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dimecres, 17 de juny de 2009

Un amor de juventud



Me hallo de nuevo en el trance no buscado ni deseado de sentir apetencia por desgranar y plantar aquí, blanco sobre negro, las sensaciones que me ha producido una película que, seguramente, todos habrán visto ya recientemente, con lo cual suscitar interés se convierte en tarea ímproba cuando no ardua e improbable.

Pero el gusanillo que este comentarista lleva dentro no deja de remolonear y deberé darle salida por lo menos para que me deje tranquilo.

Así que ahí va: he visto con notable retraso desde su estreno la última película dirigida por ese afortunado director británico que ostenta el extraño récord de haber sido nominado, en sus tres primeros largometrajes al Oscar al mejor Director, sin haberlo conseguido todavía.

Stephen Daldry está cargando en ciertos medios críticos con el sambenito de que es un "director de novelas", olvidándose quienes así se pronuncian de la circunstancia que Daldry, como su colega Sam Mendes, se ha forjado en el teatro londinense, donde ha recogido sonoros éxitos, dirigiendo toda clase de piezas, entre ellas, clásicos eternos.

Es decir, que el amigo Daldry, de entrada, es un buen director de teatro lo cual, forzosamente, lleva aparejada la cualidad de saber exprimir lo mejor de cada intérprete.

Nadie se llamará a engaño, de entre quienes dedican parte de su tiempo libre a leer aquí, si reitero mi preferencia por los intérpretes británicos una vez más.

Buena muestra de mi convicción se puede hallar en la película titulada en España como El Lector (The Reader, 2008), aunque en ella, aparte de británicos, hay un excelente cuerpo de secundarios europeos no británicos, encabezados por el jovencísimo coprotagonista, David Kross que inició el rodaje con diecisiete años y lo terminó con dieciocho, circunstancia que modificó en parte el orden logístico de la producción.

Producción que, según la ficha de IMDB se declara como USA/ALEMANIA, suponiendo este comentarista que la aparición de los americanos se deberá al dinero que pusieron en el empeño. Porque The Reader puede ser cualquier cosa menos americana.

La trama, basada en una novela del muy legal Bernhard Schlink, reconvertida en guión por David Hare, discurre a lo largo de cuarenta años de la vida de Michael Berg, representado por dos actores: el citado David Kross en su pubertad y juventud, y por Ralph Fiennes en su madurez.

Michael Berg tiene apenas quince años cuando entabla una relación amorosa con una mujer que le dobla la edad, una revisora del tranvía que conoce casualmente y que se llama Hanna Schmitz (Kate Winslet). Hanna le auxilia en un momento de necesidad y, cuando Michael, al cabo de tres meses, la visita para darle las gracias, acaba descubriendo primero el sexo y después el amor, con esa mujer extraña, de la que no sabe nada.

Ese inicio de arrebatadora sexualidad es ya un indicio que las ideas provienen del viejo continente, porque lo explícito de las escenas sexuales apenas tiene cabida en los subproductos para todos los públicos que provienen del otro lado del Atlántico semana tras semana: Hanna convence a Michael para que tome un baño y, desnuda ella misma, le seduce, desvirgándolo. Que ello ocurra en la Alemania de 1959, todavía renqueante la posguerra, no empaña la circunstancia que el arrebatador descubrimiento del sexo por parte del joven Michael le marque de por vida, porque, pocas semanas después, el chico se declara perdidamente enamorado de Hanna, que asiente en correspondencia, sorprendida por tan inusual nacimiento de afectos.

Lapsus: Esa escena de sexo y las que le suceden se filmaron a partir del día 4 de julio (toma ya, el día de la independencia usamericana) de 2008, cuando por fin David Kross alcanzó la mayoría de edad, para evitar problemas legales.

Daldry filma con delicadeza los encuentros amorosos, en los que el joven Michael acabará por verse compelido por Hanna a leerle partes de libros como paso previo a la cópula, en un juego amoroso de pago de prendas. Escenas con desnudez total muy bien representadas, en las antípodas de lo que la moralina estadounidense podría llegar a permitir, siendo esta y no otra la base de mi afirmación que la película jamás puede considerarse como estadounidense.

El problema, es que hay demasiadas escenas de sexo. No porque me escandalicen, que no es el caso, sino por su gratuidad reiterativa que podría perfectamente haberse obviado mediante una elipsis, figura tan cinematográfica que Daldry parece haber olvidado: los primeros 45 minutos de un metraje generoso en exceso, pues sobrepasa las dos horas, se dedican a establecer que la desigual en edad pareja tiene lances amorosos frecuentes.

Un buen día, por causas que me reservaré por si todavía queda alguien que no la haya visto, esa idílica y fogosa relación se rompe súbitamente, quedando Michael abandonado sin explicación alguna. Años más, tarde, cuando se halla cursando estudios de Derecho, reencontrará a su primer amor en el banquillo de acusados por su pertenencia a las infamantemente famosas SS, acabando presa por tal condición.

