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dimecres, 13 de gener de 2010

Inane transformación




Ya han pasado los Reyes Magos.

Los que sean lo bastante adultos y observadores de la realidad se dan cuenta, por estas fechas, que los infantes suelen entretenerse con aquellos juguetes más sencillos y menos tecnificados de toda la marabunta que sus majestades habrán dejado en el balcón hace unos días.

Supongo que alguien tendrá la clave de ese comportamiento; una actitud con la que me siento muy identificado a pesar de haber dejado atrás la infancia hace ya demasiado tiempo; una forma de rechazar muy diplomáticamente las alharacas y lucecitas que tratan de ocultar que, en el fondo, la concepción del juguete es fútil, inútil en esencia: aburre. No logra su objetivo.

Aun a riesgo de caer en la presunción de establecer un todo articulado en una sensación particular, presiento que no soy el único adulto que prefiere el fondo a la forma. Espero no estar equivocado; y si así fuera, me inscribiría en una nueva sección del tipo raro: el cinéfilo que prefiere una buena historia bien contada y bien interpretada, aunque la película sea en austero blanco y negro.

He estado dándole vueltas a mi neurona (soy un hombre y ya se sabe que sólo t
enemos una) para tratar de entender un nuevo fenómeno cinematográfico que, lo reconozco, se me escapa.

Asistí hace tres semanas al estreno de Avatar en "mi cine", exhibición
en simple pantalla grande pero con sus habituales dos dimensiones: ancho y alto. El último intento de James Cameron para entrar por la puerta grande en la historia de la cinematografía mundial. Según cuentan las taquillas, el éxito ha sido apabullante. El éxito comercial, claro.

Para mí, un juguete caro, muy caro, lleno de lucecitas, inacabable con más de dos horas y media de metraje repleto de imaginería azul, un mundo irreal muy bien
representado, unos bichos y personajes fantásticos muy logrados, pero nada más.

Una historia basada en un guión del propio Cameron con más agujeros que cien campos de golf unidos en una galaxia imaginada repleta de seres primitivos con esc
asa personalidad, meros arquetipos planos propios de un tebeo para críos, con una acción ilógica en sí misma aun admitiendo la posibilidad de un atisbo de veracidad en el planteamiento que de original no tiene nada.

Podría iniciar un debate sobre las posibles interpretaciones pseudo-filosóficas de la trama, pero sería enriquecer injustificadamente el planteamiento de Cameron, buscando donde no hay.

La película es espectacular, los efectos especiales son magníficos, pero no hay sentimiento ni pasión, ni apenas emoción alguna que suscite lo que vemos en pantalla; puede que en tres dimensiones mejore el aspecto visual, pero el fondo, la trama, se presentará igualmente vana, porque nunca la forma puede hacer otra cosa que disimular circunstancialmente la falta de fondo.

Hay un antiquísimo proverbio español que lo deja muy claro:

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.


Así pues, dejémoslo claro: la película es mala de remate. Bonita y espectacular, pero mala de remate.

No hace mucho leía en la red un artículo de un bloguero escribiendo de cine -lamento no haber guardado el enlace y ni siquiera recuerdo de qué película trataba- en el que el autor se manifestaba con fuerza en favor del cine puro, decía, donde la imagen debe primar sobre el texto, so pena de convertirse en una especie de teatro filmado.

No estoy muy de acuerdo, seguramente debido a mi inveterada afición por la palabra bien escrita y bien dicha: para mí, el cine sonoro siempre ha representado un avance sobre el cine silente. Me gustan los buenos diálogos y me gustan las buenas actuaciones, como ya habrán apreciado todos los que por aquí vienen.

En la película de Cameron no hay ni de lo uno ni de lo otro. Si los diálogos son risibles, casi tanto como la supuesta ideología -más que nada charlatanerismo barato- de la trama, la carencia del elemento humano me aleja de apreciar el producto.

Nada tengo en contra del uso de la tecnología para recrear mundos imposibles, bichos imaginarios, acciones inventadas. Pero soy antropomórfico por naturaleza: no puedo sustraerme a la figura humana como objeto de emociones y por mucho que me entretengan unos dibujitos complejamente creados, siempre me llega al corazón antes una figura humana fingiendo: nada como un buen intérprete pronunciando con arte un buen diálogo.

El uso de las técnicas de animación para substituir a intérpretes de carne y hueso no tienen, claramente, mi bendición. Si el cine avanza en ese sentido, voy a tener que empezar a comprar más películas de lo acostumbrado, no sea que acaben siendo reliquias de un pasado olvidado las obras en las que un buen ramillete de intérpretes me emocionen, a mí y unos cuantos chalados como yo, y suba el precio por falta de existencias.

