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dilluns, 29 març de 2010

Mucho más que una comedia negra




La curiosidad que en el cinéfilo despierta una buena película puede llevarle a vericuetos a priori impensables que consiguen elevar la grandeza de una obra hasta límites insospechados, ofreciendo nuevas lecturas y significados que complementan al alza lo que acabamos de ver en la pantalla.

Alfred Lord Tennyson resulta ser el primer escritor más citado después del genial Shakespeare según asegura la wikipedia y para este cinéfilo comentarista aficionado ya tiene su lugar como origen de dos películas muy estimables: la primera, rodada en 1936, resulta ser todavía ejemplo de la épica de la contienda de manos de Michael Curtiz: su extenso poema La Carga de la Caballería Ligera, que ya se citó aquí, fue en su momento aprovechado por otro gran escritor. Rudyard Kipling.

Tennyson escribió en 1842 un libro de poemas, The Lady of Shalott and Other Poems; uno de esos poemas es el que tituló Lady Clara Vere de Vere que puede leerse entero aquí Se trata de un poema dotado de referencias a la nobleza, del cual interesa llamar la a
tención sobre una estrofa:

Trust me, Clara Vere de Vere,
From yon blue heavens above us bent
The gardener Adam and his wife
Smile at the claims of long descent.
Howe’er it be, it seems to me,
’Tis only noble to be good.
Kind hearts are more than coronets,
And simple faith than Norman blood.

La influencia de Tennyson en la literatura británica alcanza mucho más allá de Kipling: incluso el enorme talento de Lewis Carroll (otro autor de contrastada importancia cinematográfica) aprovechó las ideas de Tennyson al punto de inspirarse directamente al escribir el siguiente poema :

Echoes

Lady Clara Vere de Vere
Was eight years old, she said:
Every ringlet, lightly shaken, ran itself in golden thread.

She took her little porringer:
Of me she shall not win renown:
For the baseness of its nature shall have strength to drag her
down.

"Sisters and brothers, little Maid?
There stands the Inspector at thy door:
Like a dog, he hunts for boys who know not two and two are four."

"Kind words are more than coronets,"
She said, and wondering looked at me:
"It is the dead unhappy night, and I must hurry home to tea."

Ambos poemas pertenecen a la literatura británica del siglo XIX y seguro que podían hallarse en los libros de texto semejantes a las Antologías de Literatura que yo mismo leía con fruición a los trece años cursando cuarto de bachillerato y reválida en la que los comentarios de texto eran obligados, por suerte para mí.

Estos textos pertenecientes a una época en la que la sociedad británica todavía mantenía una clarísima diferenciación de clases ya albergaban en un lenguaje esmerado una cierta crítica a una situación bastante alejada de una justicia humanista en la que cada uno vale lo que vale por sí y no por sus ancestros.

Bastantes años más tarde, a principios del siglo XX, apareció publicada la novela Israel Rank: The Autobiography of a Criminal (1907) en la que su autor, Roy Horniman, relataba la vida y obras de un criminal confeso, medio judío medio italiano, que había dado el pasaporte a la otra vida a un buen grup
o de personas en ansia de cumplimiento de una venganza.

En la Gran Bretaña de mediados del siglo XX hubo una compañía productora de gran éxito crítico y comercial: la Ealing Studios que inició sus actividades en 1913 y que todavía sigue en la brecha, alcanzó notoriedad por sus películas de cuidada ambientación descollando en la comedia cuidadosa de contenidos siempre sujeta a la máxima de no molestar a nadie y divertir al respetable con buenos productos sin alejarse de la usualmente flemática ironía británica.

En 1949, apenas terminada la segunda contienda mundial, la Ealing tenía previstos nada más y nada menos que seis rodajes y sus estudios no daban abasto: su productor, Michael Balcon no tuvo reparo en solicitar auxilio al también productor británico J. Arthur Rank y permitir que el rodaje de una de esas películas se realizara en parte en los estudios Pinewood, dando como resultado que el control del productor se relajara un poco, permitiendo al director Robert Hamer trabajar con bastante libertad sobre un guión pergeñado por él mismo conjuntamente con John Dighton, teóricamente siguiendo la estructura de la novela citada de Horniman, Israel Rank.

