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dimecres, 16 d’abril de 2008

Dudas existenciales

Dice el refranero popular que es de bien nacido el ser agradecido.

Cumpliré pues, con la tradición, y daré las gracias a los hermanos Coen por haberme ayudado a descubrir a un escritor estadounidense, autor de varias novelas de renombre, a quien este comentarista desconocía por completo hasta hace bien poco.

Leyendo un comentario de La Mujer Justa me surgió la idea de obtener el libro y leerlo después de haber visto la película de los hermanos Coen.

Así lo hice: el libro permaneció en mi mesa unos días, de hecho un par de semanas, cerrado, aguardando su turno; me demoré, pues retardé cuanto pude su lectura tras ir al cine. El fin de semana pasado, por fin, cumplí con la idea.

Cormac McCarthy lleva ya tiempo escribiendo y justo el año pasado recibió el Premio Pulitzer de Ficción por su última novela, The Road; anteriormente, escribió, en 1992, la novela Todos los Hermosos Caballos, que ya fue llevada al cine.

No es País para Viejos (No Country for Old Men) en una barata y cuidada edición de bolsillo , permite, por poco más que el precio de una entrada de cine, disfrutar de una lectura apasionante.

McCarthy, con apenas doscientas cuarenta y dos páginas, divididas en doce capítulos con prefacio y un epílogo, nos muestra la desazón que siente el sheriff Ed Tom Bell, un sentimiento de desamparo, de miedo, de frustración vital, ante la incomprensión del devenir de una sociedad en la que ha sido personaje activo durante toda su vida, al servicio de los habitantes de su condado, el condado texano de Terrell, allá donde el sur de la américa sajona se mezcla con el norte de hispanoamérica, en un territorio extenso, donde las vecindades suponen cientos de kilómetros, un paisaje árido, abrupto y desértico en el que la frontera se diluye bajo un sól tórrido, una luna clara y un clima extremo, donde las gentes atraviesan el río y cambian de país, de lengua y de costumbres, poca gente para tanto espacio, demasiado espacio para tan poca gente, soledad amparadora de los hechos cruentos que irán hilvanando una sangrienta historia de cacería humana, en la que el fatigado Bell acumulará las razones para, al fin, romper con todo.

McCarthy demuestra poseer gran conocimiento de la narrativa y acierta de pleno en la composición de la novela: cada capítulo de los doce en los que nos irá describiendo la historia se inicia con un monólogo, una voz en off muy cinematográfica, que nos expondrá el pensamiento de Bell y así, conforme la acción avanza, tendremos una parte de su discurrir vital y entenderemos sus razones.

McCarthy escribe de forma concis
a, breve, seca; los párrafos son cortos, iluminados en ocasiones con apenas cuatro palabras sugerentes de una imagen, un ruido, creando en la imaginación del lector, escuetamente, la descripción que otros escritores realizarían profusa y detalladamente.

A modo de ejemplo, abro mi libro al azar y leo en su página 73:


"Había ciervos moviéndose entre los matojos del desierto. Los oyó resoplar y pudo verlos cuando salieron a un cerro unos cien metros más allá y se lo quedaron mirando. Se sentó en un cascajal con la bolsa vacía doblada sobre el regazo y contempló la puesta de so
l. Vio la tierra volverse azul y fría. Vio descender sobre el lago a un águila pescadora. Después solo hubo oscuridad."

La forma en que se nos presenta la acción es también peculiar: McCarthy huye de los convencionalismos literarios y su redacción, al principio, causa en el lector poco acostumbrado a su estilo una cierta confusión: los diálogos se suceden, mezclados, confiriendo a la lectura una sensación de precipitación al principio y de naturalidad después, ya que, cuando hablamos, nuestros discursos se entremezclan y las pausas son casuales; y cuando se producen, gozan de mayor contenido y significado.

Además, el autor juega con el tiempo y el lugar, presentando en ocasiones hechos que han sucedido ante nuestros ojos y, a vuelta de página (muy buena la composición editorial de esa colección de bolsillo) estamos leyendo las acciones que han precedido temporalmente a los actos ya conocidos.

