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dilluns, 9 de novembre de 2009

Amor por encima del sexo





Vaya por delante que, como cinéfilo impenitente, en demasiadas ocasiones soslayo la oportunidad de disfrutar de películas genuinamente españolas, quizás escaldado por algunos productos de baja estofa y escasa consideración que he padecido.

Como uno no es ni mucho menos perfecto, con el tiempo adquirí una desconfianza que me aleja de la pantalla ocasionalmente y que, seguramente, me priva de películas interesantes.

Huyendo de las generalizaciones, nunca me atrevería sin embargo a descalificar como un todo deleznable la cinematografía patria, porque he tenido la suerte y el placer de asistir a estrenos que, con el tiempo, resultan episodios añorables.

Precisamente el otro día, repasando Una Jornada Particular, en la que Mastroianni interpreta perfectamente a un personaje homosexual, me vino a la mente otra película en la que otro gran actor, con anterioridad, realizó una gran actuación.

Corría el año 1971 cuando Jaime de Armiñán y José Luis Borau, guionistas y directores de cine ambos y a pesar de ello grandes amigos, tuvieron una idea para una película: una historia, una trama que, de inmediato, perfilada que fue, les llevó a la convicción que sería muy difícil pudiera obtener los permisos de la censura todavía existente en los últimos años del franquismo, aquellos iniciales setenta que veían a los españolitos de toda condición agarrar el coche y cruzar la frontera con Francia para poder ver allí, en muchísimos cines, películas que en España estaban prohibidas, la mayoría por causas de contenido sexual explícito. Pueblos fronterizos de mala muerte disponían de cantidades desproporcionadas de salas de cine que se abarrotaban los fines de semana de españoles que iban al cine y luego a jugarse los cuartos en casinos de juegos también prohibidos. Las tetas, los culos y el black-jack, una mixtura de la que algunos hacían gala haber degustado.

Así las cosas, conseguir que la censura admitiera un guión en el que se hablara de un cambio de sexo, era una misión imposible a priori. Pero esos dos, Arminán y Borau, se las sabían todas, bregados c
omo estaban ya: no eran unos novatos y supieron revestir de seriedad y austeridad un guión que, como tantos otros que han pasado a la historia del Cine Español con mayúsculas, oculta cargas de profundidad.

Jaime de Armiñán se ocupó de la dirección de la película y José Luis Borau de ayudarle en la tarea. Uno se pregunta si se lo hicieron a suertes, a cara o cruz, a los chinos, o fue una decisión consensuada. Da igual.

Mi Querida Señorita, estrenada en 1972, consiguió más de dos millones de espectadores. Según cuenta el propio Armiñán, ambos guionistas escribieron el personaje principal pensando desde el primer momento en el actor José Luis López Vázquez, tristemente fallecido hace pocos días. Al principio, López Vázquez se mostró entusiasmado con el proyecto, pero conforme se avanzaba en la pre producción, incluso pasada la censura del guión, le entró el canguelo en el cuerpo, por lo que anunció a ambos colegas que no se veía capaz de interpretar el personaje que para él habían escrito.

La respuesta de ambos fue unánime: sin ti, José Luis, no hay película. Y abandonaron el proyecto. Dos meses estuvo López Vázquez llamando por teléfono a Borau y éste nunca atendió sus llam
adas. Hasta que López Vázquez, consciente de la oportunidad, se presentó en las oficinas y dijo: lo haré. Fue una suerte. Para él, y para todos.

Los temores del actor eran comprensibles porque a pesar de ser conocido por sus muchísimas intervenciones en farsas y comedietas alocadas -y algún producto serio- era la primera ocasión en que se iba a tratar de forma seria una cuestión que, no por incierta, apenas tenía eco en aquella sociedad apretujada entre pañolones salva escotes y un machismo convertido en demasiados casos en una norma de comportamiento social. Una cosa era travestirse de mujer en plan de coña, como broma, y otra muy diferente interpretar a una mujer. Y una mujer muy especial, además.

Adela Castro Molina (José Luis López Vázquez) es una cuarentona célibe de una ciudad provinciana que vive sola; tiene un capitalito, cuatro fanegas y un Seat 600 que maneja a trompicones y una asistenta, Isabelita (Julieta Serrano) que se desvive por su señorita sirviéndola con atención y cariño.

