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dissabte, 22 de setembre de 2007

El Sueño de Mark


Hay un nombre de actor estadounidense que este comentarista jamás podrá olvidar y que se halla unido a los más tiernos recuerdos de la infancia y adolescencia: cuando, tras haber subido hasta el último piso de un edificio, por una estrecha y empinada escalera, llegaba al último rellano, cabe la puerta del piso donde vivía mi mejor amigo veía, escrito en la pared, en letras grandes, que no mayúsculas: Dana Andrews.

Han pasado muchos años y hace poco, rindiendo visita a la madre de mi amigo, Lolita, señora menuda, guapa y amable, comprobando que el nombre todavía estaba proclamando sobre la pared una rendida admiración, no pude por menos que preguntarle si ella lo había escrito: un relámpago feliz iluminó sus ojos anunciando una sonrisa y me confesó que, ciertamente, ella lo había escrito, jovencita, antes de casarse, después de haber visto en el cine una película:

Laura , producida y dirigida en 1944 por Otto Preminger , protagonizada por Dana Andrews , Gene Tierney, Clifton Webb, Vincent Price y Judith Anderson , un verdadero póquer de intérpretes que, sin ser primeras estrellas, configuraron una mano vencedora, lo que podríamos llamar "un póquer de ases", en una película que no tan sólo ha soportado perfectamente el paso del tiempo sino que ha alcanzado la categoría de mítica, perteneciendo al grupo de películas que, dejando aparte sus intrínsecas cualidades cinematográficas, han calado en el alma de los espectadores, otorgando cada cual un sentimiento, una interpretación propia, colocándose en ese rincón de la memoria donde el sentimiento prevalece a la razón.

Laura alberga en su confección elementos que, en otras manos, hubieran distorsionado y perjudicado el resultado final: el rodaje fue iniciado por Rouben Mamoulian , pero pronto fue despedido por el productor, el propio Preminger, quien, nada satisfecho con el cariz que tomaba la historia, no tan sólo quitó de enmedio al director sino que también se libró del cámara y de todo lo que hasta el momento se había rodado.

De modo que podemos afirmar que el resultado final pertenece por entero a Preminger, dueño absoluto de la historia y de la forma en que nos la cuenta.

La sinopsis, la trama, pertenece de forma primigenia a lo que conocemos como cine negro o policíaco: el detective teniente Mark McPherson (Dana Andrews) es el encargado de investigar un asesinato producido en el seno de la clase media-alta, siendo la víctima una bellísima mujer joven, Laura Hunt (Gene Tierney), quien goza la amistad de un famoso periodista, Waldo Lydecker (Clifton Webb), perdidamente, obsesivamente enamorado de ella; Laura aparece asesinada, en su casa, tres días antes de contraer matrimonio con un atractivo vividor, Shelby Carpenter (Vincent Price), por quien bebe los vientos la señora Ann Treadwell (Judith Anderson), que, a la vez, es pa
riente de Laura.

Para Mark, ese círculo de amistades con sentimientos cruzados contiene en sus relaciones la explicación del asesinato que deberá esclarecer y procede rigurosamente a interrogarlos a todos. En una serie de flashbacks, vamos conociendo la figura de Laura, por boca de los comentarios que sobre ella hacen sus allegados; Mark, además, meticulosamente, va comprobando los detalles de todas las coartadas, adentrándose por medio de la investigación en la vida de Laura.

Vemos cómo el detective, pobre diablo que calma sus nervios con un juguete de bolsillo, revisa el diario personal y las cartas privadas de Laura y comprendemos cómo, poco a poco, conociéndola, se ha ido enamorando de la mujer cuya muerte deberá aclarar. Una noche, sólo en el piso de Laura, enfrentado al retrato de ésta que cuelga en la pared, presidiendo la estancia, no puede apartar sus ojos de su imagen, y empieza a trasegar whisky que toma del mueble bar de Laura.

Mark, vaso en mano, va y viene por el apartamento: abre cajones, pensativo; abre el armario de Laura, admirando sus vestidos; deambula, exasperado, mesándose el cabello, sobrepasado su ánimo de policía por un sentimiento naciente de amor a la fallecida, hasta que, bebida media botella de whisky, se duerme en el sillón de Laura, frente a su retrato.


