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divendres, 30 d’octubre del 2026

Malditos artefactos



No estoy muy seguro del grado de conocimiento popular del protagonista de la historia de hoy porque hace tiempo decidí apartarme del televisor como medio de entretenimiento y espero no pecar de optimista si digo que imagino que las andanzas del Coyote en pos del Correcaminos siguen apareciendo todavía en algún canal y que su fama permanece desde que allá por el año 1949 se emitió el primer episodio:



Desde entonces, el Coyote, inasequible a la derrota, ha perseguido al Correcaminos en muchas ocasiones y ha solicitado de la compañía ACME variados accesorios, elementos e incluso armamento para lograr detener al Correcaminos y siempre el resultado ha sido nefasto para sus intenciones dando con sus huesos maltrechos por explosiones, caídas, atropellos y mil accidentes cuando los productos de ACME han fallado o, lo que es peor, se han vuelto en contra de su usuario, el sufrido y cada vez más hambriento Coyote.

Ya hace bastantes años, en 1990, un fan del Coyote, Ian Frazier, propuso una demanda en contra de ACME por daños y perjucios e incluso redactó un primer borrador, que puede leerse en este enlace y parece ser que el interesado tomó nota de la propuesta y la archivó hasta que al fin, harto de tantas pifias, decidió tomarse la cosa en serio.

Samy Burch, James Gunn y Jeremy Slater, conocedores de todos los sucesos ocurridos y habiéndose empapado de los diferentes aventuras persecutorias, todas ellas fracasadas por culpa de ACME, decidieron escribir un guión explicando lo que sucedió cuando por fin el Coyote decidió acudir a los tribunales de justicia para demandar a ACME.

El guión fue a parar a manos de Dave Green quien, entusiasmado, se cuidó de confeccionar un harto difícil guión técnico para con él poder dirigir la película que titularía, como no, Coyote vs. Acme que todavía anda por las carteleras porque pese a estar terminada ya en 2023 no ha sido sino hasta el verano de este año que ha visto la luz, porque la Warner la frenó hasta que algún valiente inteligente decidió distribuirla bajo el nombre comercial de Ketchup Entertaiment.

Inteligente porque cabe suponer que la película está recaudando sus justos emolumentos y valiente porque en el mundo timorato en que estamos viviendo no suele ser habitual que en el cine hallemos sátiras que apunten hacia arriba, que la cosa está muy chunga y enseguida salen los vendidos a señalar con el dedo al mensajero para que nadie se fije en el mensaje.

Antes que se me olvide: el excelente tratamiento visual que Green factura es de primera calidad pues consigue recrear la trama con personajes humanos y animados con la particularidad que las veloces transiciones de los cortos animados las aplica con maestría en cualquier momento y cuando se mantienen a rajatabla las reglas no escritas del mundo animado, como por ejemplo la imposibilidad de hablar de algunos protagonistas, la lógica del espectador avezado ya inmerso en la dinámica que domina la película le hace sentir que, por fin, está disfrutando de un episodio del Coyote persiguiendo al Correcaminos pero en pantalla grande, a todo volumen y a toda castaña.

La trama se dedica a presentarnos las vicisitudes de la decisión del Coyote de demandar a ACME no tanto por sus daños cuanto por sus sempiternos fracasos que no obstante no han conseguido doblegar su voluntad de atrapar a Correcaminos y para esa demanda elige a un picapleitos pesimista en cuanto a su propio futuro, más cercano a la depresión que al convencimiento necesario para triunfar ante el tribunal, acostumbrado a llegar a compromisos antes que a juicio y que ante la terquedad del Coyote, siempre constante en su deseo, se verá obligado a presentar alegatos contra ACME, prototipo de la empresa capitalista cuyo abogado también está más acostumbrado a ofrecer suculentas indemnizaciones antes que correr el riesgo de obtener mala publicidad para el conglomerado ACME, presente en todos los aspectos comerciales de la sociedad estadounidense.

La idea básica, genial, está además trufada con alguna variante que dejaremos en el tintero pero que adereza la salsa con una especie muy interesante incidiendo positivamente en el trato otorgado a la psicología de los protagonistas y al conjunto en suma, porque el resultado del juicio no tan sólo marcará un antes y un después para el cliente sino también para el abogado, con todas las derivadas que se pueden obtener admitiendo todo el especial condicionamiento lógico que hemos dado por bueno a partir del minuto uno de una película que contiene cargas de profundidad muy soterradas, casi leves, porque amigos, cada vez resulta más difícil hallar guionistas y directores capaces de comportarse como lo hicieron Charles Brackett y Billy Wilder en 1950 en Sunset Boulevard.

La consciencia que se hubiera podido dar mucha más caña gracias a la parodia irónica propia de los cortos animados aplicada a una película mixta no debe sin embargo ser obstáculo a recomendar encarecidamente el visionado de esta película mientras todavía esté disponible en pantalla grande especialmente para todos aquellos que son conocedores del Coyote y han podido comprobar cómo los muchísimos artefactos de ACME le han traicionado una y otra vez y siempre se han preguntado porqué sigue usándolos, porque aunque la auto censura mal disimulada que gobierna el cine en este siglo impide un recital de sarcasmos más que merecidos por el sistema capitalista más exacerbado, uno se queda con el runrún de unos apuntes que entre risas y carcajadas permanecen en la memoria de los hechos cotidianos, conceptos que no se van fácilmente y aguardan otra oportunidad, porque el cine es entretenimiento, sí, pero no sólo, que la comedia en muchas ocasiones sirve de perfecto vehículo para la denuncia.

Queda pues recomendada y muy especialmente para todas esas personas que han visto tantas veces caer derrotado al Coyote sólo para levantarse de nuevo y seguir, eternamente, persiguiendo su mayor deseo.


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