Interruptus
Muy "british": es lo que uno piensa en ocasiones al salir de la sala de cine: muy "british".
Eso puede ser bueno o malo, según los casos, como en todo.
Uno, que por suerte peina canas (otros están calvos), ha visto algunas películas románticas que le han impresionado; otras han aburrido; los británicos, tan especiales ellos, siempre han hecho gala, tanto en su literatura como en su filmografía, de albergar potentes melodramas románticos que, en ocasiones, han alcanzado la gran pantalla con excelentes resultados: refirámonos a Cumbres Borrascosas, basada en la celebérrima novela de Emily Brontë como hito inmarcesible.
El sello que suele distinguir las producciones melodramáticas anglosajonas es inconfundible en lo que se refiere al extremo cuidado en la ambientación, atrezzo y vestuario. La historia, en ocasiones, queda algo floja.
Hace unos pocos años tuvo enorme resonancia y éxito una película (que este comentarista, aún disponiendo de ella, todavía no ha visto) que encumbró a su director, un tal Joe Wright y a su musa, una flacucha actriz que atiende por el difícil de pronunciar nombre de Keira Knightley.
En aquel entonces, la historia giraba alrededor de una novela de la famosísima Jane Austen, contemporánea de la Brontë.
Con la clarísima intención de aprovechar el tirón popular, el amigo Wright decidió repetir la jugada, adaptando una novela de autor más moderno, Ian McEwan, que relataba una historia de amores no correspondidos, mal entendidos, triunfantes, con una amalgama de sentimientos que afloran en un largo libro de memorias.
Así, el año pasado se presentó al público la película titulada en España como Expiación (Atonement, 2007) que recibió siete nominaciones los Oscar y sólo ganó una, por la buena (pero no excelente) partitura musical de Dario Marianelli

La película, protagonizada por la ya citada Keira Knightley, que luce espléndida (pero muy flaca), acompañada por el frío, distante e inexpresivo James McAvoy, con la concurrencia de una magnífica jovencita llamada Saoirse Ronan (el nombrecito es auténtico: pero tan raro, que ni ella misma sabe pronunciarlo correctamente, al parecer) que, sin duda, está llamada a superar a sus padres como buena actriz, así como de la bellísima Romola Garai, especialmente damnificada por una caracterización que la afea notablemente, uno piensa que por imperativos -celos artísticos de la diva, cabe suponer- del guión, harto incomprensibles, pues la niña y Romola interpretan al mismo personaje, la película, podríamos decir, que se queda a medias de lo que quería ser y no fue, a pesar de los enormes medios materiales y artísticos que comparecen y colaboran el empeño.
Siendo tan reciente su estreno (este comentarista la vio en el cine de su pueblo no hace ni tres semanas), convendremos en no explicar demasiado el argumento, ya que puede que algún/a amable lector/ra todavía no le haya hincado el diente cinéfilo.
El resumen explicable, escuetamente, es: chiquilla quiere chico, que, naturalmente, ama a chica y resulta ser correspondido; chiquilla no entiende nada de lo que pasa y, sin mala fe por su parte, lo estropea todo. El resto, quede en incógnita.
Dicen algunos que el libro en el que se basa la película es muy superior, lo que no es extraño, como ya se sabe; ajustándonos a la cinematografía, resulta larga en exceso -más de dos horas- y se demora en explicar los acontecimientos, con el agravante de usar, en varias ocasiones, lo que podríamos denominar "técnica rasho-bluff", totalmente inadecuada a la historia que se nos cuenta, perdiendo unos minutos en reiterar escenas, aburriendo, cuando luego nos hurtarán sucesos de mayor contenido melodramático que reforzarían la empatía con los pesonajes principales, amantes desubicados por una contrariedad infantil inexplicable, resultando que la primera hora del excesivo metraje es buena, en la costumbre británica ya indicada de ambientaciones, actuaciones de secundarios, etcétera, (con la salvedad de las reiteraciones) y, de repente, abruptamente, el giro de los acontecimientos dará paso a una segunda mitad que resulta lenta, pesada y decepcionante, produciéndose una clara interrupción en el desarrollo de la trama no bien alcanzado su meridiano, conduciéndonos a un final francamente flojo, quizás mal explicado.
