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dijous, 5 de setembre de 2019

Unos pies sucios




Antes que nada quiero agradecer a esa familia que dirige el Cine Capri porque una vez más y haciendo gala de su sensibilidad cinéfila nos han ofrecido una sesión en v.o.s.e. de una película de estreno, en este caso la última de Quentin Tarantino titulada precisamente rindiendo homenaje a un título añejo que también pudimos disfrutar en el mismo cine hace ya 50 años: el mundo es un pañuelo, dicen unos y otros dicen que todo vuelve.

El que ha vuelto por novena ocasión es ése cinéfago que en sus nueve películas ha demostrado por activa y por pasiva una afición a emular, homenajear e inspirarse de forma muy directa y cercana en piezas de la década de los sesenta con predilección por los westerns rodados en Europa, tanto Italia como España y uno tiene la sensación que quizás no ha profundizado demasiado en películas con más enjundia del mismo período, pero eso ya son suposiciones subjetivas de quien suscribe.


Titular Once upon a Time in Hollywood (Érase una vez en Hollywood) a una película de este siglo que vivimos aparte de significar para los cinéfilos veteranos una llamada a la película de Sergio Leone Once upon a Time in the West (1968) y para los menos veteranos otra película de Sergio Leone titulada Once Upon a Time in America (1984) ya son ganas de tomar unas referencias difíciles.

Si Tarantino tenía en mente entrar en una especie de trilogía de títulos semejantes por su fonética, me parece que su apuesta ha sido muy arriesgada y se ha comprobado que iba de farol.

Cuando en la madrugada del lunes pasado salía del cine (la película dura dos horas cuarenta y un minutos) tenía dos sensaciones: la primera, de vacuidad, de pérdida de tiempo, porque Tarantino no me contó nada que no supiera: al espectador que estaba en mi misma fila y se largó cuando llevábamos casi dos horas supongo que le pareció larguísima; la segunda, que una vez más Tarantino nos presentaba una película sin haber cuidado ni pulido ni el guión literario ni menos aún el guión técnico, rodando de forma improvisada y sin usar luego la necesaria tijera para aligerar la narración en la sala de montaje.

Dejemos para luego los detalles y centrémonos en lo que antaño hizo célebre a Tarantino, la confección de un buen guión trufado de frases ocurrentes y provisto de una trama que se desarrolla siguiendo un camino que nos lleva a alguna parte. En esta novena ocasión no hay frases a recordar y la trama aparenta ser un mosaico de sucesos más o menos conexos que pronto toma significado para el cinéfilo que reconoce nombres de personas y de series de televisión porque ¡ay! a pesar del Hollywood del título lo que se nos va mostrando apenas tiene que ver con la industria del cine y más sobre las peripecias de un actor de series de televisión y lo cierto es que muy pronto el espectador avezado empieza a tener la sensación que Tarantino está pasando factura en plan mini venganza porque hay apuntes nada benévolos a gentes que han sido y son todavía muy reconocidos por sus trabajos en el Cine de verdad.

Al espectador que acude al cine esperando un remozamiento de clásicos como Sounset Boulevard, un ajuste de cuentas con lo más granado de la maldad hollywoodiense, se va a quedar con las ganas, porque no hay sustancia ni tampoco personajes bien definidos y mira que tanto Leonardo di Caprio (que se luce como Rick Dalton) como el propio Brad Pitt (que se limita a no hacer nada representando a Cliff Booth) salvan dos tipos que pretendidamente son protagónicos pero que no llegan a emocionar ni a provocar simpatía profunda en el espectador: el primero da cuerpo a un actor cuya carrera ha llegado a un punto de estancamiento y caída lenta en el olvido y el otro es un tipo sin más pretensión que vivir el día trabajando de lo que le salga y de momento sirviendo de chófer y hombre para todo del primero: baste decir que la escena más íntimamente seria entre ambos, que se proclaman amigos, es cuando el actor, recién casado, anuncia que deberá prescindir de sus servicios como chófer pues sus ingresos no le van a permitir el dispendio y la cosa queda ahí, sin resolver, por un final abrupto que además modifica hechos históricos, sobre lo cual no vale la pena discutir aunque sí apuntar que una vez más la violencia desatada por Tarantino tiene un trasfondo maniqueo e inmoral por su exceso y gratuidad, y ello nos llevaría a disquisiciones que probablemente se desviarían del mero interés cinematográfico con la advertencia que quizás en las escenas sanguinolentas es cuando mejor mueve la cámara Tarantino porque sólo hay acción pero no sentimiento alguno y los personajes con sus hechos no son personas en el propio significado etimológico de la palabra: son bestias asesinas y poco más.

