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divendres, 16 d’abril de 2010

Con la cara limpia





Empezaremos, con muy mala educación, con una pregunta:

¿Cuántas actrices conocen los amables lectores que en la actualidad se atrevan a rodar una película entera sin maquillaje alguno? Quiero decir con la cara limpia, sin aditamentos, al natural, ni siquiera artificialmente afeadas por un maquillaje a tal fin destinado.

¿Cuántas?

Tomar esa decisión cuando a una la están conociendo en algún país como "La Divina", "El Rostro" o "La Esfinge Sueca", cuando una está ya meditando en plena juventud una retirada a tiempo que abra de par en par la puerta del olimpo cinematográfico, cuando a una se la rifan los productores y la tientan con ofertas millonarias, tomar esa decisión, únicamente está - de hecho estaba- al alcance de Greta Lovisa Gustafsson, aquella chica nacida en el frío nórdico que con tan sólo treinta y dos películas alcanzó un lugar de privilegio en una época muy determinada del cine marcando con su magnética presencia todas sus películas para dejarlo todo, recluyéndose casi, hasta fallecer hace veinte años, el 15 de abril de 1990.


Esto es lo que hizo la bellísima actriz conocida como Greta Garbo cuyo rostro puede todavía verse retratado en multitud de páginas en internet: un rostro enigmático paradigma de la comunicación, capaz de asombrar, enamorar, encandilar desde la gran pantalla, iluminando la sala de butacas con una mirada pletórica de significados.

Y lo hizo justamente cuando tuvo, en su penúltima película, la oportunidad de trabajar con un director al que admiraba: Ernst Lubitsch.

Le admiraba pero no hasta el punto de permitirle una cita ni en los estudios ni en la casa de él. La Garbo tuvo fama de ser muy profesional y hasta que no leyó y releyó el guión que se le ofrecía, no aceptó reunirse con el afamado director.

Un guión, todo hay que decirlo, que respiraba europeidad por casi todos los costados: el autor de la historia era el húngaro Melchior Lengyel y quienes se ocuparon de convertir la trama en diálogos filmables fueron el austríaco Walter Reisch, el americano Charles Brackett y el también austríaco Billy Wilder, todos ellos a las órdenes del director, Lubitsch, alemán de nacimiento.

Así que la sueca Garbo se encontraba como en casa, por así decirlo. Y en esa confianza, decidió que, para interpretar de for
ma inolvidable a la rusa Ninotchka lo mejor era dejar atrás cualquier maquillaje.

Ninotchka es una película rodad
a en 1939 y fue la penúltima actuación de Greta Garbo; y la primera comedia que interpretó, todo un reto y enigma porque la afamada actriz era la reina de los melodramas románticos, levantando pasiones multitudinarias que nunca se vieron reflejadas en las entregas de los premios Oscar, reacios al buen hacer de la sueca.

La trama puede simplificarse muc
ho contando que Ninotchka es una representante de la Unión de Repúblicas Rusas Soviéticas que aparece en la bella ciudad de París para controlar los movimientos que tres de sus camaradas, Buljanoff (Felix Bresart), Iranoff (Sig Ruman) y Kopalski (Alexander Granach) realizan supuestamente para negociar la venta de catorce valiosísimas joyas que el pueblo ruso requisó a la Gran Duquesa Swana (Ina Claire) quien tiene un amante, un protegido, llamado León (Melvyn Douglas), muy espabilado, señor de la noche y la juerga, que consigue engañar una y otra vez a los tres rusos pero quedará rendidamente enamorado de Ninotchka.

Y ella de él.

Naturalmente, la película pertenece a un pasado ilustre del cine en cuya época los guiones estaban repletos de frases inteligentes y con doble sentido, dando palos a diestro y siniestro: baste comprobar las intenciones de todo el grupo cuando en las primeras imágenes se nos sitúa asegurando que la acción transcurre en París, cuando una sirena era una jovencita de buen ver y cuando si un francés apagaba la luz de la alcoba no era precisamente porque hubiera amenaza de bombardeo sobre la ciudad.

A partir de ahí, amigas y amigos, hay que afinar el oído, porque las perlas no cesan de regalarnos la inteligencia.

Es un puro placer cinematográfico comprobar cuan fresca se mantiene una película que muchos críticos politizados a la izquierda han querido desdeñar por ridiculizar a los comunistas mientras otros críticos politizados a la derecha han querido ensalzar como base a sus particulares dardos dirigidos hacia la izquierda.

