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dijous, 30 de juliol de 2015

Carmín en la mejilla




Estamos tan acostumbrados a sentarnos en la butaca a oscuras y recibir de inmediato destellos luminosos y ruidos y estruendos y síncopes visuales que enfrentarnos a una narración pausada, ágil, comedida, plácida, acaba por convencernos que nos hallamos ante un producto más propio de la pantalla televisiva familiar que de una sala de cine y caemos en el error de catalogar una pieza donde no le toca.

Luego, cuando el cinéfilo rumiante va machacando los recuerdos de lo visto empieza a hallar sabores inesperados y como ocurre con las películas de corte clásico bien hechas, se da cuenta que el taimado director ha aderezado muy bien el plato presentado y aparecen en la memoria detalles que confirman nuevos aspectos de una trama teóricamente predeterminada a cuya apariencia ayuda no poco el título elegido para la exhibición.

Mike Binder ejerce como guionista y director a un tiempo lo que produce en el desconfiado cinéfilo un temor demasiadas ocasiones confirmado: la demostración que el juanpalomismo (de Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como) existe y causa estragos, temor a desechar de inmediato en el caso que nos ocupa porque el bueno de Binder se aplica mucho para acercarse a la autoría real: podemos afirmar que trabaja a conciencia la trama ideada, que los diálogos son bastante buenos y que además sabe dirigir la película, eso tan aparentemente sencillo que significa que con su cámara nos cuenta cosas.

Ahí es nada.

No obstante, Binder actúa como un pillo porque se acoge a un título a todas luces engañoso: Black or White (2014) desprende una sensación errónea simulando una propuesta plebiscitaria, una elección forzosa entre dos conceptos claramente antagónicos, simples incluso en su apariencia cromática: el traductor de títulos al castellano rechaza la imposición y se decanta por Lo mejor para ella ofreciendo una alternativa a mi entender demasiado blanda y acomodaticia aunque más cercana a la realidad, sin que dicha cercanía sea deseable, como ocurrió con Rosemary's Baby.

Si seguimos el itinerario señalado por el título original probablemente esperaremos hallar una película que nos hable de la problemática racial en los E.E.U.U. y acabaremos por encontrar una trama que no la muestra como suponíamos: tengo para mí que el título se aprovecha del tirón mediático pero Binder trasciende y amplía considerablemente la propuesta ideológica y ofrece mucha más materia de la que vemos en primer término.

Hagamos un alto para una somera sinopsis: Elliot Anderson (Kevin Costner, fantástico) acaba de enviudar y se hace cargo del cuidado de su nieta Eloise (Jillian Estell, perfecta), de siete años, que lleva viviendo con él desde que nació (su madre falleció en el parto y su padre está en presidio) y en el mismo momento de celebrar el funeral en su casa después del sepelio de su esposa, la abuela paterna, Rowena "Wewe" Jeffers (Octavia Spencer, fantástica), le da un beso en la mejilla y le dice que lo mejor para la niña sería irse a vivir con su abuela, porque con el abuelo no es lo mismo, y que tiene una amplia familia.

El añadido es que Wewe es negra, Elliot es blanco y Eloise, claro, es una dulce y guapa niña mulata.

Elliot dice que nones y Wewe se va contrariada asegurando que eso no va a quedar así.

Y Elliot, automáticamente, se saca un pañuelo del bolsillo y se quita el carmín que en la mejilla le ha dejado Wewe.

Porque sabe que le ha dejado carmín en la mejilla. Porque lo hace siempre. Hay una costumbre pacífica en el gesto. Una normalidad.

Binder, como decimos por aquí, no da puntada sin hilo: los diálogos de su guión están depurados para acercarse a una realidad cotidiana expresando ideas y sentimientos huyendo de la ramplonería simplista que se aboca al uso de palabrotas: cuando Rick, socio y amigo de Elliot comparece en el hospital, recién notificado el deceso, actúa como lo haría cualquier buen amigo: ofreciéndose y sintiéndose incapaz de consolar por la gran pena presente y lo manifiesta sin necesidad de tacos e incluso, para lo acostumbrado en el mundo anglosajón, físicamente, con un sentido abrazo.

Al aparecer el padre de la niña, Reggie (André Holland), súbitamente liberado, la cosa se complica y más aún cuando se cierne la amenaza de un pleito.

El seguimiento del proceso tendrá sus particularidades, notables en cualquier caso para una sociedad que acostumbra a judicializar en exceso sus relaciones casi mostrándose incapaz de solventar por sí mismos sus problemas con un buen arreglo.

