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dilluns, 26 de setembre de 2011

Ellas



Resultará una obviedad para todas las amables personas que frecuentan este bloc de notas pero no estará de más, por si aparece algún espontáneo, reafirmar que el cine es una fuente de satisfacciones y de sorpresas que se van conformando al compás del tiempo acumulado en las sienes del espectador: en no pocas ocasiones una película vista hace años despierta nuevas sensaciones, buenas o malas, porque el paladar del cinéfago se ha ido construyendo con la experiencia y las muchas sesiones vividas.

Si a ello añadimos que la información relativa a cada película se incrementa con los datos que sobre ella se van desvelando y que la perspectiva social es un añadido forzosamente cambiante, es lógico que la revisión de viejas conocidas comporte como mínimo un buen rato.

Uno siempre afronta esas revisiones con el ánimo un poco encogido sobre todo cuando se trata de películas que pertenecen a la infancia, esas sesiones de cine de tarde "apta para todos los públicos" repletas de gloriosas representaciones de lo que luego supe se denomina "Serie B", alguna mejores que otras, muchas de ellas inolvidables por el impacto que conseguían en el ánimo cándido de la chiquillería enmudecida por la magia de la pantalla.

Después, mucho después, uno va y se entera que, en año tal como 1954 y con esta cosecha de películas en competencia, una de las que más taquilla hizo no obtuvo premio alguno de la academia y consiguió, además del taquillazo, permanecer en la memoria colectiva de todos cuantos la vieron, aquel año o bastantes más tarde, en afortunadísimo reestreno (buena costumbre perdida gracias a la pantalla doméstica): me refiero a Them! (titulada en España al modo explicativo fruto de la habitual estupidez como La humanidad en peligro) dirigida por el veterano Gordon Douglas sobre un guión de Ted Sherdeman escrito basándose en una idea de George Worthing Yates, todos ellos muy atentos a las órdenes del productor David Weisbart de la Warner Bros cuya primera intención fue ¡atenta la parroquia! realizar el rodaje en 3D y en color, y acabó con recorte de presupuesto organizando un rodaje en blanco y negro escatimando gastos, para acabar consiguiendo la fortuna del año.

Queda como recuerdo de la primigenia intención un extraño título en color y la filmación de "ellas" en ocasiones muy cercanas, hecho el guión técnico pensando en el 3D.

En el desierto la policía descubre una autocaravana destrozada y halla deambulando solitaria una niña pequeña en estado de shock; un restaurante de la zona aparecerá destrozado del mismo modo y su dueño muerto, pero no falta el dinero: sólo parece que se han llevado un barril de azúcar. Se oyen unos ruidos extraños en la noche y un policía queda guardando el lugar. A la mañana siguiente, el hombre ha desaparecido sin dejar rastro.

La película se inicia como un misterio a resolver por la policía y hasta bien entrado el metraje se mantiene la tensión que se convertirá en pánico al saber que los daños y desapariciones de humanos se deben a hormigas gigantescas, fruto, según elucubraciones de un sabio entomólogo, a mutaciones experimentadas a causa de pruebas nucleares subterráneas en el desierto unos pocos años antes.

Vista la película desde este siglo XXI que vivimos tiene un defecto: las hormigas son de cartón, madera y lana.

Por lo demás, sin disponer de grandes medios, Gordon Douglas sabe mantener el ritmo apropiado y estrujar al máximo todo cuanto tiene a su alcance: los intérpretes cumplen sin alharacas ni excesos y la historia se mantiene viva porque el que manda sabe mantener el pulso ágil y contar justo lo necesario sin avanzarse ni precipitarse: hay una mezcla de géneros formal que nos llevará de la intriga policial hasta la ciencia ficción que deriva en catástrofe valiéndose de lo que luego, años más tarde, podríamos definir como señales identitarias, como la intervención de las fuerzas armadas y el cierre de las calles mediante toque de queda para intentar prevenir los males del pánico urbano, así como la presentación de enormes animales en situaciones en las que su actividad no está ni mucho menos prevista con el añadido de una posible expansión al orbe entero.

