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dijous, 5 de febrer de 2015

Whiplash




Pablo Picasso desvelaba el secreto del genio: procurar que la inspiración, cuando llegara, le encontrara a uno trabajando.

Ladislao Kubala fue un maestro en el lanzamiento de balones de fútbol a balón parado, consiguiendo con aquellos borceguíes de hace más de medio siglo y aquellas pesadas pelotas de cuero atado unos efectos que sorprendían a los cancerberos enemigos y su arte no era casual: cuando los demás se iban a casa, él quedaba en el campo ensayando una y otra vez, con la izquierda, con la derecha, con la izquierda, con la derecha.

A William Wyler le apodaban "99 takes Willie" porque, en su loco afán por conseguir la toma perfecta, repetía una y otra vez el mismo corte: luego los actores que dirigía obtenían el premio Oscar, pero decidían que era insufrible trabajar de aquella forma y algunos rechazaban repetir con el maestro.

La gran bailarina española Aída Gómez suele recordar su aprendizaje bajo la tutela de Antonio Ruiz Soler y expresa el alto nivel de exigencia del bailarín y coreógrafo que ella comprendió y admitió a sus catorce años porque se dió cuenta que era un genio de la danza y tenía la suerte de aprender de él, directamente.

El talento sólo no basta: hace falta trabajar duro.

El joven Damien Chazelle tenía una idea y a falta de fondos, consiguió convencer al veterano J.K. Simmons para que protagonizara un cortometraje a modo de ensayo general: un profesor de música y su relación profesional con un estudiante: el proyecto, una reducción de un guión más amplio, consiguió triunfar en el festival de Sundance 2013 y como consecuencia obtener fondos para filmar un largometraje, cabe suponer que siguiendo el original.

En buena lógica, Chazelle mantuvo a J.K. Simmons para incorporar al educador musical pero, por motivos que él sabrá, cambió al otro Simmons, Johnny, por el también joven actor Miles Teller para interpretar al educando aspirante a baterista.

Parece ser que Chazelle en su juventud más temprana formó parte de una banda de música y debió quedarle el ánimo prendido por la idea de llevar a la pantalla parte de sus experiencias: las relaciones entre maestro y discípulo no son muy originales ni novedosas en su esencia, no en vano podemos fácilmente remontarnos a los verdaderos clásicos y me refiero expresamente a Pigmalion y por supuesto a su versión cinematográfica por excelencia en el musical de My Fair Lady que ya tratamos aquí hace tiempo.

Falto sin duda de la genialidad de Bernard Shaw, el joven Damien Chazelle nos hurta la posibilidad de contemplar la pasión arrebatadora que el arte puede llegar a producir en personajes sensibles y opta, de forma un tanto sorprendente, por emular a través de su protagonista adulto, Fletcher, unos modos y manejos que a los pocos minutos de iniciarse la película traen a nuestra memoria cinéfila el personaje del sargento Foley, dedicado a machacar -con todo el cariño, eso sí- al aspirante a Oficial y Caballero, Zack Mayo.

Sería desconsiderado y quizás excesivo asegurar que una buena traducción - traición- adaptación del título Whiplash (que lo es de una composición jazzística) para el público español podría ser ajustadamente "La nota con sangre entra" pero no andaríamos muy alejados de la sensación que permanece una vez transcurrida la hora y media larga de metraje que probablemente se antojará más larga a todos aquellos cuya sensibilidad por la música de jazz sea nula, porque Chazelle -seguro amante del jazz- se muestra incapaz de filmar casi nada que no sea en torno a la música, su aprendizaje y ejecución, desechando en mala hora la posibilidad de humanizar su relato en torno a personajes que sienten pasión por la música: hay en la película algunos momentos que le otorgan un sentido especial, pero Chazelle inexplicablemente los aborda con brevedad con un pudor que se antoja excesivo, como no queriendo profundizar en la psicología de unos tipos dotados de perfiles básicamente interesantes, dotados de una pulsión artística que domina su forma de entender la vida.

Así, ese profesor de música que lidera la banda de la escuela, Fletcher, se comporta con los modos de un instructor militar de la vieja escuela creyendo que en la desesperación el genio halla la fuerza para seguir adelante y alumbrar un camino mejor sin saber diferenciar trabajo duro de trato inhumano partiendo de una convicción plausible que define muy bien: nada ha hecho más daño al arte que dos palabras: "buen trabajo".

La conformidad está reñida con el camino a la perfección que siempre producirá en el artista la angustia vital de hallarse o no en él: la duda, la incertidumbre, la falta de seguridad nunca han sido ajenas al alumbramiento de obras maestras y únicamente los necios piensan que aciertan siempre a la primera. Chazelle no se atreve a adentrarse y profundizar en sentimientos dolorosos y felices y simplemente sobrevuela una relación de aprecio y odio entre enseñante y aprendiz, unidos ambos por un destino deseado que les supera condicionando su actitud con unos requiebros en su conducta que no acaban de estar todo lo bien escritos que sería de desear: seguro que la concurrencia de algún guionista con más experiencia y oficio (difícil de hallar en la industria del cine actual) hubiera proporcionado a la trama una solidez e interés más firmes así como unos diálogos más seductores y sensibles.