Confieso que el abrumador éxito de Avatar me deja perplejo y como no soy tan optimista como sería deseable, me preocupa contemplar un futuro lleno de imágenes creadas en un ordenador muy potente pero falto, como toda máquina, de sentimientos. La multitudinaria aceptación por el espectador medio de productos como Avatar no me parece cuestión baladí: ¿se está deshumanizando el cine? Porque Avatar es tan sólo una punta de lanza, una cumbre de un iceberg que, bajo la línea de flotación, tomada ésta como el promedio de recaudación, contiene no pocos productos que en el recién finiquitado año 2009 han paseado sus andanzas por las pantallas de cine sin que las historias que se hayan presentado alcancen a emocionarme lo más mínimo en su mayoría.

¿Hay un cambio en la predilección del espectador? ¿O resulta que la industria cinematográfica estadounidense se halla carente de ideas que sustenten un buen fondo y lo disimula con formas novedosas? ¿Porqué el espectador medio acepta con agrado tales productos?

¿Soy muy raro?

Porque desde hace tres semanas mi neurona me va diciendo en secreto, sigilosamente, que no tan sólo soy como esos niños que se entretienen horas y horas con el juguete más simple: soy como el niño del cuento de Andersen que, viendo al gran rey Cameron rodeado de un cortejo que alaba sus vestiduras, de repente, grita: ¿Porqué el rey va desnudo?


17 comentaris :

  1. No sólo Cameron va desnudo, mi querido Josep. Es que, encima, la tiene pequeña...
    Esta película, por llamarla de alguna forma es, sencillamente, el anticine, el paradigma de la estupidez mercadotécnica de un director de ego desmedido y de los tiburones-directivos que manejan los estudios y a los que la calidad les importa un pito. Por tanto, no voy a gastar más palabras en ella.
    Sólo diré que, si todavía hay algún insensato que dice chorradas como las que refieres del bloguero en cuestión, si no sabe apreciar, por citar uno, el cine de Mankiewicz por "teatral", es que vamos, no de lado como el cangrejo, sino de culo... como Cameron.
    Saludos.

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  2. Dos reflexiones independientes, pero evidentemente conectadas:

    La primera. Ni qué decir que suscribo todas y cada una de las palabras críticas que escribes sobre la película. La ví, y lo hice en 3D. Una pasada, querido Josep, un espectáculo visual que reconozco que me entretuvo un montón, pues las gafas que me prestaron, apesar de ser incómodas, me dieron un juego de lo más gratificante. Pero ya está. Aquí acaban mis parabienes con este bodrio de película que por no tener, no tiene ni la vergüenza necesaria para avisar de que cine, cine, lo que se dice cine, no es.

    La segunda. No sé yo si se me va a entender, pero me voy a tirar a la piscina con lo que voy a decir. Muestro mi disconformidad (o no tanto) con vuestra opinión sobre aquello del fondo y la forma. Si partimos de que el cine es arte, y el arte por definición es formal, entiendo yo que la forma debe de estar por encima del fondo, de la historia, de lo que se cuenta. Es decir, lo que importa es, evidentemente cómo se cuenta, pues eso es lo que diferencia una película de otra; la belleza y la buena gestión que se hace de los recursos formales -visuales, gráficos, interpretativos o sonoros, etc- al alcande del director.
    Cosa distinta (y aquí por tanto acercaremos posturas) será que en mi concepción del cine, la forma asún siendo lo más importante (ya lo he dicho) ha de estar sometida a la historia que se nos cuenta, y no convertirse en la única referencia.
    Yo siempre pongo el mismo ejemplo, de lo más simple y burdo como podrás comprobar. Si tú y yo contamos el mismo chiste, sólo uno de los dos (probablemente tú) se llevará el éxito de lo gracioso. ¿A qué se deberá, que habiendo contado la misma historia, uno cuente con mayor éxito y virtud que el otro chistoso? Pues evidentemente, a la forma en que lo haya contado, a las palabras que emplee, a la voz que utilice, a las pausas que emplee,... Es decir, pura forma sujeta, subyugada y sometida, eso sí, a lo que se nos quiera contar... que por cierto, puede ser la chorrada más grande de la historia, carecer de mensaje (odio el mensaje en el cine) o ser más simple que el mecanismo de un botijo.

    No sé yo si se me ha entendido, querido amigo.

    un abrazo.

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  3. Ni la he visto, ni la veré y creo que con eso queda todo dicho de la película.
    Si pondré un matiz en algo de lo que dices. Y lo diré sabiendo que tu sabes que no soy sospechosa de desdeñar diálogos y voces en una película, más bien todo lo contrario.
    En mi opinión y por lo que leo, en la tuya también, lo esencial en una película es una buena historia, y esa buena historia puede ser contada sin una o casi ninguna linea de texto (vease HIerro 3 por ejemplo) o con una abundante y certera sucesión de chispiantes dialogos, o monologos.