Pasados más de cincuenta años resulta evidente que la inesperada recaudación obtenida provino en buena parte por la inquietud que el pueblo estadounidense sentía a mediados de la década de los cincuenta por las repercusiones de la bomba atómica, esa arma terrible que su ejército había usado y que seguía experimentando: tengo para mí que en ésa década el estadounidense medio sentía algo más que un temor a una invasión por parte de un enemigo focalizado en los soviéticos: también debió expresar de forma inconsciente a través de manifestaciones artísticas como esta película el sentimiento de culpa por la atrocidad de soltar la bomba atómica aniquilando, devastando, dos ciudades enteras del Japón, por mucho que fuera su enemigo en la última contienda mundializada: resulta evidente el remordimiento popular expresado mediante el temor de ver contra sí la infame tecnología armamentística: así, esas hormigas gigantescas, descendientes de habitantes milenarios del globo terráqueo, reconvertidas por la imprudente mano del hombre, amenazan con eliminar su existencia.

Del mismo modo que, como vimos hace tiempo Jack Finney negaba una y otra vez que su novela tuviera motivaciones políticas, parece claro, pasado tanto tiempo y vista la historia en perspectiva, que la aventura ideada por George Worthing Yates expresaba con claridad una cuestión que procuraba insomnio a algunos: ésa sí sería una buena explicación para el inesperado éxito comercial, porque pese a las buenas virtudes de esta película, que las tiene, sus elementos individualizados no se pueden comparar, ciertamente, con la pléyade del mismo año.

Lo que no obsta para que sigamos disfrutando de una película que sigue manteniendo el interés entre otras cosas porque el mensaje subyacente permanece inalterable y la forma en que el mismo nos llega sigue siendo redonda, mal que a esas hormigas no les sentaría nada mal una revisión infográfica: lo malo es que el acompañamiento sería de pena y seguramente el mensaje quedaría debilitado y deslavazado.

Algunos dirán que es una película "de culto" sobre todo para cinéfilos amantes de la ciencia ficción y otros, simplemente, podrán asegurar, como quien suscribe, que es un imperdible que ha superado holgadamente el paso del tiempo.

Tráiler







20 comentaris :

  1. La recuerdo remotamente pero sí.. y creo que eran hormigas gigantescas que daban muchisimo miedo.
    ¡ No sabia que fueran de lana ! Es admirable cómo con tan poco se conseguia tanto..
    Esas pelis serie B son ahora de 'culto' para mucha gente.
    El cine tiene esa mágia está claro.

    Besos y buenas noches, Holmes

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  2. ¡Ah y por cierto tambien leí sobre cómo ese género de monstruos tenia más que ver con una lectura simbólica de lo que venia ocurriendo en el pais..caza de brujas, miedo a invasiones, personas contra bichos de todo tipo y todo eso que tú explicas tan bien.
    Muy interesante conocer ésta parte de la historia del cine de nuestras vidas...:-)

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  3. Típico producto de la época, resultante fundamentalmente de los ecos de la brutalidad de la II Guerra Mundial y de los miedos atávicos que tomaron cuerpo con la Guerra Fría, parábolas políticas aparte. Hoy, desprovistas de dobles lecturas ya atrasadas, resultan entretenidas por lo que conservan de propuesta puramente cinematográfica, y divertidas o incluso entrañables, por lo cutres.
    Un abrazo

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  4. Ante todo una duda, no se exactamente que quieres decir cuando dices que la película es un imperdible.No lo pillo. Luego te diré que tu comentario es muy atinado.Es cierto que existe un mensaje subliminal referido a los miedos nucleares que estaban desatados durante la guerra fría, tienes toda la razón. Pero, amigo mio, la primera media hora de este film en el desierto, cuando todo aun es una amenaza que no se concreta, es verdaderamente formidable, una verdadera lección a la hora de crear tensión sin elementos externos ni apariciones extrañas.
    Recuerdo que cuando la vi con trece o catorce años, esa primera media hora me producía más tensión acumulada que todo lo que venía después.
    Y no des ideas, que igual a algun Jon Favreau se le ocurre que después de su último sandwich de géneros monta una de hormigas. O peor aun, que se le ocurra a Emmerich, y vuelve a destrozar el planeta. Mejor ni pensarlo. Un saludo.

