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divendres, 27 de juliol de 2007

Casi un Cuarto de Siglo

Calendario en mano, son veinticuatro años los que separan dos películas basadas en un mismo personaje, asesino a sueldo que se da a conocer con el mote de Chacal.

Vistas en el cine ambas películas y repasadas que han sido detenidamente años después, uno acaba por concluir que la máxima coincidencia entre ambas, es el mote que usa el mercenario.

La primera de ellas, con
ocida en España como Chacal (The Day of the Jackal ), vió la luz en el año 1973, dirigida por Fred Zinnemann, un buen artesano, capaz de haber alumbrado anteriormente películas como "Solo ante el peligro" y "De aquí a la eternidad", así como posteriormente "Julia".

La película de 1973, protagonizada por Edward Fox como Chacal y por Michael Lonsdale como su perseguidor el Inspector Lebel, se basa en un guión muy bien preparado por Kenneth Ross, quien fue nominado como mejor guionista por ese trabajo en dos certámenes, cuyo trabajo se basó en la exitosa novela superventas de Frederick Forsyth, autor británico cuyas historias han sido llevadas en varias ocasiones a la pantalla, caso de Odessa y El Cuarto Protocolo, con estimable resultado, y Los Perros de la Guerra sin tanto éxito comercial.














La
segunda versión de la caza del asesino, data de 1997, titulada en España como la anterior, Chacal (The Jackal ) y fue dirigida por Michael Caton-Jones, que recientemente ha presentado Instinto Básico 2, de la cual no puedo hablar en absoluto, pero que según parece, es una constatación del escaso talento del director-productor yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como, lo cual puede servir de advertencia para el futuro.

Esta segunda versión se basa, curiosamente, no en la novela de Forsyth, sino en el guión escrito por Kenneth Ross, idea brillantísima cabe suponer, tanto del director-productor como del mal llamado guionista, un tal Chuck Pfarrer, que ya había ¿escrito? los ¿diálogos? en las aventuras de la neumática Pamela Anderson en la pesadilla Barb Wire, prototipo de película que uno puede contemplar libidinosamente sin sonido alguno sin miedo a que le llamen erotómano o algo peor..... err.... sigamos, que nos estamos despistando....

Los intérpretes, por decirlo de alguna manera, de esa segunda versión, son Bruce Willis, como Chacal, y, dada la fama de súper-súper-yippee-ya-yee-ho del calvito Bruce, sus perseguidores son no dos, sino tres, a saber, Sidney Poitier (en sus horas más bajas, muy alejado del calor que pa
só con Rod Steiger, que da para otro post), como el superagente del FBI Carter Preston, Diane Venora como la super-mayor (aquí sería comandanta) de las fuerzas especiales del Ejército Ruso Valentina Koslova, ayudados ambos por la imprescindible ayuda talentosa, ingeniosa, super-hábil, especialísima de Richard Gere, como el terrorista del IRA Decland Mulqueen, que, tras treinta años en prisión, resulta ser un héroe de lo más lucido y lúcido.













Por si hubiera alguna duda, es opinión de este humilde espectador que la versión de 1997 es un fiasco total, solamente salvable para constatar con claridad diáfana, por si hubiera alguna duda, que una cosa es rehacer una buena película y otra, muy distinta, es plagiarla sin el más mínimo talento y con muy poca vergüenza. Opinión, por otra parte, nada original, vista la puntuación obtenida en IMDB por ambas, pese a la diferencia de votantes, 8.400 la primera y 20.800 la segunda.

Vayamos al grano: la historia que se nos cuenta trata únicamente ofrecernos un entretenimiento, siendo cine de acción sin más pretensiones. Las diferencias entre ambas películas, no obstante basarse en el mismo personaje, son enormes, máxime atendido el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda, constatando como las circunstancias sociales de distintas épocas no quedan reflejadas en la pantalla, como veremos prontamente, ya que a partir de estas líneas se ofrecerán datos que quien no las haya visto quizá prefiera obviar.