    Lo que no tiene cabida son esas ínfulas de historia sin historia de las que lo único que se ve es el confeti que lanzan a los espectadores para que estos no se fijen ni se den cuenta que detrás del disfraz y como dices, el emperador está desnudo, no diré lo de que la tiene pequeña como Alfredo, que soy una señorita.

    Una abraçada

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  4. Aquí Raúl y yo diciendo lo mismo al mismo tiempo, eso si, yo más concisa y el más rollero, las cosas como son. Como se nota que tengo unos días de vacaciones.

    Una abraçada para ti, para Alfredo y para Raúl.

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  5. Ja,ja,ja... Alfredo, ya veo que si algún día metes en tu famosa Tienda de los Horrores esta "cosa", me voy a tronchar de la risa.

    La mercadotecnia, desde luego, no hace ningún favor al Cine; pero me sigue sorprendiendo la falta de crítica popular ante fenómenos como éste. Porque sí, parece que vamos de culo...

    Un abrazo.

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  6. Supongo, Raúl, que en 3D resultará vistosa.

    No me parece que haya tanta discrepancia, porque tanto Alfredo como yo mismo nos hemos detenido en ocasiones a glosar la forma como parte ineludible de una buena, de una gran película. Ineludible pero también sujeta a que la historia que se nos cuente sea buena y ahí coincidimos, creo, todos.

    Cierto que en ocasiones un fondo menos bueno, por decirlo de alguna forma, si se cuenta bellamente, también impresiona, por lo menos de inicio; pero convendrás conmigo que, en el recuerdo, lo que permanece siempre es la historia. Y cierto también -y ahí están los refritos para demostrarlo- que la misma historia se puede contar de muy diversas formas, algunas mejores que otras: Thomas Crown, por ejemplo.

    Lo que ya no es cierto es que probablemente yo sepa contar mejor que tú un chiste, pues tú, amigo, fabulas mucho mejor que yo.

    Un abrazo.

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  7. Como ya le he dicho a Raúl, creo, Alma, que todos estamos bastante de acuerdo, con algún matiz: una buena historia bien contada es lo que nos emociona; evidentemente, el Cine es eminentemente visual, y todos encantados de esas escenas sin palabras pero sugerentes y explicativas; ello no significa que por ser sin diálogo, o con diálogo paupérrimo, sean aceptables en sí mismas.

    Una abraçada.

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  8. “Los que sean lo bastante adultos y observadores de la realidad se dan cuenta, por estas fechas, que los infantes suelen entretenerse con aquellos juguetes más sencillos y menos tecnificados de toda la marabunta que sus majestades habrán dejado en el balcón hace unos días.”

    Rescato esta palabras porque estoy absolutamente de acuerdo con ellas, es más, un comentario en mi blog al respecto sobre unas navidades, mi sobrino y una caja de cartón vacía así lo confirma ;)

    Respecto a “Avatar”, todavía no he podido verla, estas navidades mis sobrinos fueron con sus tíos, pero, por cuestiones que no vienen al caso, yo no pude acompañarles. Eso sí, la carita de emoción y alegría que traían cuando volvieron del cine no se paga con dinero, o, dicho de otra manera, valió el dinero invertido en las entradas.

    Hay muchos tipos de emoción, y cada uno se emociona a su manera, que no es ni mejor ni peor, confieso que yo soy feliz ante una buena historia, de esas creadas desde el sentimiento y que llegan al sentimiento, que me gusta que el cine de Bergman me haga pensar… Pero eso no quita para que también disfrute viendo espectáculos que lo son en sí mismo, más allá de que la historia flojee, es el reproche que siempre se le ha hecho a los musicales y yo soy una enamorada del género.

    Tal vez si la vieras en 3D, seguiría sin emocionarte, pero igual te hubiera gustado un poco más, aunque sea en la manera en que nos emociona ver unos fuegos artificiales.

    Y además, tengo otro motivo para defender el cine en 3D que nos llega desde EEUU, la industria del cine americana no se dedica a llorar, pedir subvenciones, reclamar cierres de webs por decreto, ante los problemas busca soluciones y el cine en 3D es una de ellas.

    Besos

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  9. Ja, ja, ja, querido Josep, por una vez, y sin que sirva de precedente no te voy a hacer caso, aunque después lo lamente y te escriba mis más sonoras y sinceras disculpas. Llevo tres semanas deciéndole a la Lola que me acompañe a un gran multicine en 3D para ver "Avatar"y ella negándose en redondo.
    Ocurre que hemos llegado al acuerdo de que el próximo domingo mientras yo me proveo de palomitas y coca (cola quiero decir) ella se irá por sus fueros.
    Bueno, ya ves que sincero soy, mi parte juguetera-infantil y revoltosa ha vencido a mi yo serio y reflexivo ces la vie!
    Ahora puedes regañarme todo lo que quieras, que no te voy a hacer caso.
    Un abrazote.

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  10. Bueno, bueno, compa Josep, vuelves a combinar, tan sabiamente como de costumbre, bala gruesa con hermosura literaria, y diatriba salvaje con reflexión profunda. Fantástico. La peli no la he visto (todavía, supongo que será una cuestión poco prescindible), pero no creo que mi opinión, llegado el momento, vaya a discrepar mucho de la tuya. También me temo que las tendencias cinematográficas de futuro (si es que no lo son ya las de presente) van a ir por ahí. Y, sobre las reflexiones más genéricas, habría muchísima tela que cortar. Fondo, forma, palabra, imagen. Buff, para perderse, desde luego. ¿Röhmer, Hitchcock, Godard, Bay? Madre mía...

    Un fuerte abrazo y buen día.

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  11. Ni por un momento dudo, Vivian, que tus sobrinos se hayan impresionado por este producto, máxime si la vieron en 3D.

    Seguro que cualquier crío la ha disfrutado y se le queda grabada en la memoria. Pero cuando la vean dentro de, pongamos, diez años, se asombrarán de la diferencia de apreciación. Esto no pasa en bastantes películas confeccionadas con otros mimbres.

    Disiento de la comparación que haces con los musicales, género que me encanta: porque también en él hay malos productos, pero los que son buenos, son.... muy buenos.

    Si la viera en 3D puede que me impresionara el trabajo técnico, pero casi seguro que tampoco me iba a emocionar porque la historia es endeble y no suscita empatía.

    El cine americano tiene la virtud de subsistir sin subvenciones, sí, aunque lo de cerrar webs lo inventaron ellos, que lo sepas. Y el "invento" de 3D habrá sido perfeccionado, pero tiene más años que carracuca: quizá si se dedicaran a buscar buenos guiones les iría mejor. Y a nosotros de rebote.

    Besos.

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  12. Sólo puedo decirte, Antonio, que, una vez más, tu Lola demuestra su inteligencia.

    Claro que también te diré que me parece perfecto que vayas a verla: yo sólo doy mi opinión y mi gusto no tiene porqué ser el mismo de todos.

    Eso sí: las palomitas que sean en ración maxi y la cola (mejor pepsi) que sea enooorme, porque, al menos, con esos bártulos en las manos, no te atreverás a dormirte.

    Espero que llegue el lunes para saber de tus impresiones...

    Un abrazo.

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  13. Muchas gracias por los piropos, Manuel.

    Te recomendaría que agarraras a tu peque y lo llevaras a verla en 3D: él al menos, la disfrutará; y tú, podrás decirnos si estás o no de acuerdo con las impresiones vertidas.

    Celebro que hayas hincado el diente en lo que acabó siendo mi intención: servirme de la anécdota para intentar profundizar -ni que sea un poco- en la situación del cine actual.

    Que lástima que este medio sea tan parco... :-)

    Un abrazo.

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  14. En primer lugar, creo que esta película ha de verse obligatoriamente en 3D. Está concebida para visionarse en ese formato, y verla en 2D capa seriamente el sentido visual del filme. Dicho esto, resulta obvio que "Avatar" no es ni el principio ni el fin de los tiempos, sino que es el pistoletazo de salida del 3D como opción comercial, que no artística. Que la historia no es original, es indudable: "Bailando con lobos", "Pocahontas", "El último samurai"... Pero no me parece adecuado el término "mala película". Malas son "GI Joe" o Lobezno". "Avatar" es entretenida, espectacular en varios momentos, resultona en otros, insuficiente en general. Le sobra, fácil, una hora, que parece un publirreportaje del 3D... También le sobra el personaje de Giovanni Ribisi, uno de los más absurdos e ininteligibles vistos últimamente en pantalla grande.

    En fin. A mí me entretuvo, pero reconozco que, a estas alturas, necesito mucho más que un estímulo visual para salir gratificado de una experiencia cultural. Me hago mayor. Saludos.

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  15. Supongo que sí, Marcbranches, que esta cosa habrá que verla en 3D.

    Puede que mala película no sea una adjetivación oportuna, pero más que nada porque, de hecho, no me parece que sea siquiera una película, más allá de una operación mercantilista.

    Confundir la forma con el todo es un error, creo. Es una opinión, claro.

    Si todo lo que va a venir tiene ese carácter, me pongo ya a comprar devedeses de cintas "antiguas".

    Hacerse mayor no es malo: es natural. Y llega un momento en que te vuelves en "pasota" y ya no tragas ruedas de molino...

    Saludos.

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  16. Avatar, una gran pelicula, con mensajes escondidos muy interesantes para la humanidad.

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  17. Seguro que esos mensajes estarán escondidos, porque fui incapaz de ver ninguno...

    ResponElimina

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