Preminger, hasta el momento, nos ha presentado una historia al uso del cine policíaco tan frecuente en la época en que fue rodada; pero, en un alarde de su maestría, manteniendo el plano, un nuevo elemento entra en acción; oímos una puerta que se abre y entramos, con Mark frotándose los ojos, en una dimensión subvertidora de lo conocido.

Un giro argumental que nos permitirá preguntarnos si se trata de una ensoñación del protagonista o si, por el contrario, pertenece al mundo real; una alteración de la trama fundamental, que nos aleja de la base, ofreciéndonos la oportunidad de elegir, como espectadores, la resolución de la incógnita planteada, al más puro estilo del cine negro con alambicados guiones o inclinarnos por un final donde el enamorado protagonista se redime de una apuntada misoginia y obtiene, al fin, el anhelado corazón de su amada Laura.

Preminger, en menos de hora y media, con una técnica cinematográfica depurada y unos intérpretes solidísimos, nos ha ofrecido, a través de unos diálogos brillantes, una historia imperecedera que cala hondo, agarrándose al sentir de cada cual, sentando las bases del uso fílmico del mundo interior, donde todo es posible, donde el espectador se adentra en las sensaciones psicológicas del personaje, como luego veríamos, más extensamente, en Vertigo , no importando, en definitiva, si lo que hemos visto con nuestros propios ojos pertenece al mundo real o no.

(Dedicado, con todo mi cariño, a Lolita, fan de Dana Andrews desde sus años mozos)



6 comentaris :

  1. Como comprenderás, Josep, no podía faltar mi comentario en esta ocasión, siendo yo, precisamente, Laura Hunt... (oye, ya que hablas de mi, habrá que pasarse, aunque solo sea para saludar)

    Bueno, en serio: ya te habrás imaginado, viendo mi "nombre de guerra" cibernético, que estamos ante una de mis películas favoritas. La vi por primera vez siendo muy pequeña y, sea por lo que sea, se me quedó grabada para siempre. Yo quería ser como Laura, de modo que cuando, hace ya unos años, me inscribí por primera vez en un foro de cine, fue el primer nombre que se me ocurrió, y es el que he utilizado desde entonces.

    La película, a estas alturas, la he visto un porrón de veces, y todavía no me he cansado: me atrapa como la primera vez. Una película irrepetible y, para mi, una obra maestra. La escena que comentas, cuando Laura aparece, me parece uno de los grandes momentos de la historia del cine.

    Me ha encantado el post, y la anécdota que cuentas sobre Lolita y su admiración por Dana Andrews.

    Un saludo.

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  2. Poco puedo añadir a lo que habeis dicho, la escena de Laura volviendo de entre los muertos es una maravilla, y el personaje de Clifton Webb es soberbio

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  3. Comprendo, Laura, comprendo :-)

    Ya imaginé tu interés en el post, claro que sí; y también suponía que te la sabes de memoria. Lo cierto es que, habiéndola repasado hace unas semanas, no me pude resistir a la tentación de comentarla a pesar de ser archiconocida, con el riesgo que ello siempre conlleva. :-)

    Me alegra que ye haya gustado el post y la anécdota.

    Alicia: no me creo que nada puedas añadir. :-)
    Clifton tuvo dos grandes suertes con esa película: Que Preminger se empeñó en que sólo él hiciera ese personaje (la productora temía que arruinara la película por su confesa condición de homosexual ¡y en aquella época!) y que prácticamente le tocaron a su personaje las mejores frases de un guión de por sí espléndido.

    Saludos a ambas.

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  4. Este post es un verdadero placer de lectura para aquellos que amamos el cine clásico. Lo de Preminger no tiene parangón ya que es uno de los directores más extraordinarios que ha dado el cine y Laura es una prueba de ello. Saludos!

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  5. Impresionante película. Y si encima tienes una banda sonora tan bella como la de este film...

    Un saludo.

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  6. Muchas gracias, Budokan, por tus amables palabras y por tu visita: bienvenido. Ciertamente, Preminger es un valor seguro a la hora de revisar películas añejas, que no antiguas.

    Bienvenido también, Hatt, y gracias por tu visita; apuntas con razón la calidad de la banda sonora, aspecto que, lo reconozco, se me olvidó citar.

    Saludos a ambos.

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