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dilluns, 10 de maig de 2010

Stage to Lordsburg



Con más de trescientos relatos cortos y veinte novelas en su haber, Ernest Haycox , cuya influencia sobre los escritores de historias del lejano oeste norteamericano es palpable, un buen día se inspiró en un relato corto de Guy de Maupassant, titulado Bola de Sebo , en el que el ilustre escritor galo ponía en solfa las actitudes hipócritas de buena parte de la sociedad francesa.

El relato de Haycox, debidamente adaptado a las aventuras del inhóspito oeste, se tituló Stage to Lordsburg y recabó el interés del maestro John Ford que consiguió hacerse con sus derechos cinematográficos abonando por ellos 2.500 dólares de la época, actuando el maestro como productor y naturalmente director de la película que pensaba rodar.

Ford solicitó la colaboración de Dudley Nichols, con quien ya había trabajado anteriormente y se dispuso a rodar un w
estern después de varios años sin afrontar el género que injustamente le dio la fama: injustamente, porque en el vulgo se constituye en lastimosa reducción de las capacidades de Ford, quien socarronamente abundaba en esa fama a pesar que ninguno de sus cuatro Oscar como Director los recibió por western alguno.

Curiosamente Ford halló múltiples obstáculos para rodar su película porque el género del western -que él conocía perfectamente de la época silente- había caído en desgracia entre las productoras, reducido a la serie B en un cúmulo de películas que se rodaban en apenas unas semanas con historias archiconocidas por el público que se deleitaba con los tiroteos y las hazañas vistas mil veces de sus héroes a caballo vestidos de vaqueros alejados de la dura realidad y adornados de un maniqueísmo fácil dirigido a un consumo rápido.

La historia no fue del agrado
de O'Selznick que en un principio incluso llegó a pensar en rodarla en tecnicolor al servicio de Gary Cooper y Marlene Dietrich; Ford y Nichols ya habían concertado acuerdos con Claire Trevor y John Wayne y no quisieron dar su brazo a torcer porque además la presencia de las dos citadas estrellas conllevaría modificaciones en el guión inaceptables para ellos.

Así fue como Ford rompió su acuerdo con O'Selznick y acabó, después de varios tumbos, trabajando con Walter Wanger, productor independiente.

La historieta escrita por Haycox recibió gracias a Nichols (ayudado por Ben Hetch) unos diálogos que permiten a F
ord pintar en breves escenas la personalidad de un grupo de viajeros que se desplazan en La Diligencia (Stagecoach, 1939) a través de los incomparables parajes de Utah hacia la ficticia población de Lordsburg, meta de cada uno por diferentes razones:

Dallas (Claire Trevor) y el borrachín Doc Boone (Thomas Mitchell) deben partir porque la Liga de las Mujeres Decentes así lo ha decidido: deben abandonar su pueblo porque dan la nota en exceso: ella por hetaira casquivana y él por ebrio habitual. La presidenta de esa Liga moralizante es la esposa del banquero Gatewood (Berton Churchill) que también se incorporará a los viajeros de extranjis, llevándose cincuenta mil dólares depositados en su banco sin avisar a su estirada cónyuge.

El conductor, Buck (Andy Devine, elegido por Ford porque ¡sabía conducir un carruaje tirado por seis caballos!) no tiene otra opción ya que el sheriff Curley (George Bancroft) le obliga al suponer que un tal Ringo Kid (John Wayne) se dirigirá a Lordsburg buscando venganza en su huida de la cárcel que le retení
a.

Y el jugador de ventaja sureño Hatfield (John Carradine) decidirá abordar esa diligencia para no dejar ni un momento sola a la señora Lucy Mallory (Louise Platt) que decide proseguir el viaje hasta encontrarse con su esposo, oficial del ejército.

El pobre Mr. Peacock (Donald Meek), viajante de whiskey que habla como un párroco, se verá obligado por las circunstancias.