No sé porqué Tarantino, que ha creado dos personajes ficticios (aunque el del actor tiene claras inspiraciones entre otros con Clint Eastwood [que los 34 años dejaba la tele en USA y buscaba fortuna en Italia con Sergio Leone]) masculinos para encabezar el reparto se lía la manta a la cabeza y nos presenta a Sharon Tate revivida en los rasgos de la guapa Margot Robbie y la hace pasearse por la pantalla sin hacer nada más que funcionar como adorno y reclamo, en verdad como el único personaje que vivió trabajando en el cine de Hollywood, y precisamente Tarantino tiene mucho cuidado de referirse a tres de las películas en las que intervino la Tate, pero deja de lado la célebre El baile de los vampiros, precisamente la que dirigió "ese polaco bajito llamado Polanski" tal como pone en boca de un cameo de Steve McQueen sin venir a cuento de nada.

El transitar por la pantalla de Sharon Tate sin objetivo alguno quizás es la excusa de Tarantino para presentar lo que pretende sea un mosaico de la vida californiana del 68, con hippies vagabundeando y fiestas en torno a una piscina, pero todo suena a visto y conocido y creo que incluso para los más jóvenes, que no vivieron la época, nada de interés aparece en pantalla. Por el contrario, lo que atañe a Sharon Tate, excepto el abrupto y modificado final, es una suerte de tropezones que enlentece el ritmo sobremanera y aumenta los minutos de largometraje sin aportar nada necesario ni significativo para el conjunto.

Para más inri deja para la posteridad una nueva prueba del poco cuidado que Tarantino pone en el cuidado de los detalles: valga saber que el director pueda ser un podófilo impenitente como ya sospechábamos y que la costumbre de la verdadera Sharon Tate de andar descalza le parezca seductora a más no poder, pero ello no debería ser excusa para que después de estar viendo los pies de la hippie Pussycat sobre el salpicadero del coche que conduce Cliff (lo que es hasta cierto punto comprensible, pues la niña lleva unas sucintas chanclas) de repente y sin venir a cuento nos encontremos a Sharon Tate poniendo los pies descalzos encima del respaldo de una butaca de una sala de cine, entre otras cosas, porque ha entrado al cine llevando unas botas de media caña, lo que supone que llevará unas medias cortas -sacarse unas botas semejantes sentada en un cine debe ser de contorsionista- y no cabe imaginar que esos pies estén tan sucios como nos los presenta la cámara de Tarantino.

Resulta evidente que la actriz deambuló por el estudio hasta el lugar perfectamente descalza y luego sus pies salen sucios por haber andado sin protección alguna.


Y por cierto: lo que queda rarísimo es que Sharon Tate no se presente descalza o se descalce al llegar a la pista de baile cabe la piscina del magnate dueño de Playboy: me parece recordar, visto como de pasada, que Mamma Cass se lanza a bailar sin zapatos, junto a Sharon, con botines.

No es un error de raccord: es una dejadez marca de la casa. Y no es la primera. Ni la última.

¿De veras resulta creíble que Sharon Tate se vaya a una sala de cine para ver su película con Dean Martin The Wrecking Crew, que es una verdadera castaña, y se de a conocer a la taquillera para ahorrarse 75 centávos de dólar? Porque para darse pisto, primero puedes comprar la entrada y luego darte a conocer, digo: si sería mala la película, que en la sala hay cuatro despistados y para de contar. Recordando la anécdota verídica de Dustin Hoffman pagan su entrada y viendo discretamente The Graduate, como mencionamos hace nada, esta escena de la Tate en esa sala de cine tan despejada o está de más o se mantiene para que lleguemos a malas consideraciones respecto a la pobre Sharon. Sea para lo que sea, es sobrante, lo mismo que la inclusión respecto a The Great Escape, insistente, reiterativa, que no aporta nada al conjunto.

