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dimecres, 23 d’abril de 2008

El Bardo y Ken (1993)




Esta foto que aparece al lado es la carátula de la primera edición, datada en 1600, de una hilarante comedia escrita en la primavera-verano de 1599, por William Shakespeare, "El Bardo", cuyo título original es Much Ado About Nothing, que vendría a significar literalmente "Mucho hablar para nada", que en su traducción al castellano adoptó el más castizo título de Mucho Ruido y Pocas Nueces.

De hecho, ya desde el título el gran dramaturgo inglés muestra la unívoca intención de fabular en clave irónica y burlesca, pues, en el lenguaje de su época, el vocablo "nothing" se pronunciaba igual que "noting" y esta última palabra se usaba vulgarmente para referirse eufemísticamente a los genitales femeninos.

La trama principal gira alrededor de la infidelidad femenina, siendo recurrentes en muchos pasajes los apuntes a los "cuernos" que, conscientes o no, llevan muchos hombres:

"Don Pedro.- Pero ¿Cuándo colocaremos las astas del toro bravo en la frente del sensible Benedicto?
Claudio.- Eso es, y con un letrero debajo que diga: ¡Aquí vive Benedicto, el hombre casado! "

Pero no adelantemos acontecimientos.

En apenas 52 páginas, el Gran Bardo desgrana una historia que nos hará estallar de risa ocasionalmente, hasta el punto que este comentarista debía dejar la lectura para secar sus lágrimas, y nos hará sonreir, felices, por el buen desarrollo de la trama, ocurrente, brillante siempre, deliciosa, con la magnífica escritura propia del autor.

Los nombres de los personajes, como acostumbraba Shakespeare, anuncian el contenido de su alma: Leonato es el valiente señor de una casa de Mesina, en la Sicilia que se halla dominada por la Corona de Aragón, que recibirá la visita del Príncipe Don Pedro (en castellano en el original), a quien acompañan varios caballeros, regresando triunfantes de una batalla, entre los que destacan Claudio y Benedicto. Con ellos viene también el hermano del Príncipe, Don Juan (remisión al pérfido hermano del célebre rey Arturo), quien, tras haberse rebelado contra su hermano y vencido que fue, obtiene su perdón y permanece en la corte.

Claudio bebe los vientos de amor por Hero (nombre mitológico, de mujer que muere por amor), hija de Leonato, y prima de Beatriz, mujer de rápida mente y viva lengua, que competirá con el sarcástico Benedicto en acerados diálogos repletos de ironías, retruécanos y dobles sentidos en un antecedente superlativo de lo que comúnmente conocemos ahora como "guerra de sexos", constituyendo una pareja de rivales que irán unidos no tan sólo por el significado etimológico de sus nombres, Beatriz (la que bendice) y Benedicto (el bendecido), sino por el amor que entre ambos florecerá, irrigado por una confabulación de sus amigos y parientes.

Claudio conseguirá, con la intercesión del Príncipe Pedro, el amor correspondido de la bella Hero, pese al entrometimiento de Don Juan, que le inicia en el maldito vicio de los celos imaginarios, vencidos por la realidad.

Mientras Benedicto con su viperina lengua intenta convencer a Claudio de su error al dejar la soldadesca vida para convertirse en marido y siendo a su vez vituperado Benedicto por Beatriz, que ansía hallar marido pero no ve a ninguno ni a su alcance ni a su altura, Don Juan, corroído por la envidia, fabula una infamia que abocará al engaño a Claudio con el apoyo de Don Pedro para rechazar ante el altar casamentero, a su antes adorada Hero, que se desvanece, mortalmente herida en su amor y en su honor.