Chazelle filma bien las escenas de la instrucción musical y de los conciertos pero a pesar de ello el ritmo del conjunto se resiente de la reiteración, casi complaciente, del guión: precisamente recordando el conjunto días después, viene a la memoria lo de "buen trabajo" como causa de satisfacción del joven director y guionista que quizás motivado e impelido por la falta de fondos se conforma con lo rodado y aquí hay que incluir el apartado interpretativo: Miles Teller resulta frío en exceso como estudiante y J.K. Simmons se excede en su composición evidenciando una falta de autoridad del director sobre la que en realidad es la estrella de la película, mal que su trabajo le haya reportado premios y nominaciones como actor secundario, que lo es el bueno de J.K., redomado ladrón de escenas.

Siendo uno de los actores secundarios de más prestigio desde hace ya algunos años y habiendo dado muestras de su buen hacer tanto en el cine como en la televisión, J.K. debería haber recibido galardones por otros trabajos, pero no por éste, por dos razones de una lógica aplastante: primero, porque se le nomina y premia como actor secundario, siendo así que prácticamente aparece en todos los fotogramas de interés: hay protagonistas que salen menos, en otras películas; y segundo, porque lamentablemente, con esta película se sitúa en el grupo -nada despreciable- de buenos actores secundarios que no pueden soportar en sus espaldas, anchas, el peso de una película entera: no por lo menos sin la dirección de un buen director, que no es el caso: los aspavientos de J.K. Simmons acaban por cansar: nos recuerdan mucho, muchísimo, al gran secundario Louis Gossett Jr., pero él aparecía menos en Oficial y Caballero, donde, recordemos, había una trama romántica aparte. Es comprensible el afán de un buen actor por constituirse en estrella de la función pero es un error pretender abarcar más de lo que uno puede: que le den premios con esa sinrazón satisfará el ego del actor pero no nos procura a los cinéfilos amantes de las buenas interpretaciones más placer del que somos capaces de degustar, mal que nos pese, vista la mercadotecnia que ha preparado el camino al estreno.

En definitiva, una película que puede resultar insoportable a quienes no sientan gusto por el jazz ya que van a estar hora y media oyéndolo y un entretenimiento pasable para quienes sepan reconocer de inmediato las notas de Caravan aunque la versión sea mejorable y una oportunidad de comprobar cuan cierto es que la conformidad está a menudo reñida con la excelencia.







8 comentaris :

  1. Un momento que voy a ver el periòdico....no està..... en la lista previa de diversos obsesos de la perfecciòn....leido el texto me viene a la memoria la polemica del equipo de nataciòn sincronizada con su entrenadora Ana Tarrès, a la que acusaban de sargento de hierro que llegaba a afectar psicològicamente a las chicas. Ana Tarrès publico despuès un libro dando su versiòn....en la que reivindicaba disciplina a tope para llegar al màximo nivel y lograr medallas.
    Veo por donde va la pelicula....hay muchas sobre todo en el àmbito deportivo que tocan el tema, en el educativo, y por supuesto en el ejercito....todavia recuerdo a Demi Moore de marine diciendo tacos....
    Soy aficionado al jazz, no un gran conocedor pero si aficionado. Y francamente es un tipo de musica que nada tiene que ver con la musica clasica en la que cada mùsico ha de clavar cada nota para que la pieza suene con armonia en manos de la orquesta.
    En el jazz....Bill Evans logrò sus mejores conciertos sobre la base de su libre virtuosismo, no fruto de horas de ensayo con un sargento de hierro. Charlie Parker, Carlos Jobim, Pat Metheny, Billie Holliday, tantos y tantos....
    No digo que no exista una tècnica, hay que dominar el instrumento, pero sin ver la peli....es que esto no es la pianista de Haneke....en la que tanto metrònomo esconde monstruosidades detras. Y ese aspecto me dices que no està desarrollado....Me hubiera gustado verla de todas formas....aunque la idea duro profesor al que has de agradecer sus pasadas de frenada....mmmm....cuando la vea te digo. Un abrazo

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    1. Pues sí que habrá durado poco en tu zona, Víctor: veo que en Barna de momento hay tres cines que la proyectan y se estrenó hace tres semanas...
      Espero que puedas verla antes que se produzca el reparto de las bagatelas doradas...
      Tienes razón en lo de la semejanza del ámbito deportivo en lo que a enseñanza de una materia se refiere, pero ciertamente se asemeja mucho más a una instrucción militar pura y dura, vistas las conductas sin atenerse a cuestiones de aprendizaje de la música, que quizás hubieran parecido extrañas por lo desconocidas pero que, en cualquier caso, hubiese sido más idóneas: dudo que la disciplina extrema pueda ser un acicate para un músico sin que ello signifique que no precise un trabajo duro hasta dominar la técnica absolutamente para luego, en el caso del jazz, olvidarse de las normas cuando convenga al arte.
      Espero leer tu opinión cuando la veas, aquí, o en tu casa.
      Un abrazo.

