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diumenge, 27 de gener de 2008

Bajito y gruñón


Hace 25 años que el cine francés perdió uno de sus personajes emblemáticos; un actor capaz de arrollar en taquilla, con independencia de la historia -normalmente lo que castizamente llamaríamos "un fregao"- en la que se le veía metido, normalmente contra la voluntad del personaje que representaba.

Un actor, descendiente de padres españoles, que, según cuentan, marcharon de la soleada Sevilla para instalarse en el frío Paris de principios del siglo pasado, para poder casarse; fruto de esa unión fue Louis de Funès que, con sus inacabables recursos histriónicos divirtió al personal en incontables películas, siendo adorado por el público galo, que le rindió homenajes diversos, habiendo recibido la distinción del César de manos de otro cómico, americano, un tal Jerry Lewis, que se confiesa admirador del pequeño francés .

Una de las películas de mayor éxito en las que intervino, aparte de las sagas de El Gendarme de Saint Tropez y de Fantomas, ambas iniciadas en 1964, fue una curiosa película que contempla hechos de la Segunda Guerra Mundial desde un punto de vista de comedia; dirigida por Gèrard Oury, e interpretada al alimón por dos grandes cómicos franceses de la época, el ya referido Louis de Funès, y su amigo y compañero del alma Bourvil, La Gran Juerga (La Grande Vadrouille, 1966), alcanzó un récord de recaudación en Francia que no fue superado hasta hace pocos años por Titanic de James Cameron.

En La Gran Juerga dos hombres de distinta condición, el pintor de fachadas Augustin Bouvet (Bourvil) y el director de orquesta Stanislas LeFort (Louis de Funès) sin quererlo ni desearlo, se ven complicados en la contienda que asola Paris, al recibir, caídos del cielo, unos aviadores británicos de un bombardero pilotado por Sir Reginald (Terry-Thomas, otro gran cómico -británico- de la época).

Los tres protagonistas se encuentran en unos baños turcos y los dos franceses, por las circunstancias, se ven abocados a convertirse en héroes de la resistencia al acompañar a los británicos a la Francia libre, desde donde podrán volver a su país.

Oury maneja con soltura la trama, alternando escenas de acción con escenas de corte cómico, mezclando acción bélica con el más puro vodevil de errores disparatados, como cuando, por casualidad, nuestros héroes acaban durmiendo con sus enemigos.

El tratamiento que da Oury a todos los personajes no deja de ser curioso, ya que distingue en los alemanes a aquellos que son soldados y aquellos que son nazis redomados, llevando éstos la peor parte al recibir las chanzas más ridículas.

Hay en la película una alegría que proviene en buena parte de las buenas actuaciones de Funès, Bourvil y Terry-Thomas, cada uno en su papel, bordando, el bajito Funès, como de costumbre, un carácter de hombre despótico, truhán de buen corazón, gesticulante y pillo, asumiendo magistralmente la contradicción de un mal carácter con la risa que producen sus actos, sus gestos, sus ruidos.

No es La Gran Juerga una obra llamada a considerarse grande, valga la redundancia, pero sí muy interesante y entretenida, formando parte de la historia del cine francés con todos los honores, consiguiendo lo que pocas: divertir y mantener la atención constante en sus 132 minutos, algo más de dos horas, que pasan en un suspiro.




2 comentaris :

  1. Qué curioso, no he visto una sola peli de este hombre en toda mi vida... Es más, empiezo a tener la impresión de que tú y yo, amigo Josep, hemos tenido una especie de "trayectorias cinéfilas absolutamente paralelas", con escasísimos puntos tangentes: o sea, y traducido al castellano vulgar, que yo no he visto la inmensa mayoría de las pelis que tú sí, y viceversa (aunque quizá, más bien, se da más lo primero que lo segundo). Cosas del bloguerío, supongo; y mejor así, también, porque supongo que se crece más desde la diferencia que desde la coincidencia. Creo. En fin, que me apunto intérpretes y títulos (hasta la próxima...).

    Un fuerte abrazo.

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  2. Pues yo, amigo Manuel, no diría que las he visto todas, pero sí, desde luego, todas las del Gendarme de Saint Tropez y las de Fantomas: en añoradas sesiones dobles,

    Hace años, cuando en mi pueblo, con menos habitantes que ahora, existían tres salas de cine. Sesiones dobles con "una de romanos" o "una del oeste" más una comedia...

    Tampoco diría que nuestras trayectorias cinéfilas sean paralelas "ad infinitum" pues en alguna ocasión hay un cruce; aunque sea excepcional; pero, como tú, pienso que eso enriquece y alimenta la cinefagia galopante que igualmente padecemos.

    Un abrazo.

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