La infamia, la confabulación familiar, los celos infundados, causas todas ellas de tragedias posteriores, se alternan en esta magnífica comedia, una de las más representadas del repertorio shakesperiano, con las constantes burlas relativas a ambos sexos, a su unión y sus consecuencias, con el añadido de la burla, befa, mofa y escarnio con que se describen los personajes de los agentes de la autoridad, representados por Dogberry y Verges, amén de sus ayudantes, con unos diálogos surrealistas que provocarán la carcajada del respetable, siendo notable comprobar que, muchísimo antes de las lamentables comedietas tipo "Loca Academia de Policía", ya en el siglo XVI la censura era tan amplia de mangas que permitía el solaz del público a costa de la autoridad, tachada en el caso de analfabetos engreídos, apenas cuerdos pero vagos funcionarios de la ley, debiendo constatar que ambos personajes, Dogberry y Verges, a la postre claves en la buena resolución de la comedia, fueron representados por los dos más grandes cómicos de la lengua inglesa de la época, William Kemp y Richard Cowley, que se apoyaban en un texto inenarrable al partir el pecho de risa de sus coetáneos sin necesidad de chistes fáciles, con un doble sentido que requiere conocimiento previo de la situación, lo que dice mucho, pero que mucho, de la cultura del público inglés de tan alejado siglo, capaz de divertirse sin la presencia de palabras soeces y muletillas de baja estofa.

Otrotanto ocurre con la batalla dialéctica que hasta el fin mantienen Beatriz y Benedicto en una empeñada contienda sentimental repleta de alusiones y citas literarias, históricas y mitológicas, en un avance de guerra de sexos que dejan el listón muy alto, siglos antes del advenimiento de la bombilla y el acetato como base de distracción multitudinaria.


Con esta excelente comedia shakesperiana como base y fundamento, acometió el irlandés Kenneth Branagh su segunda adaptación cinematográfica de una pieza teatral del Bardo, titulada en España, como no, Mucho Ruido y Pocas Nueces (Much Ado About Nothing , 1993).

Branagh hace una adaptación bastante fiel del texto, apenas cortando unas frases y puliendo algunas invectivas que reiteradamente hacen señal inequívoca a la cornamenta como adorno masculino, por lo menos en la versión doblada y en los subtítulos, hallándose este comentarista en la ignorancia exacta respecto al guión en inglés, aunque es de temer que coincidan, por aquello de pulir una demasía, en busca de una cierta tibieza que se viera acompañada de más ingresos, motivo por el que cabe suponer también la inclusión de actores estadounidenses, incluido un Príncipe de la Corona de Aragón de raza negra, pez fuera del agua cuya otra motivación no se vislumbra.

Kenneth se fue a Italia a rodar la película y, no pudiendo ser en la misma Mesina, lo hizo en una magnífica villa del paisaje de la toscana, en busca de esa luz mediterránea que, forzosamente, alumbra las alegrías de todos aquellos que, gozosamente, viven las aventuras que someramente se han relatado, fruto de la pluma de Shakespeare.

La dirección de Branagh es acertadísima, con un inicio festivo, alegre, que nos contagia, entre risas y prisas, a adentrarnos en una historia de amor, celos, traiciones y mucho, mucho humor.

El origen teatral del guión no puede decirse que pase totalmente desapercibido, porque, evidentemente, la calidad del texto se delata por sí misma; pero el guión técnico pergeñado por Kenneth es adecuado a cada escena, con uso de exteriores siempre que puede, unos exteriores magníficamente retratados por Roger Lanser con quien ha colaborado en varias ocasiones ya, al igual que ocurre con el músico Patrick Doyle, que además canta sus propias canciones, muy adecuadas a la época. Y las pocas secuencias que se realizan en interiores, son planificadas de forma que uno olvida, a los pocos minutos, el origen teatral de la película, que no es ningún lastre.

Ciertamente, no se trata de una adaptación libérrima; al contrario, es muy respetuosa con el original y la llamada a filas del grupo de británicos especialistas en Shakespeare para decir sus palabras es un consuelo y una virtud, pues todos ellos están magníficos en su labor interpretativa, sobresaliendo el propio Kenneth Branagh como Benedicto y la entonces su esposa Emma Thompson como Beatriz, en una batalla entre enamorados con un ritmo y una expresividad impecables.

