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divendres, 4 de setembre de 2015

Condon: ¿Nadie te habló de Irene Adler?






Parece que la autosuficiencia ha devenido en virtud absoluta del artista contemporáneo que rechaza con orgullo cualquier tipo de influencia de una obra anterior, por célebre que sea, en un afán indiscutido pero muy cuestionable de obtener una originalidad basada en la ignorancia, la estulticia y el desprecio de la historia cultural.

Curiosamente no parece haber tampoco en la pléyade de comentaristas profesionales, antes llamados críticos (porque eran capaces de criticar) y ahora mejor adjetivados como voceros, muchos que opten por expresar libremente un criterio discordante, salvo que, en realidad, esos opinadores se hallen en la misma circunstancia del artista: que carezcan de antecedentes básicos. También puede ser, claro, que sean émulos de Esaú. Quizás sus descendientes.

En este bloc de notas ya estuvimos constatando que, contra lo que muchos pensamos, las estupendas novelas de Arthur Conan Doyle no son leídas por todos con satisfacción y divertimento y, a pesar de que como muchos sabrán, las aventuras del detective Sherlock Holmes son mundialmente famosas y han obtenido incluso prolongaciones extemporáneas de la mano y pluma de muy diversos autores, ello no obsta ¡ay! a que algún facineroso aparezca de vez en cuando, se apropie del mito y malamente haga como que escribe una moderna reinterpretación.

El neoyorquino Bill Condon debe pertenecer a esa clase de listillos que reinterpretan los mitos a su manera sin haberse tomado la molestia de leer. Está claro que lo suyo es basarse en novelistas que del mismo modo, escriben desechando las influencias culturales y así, antes de hogaño, Condon nos presentó cosas como Dreamgirls y los mordisquitos adolescentes del Crepúsculo, reinterpretando a su modo y manera historias ya conocidas.

En su última prueba de esfuerzo innovador, Condon se apoya en la novela de Mitch Cullin que relata momentos de la senectud de Sherlock Holmes, contando ya noventa y tres años de edad, aquejado de una senilidad galopante. Este enfoque hubiera merecido un poco -o un mucho, quizás- de trabajo por parte del escritor y una mayor dosis de lectura de las novelas de Conan Doyle y desde luego una mayor humildad y una menor autosuficiencia que quizás, sólo quizás, le hubiesen permitido sortear con ligereza los obstáculos propios del mito y no caer en el más espantoso de los ridículos.

Porque vamos a ver, señores Cullin y Condon (éste por ser el director y por ende responsable último del todo) : ¿Es que no saben que el amor único de Sherlock Holmes fue Irene Adler? ¿La Mujer? ¿La que lo venció claramente en todos los campos, intelectual y psicológico? Andamos finos...

Mr. Holmes : Poster by Alisa Krutovsky
Bill Condon dirige una película basada en una novela de Mitch Cullin pasada a guión por Jeffrey Hatcher -que tampoco se ocupa en deshacer el entuerto- y la titula Mr. Holmes (2015) al igual que la novelita de marras origen del despropósito.

Reconozco que en esta ocasión me proclamo más subjetivo que nunca, porque como lector y admirador de la obra de Conan Doyle, admitiendo que puede ser reinterpretada en los tiempos modernos (y de ello dan fe sendas entradas, para el caso especialmente ésta) como cualquier clásico, me molesta mucho que se olviden partes básicas de los mitos, que lo son no por nada, sino porque se elevan en iconos de conceptos identificables.

La misoginia de Holmes es un concepto inherente a su personaje únicamente dudoso cuando uno recuerda precisamente a Irene Adler, sobre cuya importancia en el entorno vital del personaje central es tan clamorosa que ha provocado extensa bibliografía; valga como apunte este magnífico artículo que tanto Cullin como Condon deberían haber leído antes de iniciar esta aventura fílmica.

En la trama que Condon nos presenta con buenos modos, eso sí, el personaje de Holmes está en sus últimos días y la poderosa mente del detective se pierde en limbos indeseados. Ése detalle, desarrollado de otro modo, hubiera podido dar lugar a una película dramática con resultados muy distintos y hubiese podido ser una metáfora muy actual porque lo que Sherlock reconoce como senilidad ahora se llama alzheimer y es una preocupación para un amplio espectro de la sociedad y ha sido tratado en otras películas, así que mostrar la terrible realidad de la enfermedad como capaz de anular a un intelecto superior, no es mala idea.

Lo malo es cuando desechando la oportunidad de presentar a un Holmes viejo y acabado intelectualmente se liga toda la trama a un supuesto último caso tan mal resuelto treinta años antes (por tanto con Holmes contando sesenta y tres años) que provocó la huida y el tránsito de la vida en Baker Street hasta una mansión solariega, dedicado a la apicultura con una docena de enjambres para pasar el rato.