Una vez más, y como ocurre con la posterior obra de Wilder One, Two, Three, muchos demuestran mirar el dedo cuando se señala la luna: la cortedad de miras no es exclusiva de los políticos, está claro.

Lubitsch, que actúa también como productor, se adueña totalmente del guión pergeñado por esos genios inolvidables y nos muestra con su sabiduría cinematográfica una historia que gira alrededor del amor. El dominio del lenguaje visual de Lubitsch es un fulgor que incluso llega a opacar la belleza de la Garbo: sus acostumbradas elipsis aparecen justo en los momentos idóneos, manteniendo un ritmo endiablado de la acción, contando muchísimas cosas en apenas ciento diez minutos que pasan como una exhalación, siempre la cámara emplazada en el lugar perfecto y logrando de todos sus actores un trabajo inmejorable.

En la trama Lubitsch, máximo responsable al fin y al cabo, inserta burlas aceradas contra los bolcheviques que, débiles humanos como todos, cederán a las tentaciones de la comodidad y el lujo, incluyendo a la seria responsable venida del frío ruso que, enamorada, abrirá su mente a las supuestas ventajas de la sociedad regida por el libre capital, tampoco libre de chanzas, personificadas certeramente en la imagen de ese sombrero que domina la reseña, estrambote físico de apariencia absolutamente ridícula que acabará coronando la bella testa de Ninotchka, en la única escena en que la Garbo se permite maquillarse los labios apenas, como cediendo su personaje al canto de sirena del placentero París representado por el bon-vivant Leo, quien a su vez, ante el asombro de su criado -al que hace meses no le paga- tomará como lectura de noche la tesis de El Capital de Karl Marx.

Pero el amor no lo puede todo: Lubitsch, certeramente, dispone en el tramo final de una jugada oculta: las joyas del litigio, ese motivo para el encuentro de todos los personajes, serán motivo de dos decisiones: una, menospreciándolas para que el amor permanezca; la otra, sobrevalorándolas con pragmatismo por encima del amor sentido.

Un detalle del malévolo Lubitsch que probablemente, de haber rodado la película en Europa, hubiera cerrado a cal y canto. Sin final feliz. Y el resultado hubiera sido una comedia crítica y amarga.

Quizá demasiado amarga, porque el espectador, ante el espectáculo recreado por la maravillosa Greta Garbo y su no menos efectivo galán oponente, Melvyn Douglas, desea sobre todo, sobre cualquier adversidad, que la pareja acabe unida: Garbo demuestra dominar también el difícil arte de la comedia y uno no puede menos que lamentarse de la mala suerte que tuvo La Divina con algunas de sus películas al tiempo que desearía que por un milagro el tiempo se hubiera detenido y todavía hoy existiera una actriz capaz de expresar tristeza y alegría de la forma en que la Garbo lo hace en Ninotchka, con esos ojazos impresionantes y ese rostro casi perfecto sin mota de maquillaje, enamorándonos a todos mientras cae rendida de amor por León y nosotros de ella, capaz de hallar el tempo adecuado a cada escena y a cada réplica de un guión que debería ser de cabecera para cualquier aspirante a guionista, como cuando la Gran Duquesa Swana le dice con retintín:

- ¿Se preguntará de lo que hablamos?
- Entiendo perfectamente que León le regaló un perro.
- ¡Oh Dios mío! Debo estar perdiendo mi sutileza: Si no tengo cuidado, me entenderá todo el mundo.

El reparto elegido por Lubitsch funciona como un cronómetro ajustado a la brillante concepción del director de la forma de relatar una historia romántica pletórica de guiños malvados y corrosivos: los secundarios son fantásticos como siempre a las órdenes de Lubitsch y el montaje de Gene Ruggiero refuerza la visión de una caligrafía cinematográfica excelsa fotografiada con mucho mimo en un blanco y negro con una paleta de grises asombrosa fruto del buen trabajo de William H. Daniels que ilumina los vestidos y las estancias decoradas por el gran Cedric Gibbons con la inestimable colaboración de Edwin B. Willis en los decorados, recreando los fastos de un París que sólo existe ya en la memoria cinéfila de los afortunados que todavía se acuerdan que, en una época gloriosa, la gran actriz Greta Garbo pudo, al fin, trabajar con Ernst Lubitsch, y lo hizo sin trampa ni cartón, con la cara limpia.

