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dissabte, 29 de setembre de 2007

Memorias de la pubertad




Robert Mulligan es un director no muy prolífico que ha sabido moverse en géneros dispares; justo cuando me dispongo a iniciar este comentario, me doy cuenta que ya antes, aquí , he manifestado mi admiración por su buen hacer.

Mulligan ostenta merecida fama de saber dirigir a los actores que a su disposición tiene en sus películas.

Con tal antecedente, a primeros de los 70 da un paso al vacío y se dispone a rodar una película contra corriente, con unos actores prácticamente desconocidos, apenas unos chiquillos: Una joven Jennifer O'Neil (Dorothy), indiscutible belleza de 23 años, un jovencísimo Gary Grimes (Hermie), acompañado de Jerry Houser (Oscy) y de Oliver Conant (Benjie).

Digo que la película va contra corriente porque, después de la liberación juvenil de mayo del 68, el cine comercial entró en una dinámica protestona e irreverente, acomodada a lo que se llamó pop-art, con productos que han envejecido muy, pero que muy mal.

Algunos directores inteligentes supieron nadar con su propio estilo; muchos eran entonces jóvenes promesas del cine, y todos trataron, a principios de los 70, historias que giraban alrededor de los años de juventud: The Last Picture Show , filmada en 1971 por Peter Bogdanovich y la posterior American Graffiti , dirigida por George Lucas en 1973, películas todas ellas, en mi opinión, fruto del interés suscitado por el tratamiento del despertar sexual del joven púber que exitosamente mostró en el año 1967 Mike Nichols con su película The Graduate, comentada magníficamente a la suave luz de La Linterna Mágica.

En medio de todo este panorama cinematográfico, el más veterano Robert Mulligan se concertó con el escritor Herman Raucher para llevar a la pantalla la que para mí sigue siendo la mejor película que retrata idealmente esa época tan difícil en la que un chico deja de ser niño y se convierte en un joven hombre: Verano del 42 (Summer of '42 , 1971).

Con la compañía del excelente cámara Robert Surtees, del montador Folmar Blangsted y del sobresaliente compositor francés Michel Legrand, Mulligan compone con excepcional sensibilidad una obra que nos muestra un período vacacional, el del verano de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando tres chicos, Hermie, Oscy y Benie, "el terrible trío", se trasladan con sus familias a una isla que permanecerá en su memoria de forma indeleble.

La película es un ejercicio de nostalgia: la voz en off de Hermie (trasunto del propio autor Raucher, pues la historia es verídica) nos acompañará a lo largo de todo el metraje, con bellas reflexiones.

"Cuando yo tenia quince años y vine con mi familia a esta isla a pasar el verano, no habia ni tantas casas ni tanta gente como ahora:entonces se podía apreciar mejor la geografía de la isla y la belleza del mar..."


Los chicos, con apenas dieciseis años, llegan a la isla en la época en que todavía tienen aficiones y gestos de niños, pero ya se ha despertado en ellos una sexualidad incipiente: son inexpertos en amoríos y baten "récords" en sus aventuras con las chicas en el cine, porfiando por acariciar sus senos; a escondidas, miran libros a ellos prohibidos; sus ideas, confusas, se mezclan con sus sentimientos, con una individualidad que marcará el desarrollo de la trama que, de forma elegante y pausada, Mulligan nos presenta.

Oscy, más rudo y varonil, alcanzará su deseo de perder la virginidad, acabando agotado por el esfuerzo; Hermie, más sensible, se enamorará perdidamente de una mujer joven, Dorothy, cuyo esposo, militar, acabará falleciendo en la guerra, según sabremos por una misiva.

La relación de Hermie con Dorothy es el centro de la historia, muy bien interpretada por ambos: Hermie está fascinado por una mujer "mayor" que le lleva siete años de experiencia y que, tiernamente, en una escena magnífica, más que seducirlo al estilo de Mrs. Robinson, lo que hace es introducirlo en el misterio del amor, perdiendo la virginidad y con ella la niñez que le acompañaba al llegar a la isla.



"En el verano del 42, asaltamos el puesto de guardacostas cuatro veces,vimos cinco películas y llovió nueve dias... y en un sentido muy especial, yo perdí a Hermie para siempre..." Mulligan, a los acordes del famosísimo tema "The Summer Knows", apoyándose en una fotografía adecuadísima, nos cuenta con una simplicidad clásica y sin groserías ni gamberrismos, delicadamente, casi que asexualmente, el tránsito que conforma la pubertad, incidiendo en el aprendizaje de los encontrados sentimientos que el primer amor despierta, con sus dudas, sus temores, y el recuerdo que en cada adulto dejan; aprender nunca es fácil, pero nunca nadie ha querido quedarse ignorante de ese sentimiento maravilloso, embriagador.

p.d.: Raucher recibió, después de publicada su novela y exhibida la película, muchas cartas de mujeres asegurando ser Dorothy, cuyo apellido desconocía. Una de ellas, la verdadera, se preocupó por si le había lastimado psicológicamente: Dorothy tenía entonces ya dos nietos, y Raucher estaba felizmente casado.

3 comentaris :

  1. La verdad que tus escritos sobre cine son verdadero placer para cinéfilos y qué decir del anterior con toda esa troupe del western que tanto me gusta. Muy bueno. Saludos!

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  2. Celebro que te agraden mis comentarios y más viniendo de tí el elogio, autor de un excelente blog.
    Saludos.

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  3. Muy interesante pelicula Tremendamente nostalgica y evocadora Onirica y sugerente Muy recomendable

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