Binder no focaliza la atención en la acción judicial, que se desarrollará a lo largo del metraje (dos horas) y llegará a una conclusión difícil de evaluar sin considerar todos los aspectos que el astuto director y guionista nos va plantando uno tras otro de forma muy cinematográfica, sin apenas diálogos, únicamente con gestos y actitudes y el uso de una caligrafía cinematográfica sólida y económica, adecuada y mantenida en el ritmo, sin enfatizar especialmente nada, como pretendiendo que las señales, los signos de su narración, afloren en el recuerdo del conjunto.

Los caracteres pergeñados por Binder revisten una riqueza psicológica que les aleja de los meros prototipos tanto como del maniqueísmo presente en productos de baja calidad: Elliot es un dipsómano creciente desde su viudez y frente al peligro de perder su nieta; Reggie es un adicto al crack capaz de mentir a todos; el primero odia al otro porque le considera causante indirecto de la muerte de su niña (a la que recuerda más que a su propia esposa, lo que refuerza el poder del afecto paterno) y Reggie miente incluso a su madre, Wewe, mujer de negocios que con su esfuerzo ha conseguido poseer dos casas, una frente a otra, donde vive toda su numerosa familia, la mayoría a su costa.

Pero cuando Elliot va a casa de Wewe y se hace acompañar como chófer por Duvan, africano inmigrante que trabaja mucho y tiene varios títulos académicos (es el profesor particular de matemáticas y de piano de Eloise), entra en el lugar como pedro por su casa y lo presenta, jocosamente, como ¡su guardaespaldas! mientras abraza, uno tras otro, a los parientes de su nieta.

Más tarde irá a buscar a su niñita porque el padre se la llevó mediante engaño y, sin alterarse al ver a Eloise tocando el piano con sus primos, en una improvisada jamm session, con la abuela Wewe rezumando alegría, va a por Reggie y le espera en la puerta de atrás porque sabe que saldrá por allí.

Después de unos manotazos y empujones, Elliot, antes de irse, recoge los cubos de basura que se vuelcan en la refriega. Un detalle que no puede, no debe, pasar desapercibido.

Binder pues se sirve muy bien de la cámara para ir contando una historia nada lineal, compleja como lo es la realidad de unas gentes que tienen aciertos y errores sin que ni el odio ni la mala fe empañen una relación que se mueve por derroteros distintos a los planteados a priori, con unos afectos y rencores que, como en la vida, se van modulando, muy lejos de los extremos, en la gran zona de cientos de grises que florecen a cada hora de las veinticuatro que cuenta un día.

Ambos abuelos desean lo mejor para la niña pero cada uno lo hará desde una perspectiva que contiene razones pendientes de la propia satisfacción, sin tenerla mucho en cuenta: Elliot, que es un abogado adinerado, por una parte ansía una sustitución de su fallecida hija al tiempo que pretende alejar a la nieta de la perjudicial influencia de su padre, Reggie : de hecho, la oveja negra de su familia. Porque Wewe, que se ha hecho a sí misma, es una férrea mujer de negocios que mantiene a un grupo de zánganos que siquiera la ayudan y se lamenta de no haber educado bien a Reggie: pero en el fondo, subyace el convencimiento que, fallecida la abuela materna, corresponde a la abuela paterna criar a la niña, con el añadido de crecer con su numerosa familia.

Pero lejos de las típicas películas de pleitos similares, Binder aboga por un alejamiento de las instancias oficiales y completa con retazos vitales el curso de los acontecimientos en los que se ven involucrados unos personajes que, realmente, se aprecian. Aunque sea en el fondo: son la familia de Eloise: son familia.

Esta riqueza de los personajes la puede mostrar Binder gracias al elenco escogido con muy buen tino porque todos realizan un trabajo elogiable, comedido y sobrio sin exagerar más de lo que haría el personaje en cada momento, lo que permite suponer que, además de notable guionista y director de cine, Binder sabe dirigir a sus actores: los múltiples detalles, nimios, que acaban conformando una personalidad, no serían posibles sin el ojo avizor de quien demuestra claramente saber llevar las riendas de un carruaje que esperábamos trazara una línea clara y acaba dejando varias huellas a seguir, quedando, por supuesto, a un nivel muy superior a la típica telecomedia familiar al uso.

En definitiva, una película imperdible para el aficionado a tramas bien urdidas, sólidas, en torno a personajes muy reales: un plato para paladares educados acostumbrados a gozar de los matices.