Adela es una mujer poco agraciada, chapada a la antigua; forma parte de "la sociedad" de su ciudad y abomina de las nuevas modas como la minifalda; su educación trasnochada le hace ver peligros en todas partes. Un viejo amigo, Santiago (Antonio Ferrandis
), regresa a la ciudad como nuevo director del banco donde Adela tiene depositados sus dineros y, de sopetón, Santiago le propone matrimonio.

Pero Adela tiene un secreto; un secreto que ni ella misma sabe. Adela pide consejo al párroco (Enrique Ávila), sacerdote mucho más moderno que ella misma, confesándole que nunca ha mantenido relaciones sexuales y que, además, debe afeitarse cada día, desde los diecisiete años. El cura le recomienda que vaya a ver a un médico en Zaragoza. El doctor (José Luis Borau, en un cameo) le hará saber que ella, Adela, no es una mujer cualquiera. De hecho, es un hombre.

Esos dos amiguetes cineastas, Armiñán y Borau, presentan con mucho valor una historia que, en aquella época, entraba de lleno en el reino de los tabúes. En una sociedad sexualmente reprimida como era la España de las postrimerías franquistas donde todavía había quien tildaba de putas a las mujeres que osaban mostrarse en biquini en las muchas playas del país -en ocasiones usando el eufemismo de "gilda" (claramente en referencia a la película donde Rita Hayworth levantaba pasiones)- hablar de la posibilidad que en un cuerpo de mujer anidara un hombre era una quimera, una cosa rara que sólo podía suceder en sociedades extranjeras, más depravadas que la nuestra, como si las colas en las fronteras los fines de semana para ir al cine no existieran.

Esos dos resabiados cineastas, escaldados, ni siquiera se atrevieron a plantear una historia al revés, la de un hombre anidando una mujer, porque de plano se hubiera rechazado el guión con peligro, además, de verse ante el nefando TOP

Pero de forma muy inteligente Armiñán y Borau introducen en la trama la expresión de una idea atrevida que cuando la vi en su estreno ya me impactó y ahora, pasados tantos años, me sigue pareciendo de una habilidad extremadamente notable.

El contrapunto de Adela es Isabelita. Porque Adela, reconvertida en Juan, huye, sin papeles que acrediten su cambio de sexo, y se refugia en el esperado anonimato de la gran ciudad, Madrid. Y allí se encuentra con Isabelita por casualidad. La chica sigue igual, pero ella (Adela) ya no es ella: ella, ahora, es él (Juan). Y Juan "sigue" enamorado de Isabelita. Los sentimientos de Adela, que eran su sufrimiento, encontrados con su férrea educación reprimida y represora, fluyen de forma ahora natural para Juan. Pero, ¿y los de Isabelita?

Armiñán filma con sencillez toda la trama, usando primeros planos muy expresivos que permiten comprobar las excelencias de la interpretación de José Luis López Vázquez (auxiliado en la primera parte del metraje por la colaboración de la gran actriz de doblaje Irene Guerrero dobladora de, entre otras, Bette Davis, Marlene Dietrich, Tallulah Bankhead y Judith Anderson) que sabe enfatizar con muy pocos gestos los estados anímicos de su complejo personaje, en una actuación impresionante, muy alejada de sus histrionismos cómicos en tantas comedias y farsas.

Claro que Armiñán contó con la colaboración de dos grandes artistas como Luis Cuadrado y Teo Escamilla moviendo la cámara con eficacia y manteniéndola en planos medios la mayoría del metraje, logrando una cercanía con el personaje que permita al espectador empatizar rápidamente con ella/él siguiendo todos los obstáculos y desventuras que le harán sufrir. Un sufrimiento interior, derivado de la locura de identidad que supone cambiar de sexo cumplidos los cuarenta; un pánico a la respuesta de la sociedad que provoca su alocada huida sin documentación, convirtiéndose de señorita de la buena sociedad en individuo marginal bordeando la pobreza; un nuevo individuo que renace, como el ave fénix, de sus cenizas. Pero con una atadura a su pasado: Isabelita.

Isabelita, su pasado, su pasión, su futuro.

Si complejo es el personaje de Adela/Juan, no menos complejo es el de Isabelita, ya que alberga en su corazón un sentimiento nuevo, revolucionario: un amor que se situará por encima de la condición sexual de su objeto: ella ama a Adela y después ama a Juan sin solución de continuidad: no le importa el sexo de su ser amado. Su punto de vista es mucho más atrevido, por inusual, que el de Adela/Juan, porque ella permanece enamorada de la misma persona; para ella, la condición sexual de su ser amado carece de importancia; lo que acaba siendo un amor heterosexual empezó siendo un amor lésbico, pero a ella no le afecta: es la máxima expresión de amor puro que se hubiera visto jamás en un cine que no por nada se adjetivó como carpetovetónico y tan sólo la sutileza de la presentación permitió que la censura ni se diera cuenta, como apunta Armiñán en el dvd de la película, de lo que estaban contando, porque evidentemente en aquellos años un amor lésbico no podía presentarse en pantalla.