Destaca asimismo en el papel de Leonato Richard Briers, pleno de señorío, amabilidad, alegría e ira cuando corresponde, embelesado como está con su adorada hija única Hero, compuesta por una jovencísima Kate Beckinsale en su primera aparición cinematográfica, que enamorará y hará sufrir a su querido Claudio (Robert Sean Leonard, mucho antes de dedicarse a la medicina), uno de los caballeros del Príncipe Don Pedro (Denzel Washington, que tiene de shakesperiano lo mismo que de mañico), cuyo hermano Don Juan (Keanu Reeves con la misma expresión de enfado que siempre tiene) será el traidor, el perverso causante de la infamia que recaerá sobre la bella Hero.

Por suerte la cuadrilla de ineptos funcionarios de la ley, capitaneados por Dogberry, muy bien representado por Michael Keaton, que se luce con todo su histrionismo posible, revelará la argucia y acabará con el engaño.

Quiero detenerme, por gusto y placer, en la interpretación de Keaton, que, en diversos foros, levanta discusiones y divide de forma irreconciliable las opiniones.

A mi entender, la elección de este actor de Pennsylvania por parte de Branagh -que ya sabemos es un excelente actor y también excelente director de actores- para interpretar a Dogberry, no obedece a cuestiones mercantiles tan poco interesantes, artísticamente hablando, como la obtención de fondos en la producción y la recaudación. Branagh, con muy buen ojo, le confía un papel que a priori parece poco importante, pero que, recordemos lo apuntado al comentar la obra original, cuando se estrenó la comedia, lo levantó en las tablas el más famoso cómico de Inglaterra en su época.

El histrionismo desatado de Keaton es, evidentemente, un efecto buscado, querido y usado con inteligencia por Kenneth, reforzando la ininteligibilidad de las frases con que el personaje está dotado, alcanzando un surrealismo verdaderamente hilarante, de aquellos que hacen explotar de risa el patio de butacas, efecto buscado y querido por el propio autor de la obra, que dosifica el ánimo que nos sobrecoge al contemplar la tragedia de la infamia y acto seguido nos solaza con estos pajarracos extravagantes, que, apuntando alto Branagh, además de decir sandeces con la mayor seriedad, deambulan de un lado a otro fingiendo que van a caballo y otorgando la venia para partir a los que quietos quedan viéndoles marchar de esa guisa.
(No puedo con ello: sólo recordarlo, ya me río)

El conjunto ofrece una más que notable adaptación a esa célebre comedia del Bardo, película que en su época de estreno concitó gran éxito comercial, no alcanzando empero ninguna nominación a los premios Oscar, pese a los esfuerzos de la productora, mostrando, una vez más, la cicatería y ceguera de los académicos hollywoodienses, contra la buena aceptación popular.

Imprescindible pieza de colección a todo cinéfilo que una a su condición de tal la de amante del teatro bien filmado.







12 comentaris :

  1. ¿He tardado mucho, Josep? Tan sólo puedo decir que adoro esta película, e intento verla cada año. Habrá mejores adaptaciones de Shakespeare, no lo dudo, pero muy pocas tienen un encanto tan arrebatador, están tan llenas de vida y de una alegría contagiosa como ésta. Se nota que el reparto se lo pasó en grande en la Toscana durante el rodaje, me encanta ver las actuaciones de Brian Blessed o Imelda Staunton, que a pesar de no tener prácticamente frases de diálogo, en cada una de las escenas en las que aparecen con su rostro transmiten un montón de emociones. Fabulosa pareja la de Benedicto y Beatriz, pionera de la guerra de sexos de Howard Hawks. Michael Keaton está genial; haciendo de Beetle juice, eso sí, pero soberbio y divertidísimo. En lo único en que no estoy de acuerdo es respecto a Denzel Washington, ya que su porte es auténticamente majestuoso. Si a eso le añadimos un baile de máscaras heredero del de Mr. Arkadin y que con ella me enamoré de Kenny, y hasta ahora, creo que ya está todo dicho.

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  2. Hombre, hombre... por fin, compa Josep, una reseña (extraordinaria, o sea, a tu nivel) de una peli que SÍ HE VISTO (el texto del que parte, eso sí, no lo he leído) y con la cual, además, comparto contigo admiración y deleite. Chispeante, ágil, divertida, grácil; en fin, un divertimento de primerísimo nivel, y una Emma Thompson que, cada vez que la veo en esta peli, me deja "tocaíto del tó"....

