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dimecres, 8 d’octubre de 2008

Perplejo



A veces uno acaba de ver una película y se queda como pasmado, dubitativo, perplejo, en definitiva, sin acabar de decidir si le ha gustado o no.

Por fortuna no suele ocurrirme a menudo; en esta última ocasión, he quedado en una especie de trance indeciso hasta el punto que empiezo este comentario sin saber muy bien como acabará: al final, ¿recomendaré la película o por el contrario entrará a formar parte del grupo de las que no me han gustado?

Es tal mi confusión que confío en mis amables lectores para que con su sabio consejo y reconocida cinefilia me saquen de dudas, porque esto en un sin vivir.

A lo mejor exagero, pero, sea como sea, la circunstancia tiene un origen, y es la última película dirigida por el ya veterano Mike Nichols que en su corta filmografía (22 títulos en 41 años no es para tirar cohetes y menos visto el arranque) ha conseguido entretenerme e interesarme en varias ocasiones. Su última película, basada en un libro de George Crile guionizado por Aaron Sorkin , nos relata la verdadera historia de La Guerra de Charlie Wilson (Charlie Wilson's War, 2007 ) y ya desde el título y la visión de la propaganda que le ha precedido uno se queda, como vulgarmente se dice, con la mosca detrás de la oreja.

Desde el primer minuto, cuando ya Nichols ha enfatizado que nos va a contar una historia verdadera (¡horror! ¡otro biopic!) la impresión que uno tiene es que vamos a asistir a una serie de alabanzas que caerán sobre la figura del protagonista, a quien, en un desangelado hangar situado quien sabe donde, se le hace entrega de una condecoración ante un público congregado compuesto por pertenecientes a los servicios clandestinos.

Acto seguido, en un largo flashback que ocupará todo el metraje, vemos al recién galardonado, años atrás, disfrutando de una sauna colectiva en pelota picada en lo que parece ser una rememoración de una bacanal, sustituido el vino por whiskey y la fruta por cocaína, interrumpiendo Charlie Wilson (Tom Hanks) la cháchara de sus desnudas amiguitas para escuchar en la tele como el famosísimo Dan Rather suelta una perorata desde Afganistán, quedando el bueno de Charlie asombrado por lo que dice el periodista.

Porque Charlie es un congresista que representa al Partido Demócrata por Texas y se da la circunstancia que pertenece a una comisión en la que puede decidir incrementar las partidas de fondos opacos o reservados para actuaciones no públicas. Pronto Charlie trabará conocimiento con un espía cabreado, un tal Gust Avrakotos (Philip Seymour Hoffman ), con el que, a instancias de la sexta mujer más rica de Texas, Joanne Herring (Julia Roberts ), emprenderá una cruzada personal dedicada a incrementar las ayudas de los USA a los muhaidines afganos, con el afán de derrotar a "los rusos" y conseguir "liberar" Afganistán de la guerra que padece.

La presentación de los personajes por parte de Nichols es buena, dotados de diálogos en ocasiones ocurrentes sin llegar, desde luego, a brillantes; el trío protagonista realiza un buen trabajo interpretativo, sobre todo Hoffman, aunque Hanks resiste muy bien los embates y la Roberts demuestra que la cuarentena le sienta bien. Las escenas más lucidas son las que muestran la creciente complicidad entre el espía y el congresista, empeñados ambos en conseguir de cualquier forma y condición entregar a los muhaidines el armamento necesario para derrotar a "los rusos".

Pero la factura de la cinta no pasa de ser bastante llana y acomodaticia, como insulso y maniqueo es el modo en que se nos presenta ese fragmento de la historia reciente sobradamente conocido. La figura de ese congresista mujeriego que se reconoce a sí mismo como poco conveniente para una comisión de ética personal, empeñado en favorecer a un pueblo tan alejado aún con la intención de derrotar al archienemigo "los rusos", impulsado por una supuesta patricia texana que se mueve en ámbitos de derecha extrema con ideas religiosas ultraconservadoras pero llevando una vida díscola y fácil, aparentando un interés filantrópico, no se sostiene.

Tengo para mí, después de haber leído (con mi pobre conocimiento del inglés, eso sí) diversos comentarios escritos desde la óptica estadounidense, que esta película se puede interpretar -subjetivamente, por supuesto- de formas muy distintas.

La levedad de la argumentación ofrecida por Nichols, esa especie de loanza a las actividades políticas bajo manto oscuro con fines dignos, se me antoja que tiene un revés nada halagüeño para la clase política estadounidense. Si nos quedamos en la forma y en la superficie, vemos un grupo de individuos, tanto estadounidenses como israelíes y egipcios, que, en virtud de las maniobras del congresista y su amigo espía, acabarán con la supremacía de "los rusos" en Afganistán.

Pero si miramos la película con ojo crítico y desconfiado acerca de la naturaleza supuestamente filantrópica de las relaciones exteriores de los USA, comprobamos cómo es posible que un ministro egipcio prefiera mirar a una curvilínea estadounidense bailarina de la danza del vientre mientras su ayudante confabula para vender armas requisadas en contrabando internacional, y caeremos en la cuenta que por en medio de todo esto tiene que haber algo del preciado petróleo que permite a la filantrópica Sra. Herring vivir como una reina.

No hace falta profundizar mucho en la forma en que se desarrollan las actividades políticas de USA en los países con la bendición-maldición del petróleo para entender que tan simple no puede ser la historia de ese congresista casi alcoholizado, texano, que, sin pertenecer a la primera fila de los de su género, sin ser lo que se denomina taurinamente un "primer espada" de la dialéctica parlamentaria, consigue una millonada de dólares para unos fines supuestamente benéficos con la segunda y nada soterrada intención de que "los rusos" pierdan esa guerra, ni que sea como "vendetta" por lo que pasó en Vietnam.