Y con un sombrero muy, muy particular.





24 comentaris :

  1. Pelis como esta, compa Josep, ya justifican toda una carrera, ya sea de un director o de un intérprete (lo cual tampoco es el caso, dado que tanto Lubitsch como la Garbo ofrecen un historial amplio y maravilloso). Una verdadera delicia, igual que tu reseña (en la que, además, te permites el lujo de no recurrir al topicazo del "toque Lubitsch" -ten por seguro que otros más borricos lo hubiéramos hecho sin el más mínimo rubor...-).

    Un abrazo y buen fin de semana.

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  2. Oh, qué alegría ver esta peli por aquí... Maravillosa, divertidísima, tierna. El toque Lubitsch en toda regla. Y además qué inteligente. Para que luego digan que entretenimiento y cultura (o información) no son compatibles; lo que no son compatibles con nada son los "talentos" de ahora... Uno de mis momentos favoritos es el de los tres rusos ante el hotel de lujo, intentando justificarse para alojarse allí: una lección de política e historia en unas desternillantes frases de guión.
    Y la Garbo, con sombrero raro y todo, es la Garbo.
    Ninguna actriz de hoy apostaría por algo semejante (o porque no se usara photoshop o el ordenata para camuflar celulitis o arrugas). Y lo peor no es sólo eso; lo malo es que si alguna quisiera, tampoco la dejarían.
    Saludos.

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  3. Jajajaja, cuando he visto la foto en la portada casi me caigo al suelo de la risa. ¡Qué bueno!

    Sombreros aparte, gran reseña para una película imprescindible. Lubitsch, maestro de maestros, rueda una obra redonda sobre la base de un guión soberbio. Y la Garbo, con esa mirada irrepetible... ¡¡¡qué mujer!!!

    Gracias de nuevo, Josep :-)

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  4. Yo creo que esta peli puede ocupar el puesto de honor de la comedia mundial, por derecho propio. Hubo una conjunción planetaria, no la de Pajín horreur¡, que propició el milagro....un guión extraordinario, un director genial, una actriz al cien por cien de su capacidad, unos secundarios de "lujo" y Wilder danzando en la oscuridad.....No es extraño que todo esto te haga parir un post tan bueno como el que hoy nos traes (Hay días que estás en muy buena forma....vale, vale, no te sonrojes)

    TEngo que añadir que el remake musical que se hizo de "Ninochska" no es ni mucho menos despreciable. Me refiero claro esta a "Silk Stocking"....¿Se tituló en español "Medias de seda"? Fue muy inteligente por parte de Mamoulian elegir a Cid Charidse y a Fred Astaire en los papeles principales, pero Peter Lorre en el papel de uno de los soviéticos es insuperable.
    Creo que esta peli fue un inteligentísimo homenaje a su predecesora.
    Un abrazote.

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  5. Muy interesante.Ignoraba que en esa película la Garbo fuese sin maquillaje. ignoraba igualmente todo lo relacionado con el film y que tu documentas tan extensamente. ¿Sabes una cosa? La belleza de la Garbo, la he descubierto y admirado cuando yo he sido mayor, antes, de niña,no encontraba atractivo especial en su rostro.
    Está claro que la niñez no es la mejor época de nuestra vida.
    Un beso

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  6. Estupenda reseña, Josep. Hace mucho que no la he vuelto a ver, pero tengo buen recuerdo de Garbo ríe!!
    Además de la comedia musical que cita Anro, que titularon La bella de Moscú aquí (que es francamente buena, a pesar de que en mi dvd no subtitulen las canciones, que tienen una coña buenísima!!)... recuerdo también otra comedia de King Vidor, Camarada X (con Gable y Lammar) que también me gustó mucho (a ver si la revisito).
    Y luego está la que tú mencionas en el post y que es una de las comedias con las que más me he reído: Uno, dos, tres.

    Y es que el tema del capitalismo-comunismo es mejor visto desde la óptica del humor.

    Mi sueca favorita es Ingrid Bergman... que me parece que en alguna película tampoco se maquilló.
    Y en la filmografía de Bergman hay otras suecas que vamos... no tendrán la mítica de la Garbo, pero para mí, Bibi Andersson, Harriet Andersson, Gunnel Lindblom y otras actrices de su filmografía son más que míticas.
    Un saludo.