Hay una escena que comparten Rick Dalton y la niña Trudi (Julia Butters, auténtica y pizpireta) que probablemente sea la mejor de la película, una ficción dentro de una ficción, una escena del rodaje de una película en la que Rick hace de malo, de villano que acabará muriendo, dentro de un saloon y Rick tiene en su regazo a la niña, prisionera, amenazándola con su revólver en presencia de un pariente al que pide por la niña una cantidad exagerada de dinero: de repente, Rick lanza a la niña al suelo y la escena queda como muestra de su maldad: se oye ¡cut! y el director de la película asegura que ha ido perfecta y que van a por otra: todo son alabanzas y Rick se disculpa por haber improvisado el lanzamiento de la niña al suelo -que no estaba en el guión- y ella le muestra unas coderas que lleva bajo las mangas de su vestido quitándole importancia y todos celebran la improvisación.

Pues bien: nosotros, espectadores del siglo XXI, lo hemos visto todo muy bien fotografiado: pero en 1968 el cine no era digital y el material de la película no tenía más allá de 200 ISO de sensibilidad y en consecuencia la profundidad de campo era tan escasa que todos los platós estaban llenos de marcas en el suelo para que los intérpretes pudiesen salir enfocados y reconocibles por el espectador, máxime en interiores con poca luz: en esas condiciones, la improvisación de Rick de lanza la niña hacia adelante, hacia la cámara, era lanzarla fuera de foco; el ¡cut! hubiera resonado inmediato y vuelta a empezar toda la secuencia y bronca para Rick por su estúpida idea.

Si estás presentando una historia ficticia con visos de verismo, hay detalles que hay que cuidar, Tarantino: o cambiar el título y ponerle, por ejemplo, Aventuras y desventuras de Rick el pringao. Y todos tan contentos.

Lo que nos cuenta esta película tiene muy poco a ver con el Hollywood de 1968: puede que se parezca más al Hollywood actual en el que historias inanes como ésta se llevan la palma de la publicidad y llegan a concertar a un montón de viejas glorias ilustres y rostros populares de la pequeña pantalla en un ejercicio que a priori se antojaba metacinematográfico y no se sabe si queda en puyas particulares, llamadas a cotilleos vulgares del ambiente californiano o qué.

Es innegable que Tarantino a pesar de su imparable declinar sigue teniendo una forma de filmar que se ve con agrado, en esta ocasión sin novedad alguna y que pudiendo cortar buena parte de escenas que no tienen significado quedan secuencias bien trabajadas y con interés y muy poca emoción, como el "momento Brad Pitt" en el rancho donde vive la tribu de hippies, pero, amigos, sólo faltaría que además filmara mal.

Da la impresión que el mismo guión con la mitad del presupuesto hubiera dado como resultado una película el doble de interesante.

Para cinéfilos veteranos empedernidos y frikkies que capten todas las "claves", "homenajes" , "guiños" y demás alharaca.









19 comentaris :

  1. Lúcidas reflexiones las tuyas, amigo Josep. La película ha tenido más críticas entusiastas que negativas y eso me llama la atención. Creo que lo primero que hay que hacer es olvidarse (solo el tiempo que dura la peli) de las grandes películas que hablaron sobre Hollywood, como por ejemplo “Cautivos del mal” y “Sunset Boulevard”: dos absolutas obras maestras. Tarantino no tiene en ningún momento ni la más mínima intención (tampoco sabría) realizar una película con la mirada de un Vincente Minnelli o un Billy Wilder. Otras voces, otros ámbitos, que diría Capote. El cine de Tarantino es como leer una revista Pulp, llena de colorido, violencia y, sobre todo, mucha caricatura de cuyos diálogos se pueden imaginar dentro de los típicos bocadillos de los cómics. Y encima elige el período entre finales de los sesenta y principios de los setenta, es decir, cuando el cine ya empezaba a declinar vertiginosamente y estaba decantándose por otro tipo de historias que tenían que ver, más con la televisión (donde se hace mucho homenaje), que al cine pretérito. Tarantino es un gran director, eso nunca lo he dudado. Habría que hablar largo y tendido de todas sus virtudes, incluyendo detalles asombrosos técnicamente. Otra vez ha salido la terraza con vistas al Sena con unas copas.

