense Sinclair Lewis, versa sobre unos personajes que se mueven en los tiempos de la depresión económica deambulando de pueblo en pueblo vendiendo ilusiones a los aldeanos huérfanos de formación espiritual.

La novela escrita por Sinclair Lewis se centra de hecho en un único personaje, que le da título y que describe perfectamente ya en las primeras líneas:

Elmer Gantry was drunk. He was eloquently drunk, lovingly and pugnaciously drunk. He leaned against the bar of the Old Home Sample Room, the most gilded and urbane saloon in Cato, Missouri, and requested the bartender to join him in “The Good Old Summer Time,” the waltz of the day.

Blowing on a glass, polishing it and glancing at Elmer through its flashing rotundity, the bartender remarked that he wasn’t much of a hand at this here singing business. But he smiled. No bartender could have done other than smile on Elmer, so inspired and full of gallantry and hell-raising was he, and so dominating was his beefy grin.


En esta novela, que puede leerse aquí, Sinclair Lewis describe con ironía y crudeza los andares de su protagonista entre las gentes de las variadas iglesias que existían -y siguen existiendo- en el vasto territorio estadounidense donde los predicadores sin apenas conocimientos éticos y teológicos pero sobrados de palabrería hallaban siempre la forma de aligerar los bolsillos de sus feligreses.

La novela de Lewis, como es de suponer, obtuvo toda clase de descalificaciones desde los muchos púlpitos ambulantes y tarimas itinerantes alcanzando dos popularidades bien distintas, según se hubiera leído o no su texto. Como siempre, vaya.

Richard Brooks, conocido cineasta, escritor, guionista y productor, ya había catado las mieles del triunfo en adaptaciones de famosas novelas y tenía el ojo puesto en la pieza de Sinclair Lewis que, por otra parte, tenía como antecedentes cinematográficos dos nominaciones a la mejor película, la primera en 1932 por Arrowsmith, de John Ford, y la segunda en 1937 por Dodsworth, de William Wyler, por sus novelas de iguales títulos.

Ese empeño de Brooks en llevar a la pantalla la historia no puede sorprender atendida su trayectoria, pero desde luego era una aventura arriesgada ya que cuando se llevó a los escenarios de Broadway siquiera llegó a las cincuenta representaciones: meterse a criticar el submundo de las variadas iglesias no era buen negocio a mediados del siglo pasado como tampoco lo es ahora.

Por ello no resulta extraño que se creara una productora ex profeso para llevar adelante el proyecto, con el nombre de la película, como ya ha ocurrido en otros casos: lo que lamento es que no he he podido hallar datos relativos a Elmer Gantry Productions Inc., la que fue productora de la película titulada como era de preveer Elmer Gantry (traducido innecesariamente su título al castellano como El fuego y la palabra) dirigida por Richard Brooks y protagonizada por un eléctrico Burt Lancaster y por Jean Simmons, recién casada con Brooks, con lo que no sería nada raro que ese núcleo fuera el mismo que el de la productora.

Richard Brooks se cuidó también de realizar el guión basándose en la novela de Sinclair Lewis modificándolo en buena parte y otorgando un papel más importante a la predicadora Sharon Falconer interpretada por Simmons.

Recuerdo haber visto esta película en la televisión hace muchos años y quedar impresionado, sobre todo, por la fuerza expresiva que dimana como un torrente de Burt Lancaster -que consiguió el Oscar en una convocatoria muy interesante- y ha sido recientemente cuando, habiendo tenido la oportunidad de repasarla tranquilamente en v.o.s.e., he podido constatar que no tan sólo la baza de Lancaster es apreciable, porque la Simmons está magnífica y además el siempre eficaz co-protagonista Arthur Kennedy está perfecto -como solía- en su caracterización del periodista Jim Lefferts, la voz del raciocinio en toda la trama, el que conecta directamente con el espectador, un mirón aquietado y tranquilo, escéptico y detallista que escribe sobre todo lo que ve.

La dirección de Brooks no tiene nada de especial aunque cuida los detalles y sabe emplazar la cámara dando aire a sus personajes, caracteres por él mismo dibujados más que escritos, con un trazo más grueso que el original, mostrando lo que en definitiva es un circo ambulante de sentimientos personales, un camino hacia la consecución de un palacio, una forma de vida basada en las deficiencias del prójimo que se consuela con palabras gastadas sin ideas que las sustenten, oratorias resonantes sin contenido, multitudes congregadas despersonalizadas y caja que paga los gastos y deja pingües beneficios, lugar en el que medrar plácidamente ese protagonista borrachín, simpaticón y seductor que se pierde por el vuelo de una falda, aunque tenga una buena excusa al tratarse de la falda de una estupenda Shirley Jones que obtuvo merecido reconocimiento a su labor como secundaria.