Robert Hamer, hijo de un actor galés, había cursado sus estudios en la Universidad de Cambridge donde publicó algunos poemas; muy joven se interesó por el cine, naciente arte, y trabajó como monta
dor para Alfred Hitchcock en Jamaica Inn (1939) y seis años más tarde se estrenó como director en la Ealing Studios: así pues, no era ningún advenedizo falto de cultura cuando en 1949 emprendió el rodaje de una película que tituló Kind Hearts and Coronets, muy mal titulada en castellano como Ocho Sentencias de Muerte.

Porque aunque el título resulta de casi imposible traducción para quienes desconozcan la información previa, los franceses, con Noblesse oblige, se acercaron mucho más a la esencia de la trama.

Nos hallamos ante una película que superficialmente se puede considerar como típica comedia negra: un joven, Louis Mazzini, es hijo del matrimonio formado por una dama perteneciente a la noble familia D'Ascoynes que se unió con un tenor italiano oponiéndose al gusto y voluntad de su familia y especialmente al jefe de la misma, el Duque de Chalfont; los D'Ascoynes repudian a la joven y la tratarán como ajena a la familia, negándole auxilio al quedar viuda el mismo día en que nace Louis; luego le negarán ayuda para conseguir una buena educación a su vástago, que no podrá acceder a la Universidad, empleándose como dependiente de corsetería y, al fin, negarán a Louis el deseo de su madre de ser enterrada en el panteón familiar de los D'Ascoynes.

Louis, que sabe que el ducado puede transmitirse excepcionalmente por vía materna -gracias a los favores de la primera duquesa para con el monarca- decide intervenir por sí mismo al objeto de abreviar la despedida terrenal de quienes le preceden en la línea sucesoria del ducado. Ocho, en total.

Pero bajo esa aparente comedia negra que nos presentará una serie de acciones del joven Louis, Robert Hamer incide en cuestiones mucho más profundas valiéndose de un lenguaje muy cuidado al estilo del gran Oscar Wilde: unas frases y diálogos escritos por Hamer guardando las apariencias y manteniendo supuestamente un educado alejamiento de los sentimientos personales, no dejan títere con cabeza atacando la raíz de una sociedad británica en la época de esplendor bajo el reinado de Eduardo, esas primeras décadas del siglo XX en las que la clase noble dominaba de forma insultante al resto de los mortales; siguiendo el camino iniciado por Wilde, las formas ocultan intenciones aviesas y el bagaje cultural es preciso para disfrutar al máximo las peripecias del joven asesino Louis que imbuido por la forma presenta un alejamiento sincero y frío de los atroces actos que comete con el único fin de alcanzar aquello que le fue negado a su madre.

La representación de un asesino completamente amoral en aquellos años de la posguerra (recordemos, 1949) y sus educadísimos modos, configuran la presencia de un individuo que consigue empatizar con el espectador: no es ni mucho menos un asesino repugnante: muy al contrario, despierta simpatía y sus actividades criminales se observan con una cierta complicidad deseando el éxito en la empresa. A ello no es ajena la excelente interpretación de Dennis Price en su mejor trabajo, actor que luego fue declinando imparable hasta convertirse en un asiduo de subproductos de terror que le condujeron hasta acabar en manos de Jesús Franco, el rey español de
las versiones draculinianas.

Louis Mazzini resulta
pues ser un apuesto asesino pero no contento con ello, Robert Hamer dispone además que nuestro protagonista sea también un amante adúltero: su amor por la joven Sibella (Joan Greenwood) permanecerá por encima del matrimonio de ésta con un estúpido, haragán y aburrido Lionel (John Penrose) que será cornudo y apaleado desde antes incluso de contraer matrimonio con Sibella. Esta relación amorosa, este adulterio, es provocado por el enamoramiento de Louis y la decisión inequívoca de Sibella que claramente se casará con Lionel por su dinero.