Quien no haya visto la película, cuídese de los comentarios: algunos contienen spoilers




11 comentaris :

  1. Pues la verdad pensé que sería una comedia más y no le presté mucha atención aunque Octavia Spencer me parece una actriz con una bis cómica y una naturalidad impresionantes. Kevin Costner ha ido ganando con los años; ha pasado de guapo inexpresivo a actor que mide sus gestos para bien. Será la madurez.;)
    La tendré en cuenta ahora que tu nos la recomiendas.
    ¡Vaya, todavia hay cosas que se estrenan y se dejan ver! aparte de la de Pixar.. para ser justos he visto algunas últimamente que no están nada mal pero no entran en la categoría de blockbuster (tampoco tengo nada en contra para el que lo prefiera).

    Besos. Milady

    P.D. En el capitulo de series, he empezado The Affair ( los dos primeros)y parece interesante, Dominic West, Ruth Wilson, Joshua Jackson, Maura Tierney.
    http://www.imdb.com/title/tt2699110/

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    1. Ha pasado por las carteleras sin apenas ruido lo que da que pensar respecto a la sagacidad de los críticos, Milady.
      Es cierto que su apariencia echa para atrás, porque parece a simple vista un aprovechamiento de la temática racista, pero vista en detalle creo que su riqueza y complejidad excede lo usual.
      Besos.

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  2. Ni conocía esta peli, pero seguramente habría pensando lo mismo que Abril. Más que apuntada. Me interesa el tema, así que la veré en cuanto pueda.
    Un saludito.
    PD: Tienes dos mails en tu buzón que puedes borrar directamente; el segundo anula al primero.

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    1. Estoy convencido, David, que un repaso detenido hará que la disfrutes: es de esas que puede dar mucho juego en una conversación tranquila y pausada. He guardado en el tintero muchos otros detalles, porque, como sabes, prefiero no desvelar demasiado de la película. No te defraudará.
      Un abrazo.

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  3. Bonita película.
    SPOILERS para quien siga.
    Es verdad que la película juega a muchos "grises", pero tiene cierto tono de eeeeeeh...¿buenrollismo?. Es más gris-blanco que gris-negro.
    No sé. La verdad es que está muy bien, y como has dicho, hay otros detalles que podrían mencionarse (estoy pensando en el adecuado uso-recurso de los golpes en el corazón entre abuelo y nieta)… Me hace bastante "gracia" el "espejo" que se utiliza durante la película entre el abuelo blanco (Costner está muy bien, sí; no tanto como en la de "Un mundo perfecto", pero casi) y el yerno negro. Ambos drogadictos, solo que uno no lo acepta o lo quiere reconocer. El momento en el que le dice al yerno que debe tomar el control de su vida, rehabilitarse, para irse al momento seguido a echarse un lingotazo está muy bien. Mi mujer ha dicho que más que nada era una película sobre la drogadicción... Y no sé hasta qué punto darle la razón. En realidad es una película que habla de bastantes cosas.
    Una de las pegas que puedo ponerles es que hacia el final, en la escena de la piscina (en la que se vuelve a recurrir a mostrar a los dos drogándose antes de lo que va a ocurrir)... aunque me parece un estupendo recurso de guión lo del cuchillo en el fondo y Kevin tratando de cogerlo, que le salve el yerno "drogado" lo veo algo forzado. Que un tío que hace nada intentaba clavarle un cuchillo y venía como loco a llevarse a su hija, de repente tenga un "golpe de conciencia" al ver a la niña durmiendo, las fotos y los dibujos y encima acabe rescatando a su suegro. No sé... tal vez lo acepte porque el pobre yerno no es mal tipo, solo un enfermo. El detalle de encararse con Kevin en la escena de la pelea entre basutras porque le están viendo los "amigos" también tiene su punto. Hasta el suegro se da cuenta de por qué se le encara.
    Está claro que al fin y al cabo la opción que escoge la película no es la de un drama o una película de juicio. De hecho, a medida que la veía y casi desde el principio no hacía más que pensar que por qué no arreglaban las cosas de manera amistosa, sin abogados de por medio, dejando que la niña “disfrutase” de ambas familias. Es curioso que tanto las dos escenas en las que los abogados de ambas familias comentan lo que va a pasar es cuando las cosas parecen ir a ponerse feas y a los dos abuelos no les hace mucha gracia.
    El personaje de Duvan también es como “demasiado” para la peli. Parece el menos “realista” o “verosímil”. No me extraña que hagan que Kevin lo considere casi como una especie de alienígena, aunque quede claro que lo contrataría sin dudar para darme clases y cuando da su ensayo en el juzgado tiene gracia.
    Por último… desde el principio tenía claro que lo que había que hacer era preguntarle a la niña. Y si esta dice que quiere quedarse con el abuelo aunque le gusta estar con la abuela y el resto de la familia… eso tiene más “sentido común” que el que tienen ambos abuelos desde el principio de la película. Sí, Kevin “invita” a su familia a que vengan cuando quiera… pero cuando Octavia le pide que le llame, el otro no hace bien. Es agradable ver que al final pueden entenderse y buscar lo mejor para la niña y para todos.
    Entretenida, bien realizada, buenas interpretaciones y sí, con un punto no sé si de “good-feeling”, pero que no me parece mal. Gracias por la recomendación.

