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dissabte, 21 de juliol de 2007

Entresijos de la Globalidad

Un buen dia, Stephen Gaghan, aclamado y oscarizado guionista de Traffic, se puso a leer una historia de Robert Baer, titulada "See No Evil: The True Story of a Ground Soldier in the CIA's War on Terrorism", y cabe suponer que se puso en contacto con el autor, ex miembro de la CIA, que, con ese título y otros, cuenta de forma novelada, sucesos de un "soldado" de la agencia de espías más cinematográfica, ocurridos en sus acciones en Oriente Medio.

Fruto de ese contacto, Stephen Gaghan guionizó una historia que él mismo decidió dirigir, otorgándole el nombre de SYRIANA, realizada en 2005.

Tenemos como resultado un guión bien escrito y estructurado, interesante y muy complejo, que cuenta sucesos de la máxima actualidad.

La película nos presenta un mosaico de acciones que, al principio, desconciertan un poco, ya que el espectador no sabe si se trata de lo que conocemos como "flashback", es decir, sucesos ocurridos en otro tiempo.

Pero no: todo ocurre al mismo tiempo fílmico, pero en lugares diferentes, en ambientes diferentes, propios de las mal llamadas "altas finanzas", de las bien llamadas "cloacas de la política", de los "servicios especiales" de una nación, y del pueblo llano, sufridor siempre y destinatario de avatares que a simple vista pueden parecer casuales pero que, acabada la película, encajan a la perfección.

Son dos horas de acción, pues no hay un segundo de respiro para la atención del espectador: ante nuestra vista ocurren un cúmulo de sucesos que al principio parecen inconexos, pero que, poco a poco,ya transcurridos dos tercios de la película, empiezan a encajar de forma harto escandalosa, pues lo que dan a entender más bien repugna al mínimo sentido ético de la vida que uno pueda albergar.

La acción no es siempre simple, ya que en muchas escenas se basa en la fuerza de los diálogos más que en movimientos de los personajes que deambulan por la pantalla. Y todo tiene una explicación, un motivo, una razón de ser, aunque dicha razón, a la postre, no sea compartida por el espectador, atónito ante la envergadura de lo que se nos cuenta.

Hay personajes que acaban convergiendo, pero hay otros cuyo discurrir finaliza de forma muy cinematográfica, con un uso de la elipsis acertadísimo, como es, por ejemplo, la entrega como chivo expiatorio del Letrado Senior del bufete que gestiona la aceptación de la fusión de dos empresas: ni siquiera se dice claramente la intención de "venderlo", corroborada por la expresión atónita del personaje al entender la trampa y el asentimiento del "cliente" que, así, consigue su objetivo.

Es una película coral, como no podría ser de otra forma. Varios actores (George Clooney, Chris Cooper, Christopher Plummer, Jeffrey Wright, Matt Damon) [no existe, de nuevo, papel femenino que merezca la pena] dan vida a distintos individuos que, sin la consciencia plena de la trama que acaba teniendo el espectador, ofrecen unos buenos trabajos interpretativos, sin que la condición oscarizada de George Clooney, así como su propia fama, le otorguen a su personaje más que la relevancia de hilo conductor de tan espesa historia, donde sólo algunos parecen estar al tanto de todo lo que ocurre.

Es un verdadero mosaico que nos da una visión de la política al servicio de inconfesables intereses económicos, de forma desoladora, sin dejar títere con cabeza: no hay buenos; sólo hay menos malos. Nadie se salva de la "quemà", que dirían en Valencia:no hay falla que salvar. Ni siquiera el personaje del asesor (Matt Damon), superviviente ignorante de todo lo que nosotros ya sabemos, puede sentirse orgulloso de su actuación.

Nos recuerda pues la película la complejidad de la vida que conocemos, y lo hace mediante el uso acertadísimo de la técnica cinematográfica, deviniendo la presentación en "retales" en apariencia inconexos durante buena parte del metraje, un fresco al temple que nos permite caer en la cuenta que, cuando leemos el periódico, vemos el telediario, nada de lo que se nos cuenta es
simplemente como nos lo cuentan, verídico al cien por cien, ya que nunca jamás se nos dice porqué, quién y cuando ha tomado la decisión de que ocurra lo que ocurre, a menos que prefiramos mantenernos incólumes ante la información veraz y prefiramos tomar la ingenuidad como base de nuestro conocimiento.

Le falta a la película un mejor dominio del ritmo cinematográfico, aún reconociendo de antemano que, con tales condimentos, resulta harto difícil aligerar la película, que se conforma ante nuestros ojos en un espléndido ejemplar del Cine de Denuncia; género difícil de llevar a buen puerto, ya que, en muchas ocasiones, el afán por denunciar acaba con el interés cinematográfico de la obra.

No es éste por suerte el caso, pues Syriana, sobre remover la conciencia, entretiene.

Ciertamente no es una película "fácil" en ningún sentido, pero debemos reconocer que, no siendo la "dificultad" aparente de algunas películas más que una muestra de la fatuidad de sus directores, tampoco porque una película no sea fácil, es decir, requiera una participación mental activa del espectador, ello tampoco puede, en modo alguno, tacharse como defecto reprobable en la valoración del conjunto.

En resumen, abreviando, altamente recomendable :-)

1 comentari :

  1. Otra más, compa Josep, de las que tengo pendientes. Después de leer tu reseña (excelente, como siempre), ya tengo un motivo más para no dejarla pasar por mucho tiempo...

    Un abrazo (y buena semana).

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