Décadas antes que los sesudos críticos de cine descubrieran el concepto de "película coral", John Ford se sirve de la idea de Maupassant, adaptada al oeste por Haycox, para contarnos una historia en la que personas de carne y hueso con sus virtudes y defectos arrostrarán los peligros de un viaje que para alguno será camino de redención y para otros el paso a una nueva vida, borrón y cuenta nueva de una experiencia vital con futuro incierto en un tránsito repleto de peligros significado
por una sola palabra: Jerónimo, el líder de los revolucionados apaches que asola la comarca y que, como sombra ominosa va siguiendo los pasos del pequeño grupo, cada cual con sus anhelos y sus necesidades.

Ford en apenas hora y media cuenta muchas cosas y lo hace con su acostumbrada maestría dando una lección de economía cinematográfica: alternando los grandes espacios abiertos de Monument Valley con los interiores de un par de posadas y el mínimo espacio interior de la diligencia que lleva a toda esta gente representativa de buena parte de la sociedad, combina el camino amplio del trayecto que se convierte en una huida hacia adelante con la claustrofobia de unos interiores oscuros cuando tienen paredes y apretados cuando es el carricoche, donde obliga a todo el grupo a convivir en una situación en la que la necesidad de mantenerse juntos incluso lle
ga a decidirse a mano alzada entre unas gentes de diversa condición: origen, clase, nacimiento y modus vivendi, amén de lealtades incontestables basadas en la historia vital de cada cual, permitiendo Ford que el espectador sepa más que sus protagonistas, consiguiendo la empatía en el patio de butacas con una facilidad asombrosa gracias a la enorme claridad de la exposición de las motivaciones de los personajes fruto de un lenguaje cinematográfico aparentemente sencillo, en buena parte debido al excelente trabajo de Bert Glennon con un blanco y negro adecuadísimo en cada momento, sean interiores en penumbra sea en asolados exteriores.

Los elementos de la película son prototípicos del western más clásico porque Ford no olvida las escenas de persecuciones rodadas con la inestimable colaboración del grandísimo Yakima Canutt y tampoco falta el duelo de pistolas aunque Ford, más interesado en sus personajes que en la mera acción, lo resuelve con una elipsis creando escuela; de hecho, La Diligencia, rodada en 1939, hace ya tant
os años, viene a representar un modelo a seguir en la forma de rodar el western como género; Ford iría depurando su estilo con el paso de los años, pero todos sabemos que Orson Welles, antes de ponerse a rodar su primera película, visionó ésta más de cuarenta veces.

No es de extrañar, porque Ford demuestra una capacidad de síntesis inimaginable en una película a priori sencilla que revisada con calma permite comprobar como una historia aparentemente típica, la del viaje por tierras inhóspitas, deviene en un estudio psicológico de nueve personajes muy bien delineados en unos diálogos breves y concisos sin alardes literarios: las conversaciones de unos con otros nos mostrarán su motivación en el viaje así como sus anhelos y esperanzas centrados en el fin del mismo y Ford sabe
dosificar el ritmo apropiado para no caer nunca en sensiblerías ni perder de vista la agilidad del relato que nos cuenta, alternando escenas íntimas con acciones rodadas de forma espectacular.

Ford dirigió al elenco como acostumbraba, con su mal genio y despotismo habituales, centrándose especialmente en John Wayne, que habiendo rodado ya ochenta películas era contemplado por los estudios como un segundón que nunca sería una estrella taquillera: Ford se cebó a conciencia con Wayne: en una ocasión, habiendo oído un com
entario de Wayne referente a lo increíble que resultaba Andy Devine manejando las riendas de las seis yeguas, John Ford paró el rodaje, llamó a todos a concilio y, burlándose de Wayne, explicó a todo el equipo el comentario de Wayne.