El oropel no basta para sostener un melodrama, que se basará, canónicamente, en la expresión de unos sentimientos, de una forma u otra, pero siempre con pasión, pasión que Wright demuestra no tener en su mano.
Agradable por las buenas actuaciones de las intérpretes y por la cuidada ambientación, es una película que perfectamente podrá esperar a verla en dvd cuando se ponga a disposición en alquiler, que no creo tarde mucho.













Qué suerte que no hablaste del dichoso plano secuencia! A mi la película me resultó un permanente señalamiento a gritos de lo bien que filma el director. Como curriculum será bueno, como película me pareció malísima. Y lo peor es que la historia parece ser buenísima.
ResponEliminaEl plano secuencia es la muestra más tangible de que el director no tiene nada que decir. Un abrazo.
Faraway, amigo: me pillas en un traspiés; ese plano secuencia al que aludes ¿es el de la playa bélica?
ResponEliminaPorque intento recordar (fíjate que olvido, en sólo tres semanas) y no hallo otro: si es ése, ciertamente, vacuo, inerte.
Quítame la duda, anda... :-)
Un abrazo.
No la he visto todavía, ni sufro de ardores de deseo para que salga en DVD. Estoy en negociaciones para crear la plataforma "Odio a Keira Knightley". Me parece inexplicable su fama, no creo que sea ni siquiera buena actriz, su sonrisa es manifiestamente abofeteable y su esqueletismo la inhabilita para ser ninguna referencia sexual, a pesar del Photoshop.
ResponEliminaHasta aquí la liberación de bilis marcbranchesiana de los domingos...
Contra los ardores, "Sal de Fruta Eno"...
ResponEliminaLo del club ¿quiere decir que has visto a Kneira en otras películas? ¿Tú también, Marcbranches, filii meus? (Suerte que ya han pasado los idus de marzo)
Lo del photoshop ya ha salido incluso en la prensa: hay tíos muy diestros, por lo que se vé, con ese programa...
Saca bilis, saca, descánsate, pero no saques mucha, que llegaría a mi casa antes que a la tuya.... y yo no tengo la culpa de que hoy sea dia soleado y haya gente viajando....
:-)
Yo tampoco puedo con la muchacha esa. Me parece una Natalie Portman descafeínada (ya quisiera la Keira ésta parecerse a la bella Natalie).
ResponEliminaSobre la película. Me pareció totalmente descompensada, en ocasiones ridícula y, totalmente efectista. Por no hablar del empleo de momentos que parecen sacados de Fulci o de Romero. Realmente ante alguna escena especialmente truculenta (¿y exhibicionista y morbosa?), como la del cerebro, que también me recordó a Peter Jackson y su "Mal Gusto", lo cual creo que no es positivo, uno no podía evitar pensar en la elegancia del cine clásico al mostrar rostros deformados fuera de campo o mediante algún efecto de composición (creo que en Objetivo Birmania, por ejemplo).
Además, la película me resultó lenta y pretenciosa.
Un saludo.
Abusón, Hatt: mira que comparar la escuálida Kneira con la Natalie...
ResponEliminaPretenciosa: justo el adjetivo que buscaba y no hallé.
Saludos.
Pues a mi el plano secuencia, independientmente de si era necesario o no en la película, que no lo era,me pareció estupendo, de un virtuosismo técnico apabullante!!!!
ResponEliminaSaludos
Tú mismo lo dices, Marchelo: ese plano secuencia es innecesario, por lo que su perfección o no está de más, ya que no aporta nada a la historia que se cuenta.
ResponEliminaEs difícil usar la tijera, desde luego...
Salutacions