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diumenge, 22 de juliol de 2007

Oda a la Libertad


A finales de 1972, postrimerías del gobierno franquista, la televisión española, TVE, única en aquellos momentos, ofreció en horario estelar una producción propia, un corto basado en un guión de José Luis Garci bajo la dirección de Antonio Mercero, con el título La Cabina.

El cortometraje, con poco más de media hora, nos presenta lo que le ocurre a un ciudadano cuando, después de dejar a su retoño en el autobús escolar, intenta hacer una llamada en una cabina de teléfonos pública que hemos visto acaba de ser instalada en medio de una plazoleta de Madrid.

El hombre, representado por José Luis López Vázquez, intenta hacer una llamada, pero el teléfono no funciona; mientras manipula el aparato, la puerta de la cabina se cierra sola: No puede salir. No puede abrir la puerta.

En éstas, un par de hombres que van al trabajo pasan justo al lado de la cabina y observan cómo el hombre les hace señas o mejor, aspavientos. No se le oye palabra alguna. Intentan abrir la puerta, pero sólo consiguen arrancar el tirador, que cede a su esfuerzo. Se van, dejándolo dentro, alegando que van a llegar tarde al trabajo.

Pronto se reúne una multitud en torno a la cabina, con el hombre, desesperado, pidiendo por señas ayuda para salir, pues no sale ninguna voz de la impenetrable cabina. Los curiosos no hacen más que aumentar: señoras, niños, desocupados, chafarderos, etc., todos riéndose del hombre sin que nadie intente ayudarle.

Sólo lo intentan un operario que no puede meter el destornillador en hueco alguno y un fortachón que, tras vanos intentos, casi lastimado su hombro por los impactos intentando romper el cristal de la puerta, acaba por desistir, ante las burlas de todos.

Incluso hay un aprovechado que va desayunándose gratis a base de comer las rosquillas que un mozo holgazán de una pastelería pone a su alcance, absorto en la burla del hombre atrapado.

Aparece la Policía Nacional, ante el tumulto, procediendo a ordenar al hombre, desesperado, a que desaloje la cabina, constatando que ello no es posible. Nadie mueve un brazo para ayudar al hombre.

Cuando aparecen los bomberos y se disponen a descargar un mazazo en el techo de cristal de la cabina, todos expectantes, surgen los operarios de la compañía telefónica que hemos visto al principio instalándola, y, raudos, desmontan los anclajes de la cabina, llevándosela con su ocupante en un camión, ante las chanzas y vítores de todos.

Vemos al hombre viajar, dentro de la cabina, recibiendo miradas de pasmo y burlas de los viandantes y conductores de otros vehículos, al comprobar lo extraño de la carga que lleva el camión. Sólo unos payasos, malabaristas y enanos de un circo observan al hombre en silencio, con una tristeza en la mirada, cómplices en la soledad silenciosa.

La historia, cuyo final dejaré en suspenso, tuvo una gran repercusión en la España de los primeros setenta, hasta el extremo que obligó a Telefónica a modificar el diseño de sus cabinas telefónicas; muchos ponían un pie en la puerta para evitar que ésta se cerrara accidentalmente.

El cortometraje consiguió para sus autores el Emmy de 1973, galardón nunca más obtenido por ningún español.

Una trama compleja, de corte surrealista, de múltiples lecturas, que empieza como una chanza, una broma, pero que, tras el visionado, deviene en un canto a la libertad, precisamente constatando cómo, cuando extrañas entidades, ajenas al común de los mortales, deciden coartarla, reducirla, aniquilarla, de forma aleatoria, es decir, sin razón alguna, nadie, o casi nadie, mueve un dedo para ayudar a su prójimo, prefiriendo burlarse del cautivo, o sacar provecho propio de la ocasión; del conjunto de la sociedad, sólo unos pocos destinan una parte de su tiempo en ayudar a otro, y la compasión, la comprensión, la solidarirdad, tan sólo se manifiestan en los que en modo alguno van a ser tomados en serio, payasos de un circo.
De forma imprevista, el hombre se ve privado tanto de libertad como de voz para expresarse, pues ni puede salir de la acristalada cabina, prisión transparente pero prisión al fin y al cabo, y nadie le puede oir, por mucho que se desgañite reclamando, desolado, exasperado, su libertad, atenazado por unas decisiones, una metodología, una maquinaria impresionante que le sobrepasa, le excede, y que casi todos aceptan como inevitable consecuencia, a saber que habrá pasado....

Consiguen los autores crear un sentimiento claustrofóbico a plena luz del día, recordándonos que la libertad sí tiene precio y que éste es muy alto, sobretodo cuando se produce la pérdida de esa libertad a la que estamos acostumbrados como derecho adquirido, demostrando, magníficamente, que la libertad individual pende de un hilo cuando no todos estemos dispuestos a luchar por la propia y por la de los demás, como si fuera la propia.


Me recuerda aquel famoso poema corto de Martin Niemoeller :

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.

Altamente recomendable su visionado, que no ha perdido vigencia su mensaje, naciendo de una situación local y temporal para devenir en símbolo transnacional e intemporal.

Addenda: TVE ha tenido a bien ofrecer un vídeo comprensivo de documental y de la propia obra, que puede verse aquí.

2 comentaris :

  1. La cabina, una auténtica obra maestra, compa Josep, demostración del enorme talento de Mercero (otro tema es el de los proyectos en los que se embarca, y esa vena melosa que, a veces, le arruina los relatos...). No la ví en su emisión originaria (era demasiado pequeño), pero sí la he visto posteriormente un par de veces, y es de estas pelis que te genera una angustia y una desazón que... vaya tela, vaya tela...

    Un abrazo.

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  2. La verdad es que hace unos días que la volví a ver (yo sí la ví de estreno) y dudaba acerca de reseñarla, pero desde los sucesos del Jueves, mis dudas se disiparon por completo, al comprobar, estupefacto, que todavía hay en este estado quien pretende -y consigue- dejar sin voz a algunos...:-(

    Vivir para ver.... :-(

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