Lo cierto es que Ford había apostado muy fuerte por Wayne y no quiso que el actor se sintiera "estrella" en ningún momento, poniéndole los pies en el suelo. De hecho, el carácter de Wayne no está por encima de ningún otro, pero ciertamente, nada más verlo aparecer deteniendo la diligencia, ya empieza a robar la escena; y no lo tuvo fácil, porque el elenco está magnífico, sobre todo Claire Trevor, Andy Devine, John Carradine y Thomas Mitchell (que consiguió el Oscar al mejor secundario) quienes realizan un trabajo encomiable a las órdenes de Ford, marca de la casa, no en vano el cine de Ford descolla por la calidad de sus secundarios que siempre tienen alguna escena en la que lucirse: Ford era un maldito gruñón y un tirano, pero sabía perfectamente lo que tenía que hacer para que su película funcionara y antes y después de los rodajes siempre apreció a sus actores, consiguiendo un equipo que daría grandes obras: la prueba está en que Wayne, a pesar de todo lo que le hizo sufrir, nunca rechazó trabajar para Ford.

La Diligencia se erige con el paso del tiempo es un bastión inexpugnable de modernidad en el género del western, modernizándolo y sacándolo de la categoría de serie B en que había caído; a partir de La Diligencia, el western tomará unos derroteros poco antes impensables sirviéndose de los tópicos del género para abordar cuestiones que también tienen su hueco en otros géneros cinematográficos más en boga en la época y por descontado, ya nunca más sería un género observado por los estudios como menor y por los intérpretes consagrados como algo de lo que huir, porque la simplicidad anterior dio paso a una complejidad que el mismo Ford se encargó de incrementar, como lo harían también otros grandes maestros del cine.

En definitiva, una obra maestra del Séptimo Arte que conviene repasar de vez en cuando, de visión más que imprescindible obligada para el cinéfilo de cualquier edad y condición.




30 comentaris :

  1. Ésa de obra maestra que le otorgas en tu párrafo de cierre, compa Josep, creo que es la definición que mejor le cuadra a una peli como ésta. Y me ha llamado la atención también su conexión "wellesiana": había leído en alguna ocasión esa tremenda atención que Orson Welles había prestado a la peli de Ford, y es cierto que Ciudadano Kane y La diligencia, aun siendo dos films tan tremendamente diferentes, siempre van asociados (al menos, entre mis referentes) como dos obras casi coetáneas con un potencial innovador que raya lo revolucionario (ese tópico de que el cine, después de ellas, ya no podía volver a ser como antes -y, de hecho, y para bien, no lo fue...-).

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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  2. Totalmente de acuerdo, una película para volver a ver de vez en cuando. Como toda obra arte, cada vez descubres matices nuevos e intersantes. Y es que, amigo Marquez, la sombra de Ford es alargada.
    Saludos y excelente trabajo.

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  3. A mí se me acaban los adjetivos cuando me enfrento a una de tus reseñas. No sé si será demasiado bueno lo que voy a decirte, pero suelen ser tan estupendas en la forma, que incluso consigues que me importe bastante poco la película de la que hablas.

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  4. Joder, qué bueno lo que dice Raul de tí...y lo mejor es que lleva toda la razón del mundo. Este tipo de comentarios (creo que ya te lo he dicho) merecen copiarse y convenientemente encuadernados, colocarlos en la bibliote ca y consultarlos detenidamente. Creo que cuando me jubile de verdad voy a entrar a deguello en tu blog y no voy a dejar títere con cabeza. Tú sabes que yo soy mucho más amante del papel impreso que de todo este aparato, aunque reconozco que gracias a él nos conocemos y mantenemos una amistad cinéfila fenomenal.
    Un abrazote.

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  5. Pues sí. Una maravilla leerte. Ahora, cuando vuelva a ver la película recordaré todo lo que has puesto, bueno, a lo mejor todo no, jajaja, pero es que das unas referencías fantásticas.

    Besos.