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  7. ¿Puede haber una asociación mejor que la de Lubistch y WIlder? Lo dudo. Impecables Tanto la Garbo como el siempre encantador y eficaz Melvyn Duglas y sin olvidar a los adorables camaradas

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  8. ¡Vaya artículo que te has marcado Josep, enhorabuena!

    De acuerdo contigo en todo, películón con soberbias interpretaciones y sobre todo un guión y una dirección excelsas.

    También de acuerdo con la miopía de los "críticos de derechas e izquierdas", porque las pullas van a ambos sistemas, el capitalista-EEUU y el comunista-URSS. Aunque claro, al final los protas optan por el que tienen que optar, pero es que realmente ¿quién está dispuesto a repartir sus dos pollos?

    Pd: lo feo que es el jodío gorro y lo bien que le quedaba a Garbo.

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  9. Creo que Wilder estaba orgullosisimo de haber trabajado para Lubitsch y precisamente fué el sombrero dichoso el que ( según explico el propio Lubitsch ) marca " el enamoramiento " de Ninotchka
    del capitalismo y su cambio de actitud. Otra cosa curiosa ( que seguro sabrás ) es que querian a Cary Grant para el papel que luego interpretó Melvyn Douglas. Curiosas anécdotas que el propio Billy Wilder cuenta lleno de admiración y afecto por el/su maestro. Inteligente y estupenda pelicula como no podia ser de otra forma con esa gente participando en ella. La Garbo era bella y un poco fria a mi entender. Sobre su talento un diez.
    Saludos afectuosos :-))

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  10. Por Dios, si me he quedado sin letras ya entre tu estupendisímo artículo, Carlos Boyero debería hacerse fan tuyo, jejejee.
    La gente que te sigue son muy buenos también, con lo cual yo debería poner aquí un THE END.

    PD. Greta Garbo, para mí, era la mujer más bella del mundo mundial, maquillada y al natural. Pero creo que la hacia más hermosa todavía el misterio que rodeó su vida.

    Me gustaría que me dijeras, ya que estoy de obras en el blog y he tenido que quitar un vídeo con un comentario muy majo tuyo, si te van gustando los cambios..

    Besos y enhorabuena por la elección de La Divina.

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  11. Bien visto, Manuel: muchos firmarían con sangre si tuvieran la oportunidad -y el talento- de poder filmar ni que fuera sólo por una ocasión algo así.

    Gracias por el piropo: ya sabes que intento repasar un poco los textos, incluso en aras a concisión y brevedad, aunque esto último ya sé que no lo creerás...

    Un abrazo.

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  12. Es un buen ejemplo, Alfredo, de lo que debe ser una película: divertida y reclamando ejercicio neuronal en el espectador que así se siente cómplice del tipo ése que la ha dirigido.

    Ni siquiera me he atrevido a insertar vídeo alguno, porque, la verdad, no sabría por donde empezar y donde acabar: ese inicio en la puerta giratoria y el conciliábulo en el taxi son memorables, sin duda.

    Es curioso el valor de la Garbo, sobre todo porque se hallaba en realidad bastante insegura y temerosa de no acertar: cuando meses después de presentarse la película Lubitsch le preguntó que tal se veía ella misma, su respuesta fue que no sabía bien si había acertado o no con su interpretación. Ya ves: eso es humildad profesional llevada al extremo.

    Saludos.

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  13. Ya te dije, Supercinexín, que preparaba algo que te iba a gustar: me imagino la impresión y sonrío con ganas.

    Me alegra que te haya gustado la reseña, porque dudaba del enfoque a darle.

    Gracias a ti, por descontado.

    Saludos.

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  14. Lo cierto, Antonio, es que una buena película como ésta ayuda muchísimo a la hora de ponerse a redactar sensaciones: facilita el camino sobremanera recordarla con placer, así que el mérito digamos que está compartido con el objeto a comentar.

    De su remake musicado también tengo buen recuerdo: como dice David, se llamó en España La Bella de Moscú. Habrá que darle un toque cualquier día, también...

    Un abrazo.

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  15. La bella Garbo, Camy, prefirió no mostrarse demasiado bella para reforzar el personaje y, aunque no lo consiguió del todo -lo de aparecer poco bella- es una cuestión que me llamó mucho la atención y me sirvió para darle un enfoque al comentario.
    Jejeje, la niñez es un recuerdo afortunado, pero no es desde luego la mejor parte de ninguna vida..