De entrada, el sentido de la película difiere sensiblemente por un elemento, cual es el final, totalmente distinto en ambas. Y digo bien de entrada al referirme al final, ya que en la película de Zinnemann el inicio nos ofrece una voz en off sobre la excelente partitura de Georges Delerue, contándonos como una organización denominada OAS pretende asesinar al Presidente de la República Francesa General Charles De Gaulle, y vemos como, no siendo capaces por sí mismos de cumplir con su empeño, contratan al mercenario autodenominado Chacal.

Y todos sabemos que De Gaulle no murió asesinado. Por lo que, de entrada, somos conscientes que el asesino no podrá llevar a término el encargo recibido. ¿No hay misterio? ¿No hay inquietud? ¿No hay sorpresa?

De forma sorprendente, Zinnemann nos agarra del cogote y nos zarandea a su antojo, consiguiendo que olvidemos que De Gaulle no fue asesinado. El espectador acaba pensando: vale, De Gaulle murió en su cama, pero esto es una película, y nunca se sabe...

Con el ánimo prendido por el buen hacer de Zinemman, con un montaje sobresaliente, fruto de la labor de Ralph Kemplen, nominado al Oscar, el espectador se queda pendiente de la trama durante nada más y nada menos que 145 minutos, casi dos horas y media, en que nadie se mueve de la silla porque la acción es continua y estamos deseando que se acabe la película para saber cómo caramba el bueno del Inspector Lebel consigue atrapar a su letal y escurridiza presa.

En la versión de 1997, que empieza con unos lamentables títulos de crédito admonitorios de lo que vamos a soportar, el objetivo, primero aparente y luego real, es personaje sin historia real alguna, con lo que el éxito de la misión aceptada por el sanguinario Chacal permanece durante todo el metraje en la incógnita, una incertidumbre que en modo alguno ayuda a soportar los lastrados 120 minutos, dos horas, que dura esa penosa revisión. ¿Cómo? ¿Dura menos y es más lenta y aburrida? Ciertamente, la falta de talento imperante en la segunda versión en todos los elementos que la componen, coadyuva no poco a que Morfeo tiente al sufrido espectador.

Hay en la primera versión, digamoslo ya, en la buena, en la mejor, una modernidad que se echa en falta en la segunda, en la mala.

De entrada, las interpretaciones del elenco protagonista se balancean de forma escandalosa en favor de la cosecha de 1973: Edward Fox compone un asesino frío pero elegante, que sabe alterar su imagen con apenas un cambio de color del pelo, unas gafas y una gestualidad contenida pero eficaz; cuando sonríe, nos da escalofríos; le vemos asesinar de forma rápida y eficaz, sin malabarismos, incluso con alguna elipsis cinematográfica; le vemos seducir, tanto a mujeres como a hombres (recordemos que estamos en 1973); le vemos en escenas de sexo y le vemos levantarse de la cama de la forma más natural del mundo, es decir, desnudo, sin el recurso sobadísimo de agarrarse a una sábana o a una manta en la forma más antinatural de producirse que hemos visto en tantas películas. Fox confiere al personaje una distinción muy "british" junto con una eficacia y un ajustado desarrollo de su plan que se dirían de reloj suizo, marcando, implacable, paso a paso, su tránsito desde Génova hacia Paris, de forma inexorable, sin que nadie pueda detenerle, hasta conseguir su objetivo, disparar contra el General De Gaulle, con lo cual el personaje del asesino imparable alcanza una categoría que le inmortaliza en nuestra memoria...