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  6. Pues yo si llevara sombrero me lo quitaria ante tí y ante Ford-Wayne. Cada vez que veo ésta pelicula siento el mismo placer que ante un buen cuadro..La primera vez que le eché el ojo me quedé prendada de la historia, los personajes y ¡ cómo no, de ese grandisimo ( y guapo ) actor( todos están estupendos, pero él..). Sin saber nada de cine solo podia darme cuenta de lo bien hecha que está y el interés que despierta desde la 1ª escena...¡ Y tú..qué bien nos lo cuentas Josep !!

    Un abrazo :-))

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  7. Magnífica entrada, Josep, llena de datos interesantísimos sobre el proyecto y su génesis, y estupendo el análisis de la película.

    Al hilo de una de tus reflexiones en la entrada, siempre me ha parecido injusto el reduccionismo Ford/Western, de un director que, si dejar de reconocer su maestría y aportación al género, cuenta en su filmografía con joyas como “Las Uvas de la Ira”, “El Hombre Tranquilo” o “Que Verde era mi Valle”…

    Respecto a la película en cuestión, es curioso, pero siempre que alguien menciona “La Diligencia” lo primero que viene a mi cabeza es el personaje de Thomas Mitchell…

    Besos

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  8. Pues sí. Estoy de acuerdo con lo de Raúl, pero más allá de su elogio. Peliculón, obra maestra, etc...
    Lo has apuntado todo, hasta me has dado una nueva palabra que si conocía no me había fijado en ella (demasiados sinónimos tiene ya ese término)... Según he leído se cebó con Wayne porque estaba considerado un actor de serie B y así los otros lo "acogieron" de mejor grado al ver lo tirano que era Ford con él (vamos, que era un maquiavélico plan su comportamiento). Pero más allá de eso, tienes razón, era un tirano y en una de sus biografías cuentan cada una que desde luego... no le deja en muy buen lugar (al margen del aspecto cinematográfico, vamos).
    Un saludito.
    PD: Si no recuerdo mal, Thomas Mitchell aquel año también hizo de padre de Scarlett, ¿no? Como que igual le nominaban por esa o algo parecido.. es que esto de los Oscar lo tengo muy olvidado.

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  9. Se me olvidaba. El cuento de Maupassant también es muy bueno, si bien se centra principalmente en la meretriz y en la hipocresía del resto de los viajeros de la diligencia.

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  10. Pues es verdad, Manuel: ambas piezas que citas, ambas obras maestras sin duda, son hitos que marcan una época y un desarrollo posterior "a partir de" con lo que significaron un avance indiscutible.

    Welles, ya lo sabrás, cuando le preguntaron por sus tres directores favoritos, dijo: Ford, Ford y Ford.

    Si es que lo mejor para aprender cine es ver buenas películas, que caramba: y además, es divertido...

    Un abrazo.

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  11. Bienvenido, Angel: Celebro que coincidamos en el aprecio de esta obra maestra que, ciertamente, la vas repasando y siempre encuentras momentos en los que detenerte.

    Saludos.

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  12. Me halagas en demasía, Raúl colega: únicamente pretendo -y más en películas como la presente- animar a repasar esos buenos momentos de cine: cuando como en La Diligencia, uno ya sabe que casi todo el mundo la ha visto, debe esforzarse más, si cabe, para estimular una revisión siempre agradable.

    Saludos.

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  13. Tengo la suerte inmensa, Antonio, de tener unos lectores amabilísimos que me animan en el empeño y tú también eres uno de ellos, así que muchas gracias por los halagos.

    Un abrazo.

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  14. Eso espero, Blanca: que la veas de nuevo y la disfrutes con nuevos ojos, porque creo que bien vale la pena de vez en cuando dar un repasito a estas obras imperecederas.

    Besos.