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  4. Como son las cosas....hemos llegado a un punto tal que algo que debiera predisponernos a favor, como es que guionista y director sean la misma persona, nos pone alerta vistos otros casos.
    Hecho de menos esos tiempos en los que un tipo escribia una historia y la dirigia. En estos tiempos tambien los hay, y algunos de gran exito como Apattow o taran tantino....hay unos cuantos....aunque no siempre la cosa sale como al parecer sale aqui.
    No la he visto, aunque anotada queda vista la recomendacion x partida doble. Me gusta eso de que haya muchos matices....eso no abunda. Un abrazo

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    1. Esas prevenciones, Víctor, las tomamos porque somos perros viejos escarmentados, gatos mojados, cinéfilos engañados demasiadas ocasiones y como siempre pasa, pagan justos por pecadores.
      Lo peor, ahora, es que se cuelgan el título de escribidores de cualquier tipo gentes que ni tienen buenas ideas ni saben expresarlas y así nos va, tanto aquí como en la librería.
      Por eso, precisamente, hallar una película con fundamento, trabajada, es motivo de reseña gozosa y conviene darle pábulo, porque la industria, sorprendentemente, apenas si promueve películas así.
      Un abrazo.

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  5. Mmm... Una pega que le pongo es que frente al problema de la drogadicción de ambos personajes, la peli, tal vez porque quiere adoptar un tono de buenrollo trata el problema de una manera un poco, no sé si decir "suave". Es un problemón...Y la adicción de ambos está tratada de forma un poco... no sé... Supongo que jugar a mostrar más consecuencias negativas en las adicciones de ambos inclinaría la película más hacia el drama. De hecho, la escena con el momento más dramático, pasa sin que la "vean" el resto de personajes, y la niña ni se despierta en mitad de la noche "asustada" por la actitud "intoxicada" de su padre, ni se encuentra con su abuelo ahogado en el fondo de la piscina. Ambas cosas se evitan, tanto al espectador, como a la niña. En el fondo no sé si no es muy creíble por esas ganas de no dar mal rollo...Sí, puede que los personajes sean familia, no sean ni blancos, ni negros, pero más allá del tema de la niña, el problema que ambos tienen es bien gordo, y no sé... ni es "Días sin huella", ni "Días de vino y rosas" (y ahora dirás que esas pelis sí iban sobre eso, pero que esta no; vale, pero el director-guionista hace bastante-bastante hincapié en ello).

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    1. Primero que nada, David, gracias.
      Gracias por la confianza en mi consejo y gracias por comparecer expresando tus opiniones, enriqueciendo la entradilla.
      Creo que Binder nos ofrece, como decía antes, la oportunidad de contemplar su obra desde muy variados y diversos aspectos, lo que la convierte, en mi opinión, en memorable.
      Supongo que cada espectador podría aportar distintas sensaciones, todas válidas, porque todas están presentes en la pantalla. Esa es la principal virtud de una película que a priori parece un relleno pero que, meditada, remueve las neuronas porque ha ido dejando a cada escena detalles que todos habremos visto en algún momento, lo que le confiere una veracidad, una cotidianedad, más que remarcables.
      En un momento en el que el porcentaje de películas se basan en la más exagerada ficción, Binder nos ofrece un retrato de una sociedad con todas sus complejidades.
      No hay nada en la película dejado al albur: ya sabes lo que opino del director como máximo responsable y que tampoco creo en las casualidades: tipos como Jeremías o Duval no aparecen porque sí, lo mismo que tampoco la novia del socio de Elliot.
      Lo que está claro es que el conjunto es un trabajo bien hecho y que merecería convertirse en lo que conocemos como "sleeper"
      Un abrazo.

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  6. Sigo tu consejo: prescindo de los comentarios y ya los leeré cuando esta tarde vuelva de ver la película.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Haces bien por partida doble, Borgo. Espero que te guste y que vuelvas a dejar tu opinión al respecto.
      Un abrazo.

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