Se nos hurta de forma descarada en la película el supuesto arduo y extraordinario esfuerzo llevado a cabo por Charlie para convencer a sus colegas congresistas de lo adecuado que representa incrementar la disposición de fondos reservados; ese trabajo, que de ser cierto podría sustentar el reconocimiento que se le otorga al inicio de la película, al margen de sus verdaderas intenciones, queda ignoto. No estamos ante una película como Tempestad en Washington en la que se nos muestra el interior del Senado; el tratamiento que Nichols da a la historia es el de una comedia, dramática, sí, pero comedia al fin y al cabo, no sé bien si para dejar en evidencia el fondo real de los intereses materiales que desprecian las vidas humanas o para edulcorarlo con el objetivo que nos traguemos esa píldora envenenada y acabemos por dar las gracias a las filantrópicas actividades de los USA a través de la CIA y semejantes en países independientes.

Llevo un buen rato escribiendo y todavía no sé si la película es una muestra de fina ironía que deja al descubierto la forma en que los USA intervienen allende sus fronteras para sus propios intereses o si, por el contrario, es una comedia bien interpretada (mejor en v.o.s.e., como siempre) que trata inútilmente de convencernos de las bondades de una política exterior agresiva y poco respetuosa con cualquier clase de derecho internacional, una apología pro-estadounidense que resulta fallida a ojos de este sufrido comentarista, que está, realmente, perplejo.

¿Ustedes que opinan?


Trailer


11 comentaris :

  1. Pues a mí la peli, compa Josep, sí que me gustó, aunque también he de reconocer que no como para ponerla en mis particulares altares cinéfilos. Por otro lado, tanto Hanks como Hoffman hacen dos interpretaciones buenísimas, y lo único que me chirría una barbaridad es la dicotomía moral del personaje de Hanks; un vividor sin el más mínimo escrúpulo convertido en un salvador de las esencias patrias. ¿...? Que me lo expliquen...

    Un fuerte abrazo.

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  2. Jo! ¡Manuel! Me dejas como estaba.. :-)

    ¿Entonces me gusta un poquillo por su ironía o no me gusta nada porque la ironía está en mi mirada pero no en la autocomplaciente película?

    Sigo perplejo.... :-)

    Un abrazo.

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  3. Bones Josep,

    muy interesante tu comentario. A mí me pareció una película inteligente y, para responder a tu pregunta, copiaré una frase que he rescatado del comentario que hice sobre la película en cuestión en mi blog:

    "es pot ser tant o més crític a través de la ironia, el sarcasme i el cinisme com buscant el dramatisme i la llàgrima de l'espectador"

    Lo que no me acabó de gustar fue (lo siento compa Manuel) la actuación de Tom Hanks, le ví un pelín perdido, confundido con la mezcla de comedia y drama.

    Un saludo!

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  4. Muchas gracias, Marchelo, por el elogio.

    Pero tu frase me deja igualico que antes.

    Porque si bien es cierto lo que dices, también lo es que la ironía de esta película es tan, tan, tan leve, que no estoy muy seguro de si se desprende del espectador no estadounidense o del propio metraje.

    Respecto a Hanks, decir que gana mucho en v.o., pero mucho, mucho. Igual que Hoffman, claro...

    Salutacions.

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  5. No puedo opinar, porque no la he visto. Fue una de esas pelis que se quedaron sin ver un domingo, porque había otra opción más interesante.
    Mike Nichols es un director que se ha venido desinflando paulatinamente, pero claro, eso no es razón para rechazar la peli a priori. Naturalmente voy a verla en DVD, será la única forma de opinar con propiedad.
    Un abrazote.

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  6. Vaya, Antonio: ya veo que no podré salir de mis dudas hasta que la hayas visto, porque hasta ahora no he obtenido la rotundidad que busco... :-)

    Un abrazo.

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  7. Me gustó, aunque sin tirar cohetes (o "cuetes", que se dice por aquí...). Creo, o quiero creer, que es una afilada e irónica crítica a un modelo de política exterior, más si cabe a la luz de la reciente experiencia en Irak. Pero insisto, quiero creerlo.
    Saludos

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  8. Pues hay que dar un pie de confianza a las peliculas que tratan temas con cierta profunidad.

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  9. Es una película interesante, menos afilada e ingeniosa de lo que uno podría esperar de un guión de Aaron Sorkin, padre paridor de esa maravilla llamada "El ala oeste de la Casa Blanca". A mí me parece que sí es una crítica a una manera determinada (y muy americana) de hacer las cosas, pero es tan indulgente con Charlie Wilson que el sabor que te queda es que se queda corta; o, más bien, que el establishment yanqui está por encima de las buenas personas que intentan hacer lo correcto. Tom Hanks está bien, pero con los años, lo que quedará en la retina es ese Phillip Seymour Hoffman que va para muy grande. Saludos.

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  10. Ya veo, 39escalones, limpieza-casas y Marcbranches, que vosotros también venís a coincidir con la impresión recibida.

    Puede que respecto a los USA haya resultado un punto crítica, pero quizás vista desde este lado del Atlántico queda un pelín corta, porque todos coincidimos en que con la temática expuesta se podría haber apretado un poco más la soga crítica.

    Cierto que Hoffman se lleva sus escenas.

    Respecto a Hanks, ¿ha engordado un pelín o se ha metido botox en la cara? porque lo ví algo diferente...

    Saludos y gracias a todos por aclararme conceptos: ya veo que no soy el único en tener esa sensación.

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