    A Tarantino le pierde la cantidad de homenajes y guiños que introduce en todas sus películas. La gente joven que lo adoran no suelen pillar la mayoría de las cosas. No debería ser un problema esos guiños, pero hay que saber insertarlos con corrección y él acaba realizando un vivo e impresionante collage. Música, insertos de películas, actores actuales introducidos en otras películas, desplazamientos de cámara, primeros planos, el uso del color, los trávelin, los pies de las mujeres y tantas y tantas otras cosas. No hay que olvidar que Tarantino sigue rodando en 35mm. además de tener un cine propio donde solo se proyectan películas en rollos de celuloide. Pasión por el cine, por lo menos, no le falta, y eso es precisamente el cine de Tarantino. Cada vez que voy al cine para ver una película suya es como quedar con un friki talentoso que me habla emocionado hasta por los codos de las cosas que más le gustan. Utiliza digresiones para recordar tal serie o tal novela o revista Pulp. Utiliza onomatopeyas para explicar mejor tal explosión o choque de coches, incluso para hablarte de las películas de Bruce Lee y sus famosos borborigmos estomacales y poses. Y tú compartes y entiendes todas esas cosas que a ti también te gustaron. Cuando vi a DiCaprio en el lugar de Steve McQueen en aquella famosísima escena de “La gran evasión”, no pude dejar de sonreír porque yo siempre quise verme en esa situación cuando la vi de niño. No tiene más.

    Aquí tienes una pequeña parte de mis ambiguas reflexiones, no solo de esta película, sino de todo el cine de Tarantino. “Érase una vez en… Hollywood” es un título que a todos los que nos gusta el cine de toda la vida, sabemos de antemano que no irá del Hollywood que todos conocemos, porque es una película de Quentin Tarantino. Ahí tenemos la peli de los hermanos Coen: “Hail, Caesar!”, denostada a más no poder, y fue precisamente por lo mismo. Hollywood ya no es histórico sino un género en sí; mitificado para algunos y desmitificado para otros. ¿No es lo mismo el western? La historia está servida.

    Hablaremos largo y tendido sobre el tema, amigo Josep. El cuadradito para poner comentarios no da para mucho.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Te aseguro, Paco, amigo mío, que tan sólo empecé a recordar esos dos clásicos de Minelli y Wilder cuando estaba ya en proceso de prepararme a escribir mis sensaciones: nunca se me ocurriría ir a ver una tarantiniada alimentado de sensaciones semejantes, porque sería lo mismo que ponerme a catar cerveza negra (estoy dando cuenta de una guiness ahora mismo) después de haberme solazado con un riesling: ambas bebidas me pueden satisfacer, pero todavía hay niveles.

      Siguiendo con el paralelismo, no me parece admisible que el fabricante de la cerveza negra pretenda ser la mejor elección para acompañar una choucrutte o una mimolette y que luego se me alcen voces clamando que ¿porqué no pueden hacerlo, si les place? ¡que lo hagan, claro! pero que no intenten hacerme comulgar con ruedas de molino, que uno se afeita desde hace tiempo y en ese cine donde vi hace cuatro días la última de Tarantino asistí al estreno de la sala con la proyección de My Fair Lady, en 1967 y al cabo de dos años veía la primera obra magna de Sergio Leone, cuando todavía Tarantino se comía los mocos y no tenía ni idea de lo que era el western italiano.

      El título usado por Tarantino es un bluff, un mal farol, por no decir un reclamo engañoso, porque ni trata de Hollywood ni se acerca para nada a otra cosa de finales de los sesenta que no sea el entorno vital de Sharon Tate para modificarlo, lo que no critico, pues estamos ante una ficción y la imaginación es libre.

      Dices que a finales de los sesenta y principios de los setenta el cine empezaba a declinar y no estoy muy de acuerdo, Paco, pero esa es una frase que he leído y escuchado a gentes más jóvenes que yo y que probablemente no han tenido la oportunidad, como yo la tuve, de ver en el Cine Capri títulos como Amarcord, Chinatown, Apocalypse now, El Padrino, y vamos a dejarlo porque prefiero que la lista la vayas completando tú solo, Paco, que tienes mejor cerebro y memoria que yo, y ya te quitarás la razón tu solo.

