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dimarts, 24 d’agost de 2021

Pasión por el western





Pertenezco por nacimiento a una generación afortunada en cuanto hace a la cinefilia: en mi adolescencia en España tan sólo había una televisión (con dos canales, eso sí, aunque uno de ellos no lo podía sintonizar todo el mundo) pero quizás porque lo que podríamos denominar la resistencia intelectual tenía sus tentáculos ocultos en el sistema, podíamos ver películas de muy buena factura y a pesar que sospechábamos algunos cortes debidos a la censura reinante, era tal el cúmulo de buenas películas a nuestro alcance que para el aficionado formarse en el gusto por el arte cinematográfico era sencillo: abundaban lo que llamaban "ciclos", dedicados tanto a directores como a estrellas del cine e incluso a cinematografías concretas de otros países, normalmente europeos. Esos ciclos, no siempre oficiales, fueron si duda alimento de cinéfagos autodidactas.

Además, somos quizás la última generación que ha asistido a estrenos de Billy Wilder, William Wyler o Alfred Hitchcock, todos ellos en cines de verdad, con pantalla grande. Para algunos afortunados, como el que firma, pantalla muy grande cada domingo.

Toda esta "batallita" no obedece a ganas de darme pisto pero sí como referencia ineludible para enfocar como se debe la película que en 1968 estrenó Sergio Leone: Hasta que llegó su hora.

Ya sabemos todos que Leone en 1968 era el famoso y exitoso director de una trilogía muy especial y característica de una forma de contemplar el western, a saber, Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), tres películas que además sirvieron a Clint Eastwood para saltar a primera fila de popularidad.

El éxito comercial de la trilogía despertó como es lógico el interés de los productores de Hollywood y Leone estaba esperando la oportunidad porque quería llevar adelante un proyecto añejo que sin embargo no estaba relacionado con el western.

Hollywood le prometió facilidades, pero primero tenía que filmar un western de éxito como presentación firme en la industria hollywoodiense.

Leone, que después de una larga carrera aprendiendo y practicando cine se inició como director con un peplum y luego triunfó con las citadas, no tuvo que ser forzado para dirigir un western con un presupuesto que jamás había tenido a su alcance: su cinefilia y su amor por el western se nos harán patentes a cada minuto en esta película que recoge sus mejores hallazgos hasta el momento y los supera con abundancia, incluso con exceso, pero ésa es una particularidad en la que detenernos luego.

Los que tuvimos la suerte de ver esta película en estreno (aunque fuese un poco más tarde de la fecha oficial en el magnífico cine Capri que todavía existe y funciona) íbamos a "ver una de Leone" que sabíamos era el director de la trilogía y habíamos visto en la tele muchos (por no decir todos) westerns de la época clásica y habíamos visto muchas veces a Woody Stroode y Jack Elam, éste muy en boga a finales de los sesenta.

Leone empieza la película mostrándonos la llegada a una desvencijada estación de tren: Woody, Jack y un amiguete suyo entran por separado y enseguida vemos que son facinerosos por su amenazante silencio y actitud.

Van a ser los malos de la película, te dices, entusiasmado, que ya los conoces.

Y va a ser que no, porque aparece otro tipo duro, Charles Bronson, tocando una armónica y sin apenas mediar tres párrafos va y se los carga. A los tres. Pero cae por un disparo que, antes de morir, le propina Woody Strode.

Y hasta ese momento han pasado más de diez minutos. Y te embarga una sensación muy rara, porque te ha pillado desprevenido de una parte el barroquismo exacerbado de la caligrafía cinematográfica de Sergio Leone que en diez minutos ha usado prácticamente todos los planos imaginables y toda esa riqueza visual iba encaminada a dejarte desconcertado porque los malos han muerto apenas empezada la película.