El lenguaje directo, breve, seco, cortante casi, adornado por epítetos y adjetivos descriptivos, choca con el uso reiterado de un recurso poco habitual, el polisíndeton, que profusamente McCarthy inserta en sus descripciones de movimientos de los personajes que veremos deambular, figura retórica que, me consta, ha causado no poca perplejidad y desconcierto a varios lectores, probablemente por su desconocimiento, por inusual.

A modo de ejemplo, en la misma página 73 leo:

"Luego metió el arma y la munición y las herramientas debajo del colchón y salió otra vez"

Esa forzada conjunción copulativa "y" que fácilmente podría ser sustituida por una coma entre "arma" y "munición", dando "aire" a la lectura, consecuente con la "coma", precisamente la usa McCarthy con la diáfana intención de acelerar el ritmo de la narración, de agotar el ánimo prendido del lector, que no halla descanso al "tomar aire" en una frase que, así, imprime mayor tensión a la narración, llegando incluso a incomodar.

Pero es que McCarthy no quiere que nos sintamos cómodos con la lectura de su novela; al contrario; pretende y consigue incomodarnos, sorprendernos.

Los personajes de la novela son cuatro, presentados de forma sucesiva en la novela:

El principal e
s el sheriff Ed Tom Bell; lo es porque suyos son los pensamientos que anteceden a cada capítulo y porque cierran la novela a modo de epílogo. Bell es un hombre que se ha hecho mayor al servicio de su comunidad, honesto, cabal; ha sido reelegido tantas veces que, al final, teme no poder jubilarse porque no le permitan dejar el cargo; se conoce la zona fronteriza del Texas más sureño y tiene amigos y conocidos en los condados limítrofes. Es un hombre conservador, extrañado por cómo la vida ha ido cambiando en apenas cuarenta años, comprobando directamente, día a día, testigo forzado, la aparición de la maldad en el tejido social, representada por individuos desalmados.

La historia q
ue vamos a conocer nos la cuenta Bell: forma parte de su pasado; en sus primeras palabras, si nos fijamos, podemos comprobar que, de inicio a fin, la historia será la causa de su decisión final:

"La prensa decía que fue un crimen pasional y él me aseguró que no hubo ninguna pasión. Salía con aquella chica aunque era casi una niña. Él tenía diecinueve años. Y me explicó que hacía mucho tiempo que tenía pensado matar a alguien. Dijo que sabía que iría al infierno..../.... ¿Qué le dices a un hombre que reconoce no tener alma? ¿Qué sentido tiene decirle nada? Pensé mucho en ello. Pero él no era nada comparado con lo que estaba por venir."

El que estaba por venir es el siguiente personaje, Anton Chigurh: su presentación no puede ser más efect
iva: se halla detenido por un agente de la ley que está al punto de encarcelarlo; mientras el agente busca las llaves de la celda....:

"Estaba ligeramente encorvado cuando Chigurh se puso en cuclillas y pasó las manos esposadas por detrás hasta la parte posterior de sus rodillas. En el mismo movimiento se sentó y se meció hacia atrás y pasó la cadena bajo sus pies y luego se incorporó rápidamente y sin el menor esfuerzo. Si parecía algo que hubiera practicado muchas veces, lo era. Pasó las manos esposadas por encima de la cabeza del ayudante y dio un salto y descargó ambas rodillas sobre la nuca del ayudante y tiró de la cadena."

Chigurh es un hallazgo espantoso, terrible; un psicópata que no tiene aprecio a la vida, ni la ajena ni la propia, adornado con un fatalismo lógico en su locura, sembrando de cadáveres su itinerario, bestia depredadora astuta e insensible, máquina de matar constante y eficaz.

"Chigurh sonrió. Tenemos mucho
de que hablar, dijo. A partir de ahora trataremos con gente nueva. No habrá más problemas.
¿Qué ha pasado con la gente vieja?
Se han dedicado a otras cosas. No todo el mundo es apto para este trabajo. La perspectiva de unos beneficios desorbitados lleva a la gente a exagerar sus propias aptitudes. Para sus adentros. Creen que controlan la situación cuando quizá no es así. Y es la postura de uno sobre terren
o incierto lo que propicia la atención de los enemigos. O los ahuyenta.
¿Y usted? ¿Qué pasa con sus enemigos?