Está también el Inspector Lebel, muy bien representado por Lonsdale, actor sólido de la buena cantera francesa, cuyo elogiado trabajo en Chacal al parecer motivó su inclusión en el reparto de la más reciente Munich de Spielberg, admirador de esa primera versión. El inspector Lebel es la mano derecha del Comisario Jefe de la Policía de París, un hombre callado, serio, un perro de presa que no abandona su empeño, que no ceja hasta conseguir atrapar a Chacal, con la ayuda estimable de su próximo detective Caron, interpretado por Dereck Jacobi, y vemos como ambos apenas duermen ni salen de su garito desde el que mueven todos los hilos a su alcance para tejer una tela de araña que acabe por apresar a Chacal, quien se escapa una y otra vez, siempre por escasos minutos, de los múltiples controles policiales que intentan detener su avance al corazón de Francia.

Y las mujeres: porque en la primera versión, hay mujeres; y mujeres que resplandecen, bellas, desnudas, practicando sexo, con distinta suerte: por una parte, una joven viuda antes de casarse, que se introduce en la alcoba de un alto comisionado y, a modo de topo de alcoba, va avisando a Chacal de los avances de la policía, y la vemos salir de la cama, desnuda, naturalmente, para comunicar los secretos de alcoba que ha obtenido en cumplimiento de su misión como miembro de la OAS, cual una Mata Hari, siendo el espectador consciente de tal acción desde un principio, nuevamente mostrando Zinnemann todas las cartas, sin miedo, cual mago de primera categoría, consciente que tiene en su chistera preso el ánimo del espectador. A eso se le llama oficio. Ni trampa ni artificio: todo a la vista, y nadie se mueve.

Y está la otra mujer, bella también, casada con marido rico pero ausente, cuya necesidad sexual es observada y explotada por Chacal, de forma inmisericorde, conforme a su propósito, librándose de ella sin pasión cuando le representa un estorbo, sabedor que ya la Policía ha trabado conocimiento de un primer encuentro nada casual para el asesino perfecto.

El sexo: de forma sorprendente, en la primera versión hay escenas explícitas de sexo, muy bien tratadas, de un sexo que aparece de forma onerosa, nada gratuita, como medio para obtener un fin, coincidiendo en beneficiar el cumplimiento de la misión de Chacal. Incluso hay sexo homosexual, elípticamente tratado, pues vemos como Chacal, con el único objetivo de disponer de alojamiento en París, sabiendo controlados los hoteles, pensiones y albergues, seduce a un homosexual en unos baños turcos y le vemos, al día siguiente, mientras su huésped vuelve de hacer la compra para preparar la comida de ambos, dándose por entendido que han dormido juntos. Recordemos: estamos en 1973.

En la nefasta versión de 1997, Chacal, interpretado por Bruce Willis, que no se esfuerza en absoluto, parece padecer de un fregolismo (palabra inventada, relativa a los incondicionales del arte del disfraz practicado por el famosísimo Frégoli ) hilarante e innecesario las más de las veces, hasta caer en el más absoluto de los ridículos; es un asesino tan mal representado, que llega a cerrar los ojos, en breve pestañeo, al disparar una pistola (cabe suponer que de fogueo) para asesinar al homosexual que ha seducido con un par de besos en los labios (¡oh! ¡estamos en 1997! ¡Qué atrevimiento!), sin que haya mediado entre ellos nada más (¡oh! ¿seguimos en 1997?), en una relación gratuita, metida con calzador por el inefable plagiario mal llamado guionista, ya que estaba en el otro guión, ¿recuerdan? el que casi ganó un Oscar...

Los oponentes modernos de Chacal son una amalgama de FBI, KGB e IRA, un pastel indigesto, con una guinda expresada en una ex-etarra, y a uno le sorprende que no hayan metido también al Mossad y a palestinos en el berenjenal. Las interpretaciones de Poitier, como detective del FBI, de Gere como terrorista listillo del IRA y de Venora como superwoman del KGB, son de muy poca consistencia, quizás porque sus personajes carecen de enjundia y porque la historia se cuenta con una pobreza de medios intelectuales tan alarmante que cansa al más animoso espectador, resultando en comparación mucho más pusilánime y modosa que la primera versión, quizá porque la primera va destinada a un público adulto y la segunda pretende ser una película para todos los públicos, deviniendo en un rompecabezas sin sentido que acaba por desinteresar al más aficionado.

