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diumenge, 20 de setembre de 2020

Netflix nos mete una banderilla

 
 
 
 La mente humana es un alambique en el que se destilan conocimientos y recuerdos, ideas aprendidas y experiencias vividas y bichos de otros pelajes y cuando uno se enfrenta a la página en blanco la amalgama puede presentar como título una referencia particularísima que resume todo en cinco palabras y luego llega el momento de explicarlo confiando en que quien se aproxime a estas letras sea capaz de leer hasta el final y luego manifieste su parecer. 
 
Más de medio siglo atrás este comentarista iba cada domingo al cine a ver una sesión doble: una del oeste y otra de romanos un domingo y al siguiente una de risa y otra de acción y elegíamos entre tres salas, lo que para un pueblo de cuarenta mil habitantes no estaba nada mal. Al salir, paseíto por las oscuras y frías calles hasta llegar a un pequeño bar donde por un tiempo instauramos una tradición: comprar una banderilla por una peseta al sonriente Joan y seguir paseando: el picante de la banderilla nos ayudaba a disimular el frío que entonces hacía en invierno: para los adultos era un acompañamiento a un vino o una caña, pero éramos críos... 
 
Ninguno de los que comíamos aquellas banderillas ni tampoco Joan, quien nos la servía, hubiese imaginado entonces que la diminuta Rosa alumbraría treinta y pico años más tarde con su pluma el nacimiento de una detective, Cornelia Weber Tejedor, que apareció cuando ya no resultaba extraño al lector de la novela negra que las mujeres podían ocuparse de dirigir departamentos de policía igual o mejor que los hombres sin que su éxito viniese condicionado por su sexo sino por su inteligencia, dedicación y esfuerzo en desarrollar una tarea siempre árida. A Cornelia la precedió por ejemplo Petra Delicado, precisamente inspectora de policía destinada en Barcelona en 1996. 
 
Una referencia añadida: refiriéndose la Giménez Bartlett a Fermín, compañero subalterno de la Petra Delicado dice en una entrevista: "no está mal (que sea subalterno) porque las mujeres siempre son las víctimas o las ayudantes del fiscal o las esposas del policía o las cómplices del asesino" 
 
Con estos antecedentes consolidados después de un cuarto de siglo, viene ahora David Galán Galindo (nacido en 1982) a filmar una película que se titula como su novela publicada en 2016, Orígenes Secretos (2020) y nos ofrece otra ocasión de contemplar un ejercicio de juanpalomismo del que no me hubiese molestado en decir palabra alguna si al cabo de unos días no me sienta tan indignado, decepcionado y desilusionado. 
 
Dejaremos el porqué vi este bodrio en el baúl de los secretos inconfesables junto con la Trilogía del Baztán (que es mala también, pero no tan indignante y por lo menos su protagonista es una policía bastante verídica y lo apunto por si las moscas) y vayamos a una mera sinopsis de la trama y me aguantaré las ganas de destripar quién es el malo como justa venganza: 
 
Se produce en Madrid un asesinato que reviste apariencias muy peculiares y llaman al detective David Valentín (Javier Rey) a que comparezca acompañando al veterano Cosme Gallardo (Antonio Resines) para hacerse cargo: el novato Valentín, en su primer fiambre raro acaba vomitando la papilla de su primera comunión cuando el veterano Cosme le comunica que se jubila al día siguiente (hay cerca de dosmil quinientas veintisiete películas en las que al inicio el poli al cargo se jubila al día siguiente; es broma, pero casi, casi) y mientras Valentín proclama su disgusto porque esperaba aprender mucho de Cosme, su ídolo desde pequeñín, aparece en la puerta una tía canija dando gritos destemplados y vestida tal que así:
No han transcurrido más que catorce minutos de los noventa y seis que dura la cosa y la presentación de la inspectora Norma (Verónica Echequi) (que dice Cosme que es la jefa de homicidios más joven y más lista, con el nº1 de su promoción) te deja con la sensación que esto va a ser una vez más una lamentable pérdida de tiempo. Y de dinero, añado, aunque el visionado fué por invitación, pero luego lo explico. 
 