    Un fuerte abrazo.

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  3. En esta obra hay una frase de mis favoritas de todos los tiempos. La pronuncia Beatriz cuando le achacan su amor por la soltería: "tengo buena vista" -dice- "puedo ver una iglesia en pleno día". Impresionante. Y Michael Keaton está sublime.
    Como aragonés de pura cepa desmiento que en los Monegros, por mucho que dé el sol, los antiguos príncipes se parecieran en algo a D. Washington. Si acaso, se parecerían más a Keaton, pero más limpios...
    Veo en tu perfil, Josep, que compartimos muchos gustos. No será la última vez que nos leamos, espero.
    Saludos

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  4. Pues si, en esta ocasión estoy totalmente de acuerdo contigo. Es una verdadera gozada de película, habida cuenta que la pieza teatral del Bardo es igualmente deliciosa.
    Branagh estuvo en esta ocasión a la altura de las circunstancias y contó con un elenco, que mira por donde no sobra ni el Washington.
    La banda sonora me pareció vitalista y muy acorde con la trama, en especial al principio de la peli. Cada vez que la oigo gozo con ella.
    Ponga este Shakespeare en su vida y podrá experimentar algo muy parecido a la felicidad.
    Venga, un abrazote.

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  5. Querido Josep cualquier dia de estos voy a hacerle caso a Alicia y me voy a pasar unas jornadas felices con el Cisne de Avon....pero le tengo tanto respeto que no se si acertaría a preguntarle algo.
    Un beso de Hildy

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  6. Hola Josep, la verdad que este post es un dleite para todos aquellos que amamos a Shakespeare y más aún sus comedias. Me ha gustado mucho la forma con la que Kenneth traspasa el texto a la pantalla. Saludos!

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  7. No, Alicia: el que va con retraso soy yo...

    Coincido contigo en las ganas de revisar cada cuanto esa película: levanta el ánimo con su contagiosa alegría.

    Respecto al actor idóneo para Don Pedro, permíteme, querida, que te ponga en un brete:
    ¿No sería el porte de Liam Neesson y su estupenda dicción (entrenada también en Shakespeare) más adecuado?

    Yo siempre lo he pensado, desde que asistí al estreno..

    Saludos.

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  8. Hombre, Don Manuel: mi dicha es doble, al comprobar que coincidimos y que ya debes estar más relajadito... que trabajas demasiado, oye...

    Gracias por tus piropos, inmerecidos.

    A mí también me encanta Emma en esta película, dí que sí...

    Un abrazo.

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  9. Ante todo, 39escalones, gracias por la visita. A mí también me gustan mucho tus comentarios.

    Esa frase que mencionas siempre me hace sonreir y hay que reconocer que Emma la dice con mucha naturalidad, como quien no quiere la cosa.

    Me alegra que coincidamos en la apreciación del trabajo de Keaton.

    Y gracias por confirmar, con razón y derecho propio, que los aragoneses no son tan morenos... :-)

    Saludos.

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  10. Llevas toda la razón, Antonio, al enfatizar la banda sonora, muy adecuada a la época y a la temática: Patrick Doyle, casi que permanente colaborador de Branagh, da en el clavo y además, se luce como cantante (Baltasar) en la escena alrededor del estanque, en el jardín.

    Un abrazo.

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  11. Querida Hildy, si vas a emprender ese viaje no te faltarán compañeros, ya lo sabes.

    Y por preguntar, anda que no hay preguntas... si todavía están los expertos discutiendo significados en frases de doble sentido...

    Pero creo que hay dos hermanas que todavía están ahí esperando acabar una truncada e interesante conversación.

    (Es lo malo que tengo: demasiada memoria)

    ¡Muac! Saludos.

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  12. Creo, Budokan, que Kenneth ama a Shakespeare por encima de todo, y eso se trasluce en sus trabajos, que devienen en actos de amor cinematográficos, para suerte y deleite de los demás.

    Saludos.

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