El guión de Brooks simplifica y rebaja la acidez de la novela de Lewis introduciendo una ambigüedad que no está en el original mucho más sarcástico con todo el mundillo de los predicadores de esas iglesias que aparecen como setas acomodadas a cada territorio convertidas en saco receptor de limosnas con que pagar el whisky. Con un final algo acomodaticio, pasados cincuenta años uno se queda en la sensación que ni Brooks ni el auto proclamado ateo Lancaster se atrevieron a arriesgar sus dineros en afrentar demasiado a ese poder fáctico que, conglomerado, constituye la mayoría silenciosa en un país que sigue siendo demasiado grande (en caminos desiertos y en población) para que lo aquilatemos ajustadamente.

Brooks incide, eso sí, en la necesaria presencia de un pueblo desinformado, poco alfabetizado, inculto, como destinatario de toda esa charlatanería vertida por esos bribones resabiados que saben engatusar a los aldeanos, remarcando como contrapunto el temor de la predicadora a presentarse en una ciudad "civilizada" donde cabe suponer que el público estará más y mejor informado, con el añadido del observador y relator de todas las andanzas, ese periodista que tendrá también su momento de gloria al ejercitar su honestidad por encima de los intereses creados.

Es curioso, y pueden verlo en el tráiler que se publicitó con el reclamo de dinero, sexo y religión como una provocación, pero luego queda a medias. Aunque mirándolo con calma, ya uno quisiera ver el estreno mañana, con el reclamo de primerísimas estrellas, de una película que pusiera en solfa las técnicas de, por ejemplo, la iglesia de la cienciología, nacida, precisamente, poco después del fallecimiento de Sinclair Lewis que, si levantara la cabeza, se quedaría atónito: seguro.

En definitiva, una película que sin resultar de visión obligada ofrece la oportunidad de disfrutar de estupendas interpretaciones al tiempo que el cinéfilo comprueba que, hace ya más de cincuenta años, en el cine se podían ver historias que apuntaban, aunque dulcemente, hacia poderes fácticos que, lamentablemente, se han perpetuado, al no haber cambiado las condiciones requeridas para su existencia.








12 comentaris :

  1. Curiosamente, he visto la versión anterior, pero me falta ésta. Y más curiosamente, ayer justamente estuve leyendo algo sobre Sinclair Lewis... Todo encaja como un puzle sideral...
    Apuntada queda.
    Saludos.

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  2. Amigo Josep, bien decía nuestro buen Don Quijote que toparse con la iglesia no es buen asunto. Abordar un tema en el que se ponga en solfa el asunto religioso, y más en un pais como EEUU, es tarea bastante peliaguda. Más que bien se portaron Brooks, Bernard Smith(productor) y Lancaster en proporcionarnos el placer de ver en imágenes una historia tremenda de engaños y charlatanería.
    Sinclair Lewis, aparte de ser un buen escritor, era un tipo de ideas más que avanzadas y sus textos, hoy posiblemente un tanto olvidados, son muy críticos con determinados nucleos de poder.
    "Elmer Gantry", peli, es una cinta vigorosa y muy bien intérpretada, como tú apuntas, y es un ejemplo de lo bien que puede maridarse el buen hacer peliculero y el entretenimiento artístico.
    Has hecho bien en traer a la palestra esta peli.
    Un abrazote.

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  3. Con los ojos como platos me quedé cuando la vi en TV por 1ª vez y eso que entonces no entendia hasta que punto esa historia podia ser real. Lo que si me pareció grandiosa fué la interpretación y la narración de esas que te enganchan totalmente. Siempre pensé que eso solo se dá en los peculiares EE.UU. pero desgraciadamente no és así. " Con la iglesia hemos topao.." que cita Antonio. Dices bien aquello de la Cienciologia pero yo no me iria tan lejos...En algunos circulos de "poder" las almas sigues siendo " carne y espiritu de cañon o de saqueo ".
    Pero lo que aqui se comenta es la fantastica pelicula de Richard Brooks ( ya sabes que yo tambien me atreví con ella )y el libro de Sinclair Lewis que ¡ al fin parece que te has leido !. Es por tanto una buenisima reseña la tuya, bien fundada y documentada. No esperabamos menos de ti, Holmes.
    ¡ Vaya año para decidir entre quién repartir premios ! Muy merecidos a Burt Lancaster y Shirley Jones pero lamento que compitieran con Jack Lemmon y Shirley McLaine, que por supuestisimo están más que premiados para todos nosotros, como la pelicula y su director
    ( hablamos del Apartamento, obviamente ).
    Resumiendo, pelicula que no ha perdido nada ¡ pero nada de actualidad en su temática, y de obligado visionado ! Yo ya he cumplido con mi homenaje personal :-))

    Y a vos, Sire,¡clas clas clas..!
    Besos. Irene A.