Cualquier holmesiano de pro se habrá tirado de los pelos ante tamaña propuesta, máxime cuando, a la postre, Holmes se declara solitario por la falta del amor de esa mujer, una Ann Kelmot que en modo alguno reviste las gracias y virtudes de Irene Adler. La película gira en torno al ímprobo esfuerzo de Holmes por recordar las vicisitudes y detalles de ése último caso, porque está seguro que el relato que del mismo hizo Watson (ya fallecido, oportunamente) así como la ridícula película que sobre el cuento se hizo, no coinciden con la realidad, que se esforzará en desbrozar hurgando, ahora, pasado tanto tiempo, en su memoria llena de huecos temporales.

La película de Condon está bien rodada, dispuesta de medios suficientes en la ambientación, no en vano hay británicos por en medio, así que en lo que hace a la época no hay objeciones; igual ocurre en las interpretaciones, muy medidas: Condon tiene la suerte de contar con Ian McKellen que incorpora perfectamente la senectud del héroe, capaz todavía de ver detalles imperceptibles pero incapaz de recordar donde estuvo ayer, esforzado trabajo con el que afrontar la impecable actuación de Milo Parker, un chaval de trece años que se come la cámara interpretando a Roger, el hijo de la ama de llaves representada por Laura Linney, tan eficaz y comedida como siempre.

Un terceto sin el cual la película acabaría por cansar ya que ni se decanta por el drama que puede representar la senilidad ni consigue emocionar por la intriga acerca de la dama cuyo retrato Holmes atesora, una especie de macguffin que no funciona en pantalla y que además a algunos llega a parecer un auténtico disparate, máxime cuando no hay asomo de las capacidades deductivas del maestro, más allá de cuatro tonterías propias de timadores y engañabobos.

Puede que sea por casualidad, pero Condon, sabiéndolo o no, se vale de Hattie Morahan para incorporar a la tal Ann Kelmot; Hattie, este mismo año, ha sido vista en la pequeña pantalla representando a Jean Leckie, supuesta amante de Arthur Conan Doyle en la serie Arthur & George y también Condon hace aparecer, casi en un cameo, a Philip Davis, que en el primero episodio de la serie televisiva Sherlock a punto está de convencer al detective para que tome un veneno (o no). Dado que no creo en las casualidades, aunque existir, existen, lo apunto por si es de interés. Cualquier holmesiano lo habrá visto ya, por otra parte.

En definitiva, una película que pudiendo haber sido original e interesante como drama en torno al imparable efecto que el tiempo y las enfermedades pueden producir concretados en una senilidad que no distingue en la capacidad del cerebro en el que se asienta, por querer incluir una trama detectivesca propia del protagonista, acaba desarrollando una historia que atenta a la lógica y a la historia del mito en torno al cual se construye toda la película, quedando en consecuencia ésta perjudicada. Con lo fácil que hubiese sido respetar lo que todos damos por sentado...


Tráiler







18 comentaris :

  1. Mmm... De la de Dreamgirls no tengo mal recuerdo (pero no la he revisado; lo que pasa es que a mí me gustan las Supremes). Las de la saga Crepúsculo no las he visto, pero te dejas la mejor de este hombre, también con McKellen,por cierto... la de "Dioses y monstruos". que me pareció una estupenda película. De esta, ni idea, que no la he visto. Pero, ¿qué más da que sea fiel o no? Con lo estupendo que es el cartel ya vale (jajaja)

    Ahora en serio...¿De verdad no crees que el autor de esa novela no se habrá leído las otras de Holmes de Doyle? A mí me da que sí (no lo sé... me parece la hostia escribir una novela sobre Holmes y no haber profundizado en el personaje a base de bien). Lo que creo es que muy probablemente luego haya hecho lo que le ha dado la gana. Es decir, que se toma o se coge de donde se quiere, se corta de aquí o allá y hace la novela que él quiere...Está en su derecho de seguir o no las fuentes, apartarse, etc... Como tú en el tuyo de quejarte porque no es "fiel", o no tiene en cuenta las aventuras anteriores, claro.

    PD: lo de antes de hogaño me ha gustado, sip. No conocía la expresión.

    Un saludito.