Las mujeres de la segunda versión ni son bellas, ni se desnudan, ni tienen el carácter necesario para ostentar una fuerza sexual que tampoco hace acto de presencia en la película, reducidas a una mujer marcada por una cicatriz, sin que ello nos indique ser la razón de su aparente fiereza y determinación, y a una ex-etarra que, apareciendo reconvertida, acaba por aparecer, cual Némesis emergente vengadora, en el último minuto de la película, en un final lamentable donde los haya.

Hay también un traidor, un topo, que va avisando a Chacal, pero le restan toda importancia, hurtándosela al tiempo a la trama, que uno no llega ni a saber el porqué de la traición, conocida ya en el último tercio de la película, metida también con calzador, como acordándose que, ¡caramba! si tiene que haber un topo...

La intensidad del relato de Zinnemann es perfecta y uno puede comprobarlo fácilmente cuando revisa la película, pletórica de elementos lógicos bien presentados, siguiendo con bastante fidelidad la trama ideada por el novelista.

Por contra, la segunda versión es adocenada y no es de extrañar, ya que, aún usando parte de los mismos elementos, los presenta de forma deslavazada, alterando incluso el momento en que ocurren los acontecimientos, sin que en ningún momento alcance ningún atisbo de credibilidad la historia, lo que redunda en un aburrimiento generalizado, hasta llegar a la convicción que Chacal debe ser muy inútil, pues claramente como inútiles son presentados quienes se empeñan en darle alcance, y al final, lo consiguen, dejando en el camino escenas inconclusas, retazos de ideas que fueron y quedaron en el limbo de los inútiles.

La verdad: gastar casi un cuarto de siglo para empeorar una buena historia, como que no vale la pena :-(

Ahora sólo falta que algún avispado productor considere que ha llegado la hora de perpetrar otra revisión de Chacal.

Por suerte, siempre podremos volver a París. :-)

2 comentaris :

  1. Pues sì....se me olvidò esta pelicula.....que tal y como cuentas es de consumo y olvido ràpido, salvo una excepciòn que te comentarè al final. Hace mucho que no veo la primera....pero desde luego tenia una personalidad...habia una progresiòn dramàtica...y un actor en estado de gracia. Estoy de acuerdo en casi todo....de la interpretacion de Poitier ni me acuerdo. De los disfraces de Willis poco....
    Pero de la Diane Venora si. Creo que compone un personaje muy digno....y recuerdo que mientras ella estaba en pantalla la pelicula ganaba. Creo que al contrario que los demas, que se pasean como si estuviesen en una de acciòn mas....ella se toma en serio su personaje con heridas internas y fìsicas. Con su desapariciòn de la trama el film pierde lo poco digno que tenìa. Incluso recuerdo su ùltima escena.....y me dije làstima....creo que està muy por encima de una pelicula....que en fin....si algun dia la volviese a ver serìa x ella. Un abrazo

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  2. No puedo menos que estar de acuerdo contigo, Víctor, respecto al trabajo realizado por Diana Venora que para mí fue una verdadera sorpresa; lástima que su personaje está como metido con calzador en una historia ya de por sí penosa, dotada de un frikismo inaudito, paupérrimo de ideas y mucho más conservador de lo imaginable, una verdadera sopa de letras agria.
    La primera siempre me ha gustado y fíjate que en el estreno ya había leído la novela; está claro que Zinneman juega en otra liga, pero es que, además, lleva consigo a un elenco de secundarios que quita el hipo...
    Muchas gracias por haber leído esta añeja entradilla que escribí con cariño hace tanto tiempo y por haber sido, además, el primero en dejar un comentario.
    Un abrazo.

    ResponElimina

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