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divendres, 12 d’octubre de 2007

New York en 2022


Thomas Malthus,considerado el padre de la demografía, pergeñó, en 1798, una teoría, conocida como Catástrofe Maltusiana, en la que se aseguraba que el crecimiento geométrico de la población acabaría, frente al crecimiento aritmético de los productos alimenticios, con causar graves daños al planeta y a sus pobladores, abocándolos a la hambruna.


En 1966, Harry Harrison publicó su novela Make Room, Make Room, traducida como ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, que se basaba, en parte, en las teorías maltusianas.

Pocos años después, el productor Walter Seltzer, encargó un guión a Stanley R. Greenberg con base a la novela referida, y así se inició el rodaje de una película que se llamaría Soylent Green, acabada de rodar en 1973, presentada en España bajo el título original más el añadido "Cuando el Destino nos alcance."



La dirección se encomendó a Richard Fleischer, hombre de cine, con algunas películas muy interesantes en su carrera. El protagonista fue Charlton Heston, actor de personalidad realmente poderosa y compleja, a la vista de las películas en las que participó y del interés que se tomó en algunas de ellas, quien impuso como co-protagonista al gran Edward G. Robinson, en la que resultó ser su actuación póstuma.

La película arranca de forma aún ahora magistral, con unas imágenes muy bien encadenadas sobre fondo musical de Fred Myrrow, que nos sientan la pretendida base histórica de los hechos que a continuación veremos.

Estamos en el año 2022 y Nueva York tiene una población de 40.000.000 de habitantes; lo primero que oímos es una voz, repetitiva, procedente de altavoces situados en las calles, que nos dice:"atención,dentro de una hora, prohibido circular por las calles sin autorización".

Vemos al Detective Robert Thorn (Charlton Heston) desperezarse y levantarse de un camastro, y recriminar a su compañero de piso y socio Sol Roth (Edward G. Robinson) por retrasarse en obtener datos para un informe policial.

Thorn se lamenta de tener que hacer doble jornada para no perder su empleo y necesita los informes para mantener su lugar en la policía. Cuando sale del piso, vemos que debe saltar, casi, por encima de una multitud que duerme en los peldaños de la escalera, bajo la vigilancia de un tipo armado. En las calles, multitud de gente duerme por los suelos, hacinados.

Es una sociedad donde la excesiva población se aglomera sin cobijo por cualquier rincón, harapientos, donde el agua está racionada y donde las colas para obtener alimentos sintéticos servidos por la compañía Soylent, adoptan tres formas: soylent rojo, soylent amarillo y el nuevo soylent verde, aseguran, confeccionado con plancton marino de los océanos distantes de una ciudad sumergida en perpetua polución.

Thorn acude al domicilio del rico prohombre William R. Simonson (Joseph Cotten), cuyo asesinato hemos visto una escena antes, a manos de un pobre hombre que vive con su familia dentro de un coche abandonado.

Thorn se presenta en el domicilio de Simmonson, donde encuentra a su guardaespaldas Tab Fielding (Chuck Connors ), quien está acompañado de una bella joven a la que antes hemos visto ir de compras con el encargo de Simmonson, una tal Shirl (Leigh Taylor-Young ) y, cuando Thorn la ve y la mira, pregunta:¿mobiliario? a lo que recibe una afirmación por respuesta.

Nuestros oídos no dan crédito:¿mobiliario?¿la ha llamado mobiliario?

La película nos presenta un futuro desesperanzador, lo que ha venido en llamarse distopía, es decir, perfecto antónimo de lo que se conoce como utopía.

Una sociedad futura donde hay más gente sin vivienda que con albergue techado; un mundo donde el agua está racionada; donde los alimentos naturales no existen y se hacen colas enormes para comprar raciones de comida sintética; donde las mujeres jóvenes y bellas son contratadas como "mobiliario" de los mejores pisos al alcance de los ricos, que disponen de ellas a su antojo.


En ese futuro desesperado, Thorn investiga la muerte de Simonson y asegura que ha sido un asesinato, pues el supuesto ladrón no ha robado nada; lo sabe, porque él mismo, aún policía, arrambla con todo lo que puede de lo que encuentra en el domicilio del rico: se queda extasiado ante un aparato de aire acondicionado; se emociona al lavarse la cara con jabón, en un lavabo con agua corriente; toma un trago de una botella de whisky.

Luego le vemos regresar momentáneamente a casa, donde entrega a Sol el contenido de una funda de almohada que ha usado para cargar el botín: unos lápices; unos tomates; un puerro; una pastilla de jabón; una botella de whisky; y un trozo de carne de buey, que hará llorar de emoción a Sol, quien le dice: ¿ves como era cierto todo lo que te cuento del pasado?