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  2. Escribo con dificultad..pequeños accidentes..y encima se me escapa el comentario..brebre..%&·"!6..
    DECÍA , SIGUIENDO EL ARGUMENTO DE Mr. V que " es un tipo de musica que nada tiene que ver con la musica clasica en la que cada mùsico ha de clavar cada nota para que la pieza suene con armonia en manos de la orquesta" de ahí su frescura, la improvisación.. por lo tanto me parece excesivo.. (en la vida real no digo que no pase..yo tenía una profe de música que ya ya, algunos alumnos pueden ser duros de oido pero.. no conviene perder las formas)..
    . En realidad no he visto la pelicula sólo los trailers y la entrega en los globos de oro y francamente esa falta de respeto me chirrió un poquito..ese comportamiento despótico es propio de los sargentos chusqueros o de los capitanes de barco en los que se producen como consecuencia rebeliones y motines.
    Es decir, por no extenderme, que me cuesta, que no te ha convencido. A mí me resulta antipático el personaje pero no tengo demasiados elementos para valorar el conjunto. Tengo presente tu opinión of course ;).

    Besos. Milady

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    1. Espero, querida Milady, que esos "pequeños accidentes" no representen nada serio.
      Lo peor de la película no es, desde luego, que el tipo por momentos se haga odioso, como lo son también otros caracteres que habrás visto en otras películas: es que no hay mucho más que eso: le falta complementar mejor la trama, que resulta escueta y por ende, redundante y reiterativa en sus acciones.
      Si llega el caso, ya dirás que te ha parecido.
      Besos.

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  3. Pues yo tampoco he visto la peli, aunque vi un reportaje sobre ella y he leído ahora mismo una entrada en un blog.

    "El talento sólo no basta: hace falta trabajar duro."
    Jo, qué temita.
    No sé. Yo creo que siempre se puede llegar a un término medio, ¿no? Vale que hay que buscar la perfección, no ser complacientes y demás y hay que trabajar duro...pero no tan duro que al final el trabajo sea desagradable...y menos cuando ya no es algo que haces por amor, sino porque es un "trabajo"...

    Yo más que de Ana Tarrés me acordaba de Debbie Reynolds que lloraba y pensaba que Gene Kelly era un """""lo que penséis" y que le hacía bailar hasta que le sangraban los pies...pero años después lo recordaba de otra manera "porque era un profesional y nos enseñó que había que ser duros y bla-bla-bla"...pero a veces, con gente que sabes que tiene ese algo y que a lo mejor ya ha "practicado"... no te puedes poner en ese plan. El mismo Gene trató de forma diferente a Judy en el rodaje de Summer Stock. Él ya sabía que Judy podía hacerlo antes, pero que ahora igual no estaba en su mejor momento. O pienso en algún comentario de un tipo de un grupo muy famoso cuando decía más o menos "y Paul quería que ensayáramos una y otra vez...y yo ya he estado ensayando desde que tenía 15 años y necesitaba un descanso".
    Pero es cierto que si queremos que algo salga bien hay que meter muchas horas. Otra cosa es que esas horas sean agradables, hechas con el esfuerzo de todos, o tengan a alguien dirigiendo en plan militar. Como he dicho antes... no sé.
    Me ha hecho mucha gracia lo de que había una trama romántica aparte en la peli de Oficial y caballero. Más bien había una trama romántica...y otras cosas aparte (jaja)
    Pasa buen fin de semana.

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    1. Digamos, David, que lo que chirría no es el esfuerzo del aprendiz -que, como los que se dedican al baile, acaba usando tiritas- sino los modos y maneras del maestro, que se excede con los gritos, reduciendo además, así, el campo de presión psicológica que, calmadamente, suele ser más eficaz, amedrentador y cinematográficamente más agradecido.
      Espero que la veas y ya dirás que te ha parecido.
      Un abrazo.

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  4. Buscais la fama....pero la fama cuesta, y aqui es donde vais a empezar a pagar con sudor....y luego aparecia Leroy Johnson con sus calentadores fucsia .....què tiempos.....
    oficial y caballero....màs què tiempos.....saludos

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    1. ¿Ves Víctor lo que son las prisas? ni me vino a la cabeza el recuerdo de Fama ¡qué tiempos!¡qué siestas dominicales! como punto de semblanza y entendimiento de lo que puede ser y lo que no puede ser...
      Un abrazo.

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