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  15. Muchas gracias, Abril: no te falta ninga razón en el aspecto pictórico de la película, ya que fue la primera ocasión en que aparece Monument Valley y a pesar de retratarlo en blanco y negro, aparece magnifico y si: la aparición de Wayne, como algunos aseguran, es el primer paso a una fama eterna: impresionante.

    Besos.

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  16. Lo de Ford y el western, Vivian, es una cuestión que el propio Ford abonó con toda su socarronería: cuando compareció ante el nefasto tribunal de actividades antiamericas, se sentó y dijo: "Me llamo John Ford y hago películas del oeste" cuando lo cierto es que, como apuntas, trató muchísimos temas en su carrera y siempre bien.

    Es que Thomas Mitchell, Vivian, roba todas las escenas en que sale: John Wayne, según cuenta él mismo, estaba bastante acomplejado al tener que compartir escena con Mitchell que, aunque secundario, era de los más respetados en la época.

    Besos.

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  17. Gracias, David: la actitud de Ford para con el elenco no me parece, en realidad, tan miserable; no era el único director que tiranizaba a sus intérpretes, aunque cada cual lo hacía a su modo y manera: lo cierto es que, después de los rodajes (y en ocasiones antes) montaban unos buenos festorros, pero, a la hora de mandar, mandaba y punto.

    Esto podría dar pie a una entradilla, pero creo en lo esencial que en el cine, como en la música sinfónica, el director es el que manda y los demás no tienen voto.

    Y si así conseguía las películas como las conocemos, pues, mira, me parece perfecto... :-)

    Thomas Mitchell en efecto aparece el mismo año en Gone with the wind, y en tres películas más: cinco en un año, vaya: y sólo fue nominado por ésta (en la misma temporada) y consiguió el Oscar.

    El cuento Bola de Sebo es interesante y, desde luego, no puede negarse la influencia de la historia, aunque tenga otro cariz.

    Saludos.

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  18. Muy buena la info, muchas gracias!! Sigue asi que es un blog fenomenal!

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  19. Magnífico texto, sublime, sobre una obra maestra indiscutible. Ese plano general de la diligencia atravesando el desierto y el movimiento de cámara subsiguiente hasta colocarse junto a los indios que la acechan es puro cine, una maravilla. Y eso por mencionar sólo uno de los momentos inolvidables de esta joya.
    Saludos

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  20. Bienvenido, Moderador, aunque espero que no ejerzas por aquí....: y gracias.

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  21. Gracias, Alfredo, por el piropo: ya se notan en la película las mañas de Ford, ya, y lo que más sorprende es que al parecer muchísimas de las escenas las rodó una sola vez y mandaba positivar todo al terminar el rodaje, con lo cual el muy socarrón aseguraba que los editores poco tenían para montar, pues se lo daba todo hecho.... ¡Tela!

    Saludos.

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  22. ¡Qué gozada Josep! La diligencia es una de mis películas favoritas de Ford, junto con otras diez o doce, ja ja ja.

    Como sabes que últimamente estoy muy interesado en la política fordiana, te pongo una cita de McBride sobre la película:

    ''Literalmente, "La diligencia" era un vehículo político para Ford y Nichols, una forma de contemplar el pasado y el presente de América. Este "meta-western" puede interpretarse como una justificación del Manifiesto del Destino de América en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, una crítica mordaz de la corrupción capitalista y la hipocresía republicana, y una conmemoración de los derechos de igualdad del New Deal.''

    Lo mismo algo de esto vio Walter Wanger en la película para decidirse a producirla, quién sabe. En cualquier caso los tres eran "camaradas", ya que al menos coincidían en la Liga Anti-Nazi, donde Wanger era vicepresidente.

    Por cierto, que Wanger fue de los poquitos productores americanos que se atrevió a hacer una película sobre la Guerra Civil española, "Bloqueo", dirigida en 1938 por William Dieterle e interpretada por Madeleine Carroll y Henry Fonda. El guión como no se lo encargó a John Howard Lawson, uno de los más reconocidos comunistas de Hollywood.