Daldry nos presenta la trama mediante una serie de saltos temporales, ya que el inicio remite a un largo flashback, memorias de un Michael adulto, Abogado por más señas, separado, con problemas de comunicación con el género femenino, al que da cuerpo -y voz- con su habitual eficacia Ralph Fiennes. Ese Michael adulto es un ser complejo que no ha sido capaz de romper la amarra que le ata a su primer amor, presente en su interior para siempre.

Las resoluciones que adoptará a lo largo de diversos años se nos muestran por Daldry con eficacia, salvo una pequeña confusión cronológica que induce a pensar que le vemos con su nieta cuando se trata de su hija, a la que hemos visto ya adulta. Daldry pierde su pulso y control, quizás porque el guión no está todo lo pulido que debería, ofreciendo lagunas discursivas que podrían perfectamente eliminarse, otorgando a la narrativa cinematográfica, ajustada, apoyada por bellas composiciones de Nico Muhly que resaltan estados de ánimo, un enlentecimiento que perjudica el todo.

Desconozco la novela original, pero todo apunta que será reiterativa, recursiva y un punto pesada de leer, por exceso de material. La inclusión de las responsabilidades dimanantes del holocausto es tratada con un poco de frivolidad, excepto una pequeña puya marcada en un mini debate en curso de un seminario al que asiste Michael; se abandona la excitante línea de la falta de conocimiento de la realidad, por parte de la protagonista, motivada por una carencia que no desvelaré, a pesar que subyace en el personaje de Michael la convicción de tal cuestión, lo que le moverá a un bellísimo acto de amor no consumado de forma consciente, motivando un final que, vista la película y meditada, no acaba de resultar convincente.

Queda pues The Reader a medias entre lo que hubiera podido ser y no es. Ofrece bellos movimientos de cámara y resulta emotiva por momentos, pero hay demasiada hojarasca en ese bosque de sensaciones y sentimientos, aparte de unas contradicciones seguramente fijadas en el relato original, que Daldry podría haber resuelto y no afronta, interrogantes que pesan como losas en la supuesta realidad que llegue a emocionarnos, como un diamante en bruto, sin pulir, porque lo más interesante, esa atadura emocional que arrastra Michael durante toda su vida, no acaba de estallar como debiera.

En lo formal, creo un error confiar la personificación de Michael a dos intérpretes y la de Hanna a una sola actriz, dando la sensación que se le ofrece a la Winslet el camino idóneo para conseguir -como así ocurrió, y supongo que merecidamente, pues no puedo comparar con todo el resto- la estatuilla dorada.

Siendo una suerte que Kate mejore con su expresión corporal el nefando maquillaje que la envejece en el último cuarto de la película, cabe admitir que, ciertamente Fiennes no podría pasar por un chaval de quince años, pero también se puede oponer que el personaje de Hanna anciana hubiera podido ser interpretado por otra actriz sin menoscabo del resultado final, atendido que Daldry, sin temor alguno, presupone la inteligencia de su espectador, capaz de entender los sucesivos saltos temporales, ayudados por casi que innecesarios letreritos indicando el año en que ocurre la acción, letreritos a los que apenas se presta atención.

Claro que, también, Daldry, por si acaso, remacha el clavo -de forma innecesaria, creo- para explicar en un corto flashback lo que el espectador avisado hace ya muchos minutos ha entrevisto.

En definitiva, creo que la nominación de Daldry como mejor director por The Reader es exagerada, siendo esta película un producto interesante pero que dudo alcance la intemporalidad que la haga imperdible.







16 comentaris :

  1. Una vez más de acuerdo. Desconocía el dato de la minoría de edad del protagonista...
    Creo que es una película pasada de duración y que, queriendo hablar de todo un poco, no termina de apostar por una línea argumental clara.
    Excelente texto.
    Saludos.

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  2. Lo de la minoría de edad, 39escalones, debo confesar que lo descubrí de chiripa cuando iba madurando la idea de las edades de los intérpretes, porque, evidentemente, David no puede tener sólo quince años por su físico; siempre resulta más difícil aparentar menos que más...

    Le faltan tijeras y más concreción, resultando que no profundiza en nada, sí.

    Celebro la coincidencia; y gracias.

    Saludos.

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  3. Querido Josep, ví la peli hace ya un par de meses y aun reconociéndole cierto desmadejamiento y algunos defectos de forma, me parece una de las películas más serias en lo que va de temporada. Me llegó a emocionar y eso es muy difícil que me ocurra últimamente.
    La Kate es una actriz con una gran personalidad y su personaje, mezcla de dureza germana y una extraña sensibilidad está bordado.
    El libro lo tengo pendiente. Se lo regalé a Lola y ella me ha dicho que está muy bien y me fío de su criterio.
    Un abrazote.

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  4. Al menos se ve con agrado por alguna de las causas que apuntas como las de las buenas interpretaciones y una historia no exenta de interés. En cambio a mi, la carencia que apuntas de Hanna no me pareció un serio justificante para sus acciones, en aquella época y aún en la Alemania Nazi, esa carencia era común a muchos y a muchas que no por eso se alejaron de la realidad. Más que una excusa me hubiera gustado ver que sentimientos internos consiguen hacerte actuar así, que te obliga a desprenderte de tu humanidad aún siendo en principio una buena persona.