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    1. De las anteriores de Condon prefiero no hablar ahora y centrarme en ésta....
      El cartel, supuse que te iba a gustar, David, nada más hallarlo.
      En serio: estoy convencido, además, que no es un caso único. Ya sabes -y queda demostrado anteriormente- que no pertenezco al grupo de quienes rechazan cualquier interpretación de los clásicos, pero todo tiene un límite, o varios, aparte del buen hacer y el buen gusto: si la misoginia, como la drogadicción forman parte del carácter de Holmes, los personajes secundarios que refuerzan al protagónico también merecen un respeto: en el caso de Holmes, no se puede obviar a Irene Adler de esa forma, como no admitiríamos un Moriarty que fuese imbécil, bobalicón y estúpido. Hay cosas que no se tocan o mejor dicho, no deberían tocarse.
      ¿Que lo puede hacer en ejercicio de su libertad? Pues claro. Y en la misma libertad, yo puedo opinar que es un despropósito.
      Aunque lo peor, como ocurre en demasiadas ocasiones ya, es que intentan abarcar más de lo que pueden y se les va la fuerza por las rendijas que su escaso talento abre a espuertas. Tomar la figura de Holmes implica, quieras que no, correr el riesgo que la intriga que pergeñes será mirada con lupa.
      Que hay mucho iluminado por ahí que se cree lo bastante dotado para ser original es un hecho que ya corre a voces por internet; supongo que es una consecuencia de los tiempos que vivimos: poco esfuerzo y ansia de recompensa...
      Un abrazo.

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  2. El episodio de "La mujer" es probablemente el que más me gusta de la serie de la BBC...
    La tercera temporada me gustó menos, pero las dos primeras me encantaron.

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    1. Esa serie, David, es para verla una y otra vez...

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  3. Ahí te queria yo ver, digo leer. Esperando estaba con interés tu reseña.;)

    Puedo darle la razón (en parte) a David sobre lo de las adaptaciones y el apartarse de las fuentes, eso de no ser "fiel" puede pasar, si la pelicula lo mereciese, con los mimbres que tenía para ser una muy interesante historia y que resulte un poco tostón, es decir que concuerdo contigo en lo de la manufactura, en lo de los actores y en el entorno.. los ingleses lo bordan, vale, sí. .pero es que la trama resulta humo. Ese caso que parece más interesante en el planteamiento que en el desenlace, me parece flojo flojisimo y.. ¡ya no te digo el apunte de que Holmes estuviera "enamorado" de la dama cuyo nombre no empieza por I ni termina por Adler..y que al perderla se retire lleno de culpabilidad y desaliento. No encaja, no, no sólo con la "historia verdadera" del Holmes de Conan Doyle, es que no tiene pies ni cabeza tanta intriga. .o más bien, digamos que no tiene mucho interés porque es como un sufflé, que se desinfla.. y uno se pregunta ¿eso era todo lo que le tiene perplejo y compungido a éste cerebrito de hombre? él, que resuelve casos complicados fijándose en los detalles, vale está mayor pero...repito, flojo flojito.
    Lo de la senectud se puede entender con esa edad, tambien lo del alzheimer que apuntas muy certeramente.
    En fin, un chasco. Yo insistí en ir a ver la pelicula, el personaje, el actor.. y mis "sufridos" acompañantes se impacientaron mirando el reloj porque como te figurarás, no les gustó nada. Además les pareció deprimente..
    Yo me quedo con la relación que entabla con el crio, que desde luego es un pequeño "Holmes" en ciernes y que se come con patatas a su mentor.
    Tiene sus momentos. Asi que cerremos capítulo y sigamos esperando que la proxima temporada de la serie de la BBC no nos decepcione..¡Cumberbatch Cumberbatch.. Freeman Freeman ! where are you..?

    Besos. Milady

    P.D. Jaja ..lo de "hogaño" tambien me ha hecho gracia.. qué erudito y cultivado es usté Mr. Holmes XD

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    1. Nada puedo añadir, Milady, a lo que escribes y expresas con tanta pulcritud y claridad y no es porque estamos totalmente de acuerdo. Gracias por añadir ése sentimiento deprimente que causa la contemplación de la película, detalle que se me quedó en el tintero, al igual, que ahora noto, señalar que la partitura, la banda sonora de Carter Burwell, llega a ser una dormidera sentimentaloide.
      Quedamos, pues, a la espera de esos dos que mentas, en la seguridad que no nos van a defraudar, como no lo han hecho hasta ahora y mira que juegan con todo lo que pueden.
      Besos.
      p.d.: a ti y a David os digo: no pensareis que he usado la expresión por otra cuestión que no sea conseguir brevemente que se me entienda. Ni siquiera he comprobado que aun estuviera en el diccionario.... ;-)

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  4. 2 P.D. Por cierto el cartel precioso. ¿De dónde lo has sacado?

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    1. De internet, por supuesto. Ha sido verlo y decidirme por él. Espero que la autora no se me enfade por darle aire. Parece que corresponde a un concurso de diseñadores de carteles organizado por la distribuidora de la película.