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  23. Me alegra mucho, Gourmet, que coincidamos en el aprecio a esa docena -larga- de platos cinematográficos de primerísima clase, sí señor.

    Y muchísimas gracias por el aporte, que desconocía y complementa la reseña: no sabía lo de Wanger: tan sólo que al principio también intentò convencer a Ford para contratar a Gary Cooper, pero luego cedió.

    Tuvo suerte, pues Ford -como acostumbraba- gastó menos de lo esperado, poco más de 534.000 dólares, pero sólo en U.S.A. y Canadá ya recaudaron casi el millón, así que Wanger se quitó de encima el sambenito de no saber rendir cuentas en beneficios...

    Desde luego, la temática tiene un componente social inédito hasta entonces en el western.

    Saludos.

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  24. Josep`, ayer te dejé un comentario que seguramente por mis prisas no quedó en tu blog. Hoy no intento escribir lo que en el instante sentí al leer esta entrada, tan sólo te digo que tanto La Diligencia como Un hombre tranquilo, en casa, son dos películas de ¿culto?.
    aprendo aquí cosas que me pasan desapercibidas dada mi poca cultura cinematográfica.
    Un beso

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  25. Me alegro, Camy, que, apreciando tanto la película, te haya gustado la entradilla.

    A mí también me gusta mucho The Quiet Man; de hecho, es la primera de Ford que comenté, en la entrada más larga que he escrito, quizás excesiva por lo apasionada, que puedes leer en este enlace:
    The Quiet Man

    Besos.

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  26. Mucho le debe el cine a La Diligencia, el buen cine claro.

    Una abraçada

    Por otra parte constatar que a veces de relatos más o menos cortos, se pueden llegar a hacer películas maravillosas. Hay relatos que son cinematográficos.

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  27. Por lo menos el western segurísimo, Alma.

    Es cierto que en muchas ocasiones relatos cortos han dado lugar a grandes películas: el tema de Bola de Sebo, itinerante, parece pensado para ser filmado, desde luego...

    Una abraçada.

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  28. A medida que leía esta entrada (muy buena, como ya te había dicho)... me daba cuenta de que me sonaba mucho. En fin. Da lo mismo. Quería apuntar una cosa que descubrí hace poco (como la vi hace no mucho un par de veces y luego leí sobre la peli)... Hay una escena estupenda en la que la diligencia entra en el río. La idea de cómo hacerlo y demás debió salir de Yakima Canutt... eso, unido a sus escenas en el ataque de los indios, hicieron que Ford le dijera a Yakima que a partir de entonces siempre iba a trabajar para él (o algo parecido)...pero cuando Ford oyó decir a alguien que La Diligencia era una peli estupenda porque tenía tal y tal escena y otra persona debió decir: "Sí, eso es por Yakima Canutt), a Ford debió sentarle tan mal (esa vanidad y orgullo mal entendido) que no volvió a colaborar con el especialista (excepto en alguna ocasión porque no quedaba otra, me parece).
    Un saludito.

    ResponElimina
  29. Ah! Si no recuerdo mal, en los créditos no hacen ninguna mención al cuento que les sirvió de inspiración.

    ResponElimina
  30. No sabría decirte, David, acerca de la relación de Ford con Canutt, salvo que únicamente constan tres películas de colaboración: después de La Diligencia, apenas terminada, siguieron con El joven Lincoln y luego nada hasta 1953 con Mogambo.
    Puede que hubiera algo de lo que apuntas, aunque si compruebas la filmografía de ambos y las productoras, verás que no resulta tan extraño que no coincidieran mucho y por otra parte mi intuición me dice que a Ford no debería importarle mucho la fama de sus colaboradores porque siempre que pudo se procuró a los mejores...

    De los créditos nada puedo decir porque ahora mismo no tengo tiempo de mirármelos...

    Un abrazo.

    ResponElimina

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