Yo no tengo enemigos. No permito que los haya. "

Esa filosofía mortífera dominará el relato cual sombra ominosa dejando huella en todos los personajes que viven la historia; es la personificación del mal; y su objetivo será dar caza al tercer personaje, pivote, eje central en torno a cuyos actos girará la trama, espoleta iniciadora de una guerra sin cuartel ante los ojos del asombrado Bell.

El tercer personaje es Llewelyn Moss: es un hombre que participó en la guerra de
Vietnam; un buen tirador que se gana el sustento como soldador y trapichea y caza antílopes en el desierto del Parque nacional Big Bend; es un cazador astuto, que aplica lo aprendido como francotirador en la guerra; una tarde, siguiendo un rastro, descubre varios vehículos y a sus ocupantes acribillados a balazos; además, descubre una camioneta cargada de droga y un maletín con más de dos millones de dólares; apropiarse del dinero será su perdición, ya que se iniciará una cruenta persecución. Pero él no se amedrenta y huye y consigue que su mujer abandone el lugar y se vaya con su madre; la quiere y trata de protegerla de lo que sabe va a empezar. Es un tipo duro, valiente, tenaz y con recursos. Conoce el peligro. O cree conocerlo.

El cuarto personaje no es una persona en sí mismo: son los delincuentes de uno y otro bando que también buscarán el dinero; se afanarán y matarán por ello y morirán algunos, también. Son los intereses económicos que fuera de la ley se mueven con soltura en ese amplio espacio fronterizo buscando ganancias millonarias; son los que mueven los hilos y son los que mandan a sus esbirros a matar y a morir. Es la tierra, dura y seca, árida, grande, que permite que todos se muevan con soltura escabulléndose en cada intento de Bell por detener esa batalla.

McCarthy usa todos esos elementos muy bien: el desarrollo de la acción, paralela a los pensamientos de Bell, cada vez más asombrado ante el cúmulo de asesinatos que va hallando es un contraste que proporciona a la novela una trascendencia que va mucho más allá de la simple narración del género, una reflexión acerca de la co
ndición humana, una visión pesimista que se nos relata claramente a través del pensamiento de Bell:

"Hace tiempo leí en un periódico de aquí que unos maestros encontraron de casualidad una encuesta que enviaron en los años treinta a varias escuelas del país. Incluía un cuestionario sobre cuáles eran los problemas de la enseñanza en las escuelas. Y encontraron unos formularios que habían enviado desde varios puntos del país respondiendo a esas preguntas. Y los mayores problemas mencionados eran cosa como hablar en clase y correr por los pasillos. Mascar chicle. Copiar los deberes. Cosas por el estilo. Cogieron uno de los impresos que estaban en blanco, hicieron fotocopias y los volvieron a enviar a las mismas escuelas. Cuarenta años después. Y he aquí las respuestas. Violación, incendio premeditado, asesinato. Drogas. Suicidio. Me puse a pensar en eso. Porque la mayoría de las veces cuando digo que el mundo se está yendo al infierno la gente simplemente sonríe y me dice que me estoy haciendo viejo. Que ese es uno de los síntomas. Pero lo que yo creo es que cualquiera que no vea la diferencia entre violar y asesinar gente y mascar chicle tiene un problema mucho mayor que el que tengo yo. Y cuarenta años tampoco es tanto. Tal vez los próximos cuarenta años sacarán a la luz algún problema más. Si no es demasiado tarde. "


La composición de los personajes, sus andanzas, los diálogos breves, claros, concisos, el manejo del tiempo y el lugar y la concreción del conjunto, propiciaron sin duda que Joel Coen y su hermano Ethan Coen abandonaran su costumbre de rodar películas basadas en historias propias y guiones originales y se apoyaran en el excelente texto de Cormac McCarthy para su película de idéntico título, presentada hace poco en España: No es País para Viejos (No Country for Old Men, 2007).