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  5. A veces pienso, Milady, que todos esos bichos cinematográficos pertenecen a la mitología del siglo XX porque supongo que un análisis concreto demostraría sin dudas que responden a sentimientos populares.

    Lo de la lana no lo digo taxativamente, pero desde luego lo parece mucho y creo que la imagen que sugiere es óptima, porque esos pelos de las antenas... :-)

    Besos.

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  6. Casi diría, Alfredo, que es el tipo de película que se necesitaba en aquel momento: de ahí, seguramente, su enorme éxito comercial.

    Los efectos más que cutres diría que son naïf ;-)

    Un abrazo.

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  7. Ante la duda, Víctor, ya sabes...

    Suelo catalogar las películas en cuatro grandes etiquetas: Obra mestre, Imperdible y No m'ha agradat.
    La que falta es la mayoría silenciosa, el grupo del psí-psé-nostamal.

    Así que imperdible, como su propio nombre indica, es la película cuya visión no debes perderte. :-)

    Esta película nadie que la haya visto en su infancia puede olvidarla porque los primeros minutos, que se valen de la imaginación del espectador, quedan grabados para siempre.

    Tienes razón: si Emmerich lo piensa, no queda nada por destrozar. Pero ya me extraña que, en plena eṕoca abocada al refrito, no acudan a este éxito comercial añejo...

    Un abrazo.

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  8. Estas pelis fantacientíficas de los cincuenta, compa Josep, son una de mis particulares debilidades (y conste que no he visto buena parte de sus títulos más significativos; ésta, por ejemplo, no la conozco), y me encantan, tanto por ese punto naif al que tan bien apuntas, como por su trasfondo metafísico, político y, si me apuras, hasta religioso. El increíble hombre menguante; La guerra de los mundos; La invasión de los ladrones de cuerpos; Ultimatum a la tierra (una de tus primeras reseñas, por cierto...), y tantas y tantas otras... Vaya, que no hemos sido la primera generación del próspero occidente que vive instalada en un acojonamiento bastante potente durante un buen número de años. Con todos sus matices y variantes, esto es un carrusel en giro continuo. Ah, y perded cuidado, que ésta, como todas, la terminan "remakeando", seguro. También es el signo de los tiempos, me temmo...

    Un fuerte abrazo y buena semana.

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  9. Hubo una época que no faltaba algún animal en colectividad, gigante y sobre todo desagradable que a diferencia de nuestro emotivo Kafka trasfigurado esperabamos ver muerto que como esperpento y lejos de la solemnidad infundia un terror medio cómico que tocaba nuestra fibra sensorial, cierto que hay calidades entre ese cine tan comercial y entretenido pero lo más importante al final era que ese elemento desagradable que aterrorizaba nuestro subconsciente tenía que desaparecer y en ello había toda una odisea descabellada que hacia de nuestro día un momento intrascendentemente agradable como no puede faltarle a todo cinéfilo. Me parece bueno traer al presente ese sentimiento. Un abrazo.

    Mario.

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  10. Esta la debes apuntar a tu lista de pendientes, Manuel, y además te recomiendo que la veas con tu chaval antes que esté ya demasiado acostumbrado a los efectos especiales rimbombantes, porque no debe faltar en la memoria de cualquier cinéfilo.

    Veo que tienes buena memoria, contra lo que dices, porque es cierto que he ido sacando a colación algunas de esas películas que muy bien defines como fantacientíficas y que, ciertamente, parecen pertenecer a un carrusel vital.