Julieta Serrano realiza una actuación memorable y tuvo la mala suerte que enfrente tenía un gran actor con un personaje bombón, pero es de justicia señalar que, sin la medida interpretación de Julieta, la película no sería igual: el alegre cariño e ilusión que desprende cuando está con su ser amado es la base del éxito de la película y no hay duda que Armiñán y Borau así debieron pensarlo, al otorgarle a ella la última frase, reveladora de la fuerza de su personalidad, casi un atrevimiento suicida en aquellos tiempos pasados en los que la inteligencia de los guionistas españoles jugaba al gato y al ratón con la censura y hacía guiños memorables a los espectadores que disfrutaban de un cine que les respetaba.

Armiñán cuida mucho los detalles del maquillaje de su protagonista y vale la pena estar al tanto de ello en una revisión afortunada para percibir el mimo con que se filmó la película; es una lástima que en la post producción el resultado visual perdiera el tono original, porque el revelado del negativo a positivo permanece con esos tonos tan lamentables de muchas películas españolas de la época, cuando los colores refulgían en otras cinematografías; supongo que sería cuestión de presupuesto; ello no empece a que el ritmo mantenido sea apreciable y la atención del espectador permanezca pendiente sin respiro ya que no hay lagunas ni lapsos en la historia que se nos cuenta de forma brillante, consiguiendo interesar de principio a fin, demostrando Armiñán que en menos de hora y media se puede contar una historia densa y compleja, amén de mostrar perfectamente unos personajes con psicologías nada habituales de forma creíble incluso para la época en que se presentó el resultado final en los cines.

La película tuvo un éxito inmediato, siendo nominada a los Oscar como mejor película extranjera, perdiendo, injustamente en mi opinión, frente a otra que también podríamos considerar "nuestra", por su director, pero cosechó diversos galardones, como puede verse aquí

En definitiva, una película que retrata con fidelidad una época pasada pero que, me temo, podría estrenarse hoy mismo sin haber perdido mucha actualidad; en mi opinión ha envejecido muy bien, convirtiéndose ya en un clásico del cine español, totalmente imperdible para el cinéfilo, bien para descubrirla, bien para revisar con añoranza un producto de cine bien hecho.

Y una oportunidad de comprobar que en España también han existido grandes actores: José Luis López Vázquez da un verdadero recital de contención gestual y una clase magistral de expresión corporal ajustada a su ambivalente personaje, al extremo que, según contó luego él mismo, cuando George Cukor (excelente director de actores, como ya he repetido varias veces) vio con retraso esta película, aprovechó una estancia en Madrid para visitarle en su camerino del teatro para pedirle disculpas por haberle ofrecido un papel secundario en Viajes con mi tía y le propuso irse a Hollywood; López Vázquez declinó la oferta, por su desconocimiento del inglés; nunca sabremos si su decisión fue o no acertada, pero ello permitió que siguiera cerca nuestro, y este comentarista tuvo la fortuna de verle y disfrutar de su arte en Cena para Dos, de Santiago Moncada, con Irene Gutiérrez Caba, en el Teatro Goya de Barcelona.

Curiosamente, 1972 fue un año que marcó la carrera de López Vázquez, pues en su opinión, sus dos mejores interpretaciones, las más queridas, fueron la de esta película y la del hombre encerrado en La Cabina, que ya comenté en los inicios de este bloc de notas.




Videomuestra







18 comentaris :

  1. No hace demasiado tuve ocasión de volverla a ver. Qué gusto, Josep, qué placer...
    Me ha encantado que hiceras especial subrayado al trabajo de Julieta Serrano; López Vázquez eclipsó la trascendencia de su interpretación, y es una pena.
    En cuanto a los Oscars, pues en fin, todo quedó más o menos en casa, que diría un patriota.

    Pd.- Qué fantástica entrada, Josep. Fantástica.

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  2. Coincido con Raúl, una entrada fantástica. Una película muy especial, de un director, Armiñán, con un buen puñado de películas interesantes (no otras) y un Borau que es otro aragonés de esos que hacen del cine un arte (y ya es difícil que hayan sido tantos con los poquitos que somos). Una película que, sin duda, hubiera marcado una época de haber provenido de otras latitudes.
    Saludos.