No es una película típica de los hermanos Coen, pero es una película de los hermanos Coen al cien por cien. No es típica porque se basa en un relato no habitual en ellos, con un clarísimo mensaje conservador. Pero su factura nos remite a las mejores de sus inicios, aprovechando esos planos generales que nos sumergen inmediatamente en el ambiente áspero en el que se va a desarrollar la trama; los personajes principales están muy bien cuidados, especialmente el trío protagonista configurado por un excelente Tommy Lee Jones en una composición que me recuerda mucho al vaquero de su película Los Tres Entierros de Melquíades Estrada, dando cuerpo al sheriff Bell; un también excelente Josh Brolin que otorga todo el nervio y la tensión que sufre ese ex-combatiente y cazador Moss, convertido en presa condenada a muerte, y un adecuado Javier Bardem en un papel bastante hierático, Terminator del siglo XXI, por el que le regalaron el oscar al mejor actor secundario en una artimaña de mercadotecnia ya que es tan protagonista como los otros dos.

Un inciso: este comentarista no alcanza a comprender cómo caramba un hombre tan preocupado socialmente como el Sr. Bardem, hijo y nieto de cómicos de la lengua, ha despreciado a millones de espectadores hispanohablantes como él mismo y ha permitido que en la versión doblada su voz haya desaparecido por completo, hurtándonos la mitad de su actuación; además, el doblaje es penoso, de aquellos que deberían dar vergüenza, plano y aséptico, carente de emoción y tensión, no resultando amenazador ni de casualidad. Vergüenza para el Sr. Bardem por permitirlo. Tampoco puedo comprender porqué en ninguna de las muchas críticas genuflexas ante ese Oscar se menciona la cuestión, como si no tuviera importancia: para una vez que le dan un Oscar a un actor español, va y se queda mudo. ¿O es que ya no le importa el público hispanohablante?

Los Coen aplican su ciencia con mesura y sabiduría, respetando y enalteciendo el texto de McCarthy, usando diversas elipsis -como acostumbran- para reforzar la traslación al lenguaje cinematográfico de los hechos que se van hilvanando de forma sucesiva e implacable, ante los ojos del asombrado sheriff Bell. En otras manos, la fuerza de la novela se hubiera diluído y quizás reducido a una cinta de acción sanguinaria sin más; la forma de retratar los individuos es ejemplar y cabe señalar que cuidan con mimo y esmero al atroz y sanguinario asesino Chigurh, profusamente rodado en primeros planos que destacan la impavidez con que ejecuta sus acciones.

Tengo para mí la sensación que las críticas adversas -que alguna ha habido- recibidas por la cinta se deben, primordialmente, a que el mensajero se ha quedado en la fachada, en el bosque, en la apariencia de "thriller" sangriento esperado por todos como retorno de los Coen al género que mejor dominan, después de su nefanda excursión comercial a la comedia; no se han visto los sótanos; no se han visto los árboles; no se ha entrado en la consideración del mensaje pesimista y apocalíptico que se mantiene y que se revela prístino en la última secuencia que cierra la narración y la película, con un Barry Corbin como el tío Ellis que sí hubiera debido recibir, por lo menos, una nominación al mejor actor secundario por su breve pero intensa labor.

Una película de poco más de dos horas, muy interesante, perfecta traslación a la pantalla de una novela llamada a permanecer en la memoria colectiva, dos horas bien aprovechadas que nos zarandean y nos hacen comprender que los tiempos cambian y no siempre ni en todo a mejor, usando el descarnado retrato de la violencia como catapulta para denunciar un exacerbado materialismo que, por el maldito dinero, es capaz de cualquier cosa, hasta afrentar la muerte, la propia y la ajena.

En definitiva, un libro a comprar sin falta y un dvd a esperar para poder ver la actuación entera del Sr. Bardem.

Otrosí: observando el precio del libro (apenas 8 euros) y sabiendo que el dvd tardará años en ser ofrecido a precio semejante, uno debe concluir que algunos magníficos escritores están muy subestimados por nuestra sociedad.