    Besos.

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  16. Celebro que te haya gustado, David; a mí la Bergman también me encanta y me encandila: creo que tuvo la suerte de nacer después y por ello muchísimas de sus películas nos resultan más cercanas; no olvidemos que la Garbo rodó casi la mitad de sus películas en la época del cine mudo y ésta, en 1939, fue su penúltimo trabajo.

    Reducir estas comedias excelentes a meros estereotipos politizados es reducirlas demasiado, porque tanto Lubitsch como Wilder evidentemente se valían de esas circunstancias como entorno más que como objeto principal de sus historias.

    Saludos.

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  17. Parece ser, Alicia, que Lubitsch se encontró con el proyecto de esta película medio empezado: la iba a dirigir Cukor y había un guión que Lubitsch rechazó de plano, encomendándoselo a los citados y con su no acreditada intervención, como es lógico, siendo como era el maestro de ceremonias por excelencia en su época.

    El elenco es fantástico, incluyendo a Bela Lugosi en un breve papel...

    Saludos.

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  18. Pues muchas gracias, Eduardo, por el elogio y por haberlo disfrutado.

    Esos críticos que se detienen en esos aspectos me parecen un tanto miopes, sí, deteniéndose en lo que no corresponde. Está claro que el final, con ser más acomodaticio, no podía ser de otra forma, porque esa pareja por fuerza tenía que ver recompensado su esfuerzo.

    El gorro es como una prueba de fuego de la super belleza de la Garbo: hay que tener lo que hay que tener para plantarse eso en la cabeza...

    Saludos.

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  19. Wilder siempre se declaró discípulo de Lubitsch, Abril, y en ello no hay mengua sino muy al contrario, honor y muy alto.

    La Garbo tenía muchas ganas de rodar con Gary Cooper, que ya había trabajado con Lubitsch anteriormente en una película que ya comenté hace tiempo: se barajaron varios nombres, entre ellos Spencer Tracy y Cary Grant, y al final se llevó el gato al agua Melvyn Douglas.

    La Garbo, al parecer, estaba pelín atemorizada por ser su primera comedia y de ahí que aparente frialdad, aunque le va pintada en la primera parte de la película: el cambio, cuando ella ríe en el restaurant, fue un problema técnico, porque se reía sin apenas carcajearse y Lubitsch lo solventó elevando el sonido de las carcajadas del resto de comensales.

    Besos.

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  20. Muchas gracias, Blanca, por el piropo; no creo que un crítico profesional se pueda interesar en mis opiniones, pero te lo agradezco de veras.

    Lo que sí es cierto es que tengo la inmensa suerte de disponer de unos lectores comentaristas de lujo, lo que me impele a tratar de no defraudarles.

    Respecto a Garbo, creo que supo crear ella misma su mito: en una ocasión, ya anciana, la pararon en su acostumbrado paseo por el Central park neoyorquino y le preguntaron si ella era Greta Garbo: su respuesta fue: yo "fuí" la Garbo....

    Ahora me paso y miro, Blanca.

    Besos.

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  21. No solo no le hacía falta maquillaje, ni focos le hubieran hecho falta. Su rostro, su piel, emitía luz. Estoy convencida.

    Una abraçada

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  22. Fantástica entrada, una gozada leerla, desconocía el dato de que rodó la película “a cara lavada”, y es que, la Garbo, era mucha Garbo, y en esta maravilla de película, repleta de talento tanto delante como detrás de las cámaras, lo demuestra.

    Una película de esas que una no se cansa de ver…

    Por cierto, al hilo de tu pregunta, no creo que ninguna actriz actual aceptara el reto al que se prestó la Garbo, la mayoría viven más de su imagen que de la actuación ;)

    Besos

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  23. jajaja, Alma: no diría que no, viendo las muchísimas fotografías que de ella se pueden ver en internet y las películas en B/N que rodó...

    Una abraçada.

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  24. Celebro que te haya gustado, Vivian; tu respuesta es la que esperaba porque sí, tal parece que hoy cualquier actriz tenga que disponer de un físico perfecto para poder trabajar, y seguro que si se les propuesiera a las populares rodar sin maquillaje, quedarían estupefactas.

    Besos.

    ResponElimina

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