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  5. Cualquier cosa que se haga con este personaje genera unas expectativas en el espectador...hay unos códigos, unas novelas detrás...ami me parece...yo que se... es que nadie tiene la valentía suficiente para realizar una película sobre un detective muy mayor que eintenta volver a reslver un caso...sin recurrir a Holmes??? Igual a los estudios no les apetece financiarlo....y el novelista....eso me parece mas triste....que alguien se ponga a escribir lo que sea y no tenga nada mejor que tomar un personaje literario etc etc...tan pobres andamos de ideas que no es capaz de crear uno propio....
    Como puedes ver la peli no la he visto, la serie un capítulo y medio, lo de Downey veinte minutos en tv...otra que hay americana...medio capitulo...no puedo decir mucho....un abrazo

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    1. Yo creo, Víctor, que el apunte tuyo es certero: ¿Qué necesidad hay de apoyarse en un personaje con unos parámetros archiconocidos? Coges la historia que inventes y la haces protagonizar por otro.
      Entonces, efectivamente, la sensación del espectador sería muy otra: ojo, del espectador que ya conoce a Holmes. Hablaríamos en ese caso principalmente de la forma de contar la película y del embrollo del guión, pero el concepto sería otro.
      Lo de los "novelistas" que se aprestan a "continuar" una saga iniciada por otro es algo que no entiendo y debo ir contra corriente porque parece que se va imponiendo la costumbre: está claro, en un caso y en otro, que la búsqueda del vulgar parné se sitúa muy por encima de cualquier otra consideración.
      Si ese sistema gusta a la mayoría, ajo y agua.
      Un abrazo.

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  6. Como fanático de la obra de Conan Doyle leí la novela de Cullin, responsable también de la novela Tineland que luego filmó Terry Gilliam. La verdad es que no me gustó mucho y eso que colecciono pastiches de todo lo que sea sobre mi amigo Sherlock. Hay buenos pastiches, incluso con tramas superiores a las que concibió Doyle, sin embargo el padre de la criatura tenía un no sé qué que no ha podido igualarlo nadie, incluso su hijo que escribió unos estupendos relatos imitando incluso los signos de puntuación de su padre. ¿Por dónde iba? Ah, que todo lo que sea el universo de Baker Street me gusta siempre y cuando no se abuse del mismo contenido original. He leído incluso historias donde Sherlock Holmes es un viajero del futuro; ¡por favor! Que era maricón, ¡por aquí no paso! Extraterrestre, fantasma, etc. Lo que tú dices aquí, amigo Josep, de manera magistral, estoy totalmente de acuerdo. Además al actor se le ha quedado unos tics muy Gandalf. Irene Adler, desde luego. Un escándalo en Bohemia y El último saludo; dos maravillosos relatos que Cullin debería haber tenido en cuenta. Hay que tomarse ciertas licencias a la hora de elaborar una nueva historia del detective más famoso de todos los tiempos, desde luego, pero ya te digo, hay límites que hay que respetar.

    Un fuerte abrazo, amigo.

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    1. Conforme iba escribiendo, amigo Paco, crecía mi curiosidad por saber qué te había parecido a tí, en la seguridad que ya la habrías visto, pues sobradamente estoy al tanto de tus extensos conocimientos relativos a Sherlock.
      Estoy, desde luego, de acuerdo contigo: hay unos límites. La reinterpretación puede ser enriquecedora, gloriosa, y también, por desgracia, penosa. Me temo que esa novela no la voy a leer.
      Un abrazo.

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  7. Efectivamente, Adler fue el gran amor imposible de Holmes desde "Escandalo en Bohemia", una de mis novelas preferidas del detective que vi en una versión televisiva con Christopher Lee como Holmes, y me gusta Lara Pulver en la serie actual. Me impresionó el trabajo de McKellen pero la película es el típico producto inglés de impexcable factura pero desapasionado, filmado sin garra, se olvida al poco tiempo de haberla visionado aunque me encanta ese cartel.
    David: te recomiendo "Dioses y monstruos", de las poquísimas adaptaciones que me gustaron más que la novela.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Coincidimos, a lo que veo, Borgo, también en el aprecio de Lara Pulver, a la que espero veamos de nuevo pronto.
      Hago mía la recomendación que haces a David, porque no la he visto.
      Un abrazo.

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  8. Espero que la moriña del otoño u otro tipo de desgana no esté haciendo mella en el señor de la casa..
    Ya ves, nosotros seguimos por aquí..así de "fieles" somos..con nuestras diferencias a cuestas.

    Besos

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    1. Bastante mella, sí, querida: este otoño está siendo más poco llevadero que otros, pero, aunque tarde, procuro responder.
      Besos.

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  9. Un abrazo, Josep, después de tanto, tanto tiempo.

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    1. Otro para tí, querido amigo: cinco años ya, desde que te dí de verdad el primero...

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