Además, Thorn entrega a Sol, antiguo profesor universitario, dos tomos encuadernados en piel, donde se relatan las actividades del difunto Simonson. Sol, al tomar los libros, los acaricia como incunables, en un mundo donde no se editan libros por falta de árboles para hacer papel.

Es ilustrativo del mundo que se nos presenta la actitud observada en Thorn, que, siendo policía, comete hurto sin ocultarse, llevándose todo lo que puede en presencia del guardaespaldas y la amante-mobiliario adscrita al piso, con quien luego mantendrá relaciones sexuales, disfrutando con ella de una ducha con ¡agua caliente!, lujos al alcance de los ricos, aprovechándose sin el menor cuestionamiento ético de una situación pasajera al no haberse presentado todavía el nuevo inquilino del piso y futuro poseedor de todo.

Thorn asegura que el caso es de asesinato y, pese a ello, le conminan a darlo por cerrado. Sabe, por las primeras pesquisas de Sol, que Simonson pertenecía al consejo directivo de la empresa Soylent, que es la que provee de comida para todos.

Comida sintética que escasea también, siendo racionada, a pesar de ser cara, aunque no tanto como la mermelada, a 150$ el bote. Se produce un tumulto en las colas de compradores de soylent rojo, amarillo y verde, y las fuerzas de seguridad emplean sin miramientos máquinas excavadoras que, con sus palas, apartan a las gentes y las arrojan en sus cajas traseras, llevándoselos luego con destino incierto, sin importar quien pueda morir o no.

Sol, que mantiene contacto casi que clandestino con un grupo de intelectuales que habitan un piso repleto de libros y legajos, acude a ellos para aclarar sus ideas respecto a lo que ha hallado en los libros de Simonson.

La conclusión a la que llegan, impulsa a Sol a dirigirse a lo que llaman "El Hogar", centro donde se practica la eutanasia voluntaria; Thorn llega a casa después de una de sus investigaciones y encuentra una nota de Sol en la que se despide, produciéndose a continuación una emotiva escena (que, desgraciadamente, fue una avanzadilla de la realidad, pues Edward G. Robinson falleció apenas nueve días después, el 26 de enero de 1973, de un cáncer terminal, cuya enfermedad sólo Heston conocía, entre todos los que trabajaron en la película, siendo sus lágrimas auténticas).

Antes de fallecer, Sol le pide a Thorn que investigue la fábrica de soylent green, pues allí encontrará sin duda el porqué del asesinato de Simonson.

El resto, es historia para los cinéfilos de pro; quien no haya visto la película, agradecerá que no cuente el final.

Es Soylent Green una película de ciencia ficción triste, perfecto ejemplo de la distopía que, ficticia, nos lleva a preguntarnos qué podemos hacer para lo que se nos ha presentado nunca llegue a ocurrir; el paso del tiempo la ha perjudicado en parte, sobre todo en sus aspectos técnicos, obsoletos ya, y en la superación que el problema maltusiano afortunadamente ha tenido, al haberse producido un incremento también geométrico de la producción de alimentos, gracias a nuevas tecnologías que evitan los históricos daños por plagas que provocaron, siglos atrás, hambrunas generalizadas en los países más desarrollados.

Sin embargo,su mensaje no ha perdido la fuerza que supone una llamada de alerta relativa a la posibilidad que la distancia entre el poderoso y el simple ciudadano se incremente dando como resultado una sociedad más que autoritaria terroríficamente dictatorial, con la manipulación perturbadora de las necesidades primarias, conllevando una deshumanización pareja al instinto de supervivencia más basico.


2 comentaris :

  1. Para que veas que aún despues de darme las gracias sigo viniendo.

    No recuerdo haber visto la película, me asaltan a la mente imágnes como si las recordara, pero no lo puedo asegurar. Película de ciencia ficción triste si, quizás más real que otras más aparatosas.


    Una abraçada

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  2. Muchísimas gracias, Alma, por tu comentario.

    Lamento comprobar que los vídeos insertados ya no funcionan; si la viste, casi que tuvo que ser en el cine, porque en la tele su exhibición ha sido muy esporádica.

    Para mí es un clásico de la ciencia ficción, ya que sirve perfectamente al mensaje que sustenta el guión, aparte de mantener la atención hasta su resolución final.

    No te será difícil encontrarla, si deseas verla.

    Una abraçada.

    ResponElimina

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