Enamoramiento acrónico
En el año 2003 apareció en las librerías una novela corta escrita por Elia Barceló, escritora española muy conocida como autora de obras de ciencia ficción que un buen día decidió mezclar géneros y acudió al romanticismo clásico para ofrecernos una pieza breve en la que juega con el tiempo de una forma que rehuye los trucos más manidos y las trampas más reconocibles, aunque al cabo de unos años añadió unos capítulos que en mi opinión resultan innecesarios y rompen buena parte de la magia que consigue en un relato bien construído, escrito sin complicarse la tarea, probablemente para ni siquiera rozar una ininteligibilidad que quizás aparecería en alguna lectura poco acostumbrada a conceptos intrincados.
La trama versa en torno a un amor nacido en un momento histórico y continuado en otro posterior con la particularidad que uno de los personajes está viviendo en saltos temporales que le otorgan al fin consciencia de lo que ha sucedido, y el lector acaba por ser partícipe de la situación, porque la autora sabe presentar los saltos temporales muy bien estructurados y sin necesidad de otra explicación inmediatamente entendemos lo que está sucediendo y podemos atender a la existencia de los encuentros que muestran un enamoramiento atemporal que persiste y causa sentimientos de incertidumbre, pero entendemos que hay un amor que perdura, que trasciende, que roza el momento en que las leyes temporales pueden romperse, o quizás no.
Es ésta una novela muy breve compuesta de una veintena de capítulos que apenas tienen tres páginas cada uno y se lee de corrido sin que suscite segunda lectura porque el mecanismo arquitectónico de su trama, sólido, queda perfectamente en la memoria.
Hay en el texto alguna acotación cinéfila que probablemente obedece a la afición de la autora que años más tarde colaboró con la directora Olga Osorio en la confección de un guión para una película homónima de la novela, El secreto del orfebre, que está actualmente disponible en streaming para quien no la pudo ver en el cine.
Casi resulta extraño comprobar que en el cine español todavía hay quien se fija en una novela apolítica para rodar una película exceptuando los negocios multimedia archiconocidos para cine de masas; la novela de Barceló tuvo su éxito hace más de veinte años y ha tardado en llegar a la pantalla, pero lo ha hecho.
Además, presentar en estos años una trama romántica requiere valor por parte de todos, pues el panorama actual no está muy inclinado a recibir películas que no sean espectaculares y nos hallamos ante una película romántica íntima por completo, porque los acontecimientos que nos va a contar lo son de forma absoluta, piezas de una verdad mágica, secreta, algo que ocurre a lo largo de varios decenios.
Osorio filma con elegancia unos retales de tiempo unido por un amor que viste a todos los protagonistas en sus particulares épocas y lo hace con firmeza y delicadeza pero queda la sensación que, como les ocurre a algunos directores de cine, respeta demasiado a los actores que teóricamente están a sus órdenes y así la presencia de Mario Casas da muy bien el tipo pero cuando abre la boca se pierde fuerza y pasión y reina la incertidumbre y la flojera y es una lástima porque tanto Michelle Jenner como Zoe Bonafonte (magnífica) meten toda la carne en el asador y brillan en su representación de una mujer enamorada y rodeada de incertidumbre y se produce un desequilibrio que perjudica al conjunto.
Con un metraje de poco más de media hora Osorio nos presenta una historia de fuerte romanticismo que permanece pese a las diabluras que el paso del tiempo produce, siendo así que las transiciones están muy bien elaboradas y presentadas y el ritmo pausado y tranquilo se mantiene firme y continuo y el espectador se queda en parte sorprendido por un cierre que demuestra que la película en ningún momento ha intentado emitir un mensaje más allá de la posibilidad de un amor acrónico, que no es poco.
Osorio se ha dedicado a presentar un sentimiento que permanece décadas y lo ha hecho sin trampa ni cartón, sin caer en trucos melodramáticos que pretendan lloreras del respetable y ha controlado el ritmo y el tempo ajustados y a pesar de la sensación de levedad, firma una película que se puede recomendar.


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