      El problema de Tarantino, como he expresado, es que él se ha dedicado toda su vida a ver las peores películas de esa época y ha obviado las buenas: de ahí que se ha motivado para hacer cosas coo Kill Bill y Django y Malditos Bastardos precisamente cuando había recibido el clamaor de la afición tras sus tres primeras películas, las únicas que valen la pena de su cortísima filmografía y que no se parecen en nada a los truños que luego ha querido rememorar.

      En esta ocasión, da la sensación que hace un repaso a lo más granado de su propia carrera, un resumen del ambiente que a él le pueda interesar, de personajes del mundillo de la tele, con la casualidad de ser vecinos de una pequeña estrella del cine que, ¡ay! no tuvo tiempo de demostrar si realmente valía o no e insisto en que Tarantino obvia toda referencia buena a Polanski.

      Quizás sporque el supuesto enfant terrible no lo es tanto y se somete políticamente a la corrección de la inmensa mayoría de gentes que se alegrarán de comprobar cómo su ídolo Brad Pitt rechaza una buena mamadita porque le parece que la nena que se la propone no alcanza los 18: ¡a finales de los sesenta, cuando el clamor era ¡haz el amor y no la guerra!! Increíble ucronía, amigp Paco: increíble.

      Creo que sí, que deberemos afrontar este tema con una mesa en medio, porque el cajetín es pequeño y porque si antes me apetecía, ahora más.

      Un abrazo.

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  2. ME ALEGRA LEER TODO LO QUE OPINÉ YO AYER PERO MEJOR DICHO POR VOS JAJA... me pareció lo mismo que vos el film y lo peor es que yo soy fan de Quentin, no lo sé en tu caso...

    nunca pensé que una película de él me iba a parecer pesada y me fui antes de los créditos donde dicen que hay una escena que tampoco agrega nada pero que es simpática... la viste? ja... saludos...

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    1. No me parece que tu reseña tenga nada a envidiar a la mía, JLO, pues está muy bien construída y lo deja todo meridianamente clarito.

      Me alegra que coincidamos: ya no me siento tan solo....

      Tengo una suerte: en el Cine Capri, siempre, pero siempre que hay una escenita posterior a los créditos, el amabilísimo acomodador se precipita a pasearse por la sala advirtiendo al respetable y así no nos la perdemos nunca. De hecho no me la perdería, porque salvo imprevistos aguardo a que abran las luces, por costumbre de siempre de leer los créditos.

      La escena en cuestión tampoco añade nada: sale Rick Dalton rodando un anuncio alabando las virtudes de un producto y en cuanto oye el ¡cut! se queja de lo mal que sabe y de la iluminación y del escenario y.... no te perdiste nada, como ves.

      Un abrazo.

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    2. yo hago lo mismo casi siempre, es raro que me vaya del cine antes del final final, pero esta vez me quise ir rápido por la decepción... en fin, dejé tu link en mis comentarios para que vengan a leer acá, abrazo...

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    3. Buena ide la tuya: dejaré aquí enlace a "la opinión de JLO" y así, los quejosos nos los partiremos..... jajaja...

      Un abrazo.

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  3. El problema de Tarantino, como he expresado, es que él se ha dedicado toda su vida a ver las peores películas de esa época y ha obviado las buenas... con eso está dicho todo. ;)

    No he visto la película pero si habia alguna intención ha desaparecido. Gracias.

    Me encanta tus diálogos e intercambios con tu comentarista favorito. Sois tremendos...libando y todo...a pequeños sorbos, como debe ser. Me quito el sombrero. ;D

    Besos. Milady

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    1. Para mí ha sido un poco decepcionante pues la propaganda y las primeras voces sonaban elogiosas. No obstante, cuando tengas ocasión de verla en la tele (que no tardará mucho, creo) no la desestimes: un buen bol de palomitas, una mantita (si hace frío) y así saldrás de dudas por tí misma, porque seguro que tienes alguien que mañana o pasado te dirá "la que te estás perdiendo" y no conviene quedarse en la incerteza.

      Y luego, vuelves y me lo cuentas, como siempre, que me encanta.

      Eso sí: vistos en youtube los tráilers doblados, al v.o.s.e. de cabeza. ¡qué horror!

      Besos.

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  4. Pd. Muy buena pinta tiene ese cine vuestro...;D

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    1. Pues sí, la verdad. Una suerte para un pueblo de 68.000 habitantes tener una sala con una pantalla tan grande y un sonido además estupendo.

      Y una dueña cinéfila hasta los tuétanos, que se desvive por ofrecer lo mejor que puede.

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  5. Bueno, leyendo tu reseña (luego de la de JLO) ahora me generan más dudas. No es que descrea de JLO, pero es que siempre somos el agua y el aceite.
    Ahora sí no quedará otra que verla con la menor cantidad de pre-conceptos que pueda y sacar mis propias conclusiones, obtener mis propias sensaciones.

    Ya que si bien contigo, querido amigo Josep, tampoco hemos coincidido en todas, pero es que he leído muchas reseñas muy favorables acerca del film.

    En fin, veremos.

    Abrazos inabarcables como nuestro mundo!

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    1. La suerte que tenemos, amigo Frodo, es que sabemos de nuestros gustos, de los gustos de los otros, y que todos, además, podemos en un momento dado cambiar radicalmente el aprecio por una misma pieza y encima, lo fácil que resulta salir de dudas.

      Como a JLO y a otros tantos -pocos, pero ciertos- el excesivo ruido a favor me originó un aumento de la atención en los detalles y ahí es donde Tarantino falla: quizás ver esa película sin saber nada de ella la hiciera más pasable, aunque ciertamente, dudo que llegue a ser considerada ni siquiera imprescindible.

      Pero, como siempre decimos, cada uno tiene sus gustos y preferencias y tratamos de explicarlos lo mejor posible: quedaré atento para saber que impresión causa en tí esta película.

      Un abrazo.

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  6. Brillante Melmoth, como siempre. Aunque la película me ha parecido distraida yo creo que hubiera ganado más no con la mitad del presupuesto sino con la mitad de metraje. Es que esa escena con Sharon Tate no aporta nada, empieza recogiendo a una autoestopista y luego la deja antes de entrar en el cine. Uno piensa que eso tendrá alguna importancia en el guión, pero no.
    Sin embargo hay una escena que me encantó, cuando Pitt entra en la cabaña del viejo Spahn (Bruce Dern) con un travelling y una banda sonora que es puro Hitchcock. Casi esperaba que nos mostraran a Spahn momificado sentado en una mecedora.
    Muy interesante tu entrada sobre "El graduado". Como el Caprio de esta película Hoffman también probó suerte en Italia con "El millón de Madigan" y "El divorcio es cosa de tres". Incluso buscó trabajo en España, pero un director de casting le dijo: "Queremos galanes como éste" y le enseñó una foto de Juan Luis Galiardo.
    Saludos, Josep!
    Borgo.

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    1. Hola, Borgo: Efectivamente, con la mitad del presupuesto es casi seguro que el metraje se reduce ostensiblemente y esas escenas que no parecen aportar nada desaparecerían como por arte de ensalmo.

      Coincido contigo en las dos que mencionas, en todo: yo también estaba preparándome para ver una momia....

      No tenía ni idea que Dustin hubiese tocado productores de por aquí: tampoco comprendo cómo no supieron aprovechar el tirón que ya tenía: eso sí es una aventura de cine a contar...

      Un abrazo.

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  7. Disiento con la reseña, con esta crítica. Fui con curiosidad esta película. Y no me decepcionó. Tal vez influya el estar convirtiéndome en un historietista, con lo de los planos. Y los planos me parecieron magistrales, Tarantino es alguien que sabe donde poner la cámara.
    Me gustó esa escena, es verosimil. Me gustó a Sharon Tate viéndose a si misma, mientras recuerda su entrenamiento por Bruce Lee.
    Lo que hizo Tarantino es una ucronía, como Bastardos sin gloria.
    Y es una película que merece verse.

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    1. Hola, Demiurgo:

      Gracias por expresar tu opinión.

      Coincido en que la película puede resultar interesante para los cinéfilos, pero el guión me parece flojo, por las razones expresadas.

      Coincido también en que Tarantino sabe usar la cámara: no hay duda de ello, viendo su filmografía, corta pero intensa y para mi gusto irregular en conjunto.

      A mí, esa trama que nos presenta, no me dice nada y tampoco logra apresar el interés.

      Pero como siempre, la diversidad de opiniones y gustos enriquece la cinefilia.

      Un abrazo.

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  8. Vamos a ver...que no coincido en bastantes cosas. No se por donde empezar. Ante todo decir que me parece una película estimable e interesante. Y en mi opinión no llega a ser una gran película pero por motivos distintos a los que tu expones.
    Ante todo, buscar verosimilitud realista en una película como esta no le veo sentido. Da igual cuál sea el título y lo que cuente. Al igual que sucede con Almodovar ver sus películas significa entrar en su mundo con sus virtudes y sus defectos. Y una vez más Tarantino no defrauda, ya que en la misma película una vez mas conviven unos y otros.
    No cabe por tanto sentirse engañado por supuestas inverosimolitudes ya que toda la película lo es. Es más me parece incluso un acto de coherencia con sus filias que no se centre en el Hollywood del glamour y los grandes estudios y lo haga con el de segunda división y aledaños. Es un cine que viene reivindicando desde siempre y está claro que le interesa mucho mas el cine de artes marciales y los especialistas que los fastos del gran Hollywood. Y su afición por lo truculento le lleva al suceso de Sharon Tate que está claro que le interesa mucho más que las bodas de Liz Taylor. Sigo

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    1. Sigo. Vamos con la película. Estamos ante un nuevo collage made in Tarantino. Y siendo él el autor el resultado queda desequilibrado como es costumbre. Me gustan los diferentes niveles de ficción que plantea la película y la libertad aparente con que va construyendo el mosaico. Como ya he dicho en más ocasiones Tarantino me convence más en lo visual y narrativo que en sus alabados diálogos. Y aquí
      Ofrece momentos visuales y de narración muy potentes con un montaje en ocasiones muy ágil e inspirado. Podría decir que la película va muy bien durante sus primeras dos horas. En ese momento toma varias decisiones que hacen caer al film de firma estrepitosa en un abismo del que le cuesta recuperarse un mundo. Vamos a ello. Tras el muy tenso episodio del rancho, cargado de una atmósfera in crescendo Tarantino decide directamente despeñar su pelicula. Hace una elipsis de 6 meses que rompe el ritmo totalmente, mete una ridícula y absurda voz en off por primera vez para subrayar y explicar cosas que ya sabiamos de forma lamentable y para colmo nos cuenta de forma muy cutre una gira europea patética y muy mal narrada. Y el film se viene abajo y le cuesta un mundo recuperarse.
      Sobre el final. Se copia a si mismo. Di Caprio y Brad aplican a la familia Manson la misma medicina que hubieran aplicado los protagonistas de "abierto hasta el amanecer". Y es al pensar en las andanzas de aquellos dos y las de estos cuando uno descubre que la peli no es tan original como pretende. Resumiendo, el mix de diversos tonos cinematograficos en el que todo es posible le funciona hasta que patina gravemente, nada nuevo en su cine.
      Pese a todo, tiene ritmo y me ha gustado. No me ha maravillado ni me parece una obra maestra. Digo que me ha gustado. Hasta ahí. Un abrazo

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    2. Para mí, Víctor, una vez más Tarantino demuestra que tiene una buena idea un día y luego no la pule, no la trabaja, y va filmando a su aire, pero no queda trabada y hace aguas por muchos sitios, demasiados.

      Todo relato, toda película, ha de tener una lógica interna, un hilo que se pueda seguir y nos lleve de un lugar a otro.

      Una película no es un pase de diapositivas del cuñado pelma que mezcla las de mar y montaña y te hace un lío sin ton ni son; la lógica interna puede permitirte presentar a un tío que vuela y tiene rayos x en los ojos y que la kriptonita le deje en nada, pero no se admite que el feldespato tenga la misma consecuencia, porque entonces la lógica falla y hay trampa, porque entonces el director no te está contando nada, simplemente te muestra retazos de sus "visiones" y en este caso, a mí, no me llegan, no me interesan para nada.

      Tarantino filmó hace años películas estimables, redondas a pesar de sus extravagancias, porque tenían una lógica interna y contaban una historia.

      En esta no cuenta nada: sólo parece ajustar cuentas personales con famosos que no le caen bien y parece hacerlo improvisando sobre la marcha: "verás que guay queda esto y bla,bla,bla".

      Y no digo que sea mala; pero no hay para tanto. Pasable, y ya. Unas buenas tijeras la mejorarían, sin duda.

      Un abrazo.

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