Pasan cincuenta años (y muchas películas) y te percatas que Leone desde el primer momento está poniendo las cartas encima de la mesa, casi todas boca arriba: le han impuesto rodar un western, le han dado amplio presupuesto y quiere dar un revolcón y un homenaje, no en vano es un apasionado del western: la elección de los intérpretes no tiene nada de azarosa ni casual: Jack Elam es un malvado de los westerns habituales de los sesenta y Woody Strode es un tótem ligado de por vida a John Ford por El sargento negro (que vimos aquí) y El hombre que mató a Liberty Valance (que también vimos aquí) y ambos mueren a la primera de cambio, con el detalle que Woody, antes de morir, le pega un tiro al contrincante: Leone no es capaz de dejar morir al héroe fordiano sin más.

Ya luego se resarcirá consiguiendo rumores en la platea, inquieta al comprobar que el villano de la película, un malvado odioso a más no poder que se nos presenta asesinando a sangre fría un crío, es nada más y nada menos que ¡Henry Fonda! (¿pero cómo?¿Henry Fonda es el malo de esta película?¿qué coño ha hecho esta vez Leone?¿cómo va a acabar esto?)

Leone juega con el cinéfilo y le agita el alma y revuelve el asiento y te deja indefenso y a su merced. y lentamente, muy lentamente, va explicando su historia con más planos de los que hasta entonces habías creído llegarías a ver en una película del oeste. La forma de rodar de Leone es deudora de muchas fuentes, tanto del cine de Kurosawa como del de Ford, pero lo asimila, digiere y regurgita todo siguiendo unos modismos que quizás hayan quedado obsoletos por su adhesión a las tecnologías pero no por ello faltos de eficacia.

No es una película: es un memorándum que discurre tranquilamente siguiendo los compases del genial Ennio Morricone, que compone a requerimientos de Leone sin que la película esté rodada y Leone siente la música cuando rueda, según manifestó posteriormente: la música le inspiraba tanto o más que un guión escrito nada menos que por el propio Leone, Sergio Donati, Dario Argento y Bernardo Bertolucci.

Un guión muy bien estructurado que mantiene varias líneas de interés y motivación de los personajes, en absoluto planos, todos ellos provistos de bagaje personal y cuya causa particular se nos irá proporcionando hasta cerrar cada uno con lógica: un guión más serio de lo que parece a simple vista: no tanto como los dos filmes fordianos citados, pero desde luego con la solvencia esperable en una película trabajada muy a fondo por un Sergio Leone consciente que tenía una oportunidad para filmar a su antojo y con medios y no iba a desaprovecharla con un mero trámite.

Es la primera ocasión en que Leone otorga una particular importancia a un personaje femenino y confía en la bellísima Claudia Cardinale para incorporar a Jill McBain, la mujer que se traslada de una ciudad populosa y moderna como Nueva Orleans a un lugar en el desierto para iniciar una nueva vida con un irlandés soñador con una hija y dos hijos, una nueva familia para ella, que asegura contrajo matrimonio con McBain en la ciudad: y éste ya no está entre los vivos para contradecirla, así que se queda como dueña de un terreno desértico que algo tendrá. Esta mujer tiene una historia en sí misma por sus antecedentes prenupciales que de alguna forma le ayudan a afrontar dificultades y lo vemos en diferentes situaciones que Leone nos presenta como partes de un todo; su presencia es casi constante, no en vano viene a ser motor de buena parte de la acción.

Luego están la venganza, la reacción y la ambición que conforman los caracteres del citado Bronson, de un muy eficaz Jason Robards y de Gabrielle Ferzetti, todos ellos ligados de una forma u otra con el despiadado Frank representado por Henry Fonda.

Esos caracteres masculinos están muy bien descritos psicológicamente en un guión que les ofrece a todos ellos escenas de lucimiento y en ocasiones frases oportunas como:"No le he ayudado. Sólo he impedido que lo mataran" y el acertadísimo montaje de Nino Baragli junto con los cientos de primeros planos a que les somete Leone de la mano de su cámara Tonino Delli Colli permiten que el respetable vaya entendiendo las relaciones entre todos ellos y el porqué actúan y de ese modo, casi también el porqué acaban como acaban.