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  3. El reconocimiento de Lopez Vazquez como actor dramático comenzó un pelín antes que "Mi Querida Señorita". "El Bosque del Lobo" fue una sorpresa para todos aquellos que consideraban al actor un "cómico", aunque hubiese hecho interpretaciones geniales con Berlanga y con Ferreri.
    "Mi Querida Señorita" fue un bombazo a lo que contribuyó notablemente el morbo (lógico en aquellos años) de un tema tan escabroso como la transexualidad.
    Creo que Vazquez hizo un grandísimo trabajo y estuvo a la altura de las circunstancias. A partir de entonces no fue raro verlo en las producciones de Saura.
    Viendo uno de los muchos reportajes que le han dedicado en TVE me sorprendió un hecho, que tú comentas, y que yo ignoraba. Desconocía que el actor trabajó con Cukor en "Viajes con mi tía".
    El mejor homenaje que se le puede hacer a este hombre es revisar algunas de sus muchas y buenas interpretaciones.
    Un abrazote

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  4. Compa Josep, no puedo más que sumarme, con sombrerazo, a las elogiosas consideraciones de mis predecesores en el comentario: tu reseña es buenísima. La peli, a decir verdad, tendría que considerar que no la he visto; hace tantos años, y la ví en tan malas condiciones (en la tele, a trozos; en fin, ya sabes...), que eso no se puede calificar como un visionado en mínimas condiciones. Así que apuntada queda; otra más a la lista -y me temo que, cuando llegue el momento, el de José Luis López Vázquez ya no será un cadáver; será un fósil...-. En fin...

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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  5. Josep, quina meravella, m'has tornat a transportar al sofà de casa del pares, on recordo haver vist la peli potser alguna tarda de dissabte.... Quina manera d'escriure i descriure, noi, et felicito de debó! A més, el Sr. López Vázquez, també excel·lent a "La cabina" m'agradava molt, suposo que el veia molt de "casa".... Gràcies, ara mateix miro a veure si localitzo la pel·licula per tal de veure-la una altra vegada :) Un petó!!

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  6. Coincido con anteriores comentaristas, una magnífica entrada.

    Me gustaría destacar algo que comentas

    “Esos dos resabiados cineastas, escaldados, ni siquiera se atrevieron a plantear una historia al revés, la de un hombre anidando una mujer, porque de plano se hubiera rechazado el guión con peligro, además, de verse ante el nefando TOP”

    Creo que en esta idea, autoimpuesta para burlar censuras y censores, radica parte de la grandeza y el encanto de esta película, ya que consiguió, en un momento de oscurantismo respecto a la sexualidad (en todos los sentidos) empatizar con el espectador, más aún, consigue desdibujar con más claridad la línea entre masculino y femenino a la hora de enamorarse.

    Acabo de descubrir tu blog, todo un descubrimiento, una gozada leerte.

    Un saludo

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  7. No hace mucho la ví en la televisión (no recuerdo en que canal) y como dices, lo que mas me gustó es darme cuenta de que la película es tan válida ahora como en su momento, sino más y por supuesto ver a los dos interpretes es una gozada que todos los aspirantes a actor deberian ver para ir tomando nota de lo que es la contención sin perder expresividad.

    Una abraçada

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  8. Pues coincido con Raúl en que haces muy bien en indicar a Julieta Serrano, que podía haber sido eclipsada por Jose Luís López Vázquez, pero hace también una interpretación memorable en un personaje nada fácil. Muy oportuno el post, Josep, que sirve de homenaje a el recientemente desaparecido López Vázquez, del que Chaplin dijo que era el mejor actor del mundo.

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  9. Si la tienes fresca, Raúl, me alegra aun más que te haya gustado el comentario.

    Me pareció, después de meditarla unos días, que en realidad la clave era esa Isabelita tan bien interpretada por Julieta Serrano, que, como dices, resultó eclipsada por su compañero de rodaje, en un papel, obviamente, de mayor lucimiento.

    Saludos y gracias.

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  10. Cierto, Alfredo: no recordaba que Borau es de tu tierra, como el que ganó el Oscar en competencia, vaya... que cosas tiene la vida...

    Creo que das en la diana al afirmar que esa película, de no haber sido española, hubiera tenido mayor repercusión, incluso aquí mismo, tan proclives como somos -y yo el primero: reconozco mis defectos- en desdeñar anticipadamente nuestro cine.