17 comentaris :

  1. Plaf, plaf, plaf....(aplausos)Estoy en absoluto de acuerdo contigo Josep..¡qué libro¡¡qué forma de narrar¡¡qué economía de lenguaje para decir tanto¡....¿Has leído tambien "The Road"?...Si no lo has hecho lo tendrás que hacer muy pronto porque es fenomenal....¡Qué bueno tener un colega en la pista literaria¡
    Un beso cariñoso de Hildy

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  2. En casa del herrero cuchillo de palo, dice el refrán. Yo tengo que confesar que no he leído ni "No Country for Old Men", ni "The Road" (aquí sonaría una bofetada merecida), pero tengo en mi mesilla de noche como tres libros esperando vez.

    Sí, nos hurtaron la voz de Barden. A mí estas cosas me ponen enfermo. Tendría que salir un decreto gubernamental para que prohibiera doblar las pelis.
    En fin, siempre nos quedará el DVD.
    Un abrazote.

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  3. Muchas gracias, Hildy; no he leído The Road todavía, pero supongo que caerá algún día.
    Lo bueno es que cuando uno suelta el "rollo literario" porque te lo pide el cuerpo, alguien esté a la escucha.

    ¡Muac! Saludos.

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  4. Pues, Antonio, teniendo en casa el libro, y siendo tan breve, yo de tí iría a por él sin más dilación.

    Me parece que no está el país como para que todo el cine se ofrezca en v.o.

    La enseñanza de las lenguas es otra asignatura pendiente;claro que sería una bicoca para "las gentes de la cultura" que, así, tendrían menos competencia.

    De todos modos, el caso que nos ocupa es un tanto especial, ya que el Sr. Bardem sí se ha doblado a sí mismo en otras tres ocasiones....

    Un abrazo.

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  5. Enhorabuena, compa Josep; tu reseña, como de costumbre, es extraordinaria. En cuanto al libro, me gustaría poder decirte que me lo apunto, y que a ver cuándo pillo un hueco, y esas cosas que acostumbraba, pero he de confesarte que me he decidido a hacer stop, inventario y "limpieza". O sea, que no compro más libros (o, al menos, ésa es la intención) hasta que no sepa, realmente, cuántos y cuáles tengo (ahora lo ignoro), y los haya, si no todos, sí, al menos, una buena parte, leído. Que me temo que será tarea para muchos, muchos años.

    En fin, no te asustes. Que seguro que mañana mismo ya me he olvidado de tamaña tontería. No tenemos arreglo, me temo...

    Un fuerte abrazo.

    P.S. Que en Córdoba sería así, ya lo tenía clarísimo. Pero me cuesta trabajo creer que en las capitales "grandes" (Madrid, Barcelona), la peli de los Coen no se ha exhibido en V.O. No me cabe en el coco, no...

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  6. Gracias, amigo Manuel, por tus ánimos.

    ¿Que no vas a comprar más libros?
    ¡Ja! Te vas a comprar éste, hombre, que no vas a poder resistir; es tan cortito y tan bueno... :-)

    p.d.1.: Supongo que en BCN/MAD sí se ha podido ver en v.o.; no me apeteció trasladarme, pues desde el principio decidí comprar el dvd (para completar la colección, claro). Pero, evidentemente, el Sr. Bardem es consciente que aparte de esos escasos cines, que no llegan al 0,5%, el resto, se han quedado sin su actuación al completo. No me parece, sinceramente, cuestión baladí.

    p.s.2: he visto que eres un fan de la Turner, y me sorprende que no hayas dicho "esta boca es mía" en dos entradas consecutivas de este bloc, a finales de marzo...

    Un abrazo.

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  7. Curiosamente, me han regalado recientemente el de "Meridiano de Sangre", y después de tu preciso y extenso comentario las ganas por leerlo parecen que van en aumento.

    Sobre la película: me gustó, sin apasionarme. Pero el tono crepuscular, el ritmo, la tensión y cierto humor negro destacan. Y, por supuesto, la aparición de Maurice Minnifield de Dr. en Alaska para aclarar el sentido de la película...