Cuentan que cuando Michael Balcon, el productor de la Ealing se dio cuenta de la historia amorosa, entró en pánico escandalizado: nunca antes la Ealing, productora de películas para toda la familia, había osado entrar en tales materias de la forma en que Hamer había dispuesto: pero buena parte del rodaje estaba finalizado y no hubo forma de convencer a Hamer que modificara nada. Porque Hamer introduce una nada amable disección de la volatilidad del amor matrimonial: apenas recién casada, Sibella se entrega a los deseosos brazos de Louis, siempre mediante elegantes elipsis cinematográficas pero explícitos -aunque distinguidos y eufemísticos- diálogos con una carga erótica infrecuente en la época.

Más aun cuando Louis ha decidido que, hallándose Sibella desafortunadamente casada con el tontorrón de Lionel, deberá cortejar a la viuda de una de sus víctimas para al
canzar con más facilidad su destino de Duque de Chalfont: precisamente, Edith (Valerie Hobson), apuntando a la familia de su marido, los D'Ascoynes, será quien, hablando con Louis, deja caer la célebre frase del poema de Alfred Lord Tennyson:

"Kind hearts are more than coronets"

En conjunto, las referencias literarias de la película exceden lo acostumbrado en una comedia negra: de hecho, Hamer no busca siquiera la sonrisa y se cuida mucho que las acciones criminales se den por entendidas sin ofrecerlas directamente al espectador evitando caer en sensacionalismo fácil: del mismo modo que no vemos pero sabemos que hay sexo adúltero, tampoco vemos sangre en ninguno de los varios muertos que deberán su traspaso a las hábiles maniobras de Louis. Hamer apunta claramente al poema de Tennyson cuando otorga a la primera víctima de la codicia mortal de Louis, uno de sus primos lejanos, el nombre de Lord Ascoyne de D'Ascoynes: un petimetre orgulloso de su condición que con su despectiva conducta será el detonante de la decisión adoptada y meditada por Louis durante largo tiempo.

Hamer aprovecha cada circunstancia para dar un repaso a las características de los personajes que retrata con acidez: así, el joven Louis se presenta ataviado como rico ante su víctima y comprueba ser cierto que su pariente, próximo a desparecer por su mano, ni siquiera le recuerda: en la voz en off que nos acompaña durante todo el relato (un largo flashback temporal) Louis asegura no extrañarle, pues para los petimetres como su primo
Lord Ascoyne los dependientes de lencería no tienen vida más allá que detrás del mostrador donde trabajan.

Los dardos de Hamer se dirigen pues de forma consistente contra estamentos principales de la sociedad que observa: más tarde, cuando el Duque de Chalfont decide someterse a la resolución dictada por sus pares, es decir, en la Cámara de los Lores, comprobaremos cómo de ciega puede llegar a ser la justicia turbada su visión por el prejuicio contra un recién incorporado al grupo; la amoralidad de las conductas de Louis y Sibella es patente en todo momento revistiendo una complejidad de sentimientos que abarcan desde la lujuria, el deseo, la codicia y la venganza, dominando por encima de todos una ambigüedad egocéntrica propia de criminales avezados a salir con la suya y sin embargo resultarán simpáticos por la amabilidad y pulcritud de sus expresiones dando una vuelta de tuerca al afamado lenguaje de las clases cultas al modo de Wilde usando bellas palabras para conseguir significados horrendos.

Los diferentes componentes de la familia D'Ascoynes, obstáculos para Louis, son presentados desde una ácida caricatura hasta la más necia obstinación por el deber mal entendido y el desprecio a sentimientos naturales como el amor matrimonial por el uso específico de una hembra medio idiota pero de fertilidad familiarmente contrastada con el único
fin de procrear nuevos componentes del clan familiar, observados todos ellos con desprecio por Louis que se reconforta advirtiendo los defectos de sus parientes como un añadido al goce de exterminarlos, una buena causa a la humanidad.