    Me alegra que te haya gustado el comentario. Gracias por el halago.

    Saludos.

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  11. Es verdad, Antonio, lo que dices de El Bosque del Lobo, pero sin duda la presente tuvo una mayor repercusión, yo creo que más por el morbo por el atrevimiento de poner en pantalla una cuestión casi que prohibida.

    Viajes con mi tía no me gustó mucho; tengo que repasarla; pero sí conocía hace tiempo la anécdota de Cukor disculpándose porque el papel que le confió era muy sencillito; imagino el pasmo de Cukor, amante de una buena actuación contenida, al ver a "su secundario" realizar tamaña actuación sin ningún aspaviento.

    Un abrazo.

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  12. Muchas gracias, Manuel. Supongo que no tardará en ofrecerse de nuevo la película en la tele, aprovechando el luctuoso momento, así que aprovecha si es el caso para refrescarla, porque creo que bien merece una revisión calmada.

    Un abrazo.

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  13. Moltes gràcies, Cris: cel·lebro que t'hagi transportat a moments feliços: es més del que puc esperar, doncs ja em dono per content si no aborreixo al comentar pel·lícules de fa tants anys.

    Potser una de les virtuts d'En López Vázquez era la seva figura tan propera, tan de veï del costat de casa, ni maco ni lleig, que el feia més proper al espectador.

    Si la pots tornar a veure, de bon segur que no ten empenediràs.

    Un petó.

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  14. Bienvenida, Vivian.

    Vaya nombre más cinematográfico tienes...

    Esa frase que mencionas se me ocurrió de pronto tras haber escuchado unas breves explicaciones de Armiñán comentando que la censura no advirtió el fondo de la cuestión. Creo que, en aquellos momentos, ni siquiera lo pensaron porque estaban condicionados por la costumbre; quizás lo pensaron ambos, pero ninguno lo mencionó.

    Lo que es claro es que la idea de presentar un amor que no atiende a la sexualidad como condición fue revolucionaria, muchos ni siquiera la intuyeron y puede que hoy a algunos les pasara desapercibida.

    Gracias por los elogios.

    Saludos.

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  15. No te falta razón, Alma, cuando señalas que quizás esta película, que se mantiene actual, sería una buena sesión para los jóvenes aspirantes, porque ambos dan un recital de contención inusual en el cine actual, aparte de recitar sus frases de forma inmejorable.

    Una abraçada.

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  16. Ignoraba, Alicia, el aprecio deChaplin hacia José Luis López Vázquez; supongo que le descubrió en Peppermint Frappé junto a su hija Geraldine, otra buena actuación, por cierto.

    Me pareció justo resaltar a la Serrano porque casi siempre, al hablar de esta película, olvidamos su labor, sin la que no sería lo mismo, creo. Su papel no es fácil, porque es mucho más interior y no tiene la "facilidad" del cambio de sexo, que ofrece más cancha.

    Saludos.

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  17. Buenas tardes.

    Estoy de acuerdo con vosotros en que esta pelicula es un verdadero peliculón. Tanto por las interpretaciones (López Vázquez presenta a una mujer madura perfectamente creíble) como por lo "escabroso" de los principales temas que trata y la valentía con la que los encaran sus dos protagonistas.

    En estos 40 años que han pasado ¿cuánta gente no habra reculado de asumir su verdadera sexualidad en la madurez, o de continuar una relación con una persona al descubrir que ha pasado por dicha transformación? Pues ellas no lo hacen y alcanzan la felicidad.

    Pero en lo referente a la relación Adela-Isabelita, difiero de opiniones zqui expresadas. Los sentimientos de Adela son claros por como la mira, como se cela ....su cuerpo reacciona ante ella. Pero el de Isabelita no, y por tanto ni se le pasa por la cabeza otro tipo de sentimiento, que el cariño de una chica hacia una mujer que sabe que la quiere "a su manera", con la que comparte su día a dia, y a la que deja sin mirar atrás despues de una fuerte discursion.

    Saludos, y a seguir disfrutando del buen cine ;=)

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    Respostes
    1. Una lástima que este enjundioso comentario permanezca en el anonimato, aunque sigo en mis trece respecto al personaje "secundario" que en una revisión calmada alcanza cotas inesperadas e inimaginadas en su primera visión en el cine: está clarísimo, sobre todo por la frase final, que ahí hay una formulación que pasó gloriosamente desapercibida por los censores y que incluso hoy se sostiene como moderna.

      Saludos.

      Elimina

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