Leone abunda en todos los aspectos: el barroquismo de su cámara, el tempo quieto más que pausado y el uso de cualquier efecto sonoro (esas chicharras que callan...) así como los paralelismos (los cazadores,cazados, el agua deseada, impresentable en el momento de la muerte, el mordisco final que cierra el bucle) visuales en un primer visionado pueden abrumar un poco por el exceso de información recibida, pero lo cierto es que aún habiéndola vistas en varias ocasiones, uno nunca tiene el valor de parar la reproducción porque de alguna manera consigue enganchar: todos esos planos detalle, esos zooms, esos picados y contrapicados exuberantes, esa cámara que siempre está donde tiene significado le tiene a uno presa su atención y aunque ya sabes lo que va a ocurrir, sigues el curso ordenado por un Leone en estado de gracia que consigue emocionar porque danza en el aire de la pantalla siguiendo el compás de Morricone y hay una expresión que conoces, que sientes y te das cuenta que el puñetero Leone ha cuidado todos los detalles al máximo, incluyendo, claro, la forma de morir y su planificación.

Es de esas películas en las que se percibe que el director, pese a las maldades que luego suelen suceder con los montajes, ha escrito con su caligrafía cinematográfica unas bellas páginas que, pasado medio siglo, siguen sorprendiendo y hechizando. Que no es poco.



p.d.:

Si no han visto la película, véanla sin falta y, sobre todo, en pantalla lo más grande posible y en v.o.s.e.

Y no miren ningún tráiler, que son unos malditos soplones.

Para los que ya la hayan disfrutado, un vídeo:

¿porqué y cómo Henry Fonda?







8 comentaris :

  1. Unos suertudos, los veteranos, por haber podido ver estas en su momento y como es debido. En cuanto al contenido, excelente síntesis, de esas de las que yo no soy capaz y me impiden escribir sobre según qué títulos, de una película que es pura historia del western. Compendio de todo lo anterior, registro notarial de los cambios que se están produciendo, y testimonio de lo que viene. Uno de esos puntos de inflexión, una bisagra con nombres y apellidos, que es también el lastre de Leone. ¿Por qué este hombre se considera "menor" frente a otros directores italianos contemporáneos, más o menos neorrealistas, más o menos artistas? Porque su cine no es regional, extricta ni explícitamente italiano. Para mí, en cambio, eso lo hace, sin embargo, tanto o más grande. Un abrazo.

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    1. Alguna ventaja ha de tener cargar con más años, amigo Alfredo y la particularidad es que asistimos en aquella época a funciones cinematográficas que luego han devenido en verdaderos clásicos y que, además, como bien dices, ocurren en una época de tránsito conceptual y artístico.
      Ante una pieza semejante, vivida y recordada durante décadas gracias al imponente cartel que tenía en mi lugar de estudio y repasada ulteriormente en pantalla más pequeña, me pareció que relatar más o menos el sentimiento que provocó en su estreno más lo que la veteranía te lleva a percibir años más tarde era una buena forma de presentarla, porque para hincarle el diente en detalle el resultado excedería el recomendable en estos lugares que estamos.
      Un abrazo.

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  2. Hola.
    Casualidad me revisé hace un mes o dos la trilogía del dólar y esta de paso...
    Y bueno.. sigo pensando lo mismo que hace la tira de años cuando las vi. Se dejan ver. Vale. Pero ni las disfruto la mitad de lo que puedo disfrutar westerns de Ford, Mann, Walsh, Daves, Hawks,Wellman... y también las de Eastwood.
    A mí me parece barroco, recargado y leeeeeeeeento. La elección de Fonda está bien para hacer de villano, pero me convence mucho más la de David Lean con Robert Mitchum en La hija de Ryan. Esa sí que me gustó.
    Y no sé...reconozco que igual les tengo un poco de manía porque encuentro en demasiadas listas esta peli y la trilogía de Leone como los mejores westerns por encima de películas de los directores antes mencionados. Va para gustos y da lo mismo. Pero en mi caso... no lo voy a considerar menor frente a otros directores italianos como apunta Alfredo...pero ante los que he mencionado arriba... Su caligrafía me parece de letra gótica (bonita en apariencia, pero cansa al final su lectrua)... me gusta más la letra sencilla de los directores clásicos.
    PD1: Y jopé, la primera del dólar está bien, pero Yojimbo le pega unas cuantas vueltas.