    Un saludo.

    P.D. La acumulación de "Y" en una frase se llama polisíndeton ;P.

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  8. Espero, Hatt, poder leer tu reseña de esa otra novela de McCarthy; para mí ha sido un descubrimiento muy interesante.

    La película me gustó, aunque no la considero la mejor de los Coen; algún punto flojo; pero, desde luego, visto lo que he visto del año pasado, el galardón, merecido sobradamente. Leída la novela, me parece muy buena adaptaciòn.

    Ya veo que tú también trasnochabas para disfrutar de esa variopinta población septentrional...

    Un saludo.

    p.d.: Hatt, fíjate, que eso ya lo he dicho yo... ¿no leerás muy rápido? :-)

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  9. Jajaja.

    Será que me he asustado ante tanto texto, la cabeza se me habrá caído de los hombros y, chico, los golpes no son buenos para la memoria...

    Un saludo y disculpa la(s) incoherencia(s).

    ResponElimina
  10. Hatt, recibo la indirecta :-)

    Ya habrás comprobado que, cuando algo me gusta, no puedo contenerme y me sale el natural verborreico-entusiasmado...

    Nada que disculpar: confesaré que tuve que buscar esa palabreja definitoria, tal que así:"acumulación de conjunción copulativa en una frase" y google me dió una oportunidad. Me supongo que no es tu caso, de lo que me alegro..

    Saludos sabatinos.

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  11. Hola Josep, la carretera está muy bien, y a mi también me marcó Hijo de Dios, un durísimo relato de McCarthy.

    Buen artículo sobre No es país para viejos!!

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  12. Hola, Marchelo: benvingut.

    Gracias por la recomendación: La Carretera ya la tengo pedida, aunque creo que la dejaré hasta después de ver la película, a fin de año; la otra, Hijo de Dios, puede que la lea antes, pues McCarthy me ha gustado mucho.

    Y gracias por el elogio; celebro que te haya gustado.

    Salutacions.

    ResponElimina
  13. Josep no sé perquè he intentat penjar comentaris al teu post de La maldición... i no s'han quedat guardats! Et deia que m'agrada molt el teu bloc i que t'he enllaçat, gràcies per tornar-me la visita!

    Ens llegim!

    ResponElimina
  14. Hola, comparto la apreciación sobre el óscar de Bardem. No dice prácticamente ni pío pero le vale para una estatuilla, en fin. El libro lo tengo pendiente.

    En Palma, la pude ver en V.O. en los Cines Renoir - que, por cierto, cada vez programan más pelis nacionales en V.O. en castellano ¿¿¿¿????- y considero que la aridez del paisaje y los personajes se traslada al lenguaje. No al léxico sino a la pronunciación, seca, a golpes. Para mí, una buena película (pero que no pasa de ahí), un Bardem correcto (Brolin, mucho mejor) y una lectura pendiente.

    y también añado dos críticas:

    1- Ya está bien! Es usted demasiado prolífico. Me imprimo el post de "No es país..." y cuando vuelvo a comentar ha escrito la biblia en verso. ;)

    2- Quite YA lo del Snap shot. Vaya coñazo.

    Un abrazo

    ResponElimina
  15. Marchelo: hauràs vist que sí s'ha publicat, però no pas com a comentari a La Maldición, sino a un altre, i que t'he contestat.

    Salutacions

    ResponElimina
  16. Joan, bien devuelto...:-)

    No dejes de leer el libro, te gustará.

    Lo de las películas nacionales en v.o. en castellano, ¡sí que es sorprendente! :-)

    Coincido contigo en que Brolin está mejor, no hay duda.

    Lo de prolífico, va como va... :-)

    Lo del Snap Shot no lo entiendo. ¿Molesta? ¿No te referirás a las palabras raras para editar comentarios, a fin de evitar el spam? Eso no es el Snap Shot... ???

    Un abrazo.

    ResponElimina
  17. No, me refiero a la pantallita que muestra la página cada vez que pasas por encima de un enlace, pero bueno, cada cual...

    Saludos

    ResponElimina

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