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diumenge, 20 de gener de 2008

Tradición






Tradición; costumbres; normas ancestrales; modos de vida.

En ocasiones, una revisión permite percibir aspectos de una película que, por su carácter formal, o por el estado anímico o de conciencia y experiencia del espectador, han quedado como meros elementos de un todo, siendo así que vienen a constituir, en la realidad, la base, el entramado, sobre el que se construye una obra.

Es frecuente que, ante una película musical, los fastos de la música y la coreografía hagan palidecer el libreto y sea preciso una segunda oportunidad para captar la intención de la misma. Hay quien tiene la suerte de captarlo todo a la primera: afortunados son.

A primeros de los años setenta del siglo pasado se estrenó en cine la versión de una comedia dramática musical llamada a perpetuarse en los escenarios, un éxito que ha vencido el paso del tiempo.

Sobre una historia pergeñada por Sholom Aleichem, Joseph Stein construyó una obra teatral que, ante su enorme éxito, propició, como es habitual, su traslación a la gran pantalla.

El cineasta Norman Jewison, una de cuyas obras se ha comentado aquí, vio la oportunidad y se lanzó a producir y dirigir esa traslación, que tomaría el nombre de El Violinista en el Tejado (The Fiddler on the Roof, 1971) y tuvo, como productor, el gran acierto y suerte de contar con todos aquellos que intervinieron en el éxito teatral.



Las excelentes composiciones de Jerry Bock, arregladas y orquestadas por John Williams, todavía sorprenden y encantan, así como los solos de violín ejecutados para el cine por Isaac Stern.

La película ganó merecidamente tres premios Oscar por la música y el impresionante sonido, así como por la fotografía, espléndida, de Oswald Morris, en un año muy reñido.

La historia, contada con profusión de piezas musicales, canciones y bailes coreografiados por el gran Jerome Robins, adaptados para el cine por Tommy Abbott , nos muestra los avatares de la comunidad judía que vive en el poblado de Anatevka, en Ucrania, Rusia, a principios del siglo pasado, durante las postrimerías del imperio del Zar.

Tevye (Topol, en el papel de su vida) es un aldeano sencillo que vive de una pequeña granja y de la leche que sus vacas producen, que va repartiendo a sus congéneres; como ya hemos visto en el video que encabeza este comentario, su vida se rige por la tradición; es un hombre de escasos conocimientos, sencillo, que se comporta por los principios consuetudinarios de su comunidad: nos dice: ¿Que seríamos sin tradición? Seríamos como un violinista en el tejado.

Sin embargo, la acción se desarrollará, de forma inexorable, contra esa tradición a la que apela Tevye, forzándole a aceptar cambios inesperados.

Tevye dialoga con su Dios; alza la mirada y suplica ayuda; no se queja, pero pide mejor fortuna; su caballo se lastima, empeorando su día, y sueña con ser un hombre rico, entonando una canción "Si yo fuera rico" (If I were a rich man) que alcanzó gran popularidad en su tiempo, siendo versionada por miles de artistas

Tevye tiene, con Golde (Norma Crane), cinco hijas y ningún varón; su esposa se afana en buscar un marido para las tres mayores, Tzeitel (Rosalind Harris), Hodel (Michele Marsh) y Chava (Neva Small), y para ello acude a la casamentera Yente (Molly Picon)

La casamentera Yente encuentra para Tzeitel un buen partido: el carnicero Lazar Wolf, viudo, ha puesto sus ojos en Tzeitel; pero ella ama, desde niña, a su compañero de infancia, el sastrecillo Motel (Leonard Frey, que realiza una actuación soberbia) y, después que Tevye haya llegado a un acuerdo con el carnicero, debe echarse atrás, rompiendo su palabra, al comprobar que su hija está profundamente enamorada del pobre sastre.

La tradición se rompe para Tevye, que, movido por el amor a su hija, le permite contraer matrimonio por su gusto (¡inaudito!) y todos, en la comunidad, están invitados a la boda



En la ceremonia, un huésped de Tevye, el joven estudiante Perchik (Paul Michael Glaser, antes de ser Starsky), osa ¡bailar con las mujeres! y, de nuevo, la tradición se rompe.

El pobre Tevye no hace más que alzar la vista al cielo cuando todo su mundo se le viene abajo: también su hija Hodel decidirá irse con Perchik, que está deportado a Siberia por agitador político; su hija le promete que se casarán en cuanto puedan.

La tradición hecha añicos. ¿Del todo? No, del todo no: aún queda Chava, que rematará el desmorone de la vida sencilla de Tevye al casarse con un gentil, de tapadillo, ¡y ante un pope!