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  4. P.D. ¡ Perdón ! Me ha salido un comentario larguiiiiisimo..upsss.
    Claro como ésto va de charlatanes ;-)) Bstos.

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  5. Yo sí creo que es de visión obligada...o al menos que merece mucho la pena verla.
    A mí me encantan los títulos de crédito, la banda sonora, la historia, las interpretaciones (la de Burt Lancaster: And what is love?!!)
    Tiene momentos magníficos. El momento en el que entra en la iglesia de los negros, el del principio cuando convence a sus colegas para que hagan el donativo, etc...
    No he leído la novela (y no creo que lo haga desde tu enlace, pero gracias por el detalle)... aunque sí había leído que la peli rebajaba la mordacidad y la crítica del original... que además abarcaba mucho más de la vida de Gantry. Tengo por aquí un libro de Javier Coma donde dice que por necesidades de presupuesto Brooks trasladó la acción de los años 20 a los años treinta... no sé...pero creo que es metedura de pata de Coma.
    Recuerdo también que leí no sé dónde que Burt decía que no le había costado nada interpretar a ese personaje, porque él era un tipo en ese plan... Igual le costaban más las interpretaciones contenidas (como la de Siete días de mayo, por ejemplo).
    A mí es una peli que me gusta mucho, si bien he leído que el libro es bastante diferente..
    Creo también que ocurre lo que apuntas. Al final la crítica es más suave. El personaje de Lancaster se "redime" por amor... trata de salvar a la chica,...y su frase final con el periodista es algo... no sé, no recuerdo muy bien, pero como que a pesar de ser tan cínico... tengo que volver a verla.
    Un saludo.

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  6. Me dejas dubitativo, Alfredo, porque no acabo de averiguar cual sea esa versión anterior que mencionas, de la que no tengo noticia. Si te refieres a cualquiera de las dos novelas también mencionadas, tampoco he visto ninguna de las películas rodadas.

    A veces, es cierto, las coincidencias dan que pensar, aunque no soy muy dado a especular... :-)

    Saludos.

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  7. Ni por un momento dudo, Antonio, que afrontar el rodaje de una película con tal trama es un ejercicio de valor, y más donde la mayoría silenciosa tiene el poder de la cohesión capaz de boicotear cualquier producto...

    Un abrazo.

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  8. Si la viste hace un tiempo, Milady, no me extraña que te quedaras asombrada, porque por estos pagos no estábamos acostumbrados a tal proliferación de predicadores: ahora, que también podemos verlos en la tele (o por lo menos hace poco así era) ese mundo ya empieza a ser más conocido.

    Naturalmente recuerdo tu reseña a esta película (estaba a punto de publicar la mía....) y estoy de acuerdo contigo en lamentar la competencia con Lemmon, pero mira que te digo: ya quisiera gozar de una convocatoria así en los tiempos que corren...

    Celebro que te haya gustado la entrada y no te preocupes en absoluto por la extensión de tu comentario: faltaría más: aquí puedes largar cuanto quieras, querida Irene A.

    Besos.

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  9. Estoy de acuerdo en que sí merece la pena verla, David, aunque queda un poco blandita con ese final tan acomodaticio y ajustado a esa ambigüedad calculada por Brooks para no salirse del tiesto: reconozco, que no le he escrito, que en aquella época todavía tenían que andarse con ojito.

    No creo lo de ajustarse al presupuesto aunque sí puede ser cierto que no anduvieran muy boyantes de dinero, porque esa productora que paga, como ya apunto, me suena a deseo personal de los intervinientes.

    Desde luego, si vuelves a verla, procura que sea en v.o.s.e., porque todos están magníficos.

    Y la novela acaba de aparecer catalogada en libro de ocasión, en páginas de argentina, edición de 1962: en España, que yo sepa, nada de nada...

    Saludos.

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  10. Buen artículo y buena novela, por el título del artículo pensaba que la dirección tomada por el post iba a ser otra, pero igualmente no me ha drefraudado ;)
    Un salut!

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  11. A mi es que el Lancaster me encanta en cualquier película.
    En cuanto a lo demás que apuntas no lo sé. Meterse con cualquier poder y según en que sitios y que épocas puede ser suicida.

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  12. Lancaster tenía una presencia magnética y en esta película se luce sobremanera: el decía que apenas había actuado y algún "amigo" suyo aseguraba que era cierto, porque era un truhán bebedor y faldero como el personaje, pero lo cierto es que cumple con creces las expectativas y la crítica hecha por la película supongo que fue lo más allá posible atendida la época, para no correr riesgos comerciales: en definitiva, pelín autocensurada.

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