Robert Hamer realiza sobre su excelente guión un trabajo cinematográfico ajustado sin llegar a notable, pero cuida mucho el ritmo ligero de la narración y con apenas algo más de hora y media sabe contarnos la historia del joven Louis y sus allegados mientras da pinceladas sobre la sociedad eduardiana, valiéndose de una muy buena fotografía en blanco y negro obra de Douglas Slocombe que ilumina muy bien interiores y exteriores y cuenta con un buen montaje, ágil y eficiente, fruto del trabajo en la moviola de Peter Tanner; como es habitual en el cine británico, la dirección artística es adecuadísima al recrear la época eduardiana y William Kellner acierta de pleno como director artístico: el ambiente de primeros del siglo XX es perfecto y convincente, pese al escaso presupuesto del conjunto.

En mi opinión esta película tiene en uno de sus aspectos más llamativos su peor enemigo: en su cuarta película y contando ya con treinta y cinco años, el entonces casi desconocido actor Alec Guinness se encarga de robar la función en muchísimas escenas al incorporar a todos los varones (y una dama) de la familia D'Ascoynes y permanece en la memoria del cinéfilo esta película como aquella donde Alec Guinness representa ocho personajes, cuando en realidad son diez, ensombreciendo el resto de valores que reúne la película, entre ellos la buenísima actuación de Dennis Price (que representa dos caracteres) y Joan Greenwood amén de la calidad del guión que en una visión superficial puede pasar desapercibido. Ciertamente, Alec Guinness realiza un trabajo excepcional, pero, queridos lectores, la condición de imperdible de esta pequeña joya de la cinematografía británica del siglo pasado va mucho más allá que el placer que proporciona ese alarde interpretativo jamás igualado.

Todo un alarde que a punto estuvo de sufrir un refrito en este siglo que vivimos, ya que a principios de este siglo se habló con insistencia de un proyecto en el que los inefables Will Smith y Robin Williams iban a demostrar una vez más la escasa inventiva y enorme temeridad de la industria del cine actual.





17 comentaris:

  1. Pido disculpas a quien haya entrado a primera hora, pero los señores de timofónica me han dejado sin conexión y hasta ahora no he podido publicar esta entrada.

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  2. Qué post! Y yo sin haber visto todavía esta película (una de tantas que tengo por ahí esperando). Conocía la historia por una vieja enciclopedia de cine, pero no la contaban ni tan bien, ni recurriendo a las fuentes tal y como tú haces en este estupendo post. ¿Y vas a seguir diciendo que los comentarios son lo mejor del blog? ¿Noblesse oblige (je,je)?
    Un saludo.

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  3. Genial entrada, Josep. Muchas gracias.

    Cuando la vi me pareció una comedia con muy mala leche. Cargada de un humor de ese que pincha bien. Sin duda, una gran película.

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  4. Como dice David tengo referencias, muchas, de esta película pero no recuerdo haberla visto. Eso si, me detengo en el excelente primer cartel, me encanta. ¿Has pensado? o quizás ya hayas hecho, ¿una sección de carteles?.

    Una abraçada

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  5. Si la tienes a disposición, David, puedo recomendártela sin miedo: seguro que la disfrutas.

    Me acordaba de tí cuando copiaba esos textos en inglés ya que mi conocimiento es paupérrimo. Lo cierto es que me obsesioné en buscar el significado al título original y de ahí partió el cambio de planteamiento que tenía previsto para la entrada, al comprobar una riqueza de contenido que sospechaba pero que se confirmó con la pequeña investigación.

    Los comentarios son lo mejor, porque sin ellos quizás me hubiera cansado de escribir para nadie: siempre es un buen feedback que alimenta las ganas de proseguir y mejorar...

    Saludos.

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  6. Me alegra que te haya gustado la entrada, Supercinexin, sabiendo que ya conocías la película.

    Sí que tiene mala leche, sí: más de la que aparenta a simple vista. Yo la ví en la tele hace años y ahora me ha encantado repasarla.

    Saludos.

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  7. Puede que la vieras como yo en la tele hace tiempo, Alma.

    Lo de los carteles, ya está en marcha: en la barra inferior, a la izquierda de "juegos", si clickas, aparee una ventana con una colección que voy incrementando poco a poco y sirve además de enlace a los correspondientes comentarios.

    Además, también hay varios en la barra lateral, en Arxiu Gràfic.

    Una abraçada.

