ESD 27 The Great Race
Que Blake Edwards ha sido siempre un ferviente admirador del slapstick no es ningún secreto para el cinéfilo que ha podido degustar en más de una ocasión, en películas de Edwards, escenas en las que la acción milimetrada no requiere de frases ni diálogos para obtener el efecto deseado, usualmente partir el pecho de la risa del espectador.
Aunque parezca fácil conseguir un resultado brillante siempre en situaciones cómicas e hilarantes en su propio discurso, un repasito tranquilo permite comprobar que la planificación no es tan simple como a primera vista parece: que lo dulce no resulte empalagoso también tiene su misterio y creo interesante poder abstraerse de la narración del todo para detenerse en un momento especial:
¿A que además, se han dado cuenta del importante refuerzo que para la escena supone la estupenda banda sonora?
Pues eso...
¡ Qué entranda tan dulce..! :-) No apta para diabeticos..¡ Quién pudiera estar entre tanto pastel de nata !..
ResponEliminaBesos azucarados. Milady
- Eh! Profesor, ¿dónde está usted?
ResponElimina- Estoy aquí, idiota!
Peter Falk y Jack Lemmon estaban geniales. Y Tony y Natalie igual. Estupendos también.
Lo que me gustó esta película de crío. Cómo la disgrute. Muchos años después al revisarla pensé que había envejecido...pero tal vez el que había envejecido era yo. Pensar que Kubrick quiso terminar la de Teléfono Rojo con una pelea de pasteles y la desechó por considerarlo un final inadecuado y "tonto"... No creo que la hubiera planificado mejor que Blake. Una buena escena, Josep.
Un saludo.
Jo, un poquitín empalagosa sí que es, no apta para diabéticos... Acertadísimo el comentario sobre la compañía imprescindible de la banda sonora para acentuar sensaciones, algo que -y eso sería producto de otro debate- cada vez se está perdiendo más -entre tantas otras cosas-. Ahora la música casi forma parte de la cacharrería general.
ResponEliminaSaludos.
Escena, película, de dibujos animados, y lo digo admirativamente.
ResponEliminaUna película que, lamentablemente, no recuerdo haber visto de pequeño. Me gustó mucho cuando la vi, de esto no hace demasiado, un año tal vez. A pesar de gustarme en general, pensé que ganaría enteros de tenerla como referente en mi infancia.
ResponEliminaSaludos, Josep
Me pasa lo que a David. Gocé esta peli y esta escena que insertas a tope, no de niño, pero sí de "galletón". Creo que volví a verla con mis hijos pequeños. Y de eso también hace tiempo así que se hace necesaria otra visión. Blake Edwards era un buen director.
ResponEliminaUn abrazote.
Ya veo, Milady, que según qué batallas no te dan miedo... ;-)
ResponEliminaBesos.
Pues lo cierto, David, es que la he visto ya varias veces, y siempre me ha parecido muy entretenida, bien rodada y mejor interpretada, así que.... sí: habrás envejecido.... jajajaja....
ResponEliminaSaludos.
Es que, Alfredo, esta viendo la escena tranquilamente, y, al fijarme bien, percibo que la música tiene su importancia y remarca los planos, ya de por sí eficaces. y, claro, uno se da cuenta que estos "trucos" ya se usan poco y mal...
ResponEliminaSaludos.
Bien visto, Alma: con la precisión de los dibujos, ciertamente...
ResponEliminaVerla de infante, Gourmet, es un recuerdo imborrable, máxime cuando uno la ha visto en el cine, con pantalla panorámica que es como le corresponde: un festival, vaya...
ResponEliminaSaludos.
Una revisión de esta película, Antonio, nunca es tiempo mal empleado: ahora que tienes una buena pantalla a disposiciòn, la excusa está servida y las carcajadas aseguradas...
ResponEliminaUn abrazo.