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divendres, 28 de setembre de 2007

FALTA UNO


En esta añeja fotografía de 1962, donde vemos retratados a John Ford, John Wayne y James Stewart, falta uno: precisamente, el que, en su personaje, va a dar nombre a una muestra irrefutable que, se mire por donde se mire, el Cine del Oeste, sin Ford, no tendría ni principio ni fin.

Porque, genio a pesar suyo, Ford, ya en 1962, nos introduce en lo que luego desde Europa se bautizó como "western crepuscular".

La trama, simple a primera vista, es la siguiente: un afamado senador de los Estados unidos, Ransom Stoddard (James Stewart), viaja con su esposa en tren, llegando a un villorrio del oeste del país. La prensa local, sabedora de su presencia, se apresura a entrevistarle, dando pie a una narración en el recuerdo, lo que cinematográficamente conocemos como "flashback", que abarcará toda la acción que se nos presenta:

Ransom, abogado, se desplaza al lejano Oeste con la intención de establecerse profesionalmente; en su viaje, la diligencia (no hay todavía trenes que viajen al oeste) será asaltada por unos forajidos, cuyo cabecilla le deja sin sentido con el pomo de su látigo.

Llegado a su destino, es acogido por una familia que regenta un mesón, de cuya hija, Hallie (Vera Miles) quedará irremisiblemente prendido, ante la mirada preocupada del valiente ranchero Tom Doniphon (John Wayne).

Cuando Ransom se halla colaborando como camarero, para compensar el alojamiento y ayuda que recibe, entra en escena el que echábamos a faltar en la fotografía que encabeza este comentario:




El imprescindible Lee Marvin interpreta de forma magistral y breve uno de los villanos más conocidos del cine del oeste: Liberty Valance, acompañado de sus esbirros Floyd (Strother Martin , en un papel que le marcó) y Reese (Lee Van Cleef )

Y su muerte es el eje donde pivota la historia narrada, basada en un relato de Dorothy M. Johnson, autora también de la exitosa Un Hombre llamado Caballo (A Man Called Horse , 1970)

¿Porqué todavía emocionan esas películas?

¿Será porqué el guión está muy bien construído, con personajes perfectamente descritos con cuatro trazos?

¿Será porque el sistema de los grandes estudios permitía ofrecer un sin número de grandísimos actores, con unos secundarios contumaces ladrones de escenas, prestos a entregar su alma en una escena para marcar para siempre un personaje?

¿Será porque John Ford tiene una puñetera forma de dirigir que parece que nadie se ocupe de la cámara? Y si nadie se ocupaba, ¿cómo es que ahora, que parece que todos se ocupan tanto, el resultado no es el mismo o mejor?

Parece tan fácil todo: se planta la cámara, se da un poco de luz, se sienta el actor, empieza a hablar, y nos mete en la historia, sin darnos cuenta.





El valiente, en esta película, no es el que lleva la pistola: es el que lucha por imponer la razón a base de argumentos. Sólo es convencional en el mero hecho que, además de la gloria, se lleva a la chica.

El otro héroe, acaba solo, ignorado, manteniendo hasta el último trance un secreto y una decisión de hombre enamorado que redime su acto atroz sacrificándose por el bien de su amada.

Están también los amigos, buena gente: el amigo fiel que cuida las espaldas, Pompey (Woody Strode ); Peabody, (Edmon O'Brien ) un periodista locuaz y borrachín, que se atreve a decir: "yo no puedo ser político; yo soy la prensa; yo creo y yo derribo a los políticos; yo vivo de contar lo que ellos hacen" (más o menos, vaya) ; su amigo de cogorzas, el Doctor Willoughby (Ken Murray ), que, dándole con el pié, tras haber trasegado nueva ración de whisky, dice de Valance, mirando al tendido: "está muerto" y se va; y un agente de la ley más proclive a saciar su enorme apetito y a congeniar con su familia mejicana, el Marshal Link Appleyard (Andy Devine ), que a enfentarse a los forajidos y hacer que se cumpla la ley que representa en un pueblo sin ley.

Una situación que sorprenderá a Ransom, hombre de leyes, convencido que su lugar esta ahí, donde la norma se rige bajo el humo de los revólveres, para llevar la civilización al recóndito villorrio, donde casi nadie sabe leer.

Total, llanamente, un flashback que nos lleva de una época moderna (ver el tipo vestido con canotier en el andén, justo al inicio) a una época legendaria del lejano oeste, sin indios, y con un negro liberado que aprende la Declaración de los Derechos Humanos pero no puede beber en el saloon, aderezado por alguna que otra elipsis y la presentación del clímax en dos secuencias idénticas con ángulos distintos, claramente definitorios de la entidad de los personajes.

Casi nada: una historia adaptada por Ford a su sentir: el viejo zorro del oeste, en uno de sus últimos "western", inicia lo que parece ser carpetazo al género (por lo menos por una larga temporada) reuniendo a tal fin a un elenco imposible de conseguir hoy, con unas estrellas irrepetibles y unos secundarios de auténtico lujo, mostrando la transformación ocurrida en la sociedad rural de Estados Unidos, donde la victoria política se basa en popularidades ficticias, donde el respeto a la leyenda se mantiene, confundiéndose la imaginada heroicidad con un simple asesinato a sangre fría, fruto de la dureza de otro tiempo, pasado ya...

Dudo que nadie ignore, a estas alturas, que estaba comentando esa obra maestra que se llama El Hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance , 1962).

Y para que no queden dudas, ahí queda despejada la incógnita:






5 comentaris :

  1. Impresionante película de John Ford, western crepuscular donde los haya, en el que John Wayne y Lee Marvin representan el viejo Oeste en sus dos caras, buena y mala, y James Stewart el nuevo Oeste, donde las leyes sustituyen a las armas. Maravillosos actores, fotografía, diálogos... todo. Sencillamente, una obra maestra

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  2. Hay que ver, Josep, parece que últimamente te ha dado por comentar películas de las que me a mi me gustan, porque mira que me gusta El Hombre que Mató a Liberty Valance. Una de mis favoritas de John Ford, junto con Centauros del Desierto y El Hombre Tranquilo. Una obra maestra indiscutible, y como Alicia la ha definido muy bien, pues no tengo más que decir.

    Por cierto, que razón tienes en la maestría de John Ford, en la aparente sencillez con la que dirigía, como si, efectivamente, se limitara simplemente a colocar la cámara y rodar lo que pasa alrededor... como si fuera tan fácil, ¡y que películas hacía! Uno de los más grandes, sin duda.

    Saludos!

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  3. Me alegro, Alicia, que coincidamos: realmente, esa película es de las que engancha: uno se pone a repasarla, y acaba viéndola entera.

    Laura: como dicen, no hay dos sin tres; o sea que, como también comenté la maravilla irlandesa, tarde o temprano caerá The Searchers, no lo dudes.

    Saludos y gracias por la visita.

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  4. " Cuando la leyenda se convierte en realidad, hay que imprimirla " frase del editor del periodico, Peabody.
    Y yo diria más hay que verla y disfrutarla una y mil veces como ésta joya del cine de Ford " el irlandés rebelde".
    ¡Qué gozada ver y oir a Tom Doniphon enfrentandose a Liberty Valance un extraordinario Lee Marvin ! Y Jimmy Stewart el hombre de leyes llegando 1º en diligencia y luego en tren, marcando la diferencia entre los 'dos '... ¡Esos actores ya no se dan , ni esos hombres...ainss..!como tampoco éste cine de leyenda.
    ¡ Me ha encantado la entrada y los videos !
    Nunca se termina de comprender una pelicula asi. Siempre encuentras algo interesante que se te pasó por alto.

    Un beso Sire.Milady:-)

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  5. Celebro mucho, querida Milady, que te haya gustado esta entradilla que apenas hace justicia a tan gran película, verdaderamente inabarcable como tú apuntas, ya que en cada visionado uno halla nuevo motivo para disfrutarla.

    Besos.

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