    Que rollo te he soltado hoy.

    Una abraçada

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  5. Convendrás conmigo, querido Antonio, que ser una de las más serias de la temporada, tal como vamos, tampoco es como para tirar cohetes.... ;-)

    Cierto que tiene momentos emocionantes, pero también altibajos demasiado evidentes.

    La Kate borda el personaje, desde luego: ya apunto que sin su arte la representación en el último cuarto se iría al garete por la pésima labor de maquillaje.

    Lo del libro, aunque respeto mucho la opinión de Lola, me hace dudar. ¿De cuantas páginas estamos hablando?

    Un abrazo.

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  6. Esa carencia, Alma, no la veo tanto como presentación de una excusa de lo inexcusable como falta de adentramiento en la forma que tiene el personaje de comprender -más o menos- lo que hace, porque hay un cierto apunte a un "sentido del deber" que casa con la imagen estereotipada del germano mendio-bajo: tú lo defines mejor que yo, pero el caso es que quedamos huérfanos de conocimiento, porque esa línea, que defino como excitante, queda en nada: de ahí mi queja.

    De rollo nada, querida: agradezco mucho la aportación.

    Una abraçada.

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  7. Concuerdo contigo Josep, de todas formas como bien dices no deja de ser una buena pelicula, con una exelente actuacion de kate winslet y momentos bastantes emotivos como la conclusion de la pelicula.

    Mantis.

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  8. No puedo negarte (eso sí, la mayoría en tono de matices, y no de errores) las pegas que le pones a la peli. Pero yo disfrute muchisimo con ella. Me gustó el ritmo elegido, y me creí la historia.

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  9. Es cierto, Mantis: el último cuarto, con todo lo que sucede, resulta más impactante, aunque le deja a uno con la sensación de que falta algo más incisivo.

    Saludos.

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  10. Conste, Raúl, que no digo que sea mala ni que no me haya gustado, pero me parece mejorable, de entrada, con unos cuantos tijeretazos.

    El ritmo que imprime Daldry es más que correcto adecuado a la temática y la historia sí es creíble, pero demasiado prolija en detalles innecesarios y escasa en lo que más importa, que es saber cómo piensa Hanna para actuar como lo hace.

    Saludos.

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  11. A mí la película me dejó la sensación de mostrarse "coja" en su conjunto. Parece que el comienzo, la primera parte, promete ser una especie de clásica seducción, bastante llevada a la pantalla maravillosamente, de jovencito iniciado en el sexo por parte de una mujer madura, con lo que ello supone, sin conseguirlo, como no consigue en la segunda transmitir, al menos a mí, una cuestión de conciencia, amor o traición, pues más parecía que por la parte masculina se trataba de pagar una cuenta y por la parte femenina la decepción por lo "barata" que le había salido o la falta de valor de enfrentarse a la vida.

    Y estoy de acuerdo en que el envejecimiento de la mujer, además de trasnochado y desigual, deja mucho que desear.
    Que me hizo pasar un agradable rato, sí, y que me sorprendió para bién, también, pero estoy de acuerdo contigo, una vez más, en que la película en sí tiene lagunas que el espectador se ve inclinado a rellenar o pasar por alto porque, aún así, conmueve y dá que pensar.

    Un abrazo Josep.

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  12. Muchas gracias, Susy, por tu comentario, que complementa y amplía el mío. Da gusto tener lectores así, y no lo digo especialmente porque coincidamos en la apreciación de la película.

    Un abrazo.

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  13. Alberto Q.
    www.lacoctelera.com/traslaspuertas

    A mí también me ha sorprendido que el protagonista tuviera 17 años antes de las escenas de sexo.

    De todos modos, cambiando de tema, yo también creo tengo algo de debilidad por los actores británicos como tú, Josep. Hay americanos que me encantan pero los británicos no suelen fallar!!!

    Saludos

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  14. Eso de la edad, Alberto, fue una casualidad que debieron observar una vez efectuado el casting, seguramente. Total, cambio de orden y sanseacabó, pero curioso.

    Tienes razón: los británicos puede que algunos no sean brillantes, pero nunca dan fallo: yo creo que es debido a que casi todos pasan por el teatro y, por lo que tengo entendido, allí es cosa que se toman bastante en serio..

    Saludos.

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  15. Hace poco que he visto la pelicula, y aunque en los patices que comentas estoy practicamente de acuerdo. En conjunto me gusto, me gustó mucho
    Uy ni idea de la edad de la protagonista,pero no creo que sea casualidad,

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  16. Bienvenida, Candela.

    Es una película agradable, pero algo dispersa al no profundizar demasiado. Desde luego que no fue una casualidad: el joven con 18 años puede aparentar con imaginación los quince y los veintipocos.

    Saludos.

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