    PD2:El vídeo de la elección de Fonda está muy bien.

    Saludito.

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    1. Hola, David: Para mí esta película supera a la trilogía previa en todo, empezando en el reparto, la creación de los personajes, la trama y la intensidad; la lentitud decididamente buscada podría ser un hándicap, pero la verdad es que consigue atraparme y hacerme que me olvide de la morosidad del ritmo que choca con la acción que se nos presenta.

      Eso es lo que hace de esta película un ejemplo de forma de narrar que mezcla la parsimonia con el vigor de las imágenes y consigue captar la atención del espectador. Fíjate que, contra mi costumbre, no menciono el metraje, en parte porque según la versión con la que te topes será diferente y también porque me dejo llevar por una imaginería leónica que suspende el tiempo y lo ancla a una música que le va como anillo al dedo.

      Hay películas que son así, tú lo sabes bien, porque has visto los espejos en los que se mira Leone para escribir con esos modos visuales: decir que las fuentes son superiores es entrar en un debate que rehuyo porque, además, cada película es deudora también del momento en que se presenta al público.

      Leone tiene unos modos que en parte han quedado olvidados: esos zoom suyos marcan la época de finales de los sesenta como lo hacen también esas vistas panorámicas incluso en los planos detalle: entonces el cine luchaba contra la caja tonta y ahora se ha rendido a ella.

      Pero Leone, en esta película, vierte todo lo que sabe en una imaginería que por un lado cierra una época y por otro mira a un futuro que, probablemente, no ha llegado a producirse como lo creía el autor.

      Un abrazo.

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  3. Creo que es más bien una progresión. Esta supera a las de la trilogía, pero esas se iban superando a cada película (partiendo de que ni las considero ni obras maestras ni comparto toda la leyenda-mito que las acompaña; mis mitos del western son otros...y aunque comparten a Eastwood, no es en las de Leone).
    Los zooms, esas imágenes congeladas cuando matan a la familia, si no recuerdo mal...
    "un debate que rehuyo"... Sí, claro. Porque como ibas a tener que asentir dándome la razón JAJAJA.. Igual tendría que haberlo planteado de otra forma.
    "Leone es el más grande. Donde esté Sergio, que se quite Ford, Mann y hasta WYLER"...¿A que ese debate no lo ibas a rehuir? Jajaja

    Abrazo de vuelta.

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    1. David: ¿ya te han dicho antes que eres un puñetero?
      Ya sabes que en esto del arte (y el cine lo es sin duda) la cuestión de las competencias no acaba de funcionar porque en medio están los gustos, siempre subjetivos, por suerte y además, variables: un dia prefieres uno y otro dia prefieres otro: la fidelidad la dejo para los fans irredentos: prefiero ser ecléctico y disfrutar mucho.
      En todo caso, esta película marca un punto de inflexión que duró bastante.
      Un abrazo.

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  4. La vi un par y medio de veces, pero siempre en malos formatos (dvd, TV por cable). La última vez la vi en una tele vieja.
    Creo que es un peliculón que merecería ver en una pantalla grande con buen sonido.

    Me encantó el video. Hay mucho para analizar ahí

    Abrazos

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    1. Sí Frodo: esta película merece una buena pantalla y un buen sistema de sonido, para disfrutarla a tope.
      Un abrazo.

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