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  8. Me he deleitado, en el más amplio sentido de la palabra, con esta entrada. No es un decir, ha sido un verdadero placer de esos que llevas a cabo lentamente para que tarde más en acabarse.
    Creo que ví la película y si pudiera la volvería a ver, quizás incluso la busque.

    Gracias, josep.

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  9. Josep, lo de los comentarios está muy bien, es cierto.
    Pero cuando te curras un post tan bueno y desarrollado como éste, no hay comentario que lo supere (en mi opinión).
    Y sí. Hay blogs en los que disfrutas muchísimos con los comentarios del personal, pero en otras ocasiones, aunque los comentarios no sean muy buenos, tal vez incluso desagradables o (que no sé si es peor) ni existan, si el post es bueno o genial, pues eso ahí queda.

    A mí me ha encantado todo el asunto que hace referencia al título original, la traducción al castellano, la del francés... y si encima dices que en parte te lo he provocado yo (joder! sorprendido (y contento) me quedo )
    No la tengo. Es una de esas que tenía ganas de ver desde hace años (no con la intensidad de otras que tampoco he visto todavía)... Tu post ha incrementado el deseo de verla.
    Un saludo.

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  10. No seas tan duro con Alec Guinness, Josep, que demostró perfectamente lo que era un camaleón cinematográfico (y no sólo en esta película). No sabía lo de Robin Williams y Will Smith ¿va en serio?

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  11. Gracias a tí, Susy, por tus amables palabras: seguro que un repasito, aun habiéndola visto, te alegrará el ánimo y sí: creo que vale la pena buscarla y disfrutarla de nuevo, quizá con nuevas perspectivas.

    Besos.

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  12. Siempre es agradable, David, comprobar por medio de los comentarios que a uno le ha leído alguien; si además uno siente que ha conseguido su objetivo, miel sobre hojuelas.

    No dejes de verla, porque seguro que te va a gustar. Y si, vista, decides traducir esos poemas, favor que harás a todos en general, y a mí en particular.

    Saludos.

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  13. No seas mala conmigo, querida Alicia: el apunte hacia Alec no es malévolo en absoluto: pero estarás conmigo en que recordar esta película sólo por su alarde interpretativo, no es hacerle justicia.

    Lo de Will Smith y Robin Williams (éste deseando emular a Guinness) es tan cierto como pueda serlo la información en imdb, pero me parece recordar haber leído algo al respecto (y llevarme las manos a la cabeza, claro). si es que se atreven con todo, Alicia... ¡Ay!

    Saludos.

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  14. Magnífica entrada, sí. Recital de Alec Guiness, uno de mis preferidos de siempre.
    Saludos.

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  15. Muchas gracias, Alfredo. No deja de ser curioso que Alec estaba como quien dice empezando (a los 35 tacos, ya ves) y el buen ojo de Hamer aprovechó su gran caudal interpretativo.

    Saludos.

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  16. Tenias razón en señalarme esta entrada. Encabezarla con Lord Tennyson tiene un mérito añadido, por otra parte un referente cinematográfico con su "Carga de la Caballería Ligera", y el de ese otro escritor, el Reverendo Charles Lutwidg Dodgson, que por suerte o por desgracia está de actualidad por obra y gracia de Burton.

    Cómo no adiviné de quién se trataba tu personaje?....Y más con el cariño que le tengo a esa peli, que honestamente no visioné en tu última pista.....En fin ¡no tengo perdón!...pero de ahora en adelante voy a esperar a la solución de tus enigmas para gozar del post, que es lo que realmente me interesa.

    Creo Josep, que has puesto el listón muy alto...y eso ocupa cantidad de tiempo, pero los amigos lo agradecen en cantidad.

    Un abrazote.

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  17. Estaba segurísimo, Antonio, que te iban a gustar esos poemas que he copiado.

    El examen, ahora a toro pasado, lo hice con muy mala idea, aprovechando que todos recordamos la película por la intervención del superlativo Alec Guinness, de modo que lo obvié por completo: tampoco hay que darlo todo hecho, ¿no te parece?

    Me alegra mucho que te haya gustado la entradilla.

    Un abrazo.

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