La vuelta a casa veinte años después
No hay nada que objetar a la pretensión de presentar una película basada en textos clásicos porque tras su visionado quizás algún espectador puede sentir que esa parte de la literatura universal todavía no la ha gozado y el cine habrá sido, como en muchas ocasiones, acicate a buscar el original, con lo que la deuda queda saldada y todos salen ganando.
Pero eso ocurre cuando la película llega a asombrar, a capturar la atención del espectador, a zarandearlo con vicisitudes que alteran su ánimo: de lo contrario, el incauto puede caer en la creencia que el clásico no merece la intentona y eso, amigos, es malo.
El señor Uberto Pasolini (que no es pariente de Pasolini pero sí de Visconti) se atreve a presentarnos el trámite final de la exuberante Odisea, el relato mitológico que nos narra la accidentada vuelta del héroe Odiseo (Ulises para nosotros) después de haber aniquilado Troya con su película titulada The return.
Ulises partió de Ítaca para colaborar contra los troyanos y no regresó a casa hasta veinte años después, porque a alguien le sentó muy mal su idea del caballo y decidió que tardaría diez años en volver a casa: total, veinte años durante los cuales su esposa Penélope tuvo que cuidar al hijo de ambos, Telémaco, y al pueblo que vivía bajo su autoridad en la isla.
Uberto, quizás en una decisión prudente, decidió que se dedicaría a relatar lo que sucedió cuando Ulises ya había llegado a Ítaca y antes de presentarse en palacio optaba por aplicar la sabiduría paciente que le caracteriza y comprobar la situación real del ambiente palaciego que, como se sabe, estaba lleno de pretendientes de Penélope más por ocupar el trono de Ítaca que por otras razones y también sabemos que ella aseguraba que decidiría cual era su preferido cuando acabara de tejer un tapiz en honor de Ulises. sabemos, también, que Penélope destejía por la noche lo que por el día había tejido.
El problema de Uberto es que tratando de ser original desecha la presencia insustancial de la mitología que es el nexo de unión de todos los acontecimientos homéricos y al faltar la mitología las acciones se convierten en meras circunstancias físicas que acompañan ciertamente intereses humanos, intereses que son particulares y faltos de trascendencia y entonces nos hallamos en una especie de regreso a casa del guerrero bien adiestrado que se desenvuelve en la soledad de su apariencia incógnita, argumento que hemos visto en cien películas antes y casi todas poco más que regulares; remata la faena Uberto encomendando el papel protagonista a un buen actor, Ralph Fiennes, que cuenta ya sesenta años de edad y por mucho que haga pesas tres meses antes del rodaje y le disfracen a conciencia está muy lejos de los requerimientos mínimos para incorporar a un Odiseo que uno imagina más próximo a los cuarenta que a los sesenta y empleándose Uberto a presentar una trama con bastante acción el espectador puede llegar a tener la sensación que algo no cuadra.
Hay además una falta de control del ritmo de la narración que tiene baches por la introducción de escenas que no aportan nada, ideas de Uberto que firma como guionista junto a otros dos que al parecer tampoco se percataron cuando leyeron a Homero -si es que lo hicieron- de la importancia de la mitología en el relato, convirtiendo esa vuelta a casa en algo que vemos muchas veces, pero disfrazado del entorno griego clásico.
Es de reconocer que no es fácil atacar un clásico porque corres el riesgo de presentar la obra ante un público que quizás espera otra cosa e innovar nunca ha sido sencillo.
Otra vez será, Uberto.
Sirvan estas notas para aviso a navegantes que quieren calentar motores para enfrentarse a la próxima dentro de unos días.


0 comentarios :
Publica un comentari a l'entrada
Los comentarios son lo mejor del blog. ¡Gracias de antemano por tu colaboración!
(Comentarios publicitarios son borrados sin dudarlo.)