David Galán Galindo no debe haber leído jamás una novela negra en la que una mujer policía desempeña su trabajo teniendo subalternos masculinos: sino, no se entiende que haya creado con su pluma y luego con su cámara un ejemplo tan arcaico, ridículo, insignificante e ignominioso que si llama la atención es por estar absolutamente fuera de este siglo que vivimos en el que te encuentras magníficas mujeres en muchas ocupaciones antes desarrolladas únicamente por hombres y todavía hay camino por recorrer y viene el David ése a montar un circo de risas tontas dejando al único personaje femenino de una trama estúpida, mal escrita y peor dirigida como una mujer que pierde los nervios, que no muestra ninguna autoridad inherente a su cargo (chillar para mandar es típico de mediocres: que se lo pregunte David a Vito Corleone [suponiendo que sepa quien es]) y que queda como una adolescente enfebrecida delante de su guapetón subalterno al que le hace ojitos mientras él pasa olímpicamente y va a la búsqueda de un asesino en serie que no tiene nada de serio porque juega en la liga de los friquis dominada por un desatado Jorge (Brays Efe) que resulta ser el hijo del comisario Cosme, jubilado anticipadamente a la fuerza por la jefa Norma, que es la que sabe que él tiene cáncer y va a diñarla ¡uy se me ha escapado! 
 
Los efectos especiales son currados, la iluminación y fotografía normalillos, el guión cinematográfico deplorable, los diálogos de pena y el elenco deja que los dos argentinos invitados al festival se lleven la mejor parte sin ser nada del otro mundo, como siempre: uno duda si es que no hay buenos intérpretes o si es que los que haya no quieren participar en estos zafarranchos. 
 
El bodrio éste es una mala copia de Seven con aires friquis buscando modernidad, con tendencia a presentar los tebeos de superhéroes como el culmen de la cultura (hay una pandilla de friquis que son "en la vida real" gentes con cargos importantes en la industria y el funcionariado que le vienen a decir al detective Valentín: ¡chúpate esa! y nos quedamos humillados por tontos ignorantes de tan alta sapiencia) y todo no es más que un aparato ruidoso propio de un prestidigitador que nos engaña: mientras se muestra moderno nos cuela un mensaje machista propio de las películas "de risa" carpetovetónica que yo veía en la sesión doble (la otra podría ser Horizontes lejanos [en el cine, en pantalla grande, ¡chúpate esa!]) antes de ir a por una banderilla que pagaba con el cambio de la entrada del cine. 
 
La banderilla ha llegado hasta aquí porque en la última entrada de este bloc de notas usaba la expresión "mujer de bandera" al referirme admirativamente a un personaje femenino fuerte, independiente, de esos que hacen historia. Esta jefa de policía que nos presenta David Galán Galindo es abominable por lo ridícula y no vale ninguna excusa de humor zafio y barato: podría haber sido un intento de mujer bandera y ha quedado en mujer banderilla, pero no como el utensilio peligroso de la tauromaquia sino como eufemismo de sin importancia, de un exigüo palillo con unos trozos de encurtidos y una cebolleta avinagrada cuyo fin último es abrir la sed y pedir otra caña u otro vinito y nada más. 
 
La banderilla de verdad, la que hace daño, no obstante, sí está presente en este bodrio: nada menos que un millón de euros de nuestro dinero se ha entregado a los promotores de esta piltrafa machista: lo puede encontrar quien sepa buscar en google: Resolución de 13 de diciembre de 2018. Ministerio de Cultura y Deporte. ICAA. 
 
¡Un millón de vellón, hermanos! Sin contar lo que hayan podido sacar también de RTVE cuyos fondos también son de dinero público. Eso lo que consta transparente. 
 
Y todo para acabar en manos de la empresa de audiovisuales NETFLIX, esa que según los periódicos dicen paga sus impuestos en alguna otra parte pero no en España, donde tributa menos de cuatro mil euros al año. Eso sí que es una banderilla: casi diría que una banderilla de fuego por parte de NETFLIX y un verdadero bajonazo por parte del Gobierno de España y su innecesario Ministerio de Cultura que parece destinado a repartir prebendas a los amigotes sin siquiera tomarse el cuidado de averiguar si los productos cinematográficos que promocionan con dinero nuestro superan un mínimo de decencia y de corrección política. Que no se trata de censurar productos cerriles, machistas, no: se trata de no abonarles el camino con dinero de todos, simplemente. 
 
Si quieren hacer bazofia, que la hagan con sus propios medios o que busquen ayuda en otra parte: en Mediaset, creo, el machismo es la norma en alguno de sus productos, así que a buscar dinero a otra parte. Siempre me he pronunciado en contra de la subvención pública a la industria cinematográfica (seguramente por entender el agravio comparativo con millones de personas) y me he quejado de las malas películas que se aprovechan de ello, pero esto ya ha pasado una raya: esto es un producto tan fuera de lo admisible que ni siquiera alcanzo a comprender ni cómo no hay ningún colectivo feminista que alce la voz ni tampoco porqué una actriz acepta representar un personaje tan indigno. 
 
Si alguien me demuestra que les han obligado a devolver todo el dinero público recibido, borro la reseña y en paz. 
 
Puede que ésta de hoy sea mi reseña más negativa pero, amigos, hay que estar a las buenas y a las malas y si no lo cuento, me queda dentro y no lo podría soportar. Avisados quedan.




6 comentaris :

  1. Y yo me pregunto ¿Porqué fuiste a ver tal disparate? ¿Nadie te avisó? No estás ya curado de espanto? Porque desde luego la reseña no tiene desperdicio...ni piedad.
    Yo ya no me fío de esos productos y si los veo por error, al cuarto de hora, paso olímpicamente.
    Lo siento por ti, por tus dineros, por tu tiempo y...bueno, te ha servido para escribir ésta, que tiene su gracia.

    Besos. Milady

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    1. Me invitaron: ya sabes lo que pasa, Milady, que vas a una cena y de pronto alguen dice:¿no eres tú amante del cine? ¡veamos una novedad! y te callas por no montar un cacao.
      El dinero que me costó es el mismo que a tí, porque este desaguisado lo hemos pagado entre todos, de ahí mi indignación y mi necesidad de desahogarme y si te ha aparecido con gracia, tanto que me alegro porque lo último que deseo es aburrir a quien se toma la molestia de leerme.
      Haces bien en no fiarte de estos productos y vigila por si tienes algún conocido suscriptor de ese cable mal hallado: a mí no me la vuelven a dar....
      Besos.

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  2. Hola, Josep! Uf, gracias por la advertencia. Creo que no he visto ninguna producción Netflix potable.
    Soy un fan de las banderillas, te paso un microrrelato:
    GILDA
    Sergio Banderilla tiene un bar de pinchos y montaditos y, además, es conocido en el barrio por su pasión por el cine clásico. Su local está lleno de carteles y fotos de Rita Hayworth.
    Su especialidad –por supuesto- es el pincho Gilda, al que añade un toque especial. Cuando alguien pide en la barra una Gilda, Sergio se la sirve y acto seguido le propina al cliente un bofetón. Ocurrencia que en su bar es acogida con gran regocijo por la clientela.
    FIN
    ¿No te parece que las detectives femeninas españolas tienen nombres rarillos? Petra Delicado, Cornelia Weber...
    Interesante tu anterior entrada con el actor Wendell Corey. El inoportuno policía de "La ventana indiscreta" que terminó su carrera con la demencial "Los Astro Zombis".
    Abrazos!
    Borgo.

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    1. Hola, Borgo: El de Petra Delicado sin duda parece salido de tu horno particular, con lo que barrunto que si algún día te encargaran una portada para uno de los ejemplares, te sería muy fácil captar el ambiente del relato.
      Creo que no voy a dar más oportunidades a Netflix porque a pesar de la mucha publicidad que recibe en todos los ámbitos no he visto ni una que me haya gustado lo bastante.
      Un abrazo.

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  3. Hola Josep, interesante reseña negativa. Viene a funcionar como una NO recomendación, como una recomendación de donde no pisar.
    últimamente fuera de las series se complica netflix, las películas raras veces son muy buenas.
    De este año me gustó mucho la película polaca The Hater, no se si la has visto. Tratad e las fake news, y de cómo se manipulan las opiniones en las redes sociales. Te la recomiendo.

    Abrazos amigo Josep!

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    1. Esa es la intención, Frodo: que con uno que se equivoque ya hay bastante y así se ahorran los amigos perder el tiempo y agarrar un berrinche.
      Tomo nota de tu recomendación, porque la desconocía.
      Un abrazo.

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