El modo de vida de Tevye cambia constantemente, de mal en peor; a los males familiares, se añadirá la diáspora

La técnica empleada por Jewison, adecuadísima, nos permite disfrutar de la parte musical del conjunto al tiempo que nos transmite una forma de vivir que sabemos caduca, retazos antropológicos de una comunidad errante, aferrada a sus tradiciones en un mundo convulso al que intentan permacener ajenos, sin conseguirlo, compelidos por las circunstancias de su entorno a aceptar y modificar un estilo de vida que choca continuamente con sus vecinos; confrontación en la que llevan las de perder; modo de vida que deberá cambiar, deviniendo algunas de las tradiciones lastre que dejarán en su camino a una nueva vida. Tevye, al final, bendecirá la unión de su hija con el gentil, resumiendo con su gesto, musitado, la aceptación que el tiempo pasado ha finiquitado y se abren nuevas perspectivas, más modernas, quizás en otro lugar, quizás en otro país.

Jewison, cineasta todo terreno, consiguió con esta película un éxito clamoroso; aún dado su origen teatral, con buenos diálogos y excelentes piezas musicales y coreografías, más la decisión de conservar todas las piezas, causando una duración de tres horas (en la exhibición se hacía intermedio), el tratamiento cinematográfico es excelente, sin lastre teatral alguno. Después de más de treinta años de su estreno, siguen emocionando las diversas escenas, asombrando su esplendoroso sonido y entreteniendo al cinéfilo amante de los musicales, ofreciendo el conjunto de elementos bajo la dirección de Jewison una pieza indispensable a disfrutar, una muestra de cine musical ya intemporal; no en vano la comedia dramática musical sigue triunfando, después de tantos años




7 comentaris :

  1. Muy atractivo este post en el que reflexionas sobre las tradiciones. Muy bueno también el vid. Saludos!

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  2. Ya me vinieron ganas de verla, Josep. Se nota que está muy bien filmada, también. Quizá Jewison sea el gran cineasta escondido que tanto buscaba, voy a intentar con alguna de su autoría.

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  3. Ya sabes, compa Josep, que no soy yo muy de musicales (falta de hábito, supongo, como motivo fundamental), pero, con el cariño y el talento que le has echado a poner éste por los nubes, casi me estás obligando. Que, por cierto, y curiosamente, esta peli sí que la ví, pero cuando era muy pequeño, apenas once años, en un cine de sesión doble en... ¡¡¡Premià de Mar!!! Ya ves, curiosidades y casualidades. La cuestión es que no recuerdo absolutamente nada de ella (y eso sí que no me extraña nada: apenas recuerdo algún detalle de Los crímenes de Oxford, y la ví el sábado...).

    Un fuerte abrazo.

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  4. Gracias por vuestras lisonjas, compañeros Budokan y faraway: Espero que disfruteis de la película cuando tengais ocasión de verla.

    Manuel:se me hace difícil que no recuerdes siquiera la celebérrima canción...

    Por cierto: lo que dices de Los Crímenes de Oxford, ¿lo ampliarás en un comentario? ¿O he de jugarme el tipo yendo a verla?

    Un abrazo.

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  5. Gran película. Pero, Josep... en el éxito teatral creo que participó Zero Mostel y no así en la pelicula. Aunque Topol está genial (ya sabes que a mí también me encantó su personaje en la de The Public eye). Cuando leí sobre ella me sorprendió descubrir que una de sus hijas representó a la esposa en otra adaptación teatral que hizo Topol años después. Una historia buenísima, al igual que la música y las canciones. No voy a entrar en si podía haber estado peor o mejor con otro director... Es difícil fallar con este material o tienes que hacerlo muy mal (no es el caso, me parece).

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  6. Creo David que te confundes cuando hablas de Zero Mostel, porque según mis datos, Topol fue quien presentó en sociedad al personaje y luego lo incorporó en la pantalla.

    Mostel protagonizó Los Productores en el cine pero luego se quedó fuera al crearse la comedia musical, o sea, lo inverso.

    Esta película sólo la podía hacer Jewison, que se empeñó en ello contra la opinión generalizada que no creía que fuese a recaudar lo que obtuvo en todo el mundo: su estreno en Barcelona fue apoteósico y las colas para verla (creo que en el Aribau) eran largas y estuvo bastante tiempo en cartelera.

    Jewison supo mantener al equipo escénico y gastarse una verdadera fortuna en la producción y acertó de pleno: en ese año, nadie lo hubiera hecho como él: no se hubiera atrevido nadie.

    Saludos.

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  7. Lo acabo de comprobar en la wikipedia (que ya sé que no son del todo fiables), pero míralo si quieres. La primera producción teatral la protagonizó Mostel. On September 22, 1964, Mostel opened as Tevye in the original Broadway production of Fiddler on the Roof.
    De hecho, esto me sonaba que era así porque lo había leído en un fascículo que tengo sobre música y cine de la peli.
    Un saludo.

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