    Únicamente espero que yerres en tu predicción y el refrito no tenga lugar...

    Un abrazo.

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  11. No te falta razón, Mario, en cifrar como casi que obligado el final feliz en esas películas y realmente, vista la pentración en el gusto del espectador, bien que así fuera, porque el espectador sensible a estos mensajes apocalípticos precisa que se le de esperanza, no vaya a ser que, no sabiendo sustraerse, se deprima.. ;-)

    Un abrazo

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  12. Esta no la he visto todavía. De todas formas, luego te comento alguna cosa, que ahora me tengo que ir.
    Un saludo.

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  13. Curiosamente, visioné "La humanidad en peligro" hace unos pocos días. ¿Será casualidad o cosa de "ellas"...?

    Hombre, la verdad, se resiente un poco el paso del tiempo, ¿no? Hubiese sido más terrorífico no haber mostrado a las hormigas de "falla", ¿no crees? Sin embargo, la banda sonora es muy buena. La música y los chillidos que emiten las bestias hubiesen bastado para crear el ambiente adecuado de miedo.

    Con todo, la peli es "imperdible", en efecto.

    Salucines

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  14. Bueno, hoy he tenido que salir una hora más tarde, y ahora estoy cansado...pero lo que quería comentarte es que ese terror psicológico con el tema nuclear, los yanquis lo pasaron bien temprano... y los europeos, también. Los comulgantes de Bergman ya toca el tema... y la psicosis de una posible guerra nuclear por la guerra fría era muy de los cincuenta-sesenta....pero aquí, el tema de la guerra nuclear casi se comentaba cuando yo era niño, en los 80!!! Sí. No tiene que ver con la peli, pero me ha venido a la cabeza mientras leía tu entrada.
    En fin... me voy a duchar y a ver "Con el agua al cuello".
    Un saludito.

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  15. Ante todo bienvenido, Fernando:

    Espero que esa coincidencia sea fruto de la casualidad, porque "ellas" mejor que se queden donde están, en un bonito rollo de celuloide...

    Tienes mucha razón y aciertas además al pleno cuando adjetivas como de falla esos monstruos que, sobre todo ahora, pasado tanto tiempo, asustan más cuando no las ves.

    Se me olvidó mencionar los efectos sonoros, así que gracias por completarlo.

    Un abrazo.

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  16. Yo creo, David, que el pánico a una confrontación nuclear existe desde el mismo momento en que el mundo entero tuvo conocimiento de los horrores de Hirosima y Nagasaki y sabiendo como sabemos que cada día que pasa resulta más fácil disponer de una bombita de esas, pues....

    Por ello pienso que, aunque ajada en el aspecto, la fuerza visual de esta película no ha envejecido como sería de esperar y se puede ver tranquilamente.

    Un abrazo.

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  17. Me has hecho recordar aquella simpática película del 93', "Matinee", en la que se homenajeaba, de alguna manera, todo este cine con tintes pre-apocalíptico.
    Abrazos.

    Raúl
    El Alma difusa.

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  18. Yo sólo recuerdo las hormigas gigantes. No debería estar muy despierta cuando la vi.

    Si es un imperdible para ti yo me lo cuelgo y procuraré verla.

    Muchos Besos!

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  19. Ya es bien cierto, Raúl, que muchas de estas películas de Serie B acabaron sus días en pantalla en sesiones matinales de cuando el cine era una industria boyante y currante: acabas de recordarme las sesiones matinales del cine Pelayo y del Vergara: ¡uughhh! en el Vergara, haciendo novillos por primera y única vez, ví El Padrino -de estreno- y casi repito al día siguiente... :-)

    Un abrazo.

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  20. Yo creo, Blanca, que te acuerdas de las hormigsa únicamene porque te impresionaron de tal modo que lo demás se te borró de la mente...

    Si la ves de nuevo, te encantará...

    Me alegro de verte... :-)

    Besos.

    ResponElimina

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