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dimecres, 30 de setembre del 2026

Solo mio



Imaginen la situación: ya un poco lejos de los años dorados de juventud y apenas iniciado en los misterios de la madurez, eres un tipo afable que ha ligado la mujer de su vida y ambos deciden casarse, pero de una forma especial: contraer matrimonio en Roma, Italia, bien lejos del continente americano donde todo se fragua.

Las emociones explotan en los trámites, el viaje, los preparativos, y llega el día de la boda, estás esperando a la novia ante el altar y no llega, no llega, no llega, porque ha decidido no llegar: lo que llega es una misiva, una carta de su puño y letra.

Abandonado ante los allegados que han viajado por una novia desaparecida porque ha decidido que no era el momento.



Es un arranque no insólito en la cinematografía pero se vuelve interesante al focalizar en el novio sorprendido por una situación absolutamente inesperada: los allegados se vuelven a sus casas y él se encuentra en la tesitura de tener pagada de antemano una estancia y unos viajes organizados, cuyos compañeros, de su misma nacionalidad varios de ellos, no acaban de entender qué hace un tiarrón en un grupo de parejas que, algunos están celebrando sus bodas de plata, otros su tercer enlace, pero ninguno viaja en solitario.

La situación de Matt (Kevin James en una muy buena composición) provoca inmediatamente la simpatía del espectador y los hermanos Kinnane, Charles y Daniel, no se olvidan ni por un momento que James, además de ser la estrella, es también productor de la película que están dirigiendo y hacen bien en cercarlo con la cámara en todo momento, porque la situación del personaje comprende una serie de sentimientos y situaciones que nadie pensaría que son fáciles de asimilar y menos aún superar.

Los acontecimientos sufridos por Matt presuponen una debacle amorosa de primer orden y un descalabro emocional que puede provocar un derrumbe psicológico, una tremenda depresión que en otra trama nos podría llevar a una drogadicción a superar, pero no es el caso, porque Matt decide quedarse en Italia por lo menos todos los días que tenía encargado y abonado, hasta que decida qué hacer con su vida.

La serendipia entra en plano y Matt conoce a Gia (contraparte sutil y poderosa sostenida por Nicole Grimaudo) y entre ambos surge una relación que poco a poco se va intensificando, hasta que surge una incógnita, algo que en el ecuador de la trama podría inclinar el desarrollo hacia un lado pero los guionistas, otros dos hermanos Kinnane, Patrick y John, juntamente con la estrella y productor, toman un camino que, en opinión de este comentarista, no es el más idóneo, malbaratando lo que podría ser una comedia dramática romántica y lentamente va declinando por una serie de incisos, añadidos torpes, presencias casi que inexplicables de famosos que quizás fueron llamados ante el temor de no poder convencer al público por la fuerza de la película y así, cediendo a un reclamo de popularidad, causan un declive, una bajada en el nivel de calidad literaria del guión que se remata ya casi que en formato de comedia televisiva semanal.

Da la sensación que la película, titulada Solo mio la decidieron entre colegas y parientes mientras degustaban una barbacoa y el brainstorming lo hicieron cuando ya llevaban demasiadas birras y su nivel de exigencia estaba bajo cero y si hay otra explicación la aceptaría de buen grado, porque es una pena que arrancando bien y desarrollando la historia del novio abandonado muy correctamente y con precisión, se torne el conjunto en algo que uno no esperaba.

La queja viene producida por el desengaño, por la decepción, porque hasta un poco más allá de la mitad del ajustado metraje (hora y media) tenía un nivel de imperdible y acaba siendo un producto digno pero mejorable. Se la pueden encontrar fácilmente en streaming y si es el caso, recomendaría que la vieran, porque todavía hay cosas